-
Vine por usted... Quiero decir, vine para hablar con usted...-
La mujer, quizá apenas un poco mayor que Garaitz y al mismo tiempo poseedora de una mirada y actitud corporal de quien ha visto y vivido las mismas cosas que un anciano, miró detenida y fijamente a Mikel. Desde el primer momento lo reconoció como alumno suyo y aunque tuvo que invertir un par de pensamientos para asignarle una ubicación entre todos sus estudiantes -grado, percepción general, lugar físico en el aula- muy pronto recordó incluso su nombre. Ella era así. Perceptiva, retentiva, y la impresión general que tenía sobre ese muchacho no era la de un estudiante con problemas académicos ni familiares hasta donde ella tenía conocimiento.
- ¿Tan temprano? ¿Te levantaste tan temprano solo para hablar conmigo? Vaya, me siento halagada...-
El rostro de Mikel había dejado de sonreír un momento atrás y ahora una rala y seca expresión se posicionaba de sus gestos de tal manera que Elixabete comprendió sin demora que el asunto iba en serio. El muchacho tenía algo grande que decirle, y estaba prácticamente segura de adivinar de qué iba el asunto.
- Faltan aproximadamente veinte minutos para que el encargado de la escuela llegue y abra el lugar. Es posible que te deje pasar conmigo antes que al resto de los alumnos; la sala de profesores es fría y hasta incomoda, pero me parece un lugar más apropiado para conversar que este donde estamos de pie... ¿Preferirías esperar hasta entonces o quieres hablar ahora mismo?-
Mikel dudó un segundo pero de inmediato tomó el control de sus propias reticencias. Si dejaba que pasara el tiempo quizá resultara contraproducente. Tenía que ser ahora. Se lo hizo saber a la profesora y ella asintió conforme.
- Bien, te escuchó.-
- Ayer hable con mi madre de esto, y ella me pidió acercarme con alguien; no cualquiera sino alguien, bueno, alguien, "de confianza...”-
- ¿Y yo soy de tu confianza?-
Mikel la contempló sin hacer o decir nada. Por un segundo le había parecido que extendía un puente levadizo en dirección de la profesora con esa indudable insinuación.
- Pues te agradezco el gesto. Ahora bien, es bueno que sepas que soy una tumba y cualquier cosa que me digas no saldrá de mis labios. Tus secretos están a salvo conmigo... A menos, claro, que me estés buscando exactamente por lo contrario; para que yo divulgué algo que tú sabes...-
Mikel sintió como si estuvieran leyéndole los pensamientos. ¿Cómo era eso posible? Por un momento deseó comprender a cabalidad cualquier cosa que estuviese sucediendo.
- Anda, dime...-
- Bueno, yo... -el muchacho dudaba del cómo continuar- quiero decirle algo... Respecto a, no sé si usted sabe que Zuri, un compañero...-
- Desapareció, si, claro que lo sé.-
- Pues, si, y yo... tengo que decirle que, bueno, hable, con Zuri, con él un día antes de que, bueno, se fuera...-
Luego Mikel guardo un pesado silencio.
Elixabete lo miró esperando una continuación que adivinaba entorpecida por una infinidad de piedras de tropiezo, falta de palabras e inexperiencia en el comunicar malas o imprudentes noticias. Pero de cualquier manera todo resultaría más sencillo de lo que aquel mismo muchacho esperaba. Ella sabía que era ese y no otro asunto el que el joven trataría con ella.
- ¿Y a ti que te dijo? Sabes, eres el sexto de mis alumnos que se acerca a decirme algo al respecto. No habló de los que simplemente cuchichean y se dejan llevar por los cotilleos. Hablo de cuando menos seis de mis alumnos, incluyéndote a ti, que tienen información verdaderamente importante sobre la desaparición de Zuri.-
- ¿Seis? ¿Zuri habló sobre lo mismo con otras personas?-
- Quiero escuchar lo que tengas que decirme para saber si lo que te dijo a ti es lo mismo que les dijo a los demás.-
Mikel entonces se aprestó a narrar, en medio de titubeos y constantes reiteraciones las pocas pero importantes palabras que su amigo, días atrás había compartido con él.
Cuando terminó de narrar aquello Elixabete le pregunto si aquello había sido todo.
- Es muy importante todo esto que me dices. Creo que ahora tenemos una perspectiva más completa de lo que en verdad puede estar sucediendo con Zuri.-
Algunos otros maestros hicieron entonces su aparición en los alrededores acercándose a la escuela. Mikel de inmediato se sintió intimidado por la intromisión que, sin serlo del todo, coartaba la tensa confianza que experimentaba en aquel instante. Elixabete percibió de inmediato el cambio de ánimo en el muchacho y buscó la mejor manera de no presionarlo.
- Te agradezco la información. La comunicare oportunamente a la policía, la cual a pesar de su aparente apatía original, desde ayer por la tarde ha permanecido atenta a cualquier cosa que sepamos nosotros al respecto.-
Mikel no supo que hacer en ese momento, en donde el haber compartido de una manera valiosa la escasa información que poseía, se quedo sin nada mas que decir.
- Lo importante ahora, Mikel es que te des cuenta de que has hecho lo correcto y que lo has hecho a tiempo. Quizás te gustaría saber lo que saben el resto de tus compañeros acerca de Zuri y las cosas que hablaron con él.-
- Si, me gustaría saber eso.-
- Bien, pues quizá al final de las clases pudiéramos conversar al respecto. Mikel ¿Hoy tengo asignatura con tu grupo?-
El muchacho negó con la cabeza.
- Bien, mejor así. Búscame al finalizar el día escolar, te dire lo que sé al respecto.-
- Gracias por escucharme, por prestarme atención...-
Elixabete lo miró con detenimiento antes de decir cualquier otra cosa.
- Siempre presto atención, aunque a veces tenga la necesidad de que alguien me obligue a hacerlo. Ahora tengo que entrar a la escuela a resolver algunos pendientes. Después continuaremos la conversación.-
- Claro, si, después.-
Elixabete se desligó entonces de la cercanía de Mikel y avanzó hacía las enormes puertas de madera que ahora permanecían ligeramente entreabiertas tras el paso de algún profesor y un par de administrativos tan solo un minuto atrás.
- ¡Profesora!-
Una exclamación apenas apagada, apenas contenida hizo que Elixabete se girara sobre sus pasos y contemplara con un duro gesto a Mikel, quien fijo aún en el mismo lugar le llamaba con todos los gestos de su cuerpo.
- ¿Alpam? ¿Palmn? ¿Qué es eso? ¿A eso huele por aquí? Yo no percibo nada...-
Elixabete sonrió. Le agradaba cuando a su alrededor se prestaba atención a los muchas veces insignificantes detalles que de vez en vez dejaba escapar.
- Napalm, napalm... ¿Sabes qué es? ¿A qué huele?-
- No, en absoluto... Nunca había escuchado esa palabra.-
- Averígualo... No te arrepentirás...-
Elixabete se giró de nueva cuenta y esta vez para desaparecer por la pesada puerta de madera de la escuela.
No muchos minutos después comenzaron a llegar al lugar incontables estudiantes. Muy pronto se levantaron voces, risas, conversaciones desenfadas y carentes hasta que todos esos muchachos se volvieron una marejada sin forma ni composición descriptiva posible a la espera. Y Mikel también muy pronto se perdió entre ellos tras contactar con sus amigos, tal y como un grano de arena removido por el oleaje del mar.
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