PL 2
- Hoy el jefe habló con algunas de nosotras. Es probable que traigan una nueva máquina y necesita de manera urgente operadores calificados. ¿Sabes lo que eso significa?-
Mikel negó con la cabeza, ligeramente abstraído, tal y como intentara arreglar dentro de su cabeza algún tipo de rodar de pensamientos incontables.
- Significa por lo menos dos días de capacitación teórica en la sala de reuniones. Ahí mismo donde esta la cafetera y la charola de las galletas; dos días sentada, lejos del pegamento.-
Mikel asintió. Solo eso pudo hacer.
- ¿No te da gusto? Mamá va a tomarse vacaciones a mitad de la semana.-
El jovencito sonrió entonces. Más allá de cualquier cosa que estuviese sucediendo en su cabeza, una buena noticia siempre resultaba ser eso. Le ponía contento, era seguro.
- Que bueno, te mereces eso y más...-
Garaitz sonrió y sin pensárselo demasiado le plantó un beso en la frente. Ambos de pronto se encontraron en medio de un breve ataque de sonrisas y delicados jaloneos que se extendió por un delicioso minuto.
Acto seguido Garaitz se incorporó del sillón pese al sonriente desacuerdo de su hijo y se desplazó los pocos pasos que la separaban de la cocina.
Empotrada en una pared manchada por hollín acumulado de años, una vieja estufa Heffner le dio la bienvenida y le mostraba la cara habitual de hornillas desgastadas y negras. Garaitz se acercó un fósforo situado en la misma cornisa de la Heffner y encendió una de las hornillas para de inmediato acercarse a la nevera y extraer de la misma, en medio de un movimiento poco menos que mecánico, una olla cerrada con plástico y que contenía un guiso preparado la mañana de aquel mismo día. Ella siempre cocinaba al alba e invariablemente devoraba por las noches aquel breve alimento, una vez que Mikel hubiera comido del mismo a medio día.
- Mikel ¿Tienes hambre?-
Mikel negó en silencio mientras su madre le daba la espalda colocando el guiso sobre de la llama azul de la estufa. Comprendió de inmediato la respuesta negativa del muchacho sin necesidad de mirarlo; de otra manera -si esta hubiese sido afirmativa- una humilde algarabía se hubiera levantado por el aire.
- ¿Por qué? ¿Comiste algo en la calle?-
- No, no... Solo que no tengo hambre...-
- Bien, pero de cualquier manera estoy calentando para los dos; no quiero comer sola...-
Mikel no respondió. Un bocado no le haría daño; sobre todo porque en realidad no había comido nada en todo el día. Se había limitado a extraer de aquella olla algunas cucharadas del guiso y deshacerse de ellas; todo para que su madre no sospechara que algo lo estaba afanando al grado de quitarle el hambre con la misma facilidad con la que un día de viento desnuda la cabeza de un párroco.
Garaitz llevó dos platos a la mesa de madera rústica y los colocó frente a las sillas en donde habitualmente comían ambos durante el fin de semana mientras Mikel arrastraba su fisonomía hasta la misma. Garaitz acompañó con un par de cubiertos y dos vasos llenos de leche baja en grasa.
Aquel líquido resultaba ser el único lujo que la mujer se permitía y que en realidad resultaba ser un ofrecimiento destinado al muchacho quien, en plena pre - adolescencia, comenzaba a llenarse de una capa minúscula pero cada vez más extendida de erupciones de acne en la parte baja del rostro, justo donde sus mejillas se encontraban con la papada y parte baja de la cara.
- Quiero que sigas tomando agua todos los días y que hagas algo de ejercicio. No me gusta mirarte con ese tono rojizo en el rostro.-
- Va y viene, esto –dijo señalándose las pequeñas erupciones que escalaban incluso en dirección de las patillas- no depende de nada de eso.-
- Pues si no es así, bien rápido puede complicarse sin algunas pocas precauciones.-
- Todo lo arreglaría una crema contra el acne.-
Garaitz miró al muchacho con un gesto ligeramente ácido.
- No me gusta pensar que quieres cubrirte la cara con químicos y cosas como esas. Por muy naturales que se pregonen, basta echar un vistazo a los ingredientes como para descubrir nombres imposibles de pronunciar.-
- Además son caras ¿verdad?-
Garaitz se encogió de hombros tras una pequeña pausa sin gesto alguno.
- Eso también es importante. Pero ambos sabemos que cualquier cosa que nos resultara absolutamente necesario, sabremos obtenerla.-
Mikel sonrió. Claro, aquello era completamente verdad.
A partir de ahí comieron prácticamente en silencio, tal y como si una barrera se hubiese levantado entre ellos, una montaña conformada por reticencia y nada más.
Ya luego se retiraron a dormir.
Aunque la estrecha casa les permitía tener a cada quien su propia habitación, la noche no impidió que Mikel preguntara si podía dormir a su lado por esa ocasión. Garaitz no presentó reparo alguno y unos cuantos minutos después ambos se encontraban acoplando los cuerpos debajo de las mantas que cubrían la cama.
Garaitz quizá se hubiera quedado dormida en muy poco tiempo, no más de cuatro o cinco minutos después de haber colocado la cabeza en la almohada, pero justo cuando su mente se encontraba en el momento de inflexión entre un mundo y otro, Mikel decidió hablar.
Lo hizo casi susurrando envuelto en el sonido de una ligera brizna o de una lluvia lejana, pero completamente presente.
- Mamá...-
Garaitz no aparentó respuesta inmediata, pero un segundo después se giró en medio de toda aquella oscuridad que flotaba en la habitación hasta dar a entender que estaba poniendo atención a su hijo.
- Mamá...-
- ¿Si?-
Mikel titubeó antes de responder cualquier cosa. Casi como si le costara trabajo. Garaitz comprendió que fuera lo que fuese que estaba molestando a su hijo, ahora mismo lo averiguaría.
- Hoy... no, hoy no… Fue ayer...-
Mikel no concluyó la frase.
- ¿Qué cosa? Mikel, dime, ¿Ayer? ¿Qué sucedió ayer? ¿Algo anda mal?-
Mikel asintió en medio de la negrura.
- ¿Qué pasa? ¿Tienes algún problema?-
Garaitz esperaba del muchacho cualquier respuesta, o cualquier otra cosa, menos lo que hizo a continuación: negó categóricamente con todos los gestos del cuerpo.
- No, no es eso; quiero decir que… no…-
- ¿Entonces?-
Mikel dejó entonces salir aquello que lo perturbaba, algo anidado muy adentro de sus pensamientos. Y lo dejó salir sin prisas que lo interrumpieran.
- Zuri se ha escapado de casa...-
Mikel negó con la cabeza, ligeramente abstraído, tal y como intentara arreglar dentro de su cabeza algún tipo de rodar de pensamientos incontables.
- Significa por lo menos dos días de capacitación teórica en la sala de reuniones. Ahí mismo donde esta la cafetera y la charola de las galletas; dos días sentada, lejos del pegamento.-
Mikel asintió. Solo eso pudo hacer.
- ¿No te da gusto? Mamá va a tomarse vacaciones a mitad de la semana.-
El jovencito sonrió entonces. Más allá de cualquier cosa que estuviese sucediendo en su cabeza, una buena noticia siempre resultaba ser eso. Le ponía contento, era seguro.
- Que bueno, te mereces eso y más...-
Garaitz sonrió y sin pensárselo demasiado le plantó un beso en la frente. Ambos de pronto se encontraron en medio de un breve ataque de sonrisas y delicados jaloneos que se extendió por un delicioso minuto.
Acto seguido Garaitz se incorporó del sillón pese al sonriente desacuerdo de su hijo y se desplazó los pocos pasos que la separaban de la cocina.
Empotrada en una pared manchada por hollín acumulado de años, una vieja estufa Heffner le dio la bienvenida y le mostraba la cara habitual de hornillas desgastadas y negras. Garaitz se acercó un fósforo situado en la misma cornisa de la Heffner y encendió una de las hornillas para de inmediato acercarse a la nevera y extraer de la misma, en medio de un movimiento poco menos que mecánico, una olla cerrada con plástico y que contenía un guiso preparado la mañana de aquel mismo día. Ella siempre cocinaba al alba e invariablemente devoraba por las noches aquel breve alimento, una vez que Mikel hubiera comido del mismo a medio día.
- Mikel ¿Tienes hambre?-
Mikel negó en silencio mientras su madre le daba la espalda colocando el guiso sobre de la llama azul de la estufa. Comprendió de inmediato la respuesta negativa del muchacho sin necesidad de mirarlo; de otra manera -si esta hubiese sido afirmativa- una humilde algarabía se hubiera levantado por el aire.
- ¿Por qué? ¿Comiste algo en la calle?-
- No, no... Solo que no tengo hambre...-
- Bien, pero de cualquier manera estoy calentando para los dos; no quiero comer sola...-
Mikel no respondió. Un bocado no le haría daño; sobre todo porque en realidad no había comido nada en todo el día. Se había limitado a extraer de aquella olla algunas cucharadas del guiso y deshacerse de ellas; todo para que su madre no sospechara que algo lo estaba afanando al grado de quitarle el hambre con la misma facilidad con la que un día de viento desnuda la cabeza de un párroco.
Garaitz llevó dos platos a la mesa de madera rústica y los colocó frente a las sillas en donde habitualmente comían ambos durante el fin de semana mientras Mikel arrastraba su fisonomía hasta la misma. Garaitz acompañó con un par de cubiertos y dos vasos llenos de leche baja en grasa.
Aquel líquido resultaba ser el único lujo que la mujer se permitía y que en realidad resultaba ser un ofrecimiento destinado al muchacho quien, en plena pre - adolescencia, comenzaba a llenarse de una capa minúscula pero cada vez más extendida de erupciones de acne en la parte baja del rostro, justo donde sus mejillas se encontraban con la papada y parte baja de la cara.
- Quiero que sigas tomando agua todos los días y que hagas algo de ejercicio. No me gusta mirarte con ese tono rojizo en el rostro.-
- Va y viene, esto –dijo señalándose las pequeñas erupciones que escalaban incluso en dirección de las patillas- no depende de nada de eso.-
- Pues si no es así, bien rápido puede complicarse sin algunas pocas precauciones.-
- Todo lo arreglaría una crema contra el acne.-
Garaitz miró al muchacho con un gesto ligeramente ácido.
- No me gusta pensar que quieres cubrirte la cara con químicos y cosas como esas. Por muy naturales que se pregonen, basta echar un vistazo a los ingredientes como para descubrir nombres imposibles de pronunciar.-
- Además son caras ¿verdad?-
Garaitz se encogió de hombros tras una pequeña pausa sin gesto alguno.
- Eso también es importante. Pero ambos sabemos que cualquier cosa que nos resultara absolutamente necesario, sabremos obtenerla.-
Mikel sonrió. Claro, aquello era completamente verdad.
A partir de ahí comieron prácticamente en silencio, tal y como si una barrera se hubiese levantado entre ellos, una montaña conformada por reticencia y nada más.
Ya luego se retiraron a dormir.
Aunque la estrecha casa les permitía tener a cada quien su propia habitación, la noche no impidió que Mikel preguntara si podía dormir a su lado por esa ocasión. Garaitz no presentó reparo alguno y unos cuantos minutos después ambos se encontraban acoplando los cuerpos debajo de las mantas que cubrían la cama.
Garaitz quizá se hubiera quedado dormida en muy poco tiempo, no más de cuatro o cinco minutos después de haber colocado la cabeza en la almohada, pero justo cuando su mente se encontraba en el momento de inflexión entre un mundo y otro, Mikel decidió hablar.
Lo hizo casi susurrando envuelto en el sonido de una ligera brizna o de una lluvia lejana, pero completamente presente.
- Mamá...-
Garaitz no aparentó respuesta inmediata, pero un segundo después se giró en medio de toda aquella oscuridad que flotaba en la habitación hasta dar a entender que estaba poniendo atención a su hijo.
- Mamá...-
- ¿Si?-
Mikel titubeó antes de responder cualquier cosa. Casi como si le costara trabajo. Garaitz comprendió que fuera lo que fuese que estaba molestando a su hijo, ahora mismo lo averiguaría.
- Hoy... no, hoy no… Fue ayer...-
Mikel no concluyó la frase.
- ¿Qué cosa? Mikel, dime, ¿Ayer? ¿Qué sucedió ayer? ¿Algo anda mal?-
Mikel asintió en medio de la negrura.
- ¿Qué pasa? ¿Tienes algún problema?-
Garaitz esperaba del muchacho cualquier respuesta, o cualquier otra cosa, menos lo que hizo a continuación: negó categóricamente con todos los gestos del cuerpo.
- No, no es eso; quiero decir que… no…-
- ¿Entonces?-
Mikel dejó entonces salir aquello que lo perturbaba, algo anidado muy adentro de sus pensamientos. Y lo dejó salir sin prisas que lo interrumpieran.
- Zuri se ha escapado de casa...-





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