Monday

PL 36

El viernes, cerca de la hora de la salida de la escuela, Garaitz entró en el recinto escolar de Mikel para entrevistarse con el director del colegio y la profesora Elixabete. Llevaba algunos papeles en las manos y cuando se reunieron se los entregó, en original y copia. Eran papeles del médico. Algunos de los golpes que Mikel recibió el día anterior, en el asalto, lo habían lastimado de tal manera que requería algunos días de descanso. Elixabete habló con Garaitz luego en privado. A grandes rasgos Mikel se encontraba bien, pero Garaitz prefería que se ausentara por un breve tiempo. La historia del muchacho había resultado ser del todo convincente, sobre todo en los detalles en que mencionó algún flujo de dinero. No del negocio, sino propio. Garaitz veía como Mikel guardaba sus propinas y se hacía de un capital cada vez más significativo. Eso le daba gusto, y cuando supo que habían asaltado a su hijo, creyó entrever que alguien le había seguido el paso y calculado de mal manera, tanto como para creer que las pocas monedas que Mikel recibía, resultaban ser algo más que eso. Aunque en realidad, Mikel estaba percibiendo a la semana un ingreso ya parecido a un sueldo. A uno raquítico, pero ya un sueldo.
Si, Mikel era ya objeto posible de hurto.

- Regresara a mediados de la próxima semana, no antes.- remató Garaitz ante la profesora.
- Bien, por favor, envíele mis saludos. Quizá pueda visitarlo en estos días.-
- Le agradecería el gesto. Esta bastante decaído. Se nota inmediatamente que esta, triste... Bueno, deprimido.-
- Si, claro, cualquiera lo estaría. Posiblemente el lunes próximo. ¿Qué le parece?-
- Muy bien, ¿Por la tarde?-
- Si, perfecto.-

Garaitz y Elixabete se despidieron. Quizá si no existiera alrededor de Elixabete aquella aura de respeto y la sensación de pertenecer a una condición diferente -la de una autoridad- las dos mujeres hubieran podido llegar a ser buenas amigas. Quizá en el futuro eso sería posible, cuando Elixabete no tuviera mayor injerencia en Mikel.
Garaitz salio de la escuela y se fue de inmediato a la fábrica. Su buen comportamiento e impecable desempeño a lo largo de mucho tiempo le ayudaban en estos momentos en que debía de pedir permiso para ausentarse un par de horas o llegar tarde a su turno.
Su jefe resultaba complaciente y hasta empatico con ella. También tenía hijos adolescentes y sabía que las cosas tendían a salirse de control. En su caso uno de sus varones tenía un incipiente problema con la bebida y eso había obligado a faltar en alguna ocasión, incluso a pedir un préstamo al departamento de administración de la fábrica. El fin de ese dinero nunca quedó del todo claro pero se habló de un accidente automovilístico, sin tragedias que lamentar, pero con resultado jurídico adverso al vástago del jefe de Garaitz.
Ella de inmediato se avocó a su labor mientras que en casa, Mikel dormía intermitentemente, soportando dolores que atacaban su cuerpo desde diversas latitudes. Padecía de inflamaciones en por lo menos cinco o seis puntos del cuerpo y le costaba trabajo moverse. Levantarse para ir al sanitario resultaba ser una verdadera pesadilla. Pero lo peor era sin duda el dolor mental que estaba padeciendo, y contra el cual luchaba regresando una y otra vez a los territorios bajo el dominio de aquella bestia enorme que -Mikel ya se había hecho a la idea- vivía dentro de él.
Morgoth no le dio importancia a la golpiza, apenas y reparo en ella. Mikel se entristeció el eso, pero la bestia permanecía tan inerte ante el hecho que parecía indicar que eran cosas que sucedían de vez en cuando, sencillamente. Mikel intentó acoplarse a esa línea de pensamiento y eso le ayudo bastante. Le ayudo a concretar que en el universo de los reptiles, o de los peces, elemento con el que estaba mayormente familiarizado, una batalla no significaba nada en sí, sino sus resultados. Vencer, retroceder, eran los verdaderos signos a estudiar. Mikel pensó después de un rato que incluso era algo bueno. Permanecer recostado y quieto le daba tiempo y espacio para pensar en lo que debía de hacer.

- Por eso permanece inmóvil... para pensar mejor las cosas...-

Mikel sonrió a pesar de las inflamadas comisuras de sus labios. Él debía aprovechar de la mejor manera esos momentos. ¿Qué hacer, cómo hacer?
Tenía ya un par de sospechas a la mano. Mikel resultaba lento para pensar, pero ya comenzaba a conformar algunas ideas dentro de sí, aunque estas estuvieran compuestas en su mayor parte en sensaciones y simples deseos. Quería que lo dejaran en paz, que se olvidaran de él. Quería seguir trabajando con Lander y aportar a su comunidad con un trabajo decente. Sentirse orgulloso de lo que hacía y los demás lo notaran.
Y quería acabar con Arnalt, a como diera lugar. Eso daría fin al sufrimiento. Muerto el perro que encabeza la jauría, esta se dispersaría sin control. Podrían entonces esperarse ataques aislados, pero no actividad organizada.
¿Muerto el perro? ¿Eso era verdad; eso estaba buscando?
Mikel no lo sabía para consigo mismo, pero le resultaba claro que en el caso de Morgoth esa era la más pura y exacta verdad.

