6.7

Agradecimiento



Primer relámpago

Ha sido su misma presa durante todo este tiempo. Ha perdido cerca de once kilos de peso en nueves días por causa del constante vomito y diversas evacuaciones. Prácticamente ha perdido la vista y el deterioro que las cepas han provocado ha reducido su cuerpo a una figura humana apenas diferenciada de un organismo acuático por causa de la piel cerúlea y casi llevada al límite de la transparencia. Su cabello se ha ido cayendo poco a poco hasta dejar únicamente jirones sobre su cabeza, tal y como si se los hubiera arrancado con sus propias manos. Amplias costras bordean su cuero cabelludo. Tal vez en realidad se arranco el cabello en algún momento de euforia o ira.
Esta en un cuarto pequeño, sin escapatoria posible.
Nunca pudo gritar. Desde el primer momento, cuando entro en aquel lugar siendo todavía una persona y se encerró por voluntad propia, queriendo escapar de algo horrible que le había sucedido, supo que posiblemente se había lastimado la garganta, algo ahí dentro que no le permitía más que unos horribles sonidos guturales. Necesitaba en aquel entonces ayuda médica, alguien que atendiera la terrible condición a la que había caído. Pero tenía miedo, miedo de lo que acababa de hacer y suceder.

Se encerró en un baño, prendió la luz y miró un escurrir de sangre y astillas de cristal sobre todo su cuerpo y ropa. Aquello era más de lo que cualquiera podía soportar. Lloró con verdadera preocupación durante muchos minutos. Sus últimos recuerdos lucidos son haberse quitado los zapatos y el pantalón; recuerda otras pocas cosas, entre ellas varias voces a su alrededor. Después las cosas se pusieron difíciles. Con toda seguridad tenia fiebre, mucha, y algo comenzaba a oler mal en aquella habitación. Pensó que del registro de la regadera se había colado al interior del baño un olor nauseabundo. Pero eso no importo después. Un dolor inmenso poseyó su cuerpo mientras las voces se incrementaban en cantidad y volumen. Al poco, el dolor estaba separando la piel de los huesos con hierros candentes mientras que las voces se habían convertido en gritos irrefrenables en todo su alrededor. Las voces, quienes fueran aquellas voces, estaban lastimando su cuerpo por fuera y por dentro. No recuerda muchas cosas después. Solamente aquella sensación que se despertó en su alma, la necesidad de sobrevivir a todo eso, a lo que fuera estuviera sucediéndole, de imponerse a las voces a como diera lugar; le asalto una violenta e imperiosa, creciente y venida de la nada necesidad de defenderse.

Intento pedir ayuda. Estaban ya sus fuerzas excedidas y no quería seguir ocultándose. Si le adjudicaban alguna responsabilidad por el accidente, se vería después. Ahora alguien tenía que prestarle ayuda. Se estaba quemando por dentro.

Y aquella ayuda llegó.
Nueve días después.

+

Pero antes de que llegaran a socorrer, algo sucedió en su cuerpo, que fue reducido a tener la apariencia de un monstruo, de algo salido del fango y de donde nunca ha tocado con sus raíces el sol.
Sus costillas sobresalían de su piel hasta formar cordilleras en su torso, mientras que la playera que aun se mantenía ceñida milagrosamente se pegaba dolorosamente a los poros de su piel. Las uñas hacia tiempo se habían caído, algunas por si solas, otras en pleno reconocimiento de forma aterrada y violenta al lugar en donde se encontraba. Había rotó la lámpara y el espejo hace mucho, creyendo ver cosas que no estaban ahí. Bajo sus pies un recorrido seco de sangre y fluidos demarcaba los constantes círculos en los cuales aquellos pies se habían visto envueltos. Muchas horas después de haber dejado de ser una persona para convertirse en un boceto de algo realizado a la mitad de una noche de pesadillas, había cambiado su precaria estrategia para salir de aquel lugar. Ahora su cerebro reducido a una esponja seca de hace ya mucho tiempo, concibió esperar a que alguien se apareciese por ahí. Alguien que le ayudara. Pero con toda seguridad aquel alguien sería una de aquellas malditas voces que en ningún momento habían dejado de atormentarle. Seguramente así sería. Y lo único que su cerebro de rata podía procesar de todo aquello era la necesidad de volcarse sobre aquella voz, sobre aquel que viniera a extenderle ayuda, y destrozarlo, si, destrozarlo con sus propias manos y dientes. Todo en su persona ardía y estaba distendido. Cuánto dolor le habían provocado.
Cuántas cosas tenia por las cuales vengarse.

Y aquello que sucedía en su cuerpo, aquello de lo cual no se podía tener conciencia, era que una rápida perspectiva podía ofrecer la impresión de que aquel cuerpo rápidamente estaba envejeciendo.

Comenzaba poco a poco a presentarse las condiciones de erosión de un anciano y sus funciones perdían vitalidad conforme cada hora que sucedía. Incluso las cepas habían aminorado de forma significativa su actividad de reproducción y mantenimiento del organismo que las sustentaba, y de la misma manera, su capacidad de contagio se había visto afectada en definitiva. Y ahora, tras varios días de haberse presentado la exposición y contagio de las cepas, la ausencia de Mielina y la constante e inevitable deshidratación se tornaban los peores y más efectivos enemigos de aquel organismo, además de creciente fenómeno físico de una anemia extendida por la perdida de sangre en las zonas de su cuerpo en donde aquello podía aplicar. Aquel organismo todavía podría haber soportado una veintena de días más, antes de decaer por completo, cosa que sucedería al paso de dichos días; Pero de momento la sed de una venganza inútil y lo más sangrienta posible alimentaba el ánimo y la mente estática de aquella persona.

1 comment:

canelaman said...

Grandiosa entrada, como siempre :).

Primero, gracias por la dedicatoria de la entrada, aunque sabes muy bien que yo no comento esperando reconocimiento, sino por agradecer al autor el esfuerzo que hace regalándonos esta obra de arte.

Me han gustado sobre todo dos detalles de esta entrada:
a) el como explicas que se encierra por motu propio (por miedo a lo que le pueda pasar) cuando aún tiene cierto raciocinio, y que eso luego le hace permanecer encerrada (al parecer porque su deteriorada mente no le da ningún impulso a salir). Al menos permanecerá ahí, hasta que alguien desde el exterior le haga reaccionar y provoque en su mente los instintos que le llevarán a derrivar la puerta :).
b) el como detallas que cuando les falte la Mielina, su cuerpo se va deteriorando, explicando a la vez la degeneración de los cuerpos, y atisbándose un horizonte de esperanza para su extinción.

Salu2 desde Murcia