Wednesday

La luz

La luz se apagara en unas pocas horas.
La luz, en todo el mundo.

Lleva días desvaneciéndose el horizonte;
Las estrellas son cada vez más visibles,
incluso en lo que antes fuera el medio día.
Nadie se lo explica,
nada se comprende,
solo que, según el cálculo,
desaparecerá todo resplandor en pocas horas.

Casi todos han huido, las calles están solas,
entenebrecidas, como a la hora de la tarde.
Hace frío, uno que apenas es físico;
es mental, apenas palpable.
Todos nos hemos escondido, abrazando a los nuestros,
como palomas en invierno,
como leoncillos rodeados de hienas.
Temblando, como animalillos recién nacidos.

Todos, con excepción de unos pocos.
Algunos que esperan sobre los tejados,
en los techos al descubierto,
reunidos alrededor de ellos mismos.
Ellos, esos no temen.

Permanecen a la expectativa,
y no pocas veces han sonreído.
Yo los he visto.
Yo mismo, nadie me lo ha hecho saber.

Los he visto hablar entre ellos,
cada vez con menos sigilo.
Con chillidos de murciélago,
con muecas de escorpión.

Cuando comenzaron los vientos a soplar,
agitando todas las cosas que hay en el mundo,
ellos se alegraron, se extendieron,
se mostraron tal y como son: viles, inmisericordes.

Los he visto afilar colmillos como cuchillos;
entre la ventisca los he oído nombrar gente que conozco.
Han señalado calles, han marcado casas.
Han memorizado descripciones, señas, datos.

Ellos, esos que coronan ya varios edificios.
Los he escuchado, quizá por ultima vez.
Han dicho, entrecortado, con rasguños entre silabas:
"Nos desvaneceremos, justo cuando la oscuridad sea plena.
Iremos por ellos, porque lo merecen.
Cavaremos un pozo, y lo llenaremos de cuerpos.
Todos ellos lo merecen..."

¿Alguno de ellos habrá memorizado mi rostro?
Allá afuera, en donde ya no me atrevo a pisar
¿Existirá alguna marca señalando mi puerta?
¿Qué hare si los escucho acercarse?

La luz se apagara en unas pocas horas.
La luz, en todo el mundo.
Nada ha podido contrarrestar esta penumbra.
La luz artificial es meramente un placebo,
un sedante, no ayuda en nada.
El horror crece minuto a minuto.

Nadie se lo explica,
nada se comprende,
solo que, según el cálculo,
desaparecerá todo resplandor en pocas horas.

Escucho puertas entrechocar,
ventanas que crujen al abrirse.
¿Estaré en lo correcto?
Escucho gente que corre, pequeños gritos deformes.

Solo ellos, esos, están listos;
solo ellos saben que hacer.

2 comentarios:

Anonymous said...

Soy adicta a tís historias. Me he quebrado la cabeza para saber que ocurrirá en la próxima línea.
Espero con ansia el siguiente.

Un abrazo al creador de tan lindas historias.

Anonymous said...

Hola amigo mucho tiempo sin pasarme por aqui un saludo afectuoso desde mexico, me pondre al corriente en tus escritos

att Seneca