Mikel se sintió atravesado por un rayo azul y algo más; Una cosa tan grande y abrumadora capaz de llenarle el pecho por entero.
Era un sentimiento de culpa anticipada, de alarma y crispación. Una tristeza profunda, una que no le pertenecía del todo y que tampoco sucedía expresamente en "su persona". No supo deducir de qué se trataba aunque tenía lugar en algún punto cercano a lo que todos hubieran llamado su corazón. No el físico, el otro.
Dio vueltas en su cama por largo rato. Luego se incorporó soportando dolorosas contracciones musculares y se dirigió a la cocina. Garaitz le había dejado algo de comer pero apenas y pudo soportar un par de sorbos de agua. De alguna manera estaba contento, pensando en aquellas cosas. Faltaban elementos, ideas, algo concreto. Pero sentía que avanzaba. Reconocía que era una sensación peligrosa esa de sentir que uno se mueve en la dirección deseada sin comprender cuántos pasos son necesarios. "Seguramente más de uno o dos", se dijo a sí mismo. Entonces ¿Qué hacer, cómo hacer?

Paso el fin de semana prácticamente en silencio, dialogando ferozmente consigo mismo. Para Garaitz apenas tuvo algunas palabras, todas ellas entrecortadas. Para el martes regresó a trabajar, si bien aún no a la escuela.
Lander lo recibió de muy buen ánimo y sin hacer ninguna clase de pregunta estúpida. Sabía lo que había sucedido por Garaitz y no quiso ahondar en el tema. Si en realidad había sido un asalto -si no tenia que ver con ser un chico impopular, callado, apartado de todos, con un empleo estable- entonces no había nada más que decir. Además, no quería hacerle perder tiempo en sus labores acostumbradas. Él mismo Llevaba todos aquellos días entregando personalmente el producto a los clientes y eso le había arruinado el pasado fin de semana. Para la hora en que debió de haberse visto con sus amigos, estaba por llegar apenas a la mitad de una extensa lista de pendientes por cubrir. No sabía cómo Mikel se las arreglaba para tener todo listo y entregado a tiempo, así que ahora más que en el pasado, reconocía su valía y dedicación. Era un muchacho bastante metódico. Y ordenado.
No quedaba la menor duda.

También los clientes se alegraron de verlo de nueva cuenta sobre su bicicleta roja. Lander les quitaba mucho tiempo, él entregaba, recababa la firma de recepción y se despedía introduciendo su propina en el bolsillo del pantalón para luego desaparecer con gesto apresurado.
Aunque en principio comenzar a recuperar el ritmo perdido significaba enfrentarse a dolores en lugares de su cuerpo que no sabía siquiera que existían, puso todo de su parte para lograrlo. Y eso era obvio, evidente, dado que tenía una cosa que demostrarse a sí mismo. Nada tenía que ver con valor o constancia, ni siquiera con necesidad. Tenía que ver con sus planes, el esqueleto que había logrado ya articular de manera abrupta y llena de accidentes.

"Sus planes".

Sonaba importante cuando lo decía en voz baja, solo para escucharlo una y otra vez.

Mikel insistió en realizar todas las entregas, aún las más lejanas. Soportó lo necesario para que Lander no intentara suplirlo ahora que aquel Camaro 77 permanecía estacionado a un par de cuadras de distancia de manera permanente, símbolo de los días pasados en que Lander entregaba el producto. "Aún podía hacerlo, si fuera necesario", le había dicho a Mikel pero este se había negado. Hubiera resultado insoportable.

El Jueves regresó a la escuela y el ambiente a su alrededor no se afectó de manera alguna. Resultaba ya un ser tan anónimo que daba lo mismo su presencia; encontró las mismas reacciones que hubiera visto si nunca se hubiera ido. Eso le alegró por primera vez en toda su vida. Ese pasar por completo inadvertido, ser un habitante del segundo plano. Es más, le gustaba. Resultaba perfecto.

Al salir de la escuela se detuvo un momento a las puertas del edificio y miró salir a todo el alumnado. Nadie le dirigió la palabra, ni siquiera los antiguos amigos, los cuales no repararon en su persona a pesar de circular a no más de dos metros de donde el se encontraba de pie, mirándolos fijamente.

Salió en dirección del acuario de Lander cuando se quedó al fin solo.

De alguna manera, a pesar aquel extraño gusto de haberse vuelto una sombra, una sensación de vacío se apoderaba de su interior. Sin encontrar las palabras precisas, le parecía haber sido de alguna manera diferenciado, apartado, maldecido, si es que este último concepto incumbía de alguna manera a los otros.

Para cuando llegó al local se encontró con un Lander jubiloso que descargaba del Camaro -estacionado delante del negocio- una serie de peceras llenas a la mitad con agua y figuras amorfas al interior.

- Que bien que llegaste... Ayúdame... Rápido, se me resbalan...-

Mikel sostuvo entre sus manos la pecera que Lander cargaba en ese momento y entre los dos la metieron al local. Tuvieron que batallar para encontrar espacio y una superficie firme para hacer reposar la pecera.

- ¿Qué es todo eso, Lander?-

- Por fin, la inversión...-

- ¿Inversión?-

Mikel se había desconectado de aquel asunto. Resultaba normal que no lo recordara del todo.

- ¡Peces gato! ¿Lo has olvidado? También los vamos a vender a los acuarios.-

Mikel miró dentro de las peceras. Ahí estaban los peces que no había sabido definir ni imaginar a plenitud. Tal y como estaban al fondo de la pecera, mal iluminados, simplemente parecían figuras estilizadas de un color gris oscuro que apenas y podían recortarse del ambiente que los rodeaba.

- Vamos, hay más afuera.-

Los dos salieron del local, Lander con más prisa que Mikel, para terminar de descargar el Camaro. Después de algunos viajes y muchos minutos lo consiguieron. Lander fue a estacionar el vehículo a un lugar apropiado y Mikel se quedo rodeado de por lo menos dos centenares de ojos que lo investigaban de manera curiosa y precavida. Mikel se sintió deprimido de nueva cuenta, como si ser el centro de cualquier cosa lo entristeciera. No abandonó ese estado por el resto del día.

Para la tarde concluyeron la instalación de las peceras y comenzaron a trasvasar a los peces, lentamente, teniendo cuidado de la temperatura del agua y cualquier posible estrés que esto pudiera causarle a sus delicadas criaturas.

Un par de horas después, cerca de caer la noche, bajo una potente lámpara halógena, una decena de peces gato se movían lenta y tranquilamente en el fondo de la pecera, cubierto este con una capa de piedrecilla blanca que los hacía completamente visibles.

- Esta será la pecera de exhibición. Ahora, debes recordar dos cosas: los peces gato son criaturas de la noche y su deambular nocturno puede molestar a otros peces que quieran descansar, por eso los mantendremos separados de cualquier otra especie que lleguemos a tener. Son terriblemente asustadizos. En las demás peceras les proporcionaremos escondites para que estén tranquilos y no los dotaremos sino de la luz estrictamente necesaria...-

Mikel miraba con detenimiento a ese extraño ser de púas diminutas repartidas a lo largo de su cuerpo. Al frente de lo que sería su rostro, un par de extrañas protuberancias, lo más parecido del mundo a un par de diminutas antenas, brotaban alcanzando la piedrecilla debajo del pez, rebuscando.

- ¿Qué hacen, porqué remueven la piedra?-

- Están buscando alimento. Mucha gente busca tener uno o dos ejemplares de este tipo de pez dado que limpia las algas de sus acuarios al consumirla. Hay personas que los miran como simples máquinas de hacer la limpieza, aspiradoras orgánicas. Pero los Plecustomus son animales delicados y que requieren cuidados especiales.-

- ¿Así que come del mismo suelo?-

- Tiene la costumbre de habitar en el fondo de las peceras. Es frecuente que se adhiera a una de las paredes de cristal y pase ahí o en otro lugar similar la mayor parte de su tiempo. Una vez escuché, en un acuario que frecuentaba hace mucho tiempo, como un tipo llegó al mostrador pidiendo "uno de esos peces que viven tragando la comida que ninguno de los demás peces quiso o no alcanzaron a comer". Que estupidez...-

Mikel miró con atención a un pez en particular. Había algo en este que le parecía inevitable.

- Pero también es cierto que encuentran su alimento mezclado con el excremento acumulado en el cieno acuífero. Pero así siempre ha sido, incluso viviendo en libertad...-

- Igual que yo -pensó Mikel- lo mismo que yo...- De pronto se sintió plenamente identificado con algo que acababa de conocer. Él también estaba en el fondo de algo, de una enorme pecera llamada “Entorno”. Nadie lo miraba, a todos les resultaba invisible y solo quizá en su elemento -la noche o la ocupación al lado de Lander- aparentaba estar vivo y animado. Y también, no debía olvidarlo, comía del suelo, excremento, a los pies de Arnalt y sus caprichos, su violencia y sus amigos.

Si, el pez capturaba su atención por completo. Algo así como debía de sucederle a un pintor que de pronto tiene la necesidad intrínseca -hambre, compulsión- de un determinado color. Agita y revuelve su paleta y sus tubos de pintura hasta alcanzar el tono que no ha visto sino solo imaginado, recreado en algún punto perdido de su cerebro y sin saber precisamente lo que hace, traza un boceto sobre un lienzo cualquiera. Trabaja con furia algunos minutos hasta que los músculos le tiemblan de cansancio. Mira lo obtenido y sabe que esta frente a algo importante, al menos definitorio para su persona. Puede regresar una y otra vez al tema, pero este ya esta ahí, completo, satisfactorio. Restara pulir algunos detalles, pero cierto ángulo, profundidad, distancia, esencia, ya es intocable.

Así se sentía Mikel. Miraba al pez y percibía afinidades que no había descubierto con ninguna cosa anteriormente, aunque muchas de estas fuera terriblemente depresivas y hundieran todavía más su sentir en aquella hora de la tarde.

("Los elementos deben ser hallados, el método, y la oportunidad")

Mikel se encontró pensando esa frase de nueva cuenta. Algo le dijo que había hecho un valioso descubrimiento. Quizá, delante de él, flotaba nada más y nada menos que el "elemento".

¿Eso era cierto?

De lo que no había duda es que el pez tenía algo de inevitable.

- Lander ¿Cómo dijiste? ¿El nombre del pez?-

- Pez gato.-

- No, ese no... dijiste otra cosa.-

- ¿Otra cosa? Si, claro, Plecustomus. Es el nombre científico. Lleva otra palabreja, creo que en latín, pero con eso es ya suficiente para reconocerlos y solicitarlos.

- Plecustomus...- Susurró Mikel.

Wednesday

PL 35

El entorno parecía querer decirle algo importante. Algo trascendental.

Indudablemente Mikel iba con temor, con un miedo sin explicación. Además, eufórico al mismo tiempo. La plazoleta parecía hablarle con un nuevo y desconocido idioma, uno de tal fuerza que resultara necesariamente contagiosa.
Regresó al acuario una vez realizada la entrega y se dejo llevar el resto de la tarde por ensoñaciones, pensamientos y diversas consideraciones al respecto de Arnalt. Se dio cuenta de que todo lo que pensaba tenía como meta final "tocarlo", "invadir" su espacio, "Lastimarlo". Esto todavía resultaba una conjetura, una combinación entre resultar imaginativo y poco práctico. ¿Cómo podría realizar aquello?
¿Aquello?
¿Qué cosa?

Mikel tenia el verbo en la punta de la lengua. Su mente lo exploraba con avidez pero sus labios se negaban tácitamente a pronunciarlo.
Sabía a derrame, a quebranto. A hueso seco. Astillamiento.

- ¡Mikel! -exclamó Lander con fuerza, después de llamarlo un par de veces sin respuesta alguna- ¡Ven!-

El muchacho se sacudió en su lugar. Buscó a Lander con la mirada y sonrió al encontrarlo.

- No pierdas demasiado de ese tiempo, aquí lo estamos necesitando.-
- Perdón primo... estaba pensando en cualquier cosa.-
- Si, muy bien. Mira, Acabo de llamar a la gente de "Top of the Ocean". Vamos a realizar un buen negocio con ellos. Es cosa segura.-
- ¿Más Guppys?-
- Mejor que eso. Además de alimento, están solicitándome algunas variedades de peces para dar asistencia a sus peceras. Están buscando que les provea de peces Gato, ¿Los conoces?-
- No, primo, no los conozco.-
- Son unos bichos bastante atractivos. Hasta ahora no había considerado tenerlos ni criarlos, pero luego de hablar con el cliente, me ha quedado claro que pueden ser una buena opción.-
- ¿Ya no vamos a engancharnos con los gusanillos, las Zooboffaabas esas...?-
- Zofobas, Grindal, Tenebrios. Si, claro. Vamos a entrar con todo junto. ¿Podría mañana pasar a recogerte a la escuela de nueva cuenta? Necesitamos traer al local algunas cosas que he encargado en las afueras.-
- Si, claro, avisare a Mamá en la noche.-
- Bien. Estoy seguro que ya te resultara insuficiente una sola ruta de reparto. ¿Te agrada la idea? Podrías duplicar tus ingresos si aprovechas de buena manera tus entregas, tal y como hasta ahora.-

Claro que le daba gusto. Y ¿A quién no? En su habitación tenia ya una buena cantidad de dinero, como no creyó que podría obtener en el poco tiempo que llevaba trabajando con Lander. Esperaría un poco más y compraría algo que pudieran disfrutar en conjunto él y Garaitz. Algo bueno.

- En todo caso, urge que tengamos más piedras para acondicionar las nuevas peceras que vamos a requerir. Llévate hoy por favor una bolsa de tela de las hay debajo del mostrador y comienza a buscar algunas rocas. ¿De acuerdo?-
- Claro Lander, claro...- Mikel estaba ahí, escuchándolo, al tiempo que la imagen de Arnalt no se alejaba del todo de sus pensamientos. Estaba sobre-posicionada sobre todas las imágenes que Lander generaba con sus comentarios. Peces gato (¿Cómo eran; en qué se parecían a un gato?), camisas blancas y corbatas, apariencia de un hombre decente, "Márquenlo", él mismo sangrando a pocos centímetros de la entrepierna...
Algo tenía que suceder, pronto.

- Bien, entonces no se diga más. Piedras, nuevos "productos" y mucha suerte.-

Mikel asintió. No había escuchado con claridad aquella última frase pero a juzgar por el tono alegre y asertivo del primo, había sido algo bueno.

- ¿Qué te parece si hoy te vas temprano? No hay mucho movimiento. ¿Ya has completado las entregas?-
- Si. Regresé cuando terminé con todas.-
- Bien, entonces te veré mañana. No faltes.-
- No, claro que no.-

Mikel tomó sus cosas, todo lo que había llevado consigo de la escuela y se apresuró a despedirse. El sol en pleno le acarició el rostro una vez estando en la calle. Llegaría a casa mucho más temprano de lo normal, con buen tiempo para descansar antes de que llegara Garaitz. Le contaría sobre los planes de Lander. Ella sonreiría como había hecho últimamente.
Mikel se mezcló con toda la gente a su alrededor, difuminándose y percibiendo la sensación de ser alguien útil; imbuido con esa fina y valiosa percepción que tiene de sí mismo aquel que le ofrece algo de bien a su prójimo.

La tarde transcurrió tranquila, sin interrupciones. Los árboles se agitaron como siempre lo había hecho y las nubes avanzaron sobre del cielo empujadas por el viento en la estratosfera fría y húmeda. Luego cayó la tarde y con ella prácticamente todos los ruidos de la ciudad, la cual aún era pequeña y carecía de una verdadera rutina nocturna.
Fue hasta una media hora antes de que llegara Garaitz, fue que Mikel llegó por fin a su casa.

Llegó con la ropa llena de polvo, temblando de algo además que de dolor. Traía un par de golpes directos en el rostro. Esta vez no se habían preocupado por no dejarle marca alguna. Habían actuado con poca cautela aunque todavía con mucha discreción. Lo llamaron "perra, puta, asquerosa" y cosas similares todo el tiempo que lo golpearon.
Lo hicieron caer al polvo repetidamente y se burlaron de él y de todo lo que conocían relativo a su persona. Lo colocaron oda clase de sobrenombres vulgares a Garaitz mientras él intentaba defenderse y defenderla sin conseguir otra cosa que nuevos y encarnizados ataques. Arnalt estuvo entre sus agresores de nueva cuenta y esta vez cooperó con alguna patada por la espalda.
Mikel no lloró, no pudo hacerlo.
Mientras lo golpeaban lanzó manotazos, escupió, agredió con todo lo que pudo y aunque cada respuesta de su parte incentivo la ira de sus enemigos, alcanzó a alguno de ellos provocándole cuando menos un rozón en el rostro. Lo capturaron de camino al transporte público, tal y como lo habían hecho la primera vez pero ahora lo llevaron a un lugar moderadamente distante en donde "trabajar" a gusto.

¿La intención? No debería quedar duda alguna; Hablaban en serio. Tras haber quedado marcado, ahora resultaba de su propiedad.

Le diría a Garaitz que lo habían asaltado, que le habían quitado el poco dinero que llevaba encima.

Monday

PL 34

La escuela seguía siendo un misterio completo.De alguna manera parecía haberse transformado en un oasis en donde no encontraba motivo alguno para preocuparse.
No dejaba de ser un bicho raro, alguien a quien todos miraban con detenimiento, como si llevara puesto un uniforme completamente diferente, de otra tela, o trajera puesto el correspondiente al alumnado femenino. Pero nadie se metía con él, nadie lo importunaba.

Mikel estaba seguro que Arnalt lo rondaba aún en las instalaciones escolares, pero en todo aquel tiempo no lo había visto más de una o dos veces, y eso a la distancia. Tampoco había visto, o en todo caso, no podía reconocer a los demás muchachos que lo habían atacado aquella noche de camino a casa. En aquel momento los había encontrado perfectamente ocultos entre las sombras del callejón hacía donde lo arrastraron, y en el caso del señor "Voy a Follarte Duro", estaba seguro de que no estaba matriculado en su mismo recinto.

Pero ellos parecían no importarle, sino Arnalt, quien era una especie de referente a todo lo que le ocurría. El signo más visible de su propia descomposición. Mikel le dedicaba horas interminables en lugar de atender a sus lecciones, lo rondaba con la memoria y toda suposición posible. Se le estaba adentrando, se estaba convirtiendo en un punto a tratar. Le impresionaba sobremanera haberlo visto en la calle, cambiado en tantos niveles y sentidos. Le había dado la impresión de un ser carente de la brutalidad que era capaz de generar, incapaz de la falta de misericordia con la que lo trató aunque directamente no le hubiera puesto un dedo encima. ¿Arnalt era religioso, o un extraño alumno de fin de semana? ¿Tocaba el piano? ¿Estudiaba Arte? ¿Pasaba sus fines de semana leyendo hagiografías? ¿O intentando realizar alguna clase de milagro entre vociferantes co-religionarios? Fuera lo que fuese, intentaba ser una persona completamente diferente a la que Mikel conocía. Arnalt en realidad era un alma brutal. Irracional; sin sentido.

En esos días, y cuanto más pensaba en eso, un fétido aroma que se contagió incluso en las aulas contiguas, apareció repetitivamente en su salón de clases. Varios de sus compañeros fueron acusados una y otra vez de estar provocando tal disturbio. Uno de ellos incluso fue reportado y suspendido por el resto de la semana, pero eso no solucionó las cosas.
Gente de intendencia y un supervisor de la zona escolar revisaron a conciencia el aula en donde Mikel pasaba la mayor parte de su tiempo en el instituto. Buscaron grietas, fisuras, huellas de humedad, de descomposición de materiales o cualquier otra cosa que estuviera provocando ese espantoso aroma, pero no hallaron nada.
Solo, si hubiesen buscado con verdadera atención, a un muchacho inmerso en sus pensamientos. Ya irremediablemente contagiado.

¿De qué? De sus propios pensamientos, planes y maquinaciones, las cuales no tenían forma, sino quizá de un espantoso animal.
Mikel escuchaba una y otra vez las palabras que había escuchado en sueños: "Los elementos deben ser hallados, el método, y la oportunidad".
¿Qué significaba todo eso? ¿En un sentido profundo, táctil, importante, aplicable?

Lo único cierto es que aquella maligna presencia aromática tomaba notoriedad física.

Siempre que se acercaba el día escolar, Mikel trasladaba su atención de manera total a sus deberes a realizar por la tarde.
Dejaba de importarle la escuela por completo y se concentraba en el negocio de Lander. Muchas veces lo descubría como el mejor y más grande de los escondites posibles. Uno que carecía de puertas y muros, al aire libre, que permitía toda la movilidad del mundo y en el cual se sentía tranquilo, feliz. Así que en cuanto terminaban las labores de la mañana, esas que de manera velada comenzaba a detestar aunque la escuela le resultara un lugar apacible, se dirigía sin tardanza al local para invertir de una mejor manera sus tardes.

A la salida, el día miércoles, Mikel se llevó una buena sorpresa.
Recargado en cualquier parte cerca de la puerta de la escuela, Lander estaba esperándolo. Ambos se sonrieron al mirarse, y como si fuera un hermano mayor al que no hubiese visto en mucho tiempo, Mikel se le acercó con paso firme y alegre escapando de la nube de alumnos que lo rodeaban.

- Lander ¿Qué haces aquí? Bueno, que sorpresa...-
- Vine a mirar… -respondió el primo sonriendo- y a buscarte. Y tal vez a conocer a tus novias...-

Mikel se ruborizó al instante.

- Vamos, tenemos cosas que hacer... ¿Tienes que pasar a tu casa?-
- No -respondió Mikel todavía salpicadas las mejillas-, no es necesario... ¿Hacía donde vamos?-
- Te lo diré en un segundo. Pero... ¿No tienes que despedirte de nadie?-

Alrededor bullía una cantidad indeterminada de jovencitos. No podían ser menos de trescientos o cuatrocientos los que ahí avanzaban en todas direcciones, conversando, gritando, siendo atraídos por sus padres, multitud de igual tamaño a las afueras de la escuela.
Para Lander no pasó desapercibido como Mikel inclinó la cabeza y miró de lado, e intentando, casi al mismo tiempo, apartar de si al momento las consecuencias de tales gestos.

- No, no tengo que... bueno... ya lo he hecho...-

Mikel comenzó a caminar en cualquier sentido y dejo a Lander detrás de sí. Este lo alcanzó algunos pasos después. Había escuchado algunas cosas sobre Mikel, todas ellas provenientes de Garaitz. Sabia que sus asuntos no andaban del todo bien, lo cual a su edad significaba que no era el más popular, que ninguna chica se distraía de más al contemplarlo y que no tenía los amigos suficientes como para moverse con toda confianza por la escuela. De otra manera, tan sencillo, no tendría problemas. No a esa edad.

- Bien... -dijo en un tono que apartaba de tajo el tema- vamos a visitar a un sujeto que me debe dinero.-
- ¿De los acuarios? ¿Al dueño de "Flipper's"?-
- No, un dinero anterior...-

Lander de inmediato guió la caminata en dirección de una calle aledaña a la escuela. Ahí, un vehículo viejo y polvoriento los estaba esperando. Un Camaro 77, anaranjado.

-¿Y esto?-
- Me lo prestó un camarada. Vamos a necesitarlo.-

Lander lo abrió y ambos se introdujeron en el transporte, el cual rugió al mismo tiempo que lanzó un par de estornudos cuando Lander lo encendió y puso marcha. Mikel se sentía bien, a gusto, andando en auto junto con su primo. Algunos de sus compañeros de clase lo miraron sobre del auto y les resultó prácticamente desconocido. Hacía mucho que no lo trataban, y viceversa, y tanto era, que parecían comenzar a olvidarlo poco a poco.

Una hora después Lander y Mikel salían de visitar a un antiguo cliente de Lander, con el cual, en otras épocas y en otro tipo de negocio, había tenido una sociedad lucrativa hasta donde más. Mikel comprendía poco a poco que Lander tenia buen ojo para los negocios, y a base de malas experiencia, recién la paciencia y disciplina para administrarlos. El sujeto le había llegado a deber lo suficiente como para montar un segundo acuario pero, en bancarrota aparente como se encontraba, Lander había decidido saquearle la casa con el consentimiento del deudor, que para tal efecto, la había dejado limpia hasta donde le dio tiempo. Muy pronto ambos llevaron al Camaro una vieja televisión, algunas cajas cuyo contenido desconocían, varios aparatos eléctricos de cocina y algunas otras cosas que en ningún sentido restituían el monto y la vieja de deuda de aquel hombre con Lander, pero este sabía bien que aquel era el único botín que jamás vería al respecto.
Llegaron al local mucho más tarde de lo acostumbrado y hasta ese momento Mikel comenzó a realizar las entregas.
Una de ellas, necesariamente, era para "Ocean's Drive". Mikel tenía que llevar una entrega extra dado que desde el día en que se encontró con aquel pacífico Arnalt, el flujo de alimento del acuario se había visto alterado significativamente. Lander no había dicho gran cosa ante la perdida de una bolsa de Guppys, solo le había aconsejado tener más cuidado.

Mikel fue y recorrió aquella misma ruta, esa que relacionaba inequívocamente con un sábado por la tarde, momento en que se escondía el sol y con la imagen de un grupo de muchachos rodeando a un mayor con pintas de hombre sabio. Estar de nueva cuenta en la plazoleta, cuando sucedió, estrujó las emociones más inmediatas de Mikel.

(¿Te gusta este lugar?)

Mikel asintió para sí mismo. Detuvo la bicicleta y se puso de pie al lado de ella. Recorrió con la vista la superficie de la plazoleta. Ahora parecía completamente otro sitio, iluminada con otra intensidad como estaba, transitada por otro de gente.

(¿Y qué es lo que más te gusta de este espacio?)

Mikel sabía perfectamente qué era lo que más le gustaba, si es que tal concepto -gusto- podía definir lo que estaba sintiendo.

(Yo también lo sé. Y me agrada lo mismo.)

Mikel recorrió la plancha con la vista, tal y como si intentara descubrir algún tipo de rastro o presencia del Arnalt transformado.
Avanzó cuidadosamente, como si su recorrido pudiera afectar de cualquier manera "algo" que, física o metafísicamente, estuviese sin duda por ahí.

(¿Y qué harás?)

Mikel no lo sabía, pero suponía que ahí había algo importante.

- Hallar los elementos, el método, y la oportunidad...- Dijo en voz baja.

(Muy bien, excelente. Estas progresando.)

- Y perder cualquier miedo...- Remató

Algo, quien fuera que estaba hablando con él, le felicitó. Mikel sonrió. Una tibia sensación ascendió desde su estomago hasta la cabeza: suave, dulce, agradable; del todo reconfortante. Y sucedió además otra cosa: su piel, la debajo de la barbilla y la que ascendía por sobre sus patillas, se percibió ligeramente revitalizada. Esa misma tan afectada por el acne que había sido definido como nervioso.
En definitiva se sintió muy bien estando en aquella plazoleta. Sobre todo, teniendo en cuenta las cosas que brincaban de un lado a otro de su cabeza.

(Muy bien, excelente)

Mikel tomó de nueva cuenta impulso y subió a la bicicleta. Ocean's Drive no estaba lejos.

Distante de la superficie, una mezcla de todas las sensaciones que lo habían embargado en todos aquellos días y ya meses, afloró dentro de su alma. Algo así como un fruto precioso. Uno de hermosos colores y elegante diseño. Mikel resultaba ser joven, y no suponía lo que tal cosa, tan agradable sensación, significaba en un plan mucho más realista y analítico. Lo descubriría pronto, en todo caso, como un acto, si no conseguía definirlo y manejarlo como un concepto. Así, sin puntos intermedios ni condiciones atenuantes.

Friday

PL 33

No hubo incendio al otro día y Garaitz llegó a casa después de trabajar sin contratiempo alguno.

El sábado Mikel lo pasó callado, ausente. Las entregas se realizaron a un ritmo menor que el acostumbrado, dado que el roce del metal de la bicicleta contra su entrepierna, provocaba repetitivamente un ligero destello de dolor en la herida todavía sensible.

En la mañana había sangrado nuevamente. Sucedió cuando cargó los paquetes y los montó en su pedestre transporte. Bastó un poco de papel y la incomodidad de colocárselo entre la piel y la ropa interior en el sanitario del local -como si utilizara toallas sanitarias, pensó apenado al tener que hacer aquello- para detener el ligero flujo. Luego de las primeras gotas resultó ser transparente y de duración breve. Esa era una buena noticia. Aparentemente se alejaba el fantasma de la infección con toda rapidez.

Estaba triste, sumamente deprimido.

De alguna manera, antes del enojo, del "deseo de vengarse", de actuar de alguna manera distinta a la que estaba acostumbrado, una ligereza de carácter y la clásica apatía de quien ha visto perder sus muchas cosas lo embargaron. Entregó Guppys y Artemia, recibió contra recibos, conversó con Lander, intercambió comentarios y alguna amabilidad con los clientes, y en cada caso, en cada minuto, no era él quien realizaba aquellas acciones. Era una caricatura de sí mismo, un boceto desdibujado.

Deseó hablar con alguien, con quien fuera. Su madre, Lander. Incluso por algún momento -como si el mundo estuviese limitado entre tales barreras y conocidos- con la profesora Elixabete. Le hubiera gustado decir lo que había sucedido el día anterior, y sobre todo, las extremas sensaciones que había padecido; desde aquel horroroso pavor cuando escucho a Arnalt decir aquello de "márquenlo", hasta la vergüenza y debilidad de tener que lavar su ropa en la regadera, sucia de sangre e impotencia como estaba. Pero aunque tuvo muchas veces la oportunidad -argumentar lo contrario resultaba mentir- no lo hizo; Lo que se anidaba dentro de él no era una fuente a punto de estallar, un geiser. Era una roca, algo que se había hundido pesada y rápidamente en un despeñadero que sin duda existía dentro de sí.

Mikel estaba preso, de nueva cuenta, de su inmensa capacidad para reaccionar emotiva y sensorialmente, antes que de cualquier otra manera.
Él mismo se percataba de eso. Uno no se escapa de las garras de sus reacciones de toda la vida por que un médico -al que a fin de cuentas no abandonaron, sino al que simplemente le pusieron un poco de distancia- diera algunas recomendaciones y escribiera en un papel cualquier cosa que en teoría pudiera ayudarle. Cambiar estaba lejos, sobre todo porque no sabía a ciencia cierta cómo hacerlo. Solo había recibido buenos consejos, no instrucciones, procedimientos, cualquier tipo de asesoría en forma.
("Los elementos deben ser hallados, el método, y la oportunidad")
Mikel sacudió la cabeza.

Un par de horas antes de terminar con sus labores, y mientras pensaba en todo eso, aquella frase había vuelto a rondarlo. Lo hacía con la sensación de una mosca o un abejorro volando a su alrededor, provocando un zumbido molesto y una inevitable y efímera sensación de alerta. Si tenía que atenerse a la verdad más dura e ineludible, solo las pesadillas le habían orientado, solo ellas le habían otorgado una manera de actuar.
Llegó a preguntarse si todo lo que estaba sucediéndole -adentro, al nivel de sus pensamientos- era resultado de que algo se hubiese descompuesto, o dañado en su cabeza. Recordaba todavía la pesada carga nerviosa que lo rebasó cuando lo de Zuri. Aquello no resultaba sencillo de olvidar. Luego, si lo consideraba con detenimiento, en aquellos mismos días habían comenzado los malos sueños, los pocos que sucedieron y que involucraban un sentimiento que sugería la presencia de un ser imposible, de una cosa que a la postre, había descubierto se alimentaba de, de... no sabía de qué. ¿Gente? ¿Huesos, carne putrefacta?
En todo caso, estaba yendo demasiado lejos con aquel asunto. Seguramente las pesadillas eran el resultado de todo el estrés, de la oscura cadena de acontecimientos que hasta el día anterior aún se habían extendido.

- Es mi cerebro -puntualizó- trabajando a marchas forzadas... son todas esas malditas hormonas, como dice Lander... nada más... No estoy volviéndome loco...- Se repitió a sí mismo una y otra vez, pedaleo tras pedaleo, sensación tras sensación.

(Pero, Y el aroma en el autobús ¿No fue real? ¿Recuerdas? La gente tuvo que cambiar de transporte...)

Mikel no pudo más. Se propició una reacción virulenta y detuvo violentamente la bicicleta, se bajó de ella estando aún en movimiento y la dejó caer casi al borde del muro que franqueaba en ese momento. Se llevo las manos al rostro mientras un gesto de frustración lo recorrió de arriba hacía abajo.

- ¡Maldita sea! ¡Carajo! -asestó en contra del aire en voz alta- ¡No esta sucediendo nada conmigo! ¡Nada!-

Algunos peatones se giraron a mirarlo, ya que con las manos sobre la cara y por la manera en que se frotaba la misma, daba la impresión de haber sido atacado con gas pimienta.

- ¡Carajo! ¡Hay que detener esto! ¡Que se termine! Por favor... ¡Por favor!-

En medio de un silencio demoledor, de pronto estaba llorando con mucha fuerza.
A un metro de él, derrumbada, las ruedas de la bicicleta seguían girando con toda velocidad y una mancha líquida se esparcía desde su canastilla metálica. Dentro de esta, una bolsa de Guppys había explotado al caer y los pececillos brincaban en la oscuridad, sofocándose rápidamente, abriendo los ojos al tope y expandiendo las branquias hasta donde les resultaba posible.
Mikel llegó a escuchar eso, como la bolsa se reventaba, y negaba con la cabeza, como si al mismo tiempo escuchara el discurso de alguien que desde muy lejos estuviera hablando inequívocamente para él.

- No puede estar sucediéndome nada malo... nada... