Wednesday

PL3

Garaitz no supo reaccionar al instante.

Aquellas palabras flotaron a su alrededor por un momento antes de aterrizar en el fondo de sus sentidos. ¿Qué decía Mikel? ¿Zuri? ¿Quién era Zuri….? De pronto una pequeña luz dentro de su cabeza afloró como surgida del mismo centro de la negrura que la envolvía y un rostro difuminado apareció entonces en la penumbra; un rostro de rasgos sencillos y que de manera inseparable Garaitz tenía que asociar con el rostro de Mikel. Zuri era un chico menudo que compartía clases con su hijo y al que de alguna manera podía considerarlo un amigo cercano, cuando menos uno de los infaltables en el grupo que su muchacho frecuentaba. Lo había visto en casa en un par de ocasiones y no pocas veces en la calle.

- ¿Qué dices, Zuri? Pero, ¿Cómo…?-

Mikel guardó una extraña especie de compostura que a pesar de estar acostado le impedía, de una u otra manera caer al suelo.

- Nadie sabe nada… solo sucedió… hace dos días…
- ¿Dos días, Mikel, y por qué no me habías dicho nada?-

El muchacho se incorporó y miró a su madre quien ya se aprestaba para encender la pequeña lámpara que descansaba en un buró al costado de la cabecera de la cama. Su gesto resultaba ausente y de una intensa preocupación.

- Ayer, ayer nadie sabía lo que estaba sucediendo… no fue a la escuela, y tú sabes, su familia, bueno… no se preocupan por él…-

Garaitz recordaba que en no pocas ocasiones Mikel había comentado con ella como las familias de algunos de sus amigos parecían desentenderse por completo de sus hijos. El barrio no era bueno, siempre lo habían sabido, pero no esperaban que alguno de los vecinos resultara ser alguna manzana tan podrida como para faltar en algo tan delicado como los hijos.

- ¿Qué ha dicho la policía?-

Mikel negó nuevamente con la cabeza.

-. Tampoco saben nada. Creo que no han hecho gran cosa por encontrarlo. Dicen que para iniciar una búsqueda tiene que transcurrir… no sé, no recuerdo cuántas horas o días dijeron… -
- ¿Tú sabes algo? ¿Te dijo algo a ti? ¿Sabes en donde puede encontrarse?-

Mikel parecía querer estallar en llanto cuando respondió negativamente a todas esas preguntas.

- Nada, no sé nada… Mamá, estoy preocupado…
- Claro, claro que si… -

Garaitz intentó hacer algo, cualquier cosa, extenderle los brazos al muchacho como si este lo necesitara, aunque una noticia como esa la afectaba en un sentido más profundo a ella que a él. Pero Mikel, en un movimiento extraño rechazó el abrazo de su madre; no de una manera grosera o definitiva, pero no limitándolo por completo al tiempo que amenazaba con llorar. Llorar de verdad.

- Mamá… escúchame…-
- Mikel ¿Qué pasa?-
- Mamá, Zuri, hablé con él hace dos días… antes de que desapareciera…-

La voz de Mikel era ya un cántaro situado muy cerca del borde de un precipicio y que en cualquier momento se quebraría sin más. Garaitz redobló esfuerzos para acercarse al muchacho consiguiéndolo casi sin esfuerzo. Lo rodeó de inmediato con los brazos y percibió su respiración agitada y en cierto momento entrecortada.

- ¿Mikel, qué te dijo Zuri cuando hablaste con él? Necesitas decírmelo, es necesario que vayamos con la policía y le ofrezcamos cualquier información valiosa que pued…-

- Que estaba triste… muy triste… solo eso me dijo.-

Garaitz detuvo los movimientos invisibles de su cuerpo en un segundo. La respuesta de su hijo pareció cualquier cosa menos eso. Ella esperaba un dato frío, conciso, ejemplar; algo quizá como un plan según el cual el muchacho pensaba enfrascarse en una aventura de algunos días en dirección del mar, o quizá que revelara la intención y sueño que tenia de seguir las vías del tren que atravesaba la provincia hasta dar con su final último. Garaitz esperaba todo menos aquella deficiente revelación.

- ¿Triste? ¿Qué significa eso?-

Mikel titubeó y casi de inmediato sendas lágrimas brotaron de sus ojos sin que nada pudiera hacer para evitarlo.

- No sé… no lo sé… pero Zuri se veía mal, muy mal cuando me lo dijo.-
- ¿Cómo fue eso?-

Mikel comenzó entonces a hablar de verdad.

- Acabábamos de salir de la escuela; veníamos todos en dirección del barrio y Zuri caminaba lento, como si en verdad no quisiera acompañarnos. Por alguna razón quede junto a él y solo luego de ir juntos un rato me percate de que no hablaba, no decía nada… entonces le anime a conversar… y solo tuvo voz para decirme eso; nada más.-

- Mikel ¿Qué hiciste? Debiste de haber hecho algo. Es tu amigo…-

El joven no dijo nada, ni siquiera intento un nuevo gesto, cualquiera que este fuera.

- Por que dijiste algo ¿Verdad?-

Mikel inclinó la mirada y la perdió entre las sombras que reptaban el suelo de la habitación.

Garaitz no lo podía creer, simplemente no podía. En esta época en que la soledad se torna la compañía indeleble de generaciones enteras de corazones individuales, cualquier comentario de ese tipo no significaba sino una señal de alerta de inmensas proporciones.

- ¡Mikel! ¡No debiste de quedarte callado! ¡Cuando menos debiste orientarlo para que se acercara con alguien! ¡Al menos eso!-

Mikel entonces echo a llorar; no como un niño pequeño, sino tal y como hacen los adolescentes, de manera escondida, casi furtiva, sin emitir sonido alguno, recelosos de sí mismos.

La noche comenzaba ya a ser profunda cuando Garaitz abrazó a su hijo sin saber exactamente que hacer a continuación. En realidad no tenían nada entre las manos, solo una frase, una palabra suelta y nada más.

- ¿Dices que lleva dos días fuera de casa?-

Mikel asintió acongojado, más de lo que había aparentado estar.

- Quizá mañana tengamos noticias diferentes. Buenas noticias.-

Un extraño presentimiento, justo cuando Garaitz pronunció aquellas palabras, vino entonces y anidó en un lugar del cuerpo, uno que no resultaba exactamente ser su corazón, sino un área que bien alcanzaba una profundidad en donde ya no exista sino silencio y oscuridad.

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