Monday

PL 36

El viernes, cerca de la hora de la salida de la escuela, Garaitz entró en el recinto escolar de Mikel para entrevistarse con el director del colegio y la profesora Elixabete. Llevaba algunos papeles en las manos y cuando se reunieron se los entregó, en original y copia. Eran papeles del médico. Algunos de los golpes que Mikel recibió el día anterior, en el asalto, lo habían lastimado de tal manera que requería algunos días de descanso. Elixabete habló con Garaitz luego en privado. A grandes rasgos Mikel se encontraba bien, pero Garaitz prefería que se ausentara por un breve tiempo. La historia del muchacho había resultado ser del todo convincente, sobre todo en los detalles en que mencionó algún flujo de dinero. No del negocio, sino propio. Garaitz veía como Mikel guardaba sus propinas y se hacía de un capital cada vez más significativo. Eso le daba gusto, y cuando supo que habían asaltado a su hijo, creyó entrever que alguien le había seguido el paso y calculado de mal manera, tanto como para creer que las pocas monedas que Mikel recibía, resultaban ser algo más que eso. Aunque en realidad, Mikel estaba percibiendo a la semana un ingreso ya parecido a un sueldo. A uno raquítico, pero ya un sueldo.
Si, Mikel era ya objeto posible de hurto.

- Regresara a mediados de la próxima semana, no antes.- remató Garaitz ante la profesora.
- Bien, por favor, envíele mis saludos. Quizá pueda visitarlo en estos días.-
- Le agradecería el gesto. Esta bastante decaído. Se nota inmediatamente que esta, triste... Bueno, deprimido.-
- Si, claro, cualquiera lo estaría. Posiblemente el lunes próximo. ¿Qué le parece?-
- Muy bien, ¿Por la tarde?-
- Si, perfecto.-

Garaitz y Elixabete se despidieron. Quizá si no existiera alrededor de Elixabete aquella aura de respeto y la sensación de pertenecer a una condición diferente -la de una autoridad- las dos mujeres hubieran podido llegar a ser buenas amigas. Quizá en el futuro eso sería posible, cuando Elixabete no tuviera mayor injerencia en Mikel.
Garaitz salio de la escuela y se fue de inmediato a la fábrica. Su buen comportamiento e impecable desempeño a lo largo de mucho tiempo le ayudaban en estos momentos en que debía de pedir permiso para ausentarse un par de horas o llegar tarde a su turno.
Su jefe resultaba complaciente y hasta empatico con ella. También tenía hijos adolescentes y sabía que las cosas tendían a salirse de control. En su caso uno de sus varones tenía un incipiente problema con la bebida y eso había obligado a faltar en alguna ocasión, incluso a pedir un préstamo al departamento de administración de la fábrica. El fin de ese dinero nunca quedó del todo claro pero se habló de un accidente automovilístico, sin tragedias que lamentar, pero con resultado jurídico adverso al vástago del jefe de Garaitz.
Ella de inmediato se avocó a su labor mientras que en casa, Mikel dormía intermitentemente, soportando dolores que atacaban su cuerpo desde diversas latitudes. Padecía de inflamaciones en por lo menos cinco o seis puntos del cuerpo y le costaba trabajo moverse. Levantarse para ir al sanitario resultaba ser una verdadera pesadilla. Pero lo peor era sin duda el dolor mental que estaba padeciendo, y contra el cual luchaba regresando una y otra vez a los territorios bajo el dominio de aquella bestia enorme que -Mikel ya se había hecho a la idea- vivía dentro de él.
Morgoth no le dio importancia a la golpiza, apenas y reparo en ella. Mikel se entristeció el eso, pero la bestia permanecía tan inerte ante el hecho que parecía indicar que eran cosas que sucedían de vez en cuando, sencillamente. Mikel intentó acoplarse a esa línea de pensamiento y eso le ayudo bastante. Le ayudo a concretar que en el universo de los reptiles, o de los peces, elemento con el que estaba mayormente familiarizado, una batalla no significaba nada en sí, sino sus resultados. Vencer, retroceder, eran los verdaderos signos a estudiar. Mikel pensó después de un rato que incluso era algo bueno. Permanecer recostado y quieto le daba tiempo y espacio para pensar en lo que debía de hacer.

- Por eso permanece inmóvil... para pensar mejor las cosas...-

Mikel sonrió a pesar de las inflamadas comisuras de sus labios. Él debía aprovechar de la mejor manera esos momentos. ¿Qué hacer, cómo hacer?
Tenía ya un par de sospechas a la mano. Mikel resultaba lento para pensar, pero ya comenzaba a conformar algunas ideas dentro de sí, aunque estas estuvieran compuestas en su mayor parte en sensaciones y simples deseos. Quería que lo dejaran en paz, que se olvidaran de él. Quería seguir trabajando con Lander y aportar a su comunidad con un trabajo decente. Sentirse orgulloso de lo que hacía y los demás lo notaran.
Y quería acabar con Arnalt, a como diera lugar. Eso daría fin al sufrimiento. Muerto el perro que encabeza la jauría, esta se dispersaría sin control. Podrían entonces esperarse ataques aislados, pero no actividad organizada.
¿Muerto el perro? ¿Eso era verdad; eso estaba buscando?
Mikel no lo sabía para consigo mismo, pero le resultaba claro que en el caso de Morgoth esa era la más pura y exacta verdad.

Mikel se sintió atravesado por un rayo azul y algo más; Una cosa tan grande y abrumadora capaz de llenarle el pecho por entero.
Era un sentimiento de culpa anticipada, de alarma y crispación. Una tristeza profunda, una que no le pertenecía del todo y que tampoco sucedía expresamente en "su persona". No supo deducir de qué se trataba aunque tenía lugar en algún punto cercano a lo que todos hubieran llamado su corazón. No el físico, el otro.
Dio vueltas en su cama por largo rato. Luego se incorporó soportando dolorosas contracciones musculares y se dirigió a la cocina. Garaitz le había dejado algo de comer pero apenas y pudo soportar un par de sorbos de agua. De alguna manera estaba contento, pensando en aquellas cosas. Faltaban elementos, ideas, algo concreto. Pero sentía que avanzaba. Reconocía que era una sensación peligrosa esa de sentir que uno se mueve en la dirección deseada sin comprender cuántos pasos son necesarios. "Seguramente más de uno o dos", se dijo a sí mismo. Entonces ¿Qué hacer, cómo hacer?

Paso el fin de semana prácticamente en silencio, dialogando ferozmente consigo mismo. Para Garaitz apenas tuvo algunas palabras, todas ellas entrecortadas. Para el martes regresó a trabajar, si bien aún no a la escuela.
Lander lo recibió de muy buen ánimo y sin hacer ninguna clase de pregunta estúpida. Sabía lo que había sucedido por Garaitz y no quiso ahondar en el tema. Si en realidad había sido un asalto -si no tenia que ver con ser un chico impopular, callado, apartado de todos, con un empleo estable- entonces no había nada más que decir. Además, no quería hacerle perder tiempo en sus labores acostumbradas. Él mismo Llevaba todos aquellos días entregando personalmente el producto a los clientes y eso le había arruinado el pasado fin de semana. Para la hora en que debió de haberse visto con sus amigos, estaba por llegar apenas a la mitad de una extensa lista de pendientes por cubrir. No sabía cómo Mikel se las arreglaba para tener todo listo y entregado a tiempo, así que ahora más que en el pasado, reconocía su valía y dedicación. Era un muchacho bastante metódico. Y ordenado.
No quedaba la menor duda.

También los clientes se alegraron de verlo de nueva cuenta sobre su bicicleta roja. Lander les quitaba mucho tiempo, él entregaba, recababa la firma de recepción y se despedía introduciendo su propina en el bolsillo del pantalón para luego desaparecer con gesto apresurado.
Aunque en principio comenzar a recuperar el ritmo perdido significaba enfrentarse a dolores en lugares de su cuerpo que no sabía siquiera que existían, puso todo de su parte para lograrlo. Y eso era obvio, evidente, dado que tenía una cosa que demostrarse a sí mismo. Nada tenía que ver con valor o constancia, ni siquiera con necesidad. Tenía que ver con sus planes, el esqueleto que había logrado ya articular de manera abrupta y llena de accidentes.

"Sus planes".

Sonaba importante cuando lo decía en voz baja, solo para escucharlo una y otra vez.

Mikel insistió en realizar todas las entregas, aún las más lejanas. Soportó lo necesario para que Lander no intentara suplirlo ahora que aquel Camaro 77 permanecía estacionado a un par de cuadras de distancia de manera permanente, símbolo de los días pasados en que Lander entregaba el producto. "Aún podía hacerlo, si fuera necesario", le había dicho a Mikel pero este se había negado. Hubiera resultado insoportable.

El Jueves regresó a la escuela y el ambiente a su alrededor no se afectó de manera alguna. Resultaba ya un ser tan anónimo que daba lo mismo su presencia; encontró las mismas reacciones que hubiera visto si nunca se hubiera ido. Eso le alegró por primera vez en toda su vida. Ese pasar por completo inadvertido, ser un habitante del segundo plano. Es más, le gustaba. Resultaba perfecto.

Al salir de la escuela se detuvo un momento a las puertas del edificio y miró salir a todo el alumnado. Nadie le dirigió la palabra, ni siquiera los antiguos amigos, los cuales no repararon en su persona a pesar de circular a no más de dos metros de donde el se encontraba de pie, mirándolos fijamente.

Salió en dirección del acuario de Lander cuando se quedó al fin solo.

De alguna manera, a pesar aquel extraño gusto de haberse vuelto una sombra, una sensación de vacío se apoderaba de su interior. Sin encontrar las palabras precisas, le parecía haber sido de alguna manera diferenciado, apartado, maldecido, si es que este último concepto incumbía de alguna manera a los otros.

Para cuando llegó al local se encontró con un Lander jubiloso que descargaba del Camaro -estacionado delante del negocio- una serie de peceras llenas a la mitad con agua y figuras amorfas al interior.

- Que bien que llegaste... Ayúdame... Rápido, se me resbalan...-

Mikel sostuvo entre sus manos la pecera que Lander cargaba en ese momento y entre los dos la metieron al local. Tuvieron que batallar para encontrar espacio y una superficie firme para hacer reposar la pecera.

- ¿Qué es todo eso, Lander?-

- Por fin, la inversión...-

- ¿Inversión?-

Mikel se había desconectado de aquel asunto. Resultaba normal que no lo recordara del todo.

- ¡Peces gato! ¿Lo has olvidado? También los vamos a vender a los acuarios.-

Mikel miró dentro de las peceras. Ahí estaban los peces que no había sabido definir ni imaginar a plenitud. Tal y como estaban al fondo de la pecera, mal iluminados, simplemente parecían figuras estilizadas de un color gris oscuro que apenas y podían recortarse del ambiente que los rodeaba.

- Vamos, hay más afuera.-

Los dos salieron del local, Lander con más prisa que Mikel, para terminar de descargar el Camaro. Después de algunos viajes y muchos minutos lo consiguieron. Lander fue a estacionar el vehículo a un lugar apropiado y Mikel se quedo rodeado de por lo menos dos centenares de ojos que lo investigaban de manera curiosa y precavida. Mikel se sintió deprimido de nueva cuenta, como si ser el centro de cualquier cosa lo entristeciera. No abandonó ese estado por el resto del día.

Para la tarde concluyeron la instalación de las peceras y comenzaron a trasvasar a los peces, lentamente, teniendo cuidado de la temperatura del agua y cualquier posible estrés que esto pudiera causarle a sus delicadas criaturas.

Un par de horas después, cerca de caer la noche, bajo una potente lámpara halógena, una decena de peces gato se movían lenta y tranquilamente en el fondo de la pecera, cubierto este con una capa de piedrecilla blanca que los hacía completamente visibles.

