Mikel se rodó en el suelo buscando algo de luz, cualquier otro posible destello.
Quizá como en aquellas almas que nunca tienen contemplado tales circunstancias, le resultó imposible de creer cuando escuchó que Arnalt ordenó que golpearan. Levantó una mano buscando detener aquello. Tenían que hacerlo, eran seres racionales. Gente como él.
La sensación húmeda de la planta de un zapato sucio incrustándose en sus intestinos desdibujó tal pensamiento. La carne se hundió -comprimiéndose algunas micras de segundo- para regresar de inmediato a su posición original. O casi. Un sonido visceral escapó de ahí adentro.
Alguien se arrodilló inmediatamente detrás de él. Alguien que con un movimiento natural, practicado infinidad de veces, le sujetó la cabeza desde el cuello con un brazo y utilizando un puño endurecido recubierto con una especie de trapo, cubrió la boca y nariz de Mikel par evitar que gritara. Inmediatamente y con toda habilidad esquivó los manoteos de su victima.
El grupo rodeó a Mikel al segundo y comenzaron a patearlo sin contemplación. Los jadeos abundaron de improvisto, como si para lanzar cada patada resultase necesaria una profunda inhalación de oxigeno. El muchacho se revolvía intentando esquivar los golpes pero los encontraba renovados y fortalecidos en cada centímetro en donde buscaba guarecer su cuerpo.
Unos cuantos pasos atrás estaba Arnalt, quien permanecía quieto y callado por lo menos un minuto, luego habló de nueva cuenta, cuando sus compañeros aparentaban mostrar algún maléfico tipo de cansancio.
- Basta... márquenlo.-
Una especie de gruñido escapó de la negrura en donde Mikel seguía prisionero sacudiéndose en espasmos, uno que no era del todo humano. Estaba conciente de todo, escuchaba todo y sentía todo. No hubo mejor palabra sino Terror para definir lo que sintió cuando escucho eso e inmediatamente una de aquellas sombras jaló y le arrancó desde los pies el pantalón, el cual se deslizó violentamente desde su remate en la cadera arañando las piernas; Tanto el cinturón como la cremallera nunca se abrieron, así que el cuerpo de Mikel pasó por un túnel demasiado estrecho para su constitución.
- ¿Mamá te cambia de ropa todavía, bebe? ¿Mamá te mira tus "joyitas"?-
Una voz gastada se estrelló rápidamente en contra del rostro de Mikel al acercarse con toda violencia. El tono era de burla ácida, inconexa con cualquier cosa que Mikel hubiera vivido antes. El corazón le palpitaba a toda velocidad pero el cuerpo, incapaz de defenderse, no le respondía a pesar del flujo de adrenalina que lo inundaba por completo.
Dentro, algo se sacudió con violencia, con el movimiento pleno de un reptil.
Alguien a cada costado, dos muchachos que tenían el corazón tan seco como la bisagra en una puerta antigua, sujetaron cada uno los brazos de su victima. Las piernas también fueron inmovilizadas al instante y logrando atisbar, Mikel miró como la navaja que un minuto atrás vibraba en el aire se acercaba de manera tosca a su vientre.
- Escucha nenita, ¿Va a dejar que mami te mire debajo de las bragas? ¿Vas a llamarla y a contarle por fin todas las cosas sucias que haces con tus novios?-
La navaja descendió sin pausa y lo siguiente que sucedió es que aquel muchacho que manipulaba la hoja afilada asió la ropa interior de Mikel y la cortó con un movimiento rápido. La sensación de las manos de alguien en las cercanías de sus testículos lo sacudió al grado de una nueva intentona de defensa.
- Mas te vale no moverte demasiado, pequeña, no quiero que digas por mi causa te has quedado sin embutido... Ya sé que es lo que siempre has querido, pero yo no te daré esa satisfacción...-
Entonces el filo se acercó a la tersa piel y penetró. Mikel se contrajo mientras el muchacho realizaba en un pestañeo un corte preciso justo en la ingle, en donde se unían la pierna derecha y el tórax, a unos tres centímetros de distancia de la entrepierna. Un chorro de sangre emanó al instante y justo cuando resbaló y manchó el vello púbico del muchacho, todos lo soltaron al mismo tiempo, incorporándose y alejándose de él en un movimiento también anteriormente practicado.
