Friday

PL 9

La percepción de aquellas palabras, en principio, resultó ligera; tal y como si en realidad no tuvieran mayor consistencia o densidad. Pero si tal compilado de tenuidades se hubiese posado sobre la palma de una mano, muy pronto el poseedor de la supuesta extremidad acusaría un incremento de peso en aquello que sostenía, al grado que muy pronto las pocas e invisibles partículas con que estaban compuestas esas pocas palabras ganarían el peso suficiente como para resultar necesario colocarlas en el suelo. Y una vez ahí se tornarían cada vez más y más densas hasta formar grietas y producir crujidos a su alrededor. Quebrarían la superficie y muy pronto comenzarían a hundirse lentamente entre excoriaciones, escombros y temblores minúsculos sin que nada pudiera hacerse para evitarlo.

Garaitz se llevó una mano al rostro en silencio, gesto indudable de asombro e incredulidad. Tardó un momento en digerir lo que estaba escuchando y aunque en realidad invirtió algunas días en hacerlo del todo, en ese instante algo dentro de su cabeza -ese algo que buscaba una respuesta para la delicada condición de Mikel- hilvanó y ató los cabos necesarios para dar secuencia lógica y sentido a los acontecimientos sucediéndose frente a sus ojos.

- Se dio la noticia hoy por la tarde y aunque por si sola afectó a mucha gente, alguien filtró algunos datos innecesarios entre los compañeros de aquel pobre muchacho agravando innecesariamente la situación...-
- Pero ¿Se suicidó? ¿Cómo es eso posible?-
- No estoy segura... Dicen que la policía no tiene dudas... La forma en que lo encontraron, cosas que se escucharon... Es terrible...-

- Garaitz ¿Su hijo era cercano de aquel muchacho?- El médico interrumpió aquella indecisa conversación sin tacto alguno, atendiendo a otro plano de las circunstancias que ahí mismo estaba sucediéndose. Garaitz no respondió de inmediato, y tampoco con cualquier cosa parecida a la respuesta correcta.

- ¿Mikel? ¿Qué tiene que ver con todo eso?-
- La policía ha estado un par de veces recorriendo el barrio, buscando cualquier posible ayuda.-
- ¿Y de qué manera Mikel podría ayudarles? ¡No es más que un muchacho tranquilo al que le esta sucediendo algo terrible!- La voz de Garaitz comenzaba ya a crecer y a bordear un volumen innecesariamente exasperado.
- Estoy diciendo que el estado de su hijo es lo suficientemente delicado como para ser meramente un reflejo involuntario. Si usted sabe algo, si cree que Mikel sabe algo, debe actuar de inmediato...-
- Mire, no entiendo que esta pasando. Conocí al muchacho, si, un par de veces estuvo aquí en la casa con Mikel, pero muy poco más allá de eso podría agregar en cualquier conversación con usted o con la policía... No quiero decir algo terrible, pero quien verdaderamente me importa en este momento es Mikel, nadie más...-

Algunos de los vecinos reunidos en el quicio de la puerta miraron detenidamente a Garaitz justo cuando ella terminó de expresar eso último. Más de uno la miró con desaprobación, pero lo cierto es que, por más crudo que fuese aquello, la mayoría hubiera opinado lo mismo si hubiera sido un hijo, hermano o pariente suyo quien hubiese estado en aquella cama en circunstancia similar.

El médico, inmóvil y tranquilo como permaneció, se limitó a volver su atención hacía Mikel mientras la mujer al lado de Garaitz compartía su misma opinión, y tanto, que tomó su mano y permaneció a su lado, como se esperaría de cualquier amiga cercana.

- El pulso ya es normal. El anticonvulsivo no le hará daño, todo es cuestión de vigilarlo atentamente durante el resto de la noche, ¿puedo confiarle esa tarea?-

Garaitz asintió sin tener otra posible respuesta a la mano.

- De cualquier manera, todos y nadie al mismo tiempo tienen apenas algún dato verdaderamente valioso que aportar -dijo el médico, afinando la intención de su comentario-, se ha interrogado ya a la familia del joven que lamentablemente falleció y ni siquiera ellos pudieron agregar gran cosa. Dicen que el padrastro, figura completamente previsible en el entorno de Zuri, estaba tan borracho cuando llegaron los agentes a buscarlo que solo tras agitarlo violentamente consiguieron hacerlo escapar de un profundo sopor, y que tras un buen baño de agua fría estando ya en la estación de policía, solo consiguió expresar algunas pocas palabras. Estaba borracho de días, profundamente alcoholizado, de esa manera en que se ve en novelas negras y en la más sorprendente realidad.-

Todos los ahí reunidos asentían y daban todo el crédito posible a las palabras del hombre. Todos con excepción de Garaitz, que intentaba recrear toda aquella información en sus pensamientos pero perdía el hilo de las imágenes con suma facilidad. Sobre todo porque no encontraba que la misma se relacionara por completo con la urgente situación ahí presente.

- Doctor, dígame, ¿Cuánto tiempo más permanecerá Mikel dormido?-

El hombre, sumido en la línea de pensamientos que expresaba, se percibió amablemente interrumpido. Miró a Garaitz con detalle y tan solo por lo comprensible de la situación no retomó su discurso, como, también amablemente, en cualquier otro momento hubiera hecho.

- Unas siete u ocho horas. Ahora mismo comienza a descansar profundamente y aunque el efecto del sedante solo se extenderá unas cinco horas, dormirá por su cuenta un buen rato mas. La tensión nerviosa a la que estuvo expuesto propiciara un cansancio terrible. Cuando despierte manifestara algunas molestias visibles: resequedad en mucosas, sed profunda; lo encontrara desorientado y quizá hasta confundido. No se preocupe, todo estara relacionado con los efectos residuales del sedante. Que beba todo el líquido que tolere, a sorbos de preferencia, y si tiene hambre, dieta ligera durante las primeras doce horas.-

Garaitz agradeció con un brillo muy particular en el fondo de sus ojos aquella breve colección de datos concretos y específicos. Inmediatamente miró como el hombre extraía de su maletín un bloc de recetas y escribía ahí con toda calma aquella misma información. Un momento después le extendió a Garaitz el papel y ella lo recibió siendo toda agradecimiento.

El hombre se incorporó, tal y como había permanecido al lado de Mikel, y tomando sus cosas indicó con el gesto de su cuerpo que nada mas tenía que hacer ahí. Los vecinos comprendieron que también para ellos se terminaba el fisgoneo, para unos, y la verdadera posibilidad de ayudar, para otros.

- Doctor -dijo Garaitz con la voz tenuemente disminuida- le agradezco la visita, ahora, por favor dígame, ¿cuánto se le debe?-

El hombre sonrió con solo una extensión de sus labios mientras el resto de su faz continuó inexpresiva. Conocía a Garaitz de tiempo atras y sabía que no era de las personas que corría asustada frente a las circunstancias buscando cualquier asidero, aunque no tuviese luego con que fknanciar su repentina solución. Si ella inquería por un pago, seguramente tendría con que solventarlo.

Pero aquello resultaba ser no la emergencia de un individuo, sino de una comunidad entera, de la cual el hombre formaba parte.

- Lleve al muchacho mañana a mi consulta; redondearemos la visita de hoy en el pago de la tarifa regular.-

- Pero, ¿Y los medicamentos? ¿El sedante, la primer inyección?- interrumpió Garaitz, dispuesta a liquidar todas aquellas atenciones. Era verdad que no disponía de mucho dinero pero de algo iban a servir los pocos ahorros que mantenía ocultos en algún lugar de la casa.

El médico sonrió, lo mismo que la mujer que permanecía al lado de Garaitz y que desde el comunicado de la terrible noticia acerca de Zuri no se había separado de ella.

- Ahora es tarde para hacer números, pero si eso le preocupa, mañana trazaremos algunas cifras. Ahora tengo que irme.- remató el hombre sin otorgar oportunidad de réplica. A todas luces lo que decía resultaba ser una cómoda mentira con la que zanjaba el asunto.

Los vecinos se dispersaron del quicio de la puerta cuando el médico atravesó la misma y muy pronto Garaitz, la mujer empecinada en mantenerse a su lado y Mikel se quedaron solos y en completo silencio.

La noche resultaba ser profunda y tranquila, y solo hasta cerca de una hora después, cuando no quedaba nada más que hacer, aquella mujer, cuyo nombre resultaba ser Sofía, salio de la casa de Garaitz, solo para regresar muy temprano con un hermoso y abundante desayuno ya preparado.

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