- Esta será la pecera de exhibición. Ahora, debes recordar dos cosas: los peces gato son criaturas de la noche y su deambular nocturno puede molestar a otros peces que quieran descansar, por eso los mantendremos separados de cualquier otra especie que lleguemos a tener. Son terriblemente asustadizos. En las demás peceras les proporcionaremos escondites para que estén tranquilos y no los dotaremos sino de la luz estrictamente necesaria...-

Mikel miraba con detenimiento a ese extraño ser de púas diminutas repartidas a lo largo de su cuerpo. Al frente de lo que sería su rostro, un par de extrañas protuberancias, lo más parecido del mundo a un par de diminutas antenas, brotaban alcanzando la piedrecilla debajo del pez, rebuscando.

- ¿Qué hacen, porqué remueven la piedra?-

- Están buscando alimento. Mucha gente busca tener uno o dos ejemplares de este tipo de pez dado que limpia las algas de sus acuarios al consumirla. Hay personas que los miran como simples máquinas de hacer la limpieza, aspiradoras orgánicas. Pero los Plecustomus son animales delicados y que requieren cuidados especiales.-

- ¿Así que come del mismo suelo?-

- Tiene la costumbre de habitar en el fondo de las peceras. Es frecuente que se adhiera a una de las paredes de cristal y pase ahí o en otro lugar similar la mayor parte de su tiempo. Una vez escuché, en un acuario que frecuentaba hace mucho tiempo, como un tipo llegó al mostrador pidiendo "uno de esos peces que viven tragando la comida que ninguno de los demás peces quiso o no alcanzaron a comer". Que estupidez...-

Mikel miró con atención a un pez en particular. Había algo en este que le parecía inevitable.

- Pero también es cierto que encuentran su alimento mezclado con el excremento acumulado en el cieno acuífero. Pero así siempre ha sido, incluso viviendo en libertad...-

- Igual que yo -pensó Mikel- lo mismo que yo...- De pronto se sintió plenamente identificado con algo que acababa de conocer. Él también estaba en el fondo de algo, de una enorme pecera llamada “Entorno”. Nadie lo miraba, a todos les resultaba invisible y solo quizá en su elemento -la noche o la ocupación al lado de Lander- aparentaba estar vivo y animado. Y también, no debía olvidarlo, comía del suelo, excremento, a los pies de Arnalt y sus caprichos, su violencia y sus amigos.

Si, el pez capturaba su atención por completo. Algo así como debía de sucederle a un pintor que de pronto tiene la necesidad intrínseca -hambre, compulsión- de un determinado color. Agita y revuelve su paleta y sus tubos de pintura hasta alcanzar el tono que no ha visto sino solo imaginado, recreado en algún punto perdido de su cerebro y sin saber precisamente lo que hace, traza un boceto sobre un lienzo cualquiera. Trabaja con furia algunos minutos hasta que los músculos le tiemblan de cansancio. Mira lo obtenido y sabe que esta frente a algo importante, al menos definitorio para su persona. Puede regresar una y otra vez al tema, pero este ya esta ahí, completo, satisfactorio. Restara pulir algunos detalles, pero cierto ángulo, profundidad, distancia, esencia, ya es intocable.

Así se sentía Mikel. Miraba al pez y percibía afinidades que no había descubierto con ninguna cosa anteriormente, aunque muchas de estas fuera terriblemente depresivas y hundieran todavía más su sentir en aquella hora de la tarde.

("Los elementos deben ser hallados, el método, y la oportunidad")

Mikel se encontró pensando esa frase de nueva cuenta. Algo le dijo que había hecho un valioso descubrimiento. Quizá, delante de él, flotaba nada más y nada menos que el "elemento".

¿Eso era cierto?

De lo que no había duda es que el pez tenía algo de inevitable.

- Lander ¿Cómo dijiste? ¿El nombre del pez?-

- Pez gato.-

- No, ese no... dijiste otra cosa.-

- ¿Otra cosa? Si, claro, Plecustomus. Es el nombre científico. Lleva otra palabreja, creo que en latín, pero con eso es ya suficiente para reconocerlos y solicitarlos.

- Plecustomus...- Susurró Mikel.

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Es genial amigo, me encanta.
Yo tambien tengo un blog.
Trata sobre el resurgir del nazismo en el a�o 2014.
Echale una ojeada si te apetece:
http://entrellamas.blogspot.com

4:08 AM  

Post a Comment

<< Home