- El pulso esta volviendo a la normalidad. No veo nada azul alrededor de los labios ni hematoma alguno... En primera instancia no presenta daño interno.-
- Pero ¿Qué pasa? Doctor ¿Qué tiene Mikel?-
- Hay que evaluarlo a fondo en el consultorio, o llevarlo al hospital regional, pero creo que sufre una profunda crisis nerviosa. ¿Existe razón para eso?-
- ¿Crisis nerviosa? ¿Cómo es posible?-
Un par de vecinos se encontraban en el quicio de la puerta, mirando atentos y exaltados el movimiento al interior de la casa.
- Garaitz, vecina, ¿Sucede algo malo? ¿Podemos ayudar?-
La mujer se percató entonces que ya habiendo tomado la iniciativa y avanzado un par de pasos al interior de la casa, algunas miradas preocupadas distribuían su atención entre los elementos dispersos en aquel reducido. Rápidamente se incorporó y se acercó a ellos preguntando a bocajarro si de alguna manera alguien conocía alguna razón por la cual Mikel se encontrara en ese estado. Ella había llegado a la casa y lo había encontrado sumido en ya tan terrible situación. Cualquiera que supiera algo, no importaba que fuese simplemente un ínfimo detalle, debía decirlo, ayudarle con eso.
A tan solo un par de metros de distancia Mikel se sacudió como padeciendo un escalofrío y sorprendió a todos, incluso al doctor que de inmediato atendió a conciencia la situación del muchacho. Mikel se retiró de la cercanía de los vecinos y se concentró aterida en cualquier cosa que estuviese sucediéndole a su hijo.
- Esta volviendo en sí, esta luchando...- Declaró el médico prácticamente sin voz, como si estuviese contando un secreto a sí mismo. Garaitz se acercó abriéndose paso entre el aire y el costado del hombre hasta dar con el rostro de Mikel y palpando los gestos de su hijo comenzó a titubear y a intentar dibujar el nombre de Mikel en el aire, pero solo alcanzó a emitir balbuceos que ya venían entrecortados desde un lugar muy profundo en ella.
Fue entonces que apareció de nueva cuenta aquella expresión, aquella cosa en labios del muchacho.
- Z...u... Ri...-
Para todos, aquello resulto tener la fuerza de una avalancha en decantación presente. Una mujer en la entrada de la casa se llevo las manos a la boca intentando apagar una irrefrenable e involuntaria expresión de asombro. Algunos otros de los curiosos dibujaron un gesto amargo en el rostro, como cuando alguien a quien se quiere mucho descubre en su cuerpo una profunda y extensa herida adquirida en un accidente recién sucedido.
Pero, además, para Garaitz, tuvo un efecto de extrañeza inmediata.
- Mikel, Mikel, escuchame, ¿Qué has dicho?-
El joven no respondió pero con excepción de Mikel, para nadie más resultaba necesaria la reiteración de aquel nominativo. Un silencio incomodo se apoderó de todos ellos sin que nadie guiara tal acción.
- ¿Qué ha dicho, que es esto?- Garaitz repentinamente se giró hacía los vecinos y hacía el doctor mismo en busca de una posible respuesta. Lo primero que obtuvo, en la imagen petrificada de todos ellos, fue un atisbo invisible, un algo que bien podría traducirse como un "¿acaso no lo sabes?". La mujer descubrió repentinamente que todos los ahí reunidos la miraban con una inmediata extrañeza infinita, y luego se percató de como el doctor, con aquella misma voz diminuta habló algunas cosas para sí mismo, relatándose un nuevo secreto al tiempo que acercaba su rostro a la imagen del Mikel postrado.
- Crisis nerviosa... Eso es...-
Extrajo algo mas de su maletín; Una ampolleta de un color azul translucido que agitó de inmediato. El pequeño receptáculo estaba vacío casi hasta la mitad -señal de que había sido utilizada anteriormente con otra persona- y utilizando una jeringuilla extrajo de la misma no menos de tres mililitros de la sustancia líquida que descansaba ahí adentro.
Inmediatamente la inyecto en el brazo de Mikel sin darle tiempo a Garaitz de reaccionar siquiera; sin otorgarle la oportunidad de negarse al acto o de cuestionarlo cuando menos. El muchacho de inmediato aparentó reaccionar a la sustancia que en menos de tres milésimas de segundo había descompuesto sus integrantes químicos y reaccionaba a través del torrente sanguíneo, siendo detectada por el cerebro que, afectado de manera instantánea, contagió prácticamente a la totalidad de los órganos con la instrucción química ordenada por aquella sustancia que ahora estaba ya presente por todo el cuerpo.
- Es un sedante. Lo va a necesitar...- Informó el doctor con la prestancia que hasta el momento había caracterizado su accionar.
- ¿Por qué, por qué lo va a necesitar?- Exclamó Garaitz con una voz que no era la suya, sino la de un ave más que lejana, extraviada dentro de una espesa alborada infranqueable.
Una mujer que había llegado prácticamente al borde de aquella escena extendió una de sus manos y la posó en el hombro de Garaitz; casi sin interrupción secuencial se inclinó, como arrodillándose, y quedó muy cerca de Garaitz, casi como si fuera su intención aspirar el aroma de su cabello o algo parecido.
Entonces habló, dispersando su información a base de susurros.
- Esta hablando de Zuri, un jovencito del barrio, de la misma escuela de su hijo...-
Garaitz no tuvo más opción sino la de escuchar atentamente por un segundo mientras el ritmo de su respiración parecía abandonarla.
- Se extravió hace algunos días... No, no se extravió... Escapó de su casa...-
Una especie de neblina invisible, completamente real pero intangible aparentó materializarse sin señal ni signo alguno en medio de aquella habitación.
- ¿Eso... qué tiene... que ver con mi hijo?- susurró Garaitz más por debilidad y asombro que por causa de la misma cautela que expresaba la mujer y cuyo nombre, por más que su rostro le resultaba familiar, había olvidado por completo.
- Lo encontraron hoy pasado el medio día. En las afueras...-
Un pestañeo antes de que aquella frase o comentario finalizara, Garaitz intuyó de qué trataba el asunto. Giró la cabeza en dirección del cuerpo de su hijo y lo contempló, tan hermoso y pequeño como ella podía comprenderlo mientras aquella mujer daba fin a su comentario.
- Estaba en un lugar abandonado, en un picadero. Tenía no más de doce años... Se suicidó.-
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