Monday

PL 10

Mikel despertó poco a poco, como quien se levanta de debajo de una pesada manta de lana elaborada a mano. Antes de hace cualquier clase de ruido fue conciente de todos los sonidos y estímulos que el ambiente le proporcionaba. Percibió el aroma imperdible de alimento, percibió un calor que no podría venir de otra parte sino del humor acumulado entre su cuerpo y la ropa de cama; percibió también luz, mucha luz, extraña, proveniente de una fuente indefinible. Y posterior a eso, una conversación entre una voz completamente desconocida y la familiaridad de la voz de su madre. Lentamente comenzó a escapar de las profundidades de mantas con las que estaba cubierto y justo cuando su cabeza comenzó a levantarse de sobre la verticalidad que hasta ese momento había mantenido, fue que una aguda sensación de mareo penetró a través de su sien izquierda y se anido, como una rápida serpiente, en el fondo de su cabeza, en un lugar oscuro y sin nombre alguno. Se dejó caer de nueva cuenta sobre la cama y exploró una cierta vaguedad en su garganta, una que emitido un extraño sonido que inmediatamente interrumpió la conversación que en algún lugar en sus cercanías estaba desarrollándose.

- Esta despertando… - La otra voz, aquella que no le pertenecía a su madre, exclamo aquella pequeña colección de silabas y sin mediar cualquier otra cosa, se acercó rápidamente hasta la posición del muchacho que, solo un segundo después, intentó un nuevo esfuerzo para levantarse de la cama. Garaitz, ahora también inmediata, se lo impidió colocando amablemente y con firmeza al mismo tiempo una mano en la frente del muchacho y luchó con este por un instante impidiéndole cualquier movimiento vertical. Mikel se notaba frío al tacto, tanto como alguien que hubiese salido muy temprano por la mañana de casa y se hubiese expuesto a los elementos en reposo.

- Pequeño, ¿Cómo te sientes?- La voz de Garaitz sonaba tensa y al mismo tiempo, envuelta en un manto de dulce cariño que jamás, otra persona que no resultara ser tan indudable cercana, podría otorgarle al muchacho. Ella llevó su mano de la frente de Mikel al pecho del mismo antes de que este pudiera otorgar cualquier posible respuesta, y cuando su pequeño habar ella pudo percibir las palpitaciones dentro del cuerpo del muchacho.

- Bien… si, bien… ¿Qué sucede? ¿Qué… ha sucedido…?-
- Nada, nada… tranquilo, no te esfuerces…-
- Mamá, qué hora es… Porqué hay tanta luz… tengo sed…-
- Si, claro…- Desde muchas horas antes de que el muchacho despertara estaba ya listo para cuando lo pidiera un tazoncillo lleno de agua limpia y algo de queso –el que se había comprado la noche anterior- que funcionaría como un bocado en caso de ser requerido. Garaitz se levanto de la cercanía de su hijo y fue por el tazoncillo de agua, el cual cuando hubo regresado, colocó en los labios de su hijo permitiéndole algunos sorbos que aparentemente minaron la deshidratación de su hijo tras cuatro o cinco largos episodios.

- Muchacho, ¿Cómo te encuentras?-

Mikel miró de reojo a la mujer que le realizaba tal pregunta. Solo tras un segundo atisbo pudo reconocer a quien estaba dirigiéndose hacía él. Vivía a un par de casa de distancia y era una mujer solitaria. Amable, sin lugar a dudas, pero usualmente callada e inmersas en sus propias cosas. Mikel la veía casi del diario pero prácticamente nunca había intercambiado palabra alguna con ella., solo quizá algún saludo anónimo.

Cuando respondió, lo hizo tornando su atención y enfocándose en su madre.

- Mareado… me duele la cabeza… qué ha sucedido…-
- Nada, recuéstate nuevamente, no hay de qué preocuparse ahora…-

La cabeza de Mikel tocó de nueva cuenta su rustica almohada sin comprender a ciencia cierta por que tal cosa sucedía. La mirada del muchacho, de manera comprensible según su estado, se perdía con cierta insistencia en la altura del techo que pendía sobre de él, envuelta en aquel gesto de alguien que pasado mucho tiempo enfermo o un evento desafortunado lo ha llevado a permanecer postrado de un momento a otro. Su movimiento no era normal, era el de alguien muy cansado y al mismo tiempo deseoso de levantar el vuelo, y el color de su piel resultaba más parecida a la cera que al de la piel de cualquier niño sano. Algunos hilillos de sudor recorrían su frente y de manera invisible, su espalda.

- Mikel, ¿Te sientes mejor? ¿Necesitas algo?-

El muchacho negó con la cabeza tras un segundo de espera, pero algo dentro de los movimientos imperceptibles que estaba realizando parecía indicar otra cosa. Parecía estar buscando algo, una invisibilidad que se negaba a sus ojos y sentidos.

Y un momento después encontró aquello que estaba buscado. Garaitz fue perfectamente conciente del momento en que su hijo recordó la razón que lo mantenía en ese momento tendido sobre su cama cuan largo era y encontró la causa de que ella no hubiese ido a trabajar aquel día, detalle que hasta ese momento le había pasado de largo.

Dentro de los ojos de Mikel las pupilas se dilataros microscópicamente y un gesto extraño en el rostro, o es mejor decir, una colección de movimientos musculares, hundimientos apenas perceptibles, decoloración de la piel, dieron pauta a tal señal; los brazos se colocaron tensos, más no rígidos, al costado del cuerpo del muchacho. Y entonces una palabra aflorar del fondo de los pulmones del chico.

Palabra que fue cortada de tajo de nueva cuenta por un movimiento de Garaitz, que colocando la punta de los dedos sobre la carnosa superficie de los labios de Mikel, impidió que este profiriera cualquier sonido, incluso el más mínimo.

Un gesto de abandono absoluto inundo sus ojos, ese mismo lugar en donde apenas unos cuantos momentos, gestos y suspiros inaudibles después, se llenó de lágrimas tibias y sin control por parte del muchacho.

Garaitz comprendió perfectamente que su hijo estaba pasando por algo que era mucho más grande que él. Y tampoco resultaba ser que ella no cultivara algún sentimiento ante el evento que estaba sucediéndose como un negro manto sobre la pequeña y perfectamente localizada comunidad, solo que su prioridad era su hijo y después el dolor ajeno.

- Tranquilízate… no debes alterarte…-

Mikel se agitó sobre la cama como ofreciendo resistencia en contra de las palabras que Garaitz acababa de expresar, pero muy pronto se vio vencido por el peso de las cosas que su joven alma había recibido para llevar encima. En medio de un acto que no dejo de extrañar y de momentáneamente preocupar a Garaitz y a Sofía, el muchacho se quedo quieto, completamente tranquilo sobre su cama y un minuto después, cuando ambas se esmeraban en limpiar las delicadas lágrimas que resbalaban por los pliegues del rostro del muchacho, este se quedo de nueva cuenta dormido, como abatido por algún tipo de proyectil invisible.

Sofía tocó la frente y rostro de Mikel y se percato de una profunda y lenta respiración.

- Está sumamente afectado… tiene la mente en ruinas en este momento…-

Garaitz se sacudión, pero no tomó aquello como un comentario desfasado. Le parecía completamente correcto. Entre ambas mujeres volvieron a colocar a Mikel debajo de las mantas que lo habían cubierto durante la noche y lo colocaron de lado, mirando hacía ellas.

- Se va a reponer muy pronto, ya lo verá, vecina…-
- Claro… claro… así será…-

En el fondo del corazón de Garaitz, aquellas palabras sonaban completamente ciertas. Lo único que Mikel requería en este momento era de un cerco que lo protegiera del golpe emocional que repetitivamente estaba sufriendo. Y para eso ahí estaba ella.

Pero de manera invencible luego pensaba en la familia de aquel pobre muchacho, la familia de Zuri; ¿Qué estarían padeciendo en aquel momento?

No intentó, ni por un segundo, colocarse en sus zapatos. Había cosas que era mejor dejar en el entramado de las palabras y no en la presencia de los hechos.

- Quizá mañana resultaría ser un mejor día para llevar a Mikel al médico… ¿No lo cree usted así?- Garaitz pregunto a su vecina, distrayéndose del negro sentimiento que por un momento, al pensar en la familia de Zuri, había rozado sus cercanías emocionales.

- Si, claro… mejor mañana… que descanse hoy…-

Ambas mujeres se retiraron de la cercanía de Mikel y lo contemplaron dormir profundamente. Parecía estar tranquilo, tanto como una roca que se ha quedado rezagada en medio de un deslave monstruoso.

- Descansa pequeño…- Susurró Garaitz.

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