Monday

PL 34

La escuela seguía siendo un misterio completo.De alguna manera parecía haberse transformado en un oasis en donde no encontraba motivo alguno para preocuparse.
No dejaba de ser un bicho raro, alguien a quien todos miraban con detenimiento, como si llevara puesto un uniforme completamente diferente, de otra tela, o trajera puesto el correspondiente al alumnado femenino. Pero nadie se metía con él, nadie lo importunaba.

Mikel estaba seguro que Arnalt lo rondaba aún en las instalaciones escolares, pero en todo aquel tiempo no lo había visto más de una o dos veces, y eso a la distancia. Tampoco había visto, o en todo caso, no podía reconocer a los demás muchachos que lo habían atacado aquella noche de camino a casa. En aquel momento los había encontrado perfectamente ocultos entre las sombras del callejón hacía donde lo arrastraron, y en el caso del señor "Voy a Follarte Duro", estaba seguro de que no estaba matriculado en su mismo recinto.

Pero ellos parecían no importarle, sino Arnalt, quien era una especie de referente a todo lo que le ocurría. El signo más visible de su propia descomposición. Mikel le dedicaba horas interminables en lugar de atender a sus lecciones, lo rondaba con la memoria y toda suposición posible. Se le estaba adentrando, se estaba convirtiendo en un punto a tratar. Le impresionaba sobremanera haberlo visto en la calle, cambiado en tantos niveles y sentidos. Le había dado la impresión de un ser carente de la brutalidad que era capaz de generar, incapaz de la falta de misericordia con la que lo trató aunque directamente no le hubiera puesto un dedo encima. ¿Arnalt era religioso, o un extraño alumno de fin de semana? ¿Tocaba el piano? ¿Estudiaba Arte? ¿Pasaba sus fines de semana leyendo hagiografías? ¿O intentando realizar alguna clase de milagro entre vociferantes co-religionarios? Fuera lo que fuese, intentaba ser una persona completamente diferente a la que Mikel conocía. Arnalt en realidad era un alma brutal. Irracional; sin sentido.

En esos días, y cuanto más pensaba en eso, un fétido aroma que se contagió incluso en las aulas contiguas, apareció repetitivamente en su salón de clases. Varios de sus compañeros fueron acusados una y otra vez de estar provocando tal disturbio. Uno de ellos incluso fue reportado y suspendido por el resto de la semana, pero eso no solucionó las cosas.
Gente de intendencia y un supervisor de la zona escolar revisaron a conciencia el aula en donde Mikel pasaba la mayor parte de su tiempo en el instituto. Buscaron grietas, fisuras, huellas de humedad, de descomposición de materiales o cualquier otra cosa que estuviera provocando ese espantoso aroma, pero no hallaron nada.
Solo, si hubiesen buscado con verdadera atención, a un muchacho inmerso en sus pensamientos. Ya irremediablemente contagiado.

¿De qué? De sus propios pensamientos, planes y maquinaciones, las cuales no tenían forma, sino quizá de un espantoso animal.
Mikel escuchaba una y otra vez las palabras que había escuchado en sueños: "Los elementos deben ser hallados, el método, y la oportunidad".
¿Qué significaba todo eso? ¿En un sentido profundo, táctil, importante, aplicable?

Lo único cierto es que aquella maligna presencia aromática tomaba notoriedad física.

Siempre que se acercaba el día escolar, Mikel trasladaba su atención de manera total a sus deberes a realizar por la tarde.
Dejaba de importarle la escuela por completo y se concentraba en el negocio de Lander. Muchas veces lo descubría como el mejor y más grande de los escondites posibles. Uno que carecía de puertas y muros, al aire libre, que permitía toda la movilidad del mundo y en el cual se sentía tranquilo, feliz. Así que en cuanto terminaban las labores de la mañana, esas que de manera velada comenzaba a detestar aunque la escuela le resultara un lugar apacible, se dirigía sin tardanza al local para invertir de una mejor manera sus tardes.

A la salida, el día miércoles, Mikel se llevó una buena sorpresa.
Recargado en cualquier parte cerca de la puerta de la escuela, Lander estaba esperándolo. Ambos se sonrieron al mirarse, y como si fuera un hermano mayor al que no hubiese visto en mucho tiempo, Mikel se le acercó con paso firme y alegre escapando de la nube de alumnos que lo rodeaban.

- Lander ¿Qué haces aquí? Bueno, que sorpresa...-
- Vine a mirar… -respondió el primo sonriendo- y a buscarte. Y tal vez a conocer a tus novias...-

Mikel se ruborizó al instante.

- Vamos, tenemos cosas que hacer... ¿Tienes que pasar a tu casa?-
- No -respondió Mikel todavía salpicadas las mejillas-, no es necesario... ¿Hacía donde vamos?-
- Te lo diré en un segundo. Pero... ¿No tienes que despedirte de nadie?-

Alrededor bullía una cantidad indeterminada de jovencitos. No podían ser menos de trescientos o cuatrocientos los que ahí avanzaban en todas direcciones, conversando, gritando, siendo atraídos por sus padres, multitud de igual tamaño a las afueras de la escuela.
Para Lander no pasó desapercibido como Mikel inclinó la cabeza y miró de lado, e intentando, casi al mismo tiempo, apartar de si al momento las consecuencias de tales gestos.