- Hay que tener mucho valor -dijo Arnalt en voz baja, inmerso en oscuridad a unos diez metros de la calle en donde la gente iba y venía sin sospechar de lo que sucedía en aquel resquicio- para hacernos lo que tú nos hiciste. Y todavía más para contarle a la gente de esto... Ahora eres nuestro, eres la perra de cualquiera de mis amigos...-
Mikel apenas y escuchó eso. Inmediatamente que se sintió libre, se llevo las manos al lugar en donde un violento fluir empapaba de sangre toda su piel. Sus manos palparon su carne desnuda intentando buscar la herida, el punto que fluía sin control.
El corte no era mayor a los dos centímetros de largo y no era profundo, pero la zona muscular en donde había sido realizado abundaba en vasos sanguíneos microscópicos. Lo habían "picado" con la peor de las intenciones, no la de herirlo de gravedad, tampoco la de solo darle un susto, sino la de meterlo en un verdadero predicamento. ¿Era aquello suficiente como para desangrarse? ¿Le habían cercenado alguna parte del cuerpo? La duda era más terrible que el dolor.
- Estas al corriente... Hoy solo hemos venido a darte un pequeño aviso... mañana quemaremos el acuario donde trabajas... si hablas, si mencionas algo, emboscaremos a tu madre a la salida de la fábrica... También nos gustaría cortarla a ella... incluso algo más...-
- ¡Hijos de perr...!- Amago Mikel pero de inmediato una patada venida del fondo de la oscuridad, esa misma donde abundaban destellos blanquecinos que se movían delante de sus ojos como una turbia combinación de líquidos, no le permitieron terminar la frase. Mikel se fue de lado llevándose una mano al rostro, justo donde lo habían impactado. De inmediato se lleno la cara de sangre.
- Si eres lo suficientemente listo utilizaras tu ropa interior para detener la hemorragia. En una hora estarás bien y podrás irte a casa utilizando el pantalón que no están manchado de sangre. Llegaras y te darás un buen baño. No dirás nada. Solo en el caso de que tu madre acostumbre mirarte desnudo no se dará cuenta... si sabemos que hablaste, bueno, ya escuchaste... Y siempre sabemos, siempre.-
Mikel comenzaba a llorar cuando se incorporó. ¿Por qué le decían todo eso? ¿Por qué le hacía todo eso? El dueño de la voz que lo había cortado y que no dejaba de llamarlo nena, que decía palabras como "bragas", "embutido", "novios", era seguro Fernando. Desde el altercado semanas atrás ese lenguaje resultaba su marca característica. Un homófobo declarado, o tendiente, y que mal lo reprimía y sublimaba. Quizá la posesión de la navaja no era sino la justa anticipación que debería de gozar. El ojo por ojo, el diente por diente al cual se sentía con derecho.
Lo demás era añadidura, deseo gratis.
- Si no sigues, te cortaremos de tal manera que nadie sabrá si esta viéndote de frente o de espaldas. Si alteras tu rutina, haremos que parezca un asalto al cual no sobreviviste. ¿Queda claro?-
Mikel no contestó. Creía haber encontrado la fuente de la hemorragia y corroboraba que con un par de dedos era capaz de contenerla.
- Xuan -agrego Arnalt, antes de comenzar a retirarse, movimiento en el cual lo siguieron sus compañeros- que le quede claro, por favor...-
Uno de los muchachos regresó sobre Mikel. Seguramente utilizaba una bota de casquillo o algo parecido. Lo pateó -tal y como uno haría con una rata que mirar correr por el suelo- en la cadera desnuda. Mikel se sacudió y gritó con mucha fuerza. Xuan, como presumiblemente se llamaba, se inclinó en un movimiento felino y le tapó la boca. Una serie de gruñidos escaparon de Mikel en llanto declarado. Los demás muchachos miraron con detenimiento la escena y al mismo tiempo la entrada de aquella extraña especie de callejón, a esa estrechez de hormigón y cemento con aire de ratonera. La gente se movía allá afuera, lejos, recortada por la luz artificial del alumbrado público. Nadie pareció percatarse del grito.
