Monday

PL 4

Garaitz escuchaba cómo la profunda respiración de su hijo decrecía y se incrementaba a intervalos irregulares mientras este lloraba prácticamente en silencio, emitiendo de vez en cuando y casi por accidente, leves estertores que lo sacudían apenas perceptiblemente. El abrazo en el que seguían fundidos servia como un manto protector, un par de alas invencibles, en el que el muchacho podía dar rienda suelta a la necesidad de un desahogo urgente.

De vez en vez daba la impresión de querer decir algo, agregar algunas palabras a la conversación, pero Garaitz muy pronto percibió que aquello que expelía su hijo no eran sino monosílabos entrecortados que no tenían otro destinatario sino el mismo.

Desde cualquier ángulo y punto de vista posible la pequeña declaración de Mikel no parecía tener la fuerza suficiente como para justificar el salir inmediatamente de la casa en busca de cualquier autoridad pertinente y revelar aquel dato que -excepto en un sentido profundo de las cosas, en el terreno de los datos importantes que siempre pasan desapercibidos en la correría- podría funcionar o no en el sentido de una investigación sería.

Solo restaba entonces esperar que el muchacho se tranquilizara lo suficiente como para que su pequeño corazón dejara de retumbar como un tambor acelerado y pudieran descansar al menos un poco.

La luz dentro de la pequeña casa permaneció encendida todavía cerca de una hora hasta que, habiendo encontrado la válvula de escape necesaria, Mikel consiguió meramente acentuar detalles y repasar aquella su misma e invariable historia un par de veces, agotando el flujo de información nueva hasta volverlo superfluo.

- Mikel, tienes que descansar...-
- Mamá, no quiero, no podría dormir...-
- Es necesario. Mañana alguien tiene que hablar con tus compañeros, contigo, y averiguar si Zuri dijo cualquier otra cosa importante, algo que la policía y su propia familia deba saber.-

Mikel dio la impresión de intentar reaccionar de mala manera ante la evocación de la familia de Zuri -levantando los hombros, frunciendo el seño- pero como si en micras de segundo hubiese librado y perdido en sus adentros una efímera e inútil batalla, un instante después relajó el cuerpo y asintió con la cabeza en silencio.

- ¿Con quien vas a hablar? Es necesario que lo sepas de antemano, desde ahora mismo.-

Mikel permaneció aún en silencio, relativamente tranquilo, tal y como si estuviese terminando de asimilar las palabras que estaba escuchando; meditando sobre de ellas. Comprender su significado aparentaba ser un esfuerzo demasiado aprensivo según el estado emocional del muchacho, tanto que Garaitz continuo guiando el curso de la situación ante la aparente imposibilidad de Mikel de orientarse hacía cualquier posible salida.

- ¿Alguien de la policía?-

Mikel negó con un movimiento de cabeza. Ya había mencionado el cómo las autoridades se mostraban escépticas y pasivas ante la desaparición de Zuri y aquella no resultaba ser una opción viable.

Garaitz siguió arrojando cartas sobre la mesa.

- ¿En la escuela? ¿Alguien? ¿Un profesor?-

De momento, como si algo mágico hubiera sucedido delante de su mirada invisible, el rostro del muchacho se iluminó con un cierto destello de regocijo velado. Incluso una pequeña sonrisa se esbozó en el lugar en donde solo de forma pálida una boca había permanecido trazada.

Parecía que por un segundo toda aquella tristeza contenida en aquel breve espacio se desvanecía por fin.

- Si... hay alguien. Elixabete... Claro... Quiero decir, la profesora Elixabete...-
- ¿Quién?-
- Nuestra profesora... De Idiomas.-

Garaitz intentó asignar un rostro al nombre que Mikel acababa de pronunciar pero le resultó imposible. En cierto sentido le sorprendió no poder recordar a la profesora que Mikel señalaba como receptáculo de su breve confianza. Y un segundo después su hijo despejó la duda y asombro que estaba generando en ese momento.

- Es nueva, recién llegó a la escuela.
- ¿Elixabete? ¿Así se llama?-
- Si, ella imparte el segundo idioma. Es buena, la clase es buena, y, y...-

Mikel titubeó un momento antes de proseguir, tal y como si estuviese buscando la mejor palabra para definir algo que hasta ese momento solo había sido una situación experiencial, o incluso meramente sensorial; Algo que tenía que ver con el trato y la impresión que uno puede hacerse de la gente que le rodea.

- Es dura, realmente dura...-

Garaitz se sorprendió de escuchar tal definición, como si en su lugar hubiese estado esperando la descripción de alguien amable; una personalidad abierta.

- A veces alza la voz y comprendes que debes guardar silencio a toda costa, y que vale más no retarla... Es esa clase de persona... No juegas con ella...-
- ¿Cómo dices, Mikel?-
- Es de las profesoras que apareciendo en cualquier lugar hace que todo se detenga. Riñe incluso a los que no son sus alumnos cuando los mira haciendo algo incorrecto.-
- Pero Mikel, ¿Por qué esa mujer?-

El muchacho miró a su madre de una manera conclusiva, como si pretendiera dar a entender algo que resultaba más que obvio.

- Cuando hablas con ella sientes que te esta escuchando; de verdad y con toda su atención.-

Garaitz miró algo en los ojos de su hijo, un destello que complementaba lo que acababa de expresar. Era, por decirlo de alguna manera, una explicación física de su comentario. Miró ahí un dejo de confianza y simpatía, una sensación de completa libertad de palabra y acto. Garaitz sospechó que, si seguían existiendo en el mundo gente con la capacidad de comprender a fondo lo que uno tenía la intención de compartir, Mikel sospechaba que esa mujer, Elixabete, era una de ellas.

- Muy bien. Entonces mañana hablaras con ella, y cuando yo regrese del trabajo me esperaras despierto para comentarme cualquier cosa que haya sucedido.
- Si, claro...-

Garaitz entonces abrazó de nueva cuenta a su hijo y ambos permanecieron fundidos por un momento.

Luego al separarse sonrieron.

La luz se extinguió no mucho después en la habitación, cuando ambas respiraciones estuvieron ya tranquilas.
Lógicamente, por el trabajo, por la rutina, por la hora, Garaitz fue la primera en dormirse.

Minutos después, en completo silencio y completamente a oscuras, la tristeza -descendiendo como un pesado manto de alguna tela antigua- se posó sobre un pequeño corazón que intentaba descansar y que presentó en su contra apenas una mera batalla simbólica.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home