- No, no tengo que... bueno... ya lo he hecho...-

Mikel comenzó a caminar en cualquier sentido y dejo a Lander detrás de sí. Este lo alcanzó algunos pasos después. Había escuchado algunas cosas sobre Mikel, todas ellas provenientes de Garaitz. Sabia que sus asuntos no andaban del todo bien, lo cual a su edad significaba que no era el más popular, que ninguna chica se distraía de más al contemplarlo y que no tenía los amigos suficientes como para moverse con toda confianza por la escuela. De otra manera, tan sencillo, no tendría problemas. No a esa edad.

- Bien... -dijo en un tono que apartaba de tajo el tema- vamos a visitar a un sujeto que me debe dinero.-
- ¿De los acuarios? ¿Al dueño de "Flipper's"?-
- No, un dinero anterior...-

Lander de inmediato guió la caminata en dirección de una calle aledaña a la escuela. Ahí, un vehículo viejo y polvoriento los estaba esperando. Un Camaro 77, anaranjado.

-¿Y esto?-
- Me lo prestó un camarada. Vamos a necesitarlo.-

Lander lo abrió y ambos se introdujeron en el transporte, el cual rugió al mismo tiempo que lanzó un par de estornudos cuando Lander lo encendió y puso marcha. Mikel se sentía bien, a gusto, andando en auto junto con su primo. Algunos de sus compañeros de clase lo miraron sobre del auto y les resultó prácticamente desconocido. Hacía mucho que no lo trataban, y viceversa, y tanto era, que parecían comenzar a olvidarlo poco a poco.

Una hora después Lander y Mikel salían de visitar a un antiguo cliente de Lander, con el cual, en otras épocas y en otro tipo de negocio, había tenido una sociedad lucrativa hasta donde más. Mikel comprendía poco a poco que Lander tenia buen ojo para los negocios, y a base de malas experiencia, recién la paciencia y disciplina para administrarlos. El sujeto le había llegado a deber lo suficiente como para montar un segundo acuario pero, en bancarrota aparente como se encontraba, Lander había decidido saquearle la casa con el consentimiento del deudor, que para tal efecto, la había dejado limpia hasta donde le dio tiempo. Muy pronto ambos llevaron al Camaro una vieja televisión, algunas cajas cuyo contenido desconocían, varios aparatos eléctricos de cocina y algunas otras cosas que en ningún sentido restituían el monto y la vieja de deuda de aquel hombre con Lander, pero este sabía bien que aquel era el único botín que jamás vería al respecto.
Llegaron al local mucho más tarde de lo acostumbrado y hasta ese momento Mikel comenzó a realizar las entregas.
Una de ellas, necesariamente, era para "Ocean's Drive". Mikel tenía que llevar una entrega extra dado que desde el día en que se encontró con aquel pacífico Arnalt, el flujo de alimento del acuario se había visto alterado significativamente. Lander no había dicho gran cosa ante la perdida de una bolsa de Guppys, solo le había aconsejado tener más cuidado.

Mikel fue y recorrió aquella misma ruta, esa que relacionaba inequívocamente con un sábado por la tarde, momento en que se escondía el sol y con la imagen de un grupo de muchachos rodeando a un mayor con pintas de hombre sabio. Estar de nueva cuenta en la plazoleta, cuando sucedió, estrujó las emociones más inmediatas de Mikel.

(¿Te gusta este lugar?)

Mikel asintió para sí mismo. Detuvo la bicicleta y se puso de pie al lado de ella. Recorrió con la vista la superficie de la plazoleta. Ahora parecía completamente otro sitio, iluminada con otra intensidad como estaba, transitada por otro de gente.

(¿Y qué es lo que más te gusta de este espacio?)

Mikel sabía perfectamente qué era lo que más le gustaba, si es que tal concepto -gusto- podía definir lo que estaba sintiendo.

(Yo también lo sé. Y me agrada lo mismo.)

Mikel recorrió la plancha con la vista, tal y como si intentara descubrir algún tipo de rastro o presencia del Arnalt transformado.
Avanzó cuidadosamente, como si su recorrido pudiera afectar de cualquier manera "algo" que, física o metafísicamente, estuviese sin duda por ahí.

(¿Y qué harás?)

Mikel no lo sabía, pero suponía que ahí había algo importante.

- Hallar los elementos, el método, y la oportunidad...- Dijo en voz baja.

(Muy bien, excelente. Estas progresando.)

- Y perder cualquier miedo...- Remató

Algo, quien fuera que estaba hablando con él, le felicitó. Mikel sonrió. Una tibia sensación ascendió desde su estomago hasta la cabeza: suave, dulce, agradable; del todo reconfortante. Y sucedió además otra cosa: su piel, la debajo de la barbilla y la que ascendía por sobre sus patillas, se percibió ligeramente revitalizada. Esa misma tan afectada por el acne que había sido definido como nervioso.
En definitiva se sintió muy bien estando en aquella plazoleta. Sobre todo, teniendo en cuenta las cosas que brincaban de un lado a otro de su cabeza.

(Muy bien, excelente)

Mikel tomó de nueva cuenta impulso y subió a la bicicleta. Ocean's Drive no estaba lejos.

Distante de la superficie, una mezcla de todas las sensaciones que lo habían embargado en todos aquellos días y ya meses, afloró dentro de su alma. Algo así como un fruto precioso. Uno de hermosos colores y elegante diseño. Mikel resultaba ser joven, y no suponía lo que tal cosa, tan agradable sensación, significaba en un plan mucho más realista y analítico. Lo descubriría pronto, en todo caso, como un acto, si no conseguía definirlo y manejarlo como un concepto. Así, sin puntos intermedios ni condiciones atenuantes.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home