Xuan soltó a Mikel no sin amenazarlo con la mirada. Una palabra más y eso sería todo.
- Estas al corriente... no cometas estupideces...-
Mikel los miró alejarse. Muy pronto se perdieron en aquella boca de luz y luego, solo gente anónima a la distancia. Intentó incorporarse. La herida le ardió. Sintió como algunos rastros de sangre seca tiraron de los diminutos vellos de sus piernas. Eso le dolió tanto como la herida misma.
Mikel buscó su ropa interior. Seguramente Arnalt y los demás habían hecho lo mismo anteriormente. Sabían como debía de reaccionar la "victima". Incluso le daban consejos, malditos. La herida ya no fluía como antes. Estaba cerrándose. Se percato de que no le impedía caminar, pero por precaución se movió como cojeando. Su pantalón estaba en el fondo de aquel sitio. Sucio, mojado, pero no tenia rastros de sangre y eso era bueno. Mikel seguía llorando. No sabía la hora pero presumía que apenas y habían transcurrido algunos minutos. Le parecía imposible.
Unos quince minutos después se vistió. La humedad del pantalón se introdujo en la herida. Una sensación de contaminación inundó de inmediato a Mikel. Su carne abierta estaba expuesta a la suciedad misma de la calle. Le asqueó al instante que la palabra "infección" apareció en su cabeza. Tendría que limpiarse la herida, a fondo.
Con todo problema llegó a casa. Garaitz le recibió desde la cocina, distraída como estaba en los últimos toques a la cena. Mikel fue directo al baño. Se quito la ropa y sin atender a Garaitz que desde fuera le preguntaba si se sentía mal, abrió la regadera. No espero por el agua caliente. Introdujo con el la ropa interior manchada y rota. Miró como de esta, y de sus piernas, escurría un diluido líquido carmín. La herida no era grave, solo intimidatoria. Lloró unos minutos y luego llamó a Garaitz. Ella respondió desde el otro lado de la puerta y Mikel le dijo que se sentía mal, muy mareado. Le comento que le daba pena que lo viera así, ya que había vuelto el estómago de camino a casa y se había machado toda la ropa. Garaitz no hizo ademán alguno por entrar al baño. La historia le parecía tan grotesca que no podía sino ser verdad. En todo caso fue por una pijama para el muchacho. Mikel ya tenía dentro del agua su camisa y pantalón. Todo estaba mojado. Ya se las arreglaría para deshacerse de la ropa interior sin que Garaitz se percatara de ello.
Luego, se cambió de ropa. Todos los golpes estaban a tal altura que la ropa interior los cubría del todo. Malditos, sabían lo que hacían. Salió del baño con un convincente tono amarillo en la piel de todo el cuerpo. Como sea había perdido sangre y eso ayudaba a que su versión tuviera credibilidad. No podía comer nada, no quiso cenar. Garaitz le sugirió hablar con el primo y no trabajar al día siguiente. Quizá fuera cansancio lo que padecía. Mikel negó en todo momento. "No podía alterar su rutina". Garaitz no lo comprendió pero le dio crédito a sus argumentos. Tal vez todo podría solucionarse con una buena noche de sueño.
Mikel estaba asustado, no sabía cuanto, pero intuía que hasta la última molécula de su cuerpo.
- Mañana quemaran el local de Lander...- pensó para sí mismo cuando se metió debajo de las sabanas de su cama.
Tal vez solo lo habían dicho para asustarlo, para reprimirlo. Pero no sabía. Todo había pasado demasiado rápido.
Fue la evocación de Garaitz sangrando, la segunda amenaza e imagen que externaron, la cosa que hizo despertar dentro de él un sentimiento tibio, nauseabundo, incierto, confuso, enfermo, pero con el que se sintió identificado por completo.
Morgoth había estado presente en el callejón, mirando todo. No había actuado. En su primitiva inteligencia nada le había parecido realmente peligroso, tanto como a una lagartija no le resulta demasiado problema desprenderse de su cola -un 30% de su cuerpo- con tal de huir y salvar al resto.
Pero Garaitz sangrando, imagen que Mikel intentaba erradicar de su cabeza, lo hizo salir definitivamente de la gruta -¿física, real?- donde habitaba.
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