Monday

PL 13

Las clases se interrumpieron de manera formal durante tres días, periodo de luto impuesto por la dirección y que sirvió sobre todo, para evitar que la comunidad estudiantil se acercara en demasía al acontecimiento, reviviéndolo a cada minuto en los pasillos de la escuela y erigiéndolo como quizá el único tema de conversación posible. Esos días Mikel los paso en casa, sin deseo de salir y aunque contaba con el expreso permiso de zx para hacerlo, no quiso ver a sus amigos sino hasta el último día antes de regresar a las actividades normales.

Al primero, y único, que encontró fue a Julián, un muchacho delgado, pequeño para su edad y con evidentes rasgos propios de la región, eso que bien podría decirse que era "la marca de la casa". De alguna manera, Mikel podía entrever que la sangre de aquel muchacho se hallaba mezclada con inmigrantes, quizá dos o tres generaciones atrás, y que aportaban un tono diferente de piel, uno que compartían infinidad de muchachos y gente mayor del barrio.

- Mikel... ¿Cómo estas? No te había visto en estos días... ¿Cómo estas?-

El muchacho no respondió. No de momento, y cuando lo hizo fue sin palabras. Se encogió de hombros y permitió que Julián

- Bien, mejor, ya mejor... ¿Y tú? ¿Cómo estas?-

Julián encogió el rostro, como un marsupial al momento de expresar asombro..

- Siempre bien. No era de mi familia, apenas lo conocía.- Contesto realizando de manera inmediata una relación temática hacía el único objetivo de conversación que podía existir entre ellos.

Mikel quedó sorprendido por el repentino comentario expresado sin pizca de duda.

- Pero, ¿No te duele, no te sientes mal por el asunto?-
- Por mi mejor. Nos dieron varios días libres de la escuela. Los he pasado viendo televisión.-

Mikel no tuvo palabras con que responder. Le parecía horrible lo que estaba escuchando. Para él no había sido sino un terrible conflicto lo que había sucedido y resultaba que a su lado, justo del fondo de uno de sus amigos cercanos, no existía repercusión alguna, como si la repentina y eterna desaparición de Zuri hubiera sido algo sucedido en los periódicos de un lugar remoto.

- Además, dicen mis papás, seguramente Zuri se lo busco. Aunque nadie sabe exactamente cómo sucedió, mi mamá escuchó que se esforzó mucho en conseguir lo que quería. ¿Entiendes? Él no se arrojó frente a un automóvil ni se despeñó, tampoco buscó ahogarse. Algo hizo, algo complicado.-
- ¿Tú cómo sabes eso?-
- ¿No lo haz escuchado por ahí? Todo el mundo esta diciendo lo mismo.-
- ¿Y eso que significa?-
- Que se tomó su tiempo en, en, bueno, en eso... -en "suicidarse", completo mentalmente Mikel sin llegar a expresarlo en voz alta-; Los dos días entre su desaparición y el momento en que lo encontraron los invirtió en encontrar un lugar donde quedarse solo, verdaderamente solo, y luego, luego...-

El gesto del niño cambió entonces; se tornó silencioso y pétreo. Tal y como si se le hubiesen acabado las palabras o estuviera intentando definir una imagen imposible.

- Luego ¿qué?- increpó Mikel ante tal silencio.

Julián reaccionó lentamente; y lo que hizo a fin de cuentas fue volver a encogerse de hombros, como si ante la duda o el desconocimiento aquel fuera el único gesto con el que muchacho contara.

- Luego qué...-
- Tú ya sabes; tan bien como yo. Zuri era un estúpido. Dice mi papá que había un millón de opciones diferentes.-
- ¡Cómo dices eso!- Mikel levantó los hombros y fijó un punto de ira brillante en medio de su rostro, un punto que salpicaba con su iridiscencia sus ojos y dientes, incluso recorriendo las venas del cuello y alcanzando la tensión inmediatamente acumulada en la nuca.

- ¡Oye! -respondió Julián tranquilamente- ¡Estoy diciendo la verdad!- El muchacho evidentemente se encontraba menos impresionado ante el acontecimiento y por ende menos sensible a cualquier comentario que no compartiera al respecto. Por eso no vio venir la reacción de Mikel, que tan solo dos segundos después estaba tomándolo de los costados de la cabeza y emitiendo un alarido que resultó mas de animal -grulla, cerdo- que de humano.

Ambos rodaron por el suelo, proactivo y reactivo sin tregua posible de por medio.

La batalla duró algo más que algunos segundos. Cuando terminó, el saldo fue de dos muchachos llenos de polvo, un par de heridas sangrantes -una ceja, un labio- y una larga amistad hecha añicos.

Julián escapó de entre el iracundo abrazo de Mikel y echo a correr dejando a su atacante aún con las pupilas dilatadas y sediento de aquello que entre sus uñas y dedos vibraba sin remisión alguna. Este lo persiguió solo con la mirada hasta que en medio de titubeos y traspiés desapareció por completo del panorama.

Mikel nunca le volvería a dirigir la palabra. De su lado es que aquel extenso cordel se reventaría sin que funcionara intento alguno de mediación, como existieron varios. No podía comprender tal desapego, de la misma forma en que no podía comprender tantas cosas en aquel momento.

Al final terminó por incorporarse y sacudiendo sus ropas, siguió caminando sin rumbo fijo, sin plan ni objetivo determinado. Avanzaba sin racionalizar sus movimientos o actitudes, tal y como le sucede a la gente que ha perdido algo irremplazable en sus vidas.

Regresó a casa antes del anochecer, antes de que Garaitz llegara, quedándose dormido en un momento indeterminado. Ya en la noche su madre lo encontró recogido sobre su sillón favorito, acurrucado como un ave tras una noche de lluvia intensa. Lo contempló durante mucho tiempo antes de despertarlo y pedirle que fuera a su cama. Era ya demasiado mayor como para cargarlo.

Garaitz observó entre otras tantas cosas -debilidad, abatimiento, duda- que sobre la piel del cuello de Mikel una erupción de acné había ganado inusual terreno. Pequeños puntos rojizos se distribuían alcanzando incluso una porción de la barbilla y hasta detrás del oído que ella podía contemplar. Por un momento le dio la impresión de ser la marca del sillón sobre la piel pero tal suposición duró solo hasta que comprendió que lo que ella observaba no estaba en contacto con la superficie del mueble.

Luego, cuando despertó a su muchacho comprobó el extendimiento de aquella mancha rojiza en la sección de su rostro que hasta ese momento le había quedado oculta. No dijo nada, no señaló el hecho. ¿Qué sentido tendría hacerlo? No resultaba ser algo que pudieran resolver en aquella hora imbuida de oscuridad.

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