Wednesday

PL 5

Mikel se incorporó en la cama a la mañana siguiente unos cuarenta minutos antes de lo acostumbrado. El sol comenzaba a despuntar en el horizonte y, como de costumbre, tras un minuto de lenta indagación, el muchacho se descubrió solitario al interior de la pequeña casa. Bastó atisbar un poco y llamar a su mamá un par de veces para corroborar aquello; Garaitz siempre salía al trabajo cuando la oscuridad aún sumergía a todo el barrio dentro de la cúpula protectora y, aunque el muchacho tenía la sensación de haber permanecido atento a todo sonido y movimiento -presa de un sueño ligero- no había percibido su partida.

Bajó del lecho y se encaminó a su propia habitación en donde encontró sobre su cama un pantalón limpio y listo para usarse. Garaitz tenía la costumbre matutina de prepararle aquella prenda y permitir que Mikel completara el atuendo escolar, y siguiendo la rutina el muchacho abrió el closet en el fondo de su habitación y extrajo con toda lentitud una camisa, ropa interior y un suéter limpio.

Luego se dio un baño y pocos minutos después, aún siendo muy temprano, salió de la casa en dirección de la escuela.

El camino lo realizó completamente callado, con todo y nada en la cabeza al mismo tiempo, sin saber exactamente qué conseguiría con llegar casi una hora y minutos temprano la escuela pero se imaginaba que así tendría la oportunidad de, de, bueno, de cualquier cosa; Oportunidad que seguramente no tendría llegando al lugar con los minutos contados.

Cuando menos se dio cuenta la silueta de su escuela se dibujó a no mas de doscientos metros en línea recta en el borde último de la calle en la cual sus pasos acababan de desembocar y eso le significó algo similar a un enfrentamiento inevitable con algún tipo de fuerza muy superior en capacidad y alcance.

Si de alguna manera hubiese podido atribuirle al edificio algún rasgo o similitud con alguna fuerza destructiva, una fuerza similar a un dragón o algo por el estilo, aquel resultaba ser el momento preciso para hacerlo.

La construcción no debería tener menos de cuarenta o cincuenta años de antigüedad y eso podía notarse en la visible fortaleza de sus ángulos y remates. Era una típica construcción realizada en épocas de mayor abundancia y en donde no existían conceptos tales como "materiales ultraligeros” o "derroche innecesario de espacio”. El edificio constaba de dos pisos, un contrafuerte que se extendía unos veinte metros desde su acceso principal y una fachada de un blanco purísimo en donde una estructura lineal de tabicón rojo recreaba la silueta del edificio como si de un dibujo futurista se tratara.

Mikel admiraba aquel enorme y helado recinto. Le parecía la huella de algo que ya no existía, una mentalidad extinguida tanto como los dinosaurios.

Muy pronto estuvo a sus puertas, un par de rígidas y gruesas estructuras de madera de roble que daban la impresión de ser las puertas de una fortaleza Castellana. Todo dentro y fuera del edificio estaba completamente callado y solo de vez en cuando un sonido ocasional interrumpía la quietud; Bastaba atisbar a su alrededor para descubrir que estaba completamente solo en su propio concepto, convirtiéndose en una extraño punto focal para quienes desde aquella temprana hora se movían en los alrededores. Un par de obreros al paso lo miraron con atención y sin disimulo, otra mujer con un cargamento de mercancía se distrajo un momento contemplando la delgada figura de Mikel que, ahí de pie junto al edificio escolar, daba una impresión extraña y hasta graciosa; como la de un pez fuera del agua o la de Zigurat descubierto en las profundidades de un mar árabe.

Pero muy pronto su temprana iniciativa brindó resultados tangibles.

Unos cinco minutos más tarde, cuando todavía muchos de sus compañeros debían de encontrarse luchando contra el frío de la mañana al interior de sus camas o quizá cepillando sus cabelleras a regañadientes, una figura femenina moviéndose a pie desembocó de una invisible calle paralela y comenzó a acercarse desde la lejanía hacía el edificio escolar.

Mikel inmediatamente reconoció a la profesora Elixabete. Era imposible que no fuera ella. La vista del muchacho se afinó sobre los pequeños e importantes detalles y descubrió que la mujer acercándose traía consigo un pequeño -y acostumbrado en la profesora- portafolio de piel además de una combinación de falda y saco negro con la cual la había imaginado desde el primer momento de su evocación a distancia.

Un nerviosismo pleno invadió el pecho de Mikel, quien hasta ese momento había mantenido estrictamente en el plano de lo teórico cualquier de los actos que lo habían llevado a levantarse temprano y abandonar en hora inusual su morada. Pero al mismo tiempo, tal y como lo había sucedido con su mamá, la inminencia de la profesora dotaba de un carácter extraordinariamente vivido la necesidad de compartir lo que sabía y había escuchado de Zuri ya tres días atrás.

La profesora invirtió unos cinco minutos más en llegas hasta posición franca al frente de la escuela y cuando lo hizo contempló al muchacho con un ligero gesto que combinaba extrañeza y un sentimiento cómplice, algo así como una especie de tenue desaliento ante el hecho de estar, a tan temprana hora, atendiendo ya responsabilidades.

- Buenos días joven. ¿No es hermoso el aroma del Napalm por las mañanas?-

Mikel encarnó el ceño inmediatamente y por un segundo creyó no haber escuchado bien. Comprendió el Buenos Días, pero después de eso... ¿Cuál aroma? ¿Qué había dicho la profesora?

Elixabete, que no era mala persona sino que tenía otros tipos de vida y aficiones cuando terminaban las horas que se asignaba a sí misma para ser maestra, se sonrió al instante y le regaló a Mikel un gesto amable. No esperaba que el muchacho entendiera el comentario. Era demasiado joven como para captar la referencia hacía el penoso trabajo en el que se encontraban.

- ¿Perdón?-
- Nada, no te preocupes... Conserva el buenos días, lo demás solo déjalo pasar...-

Mikel se sonrió levemente. La profesora siempre andaba con cosas extrañas como esa. Una vez regalo un punto extra en un examen de "Listening" a cualquiera que pudiera escribir en la parte última de su hoja de examinación cuando menos cinco nombres de ciudades mencionadas en "Route 66", en versión de The Rolling Stones, para de inmediato ambientar el salón de clases con aquella y otras tantas tonadas similares. Sobra recordar que él solo pudo desentrañar de aquel aglomerado de silabas y aspiraciones extrañas una sola palabra: "Amarillo", pero la desestimó de inmediato. No le parecía que aquella palabra fuera en realidad el nombre de una ciudad.

- ¿Y a qué se debe tu temprana aparición en escena?-

Mikel se olvido de todo, de los Stones y todo lo demás. Algo vibró nerviosamente en su interior al momento de intentar responder a la profesora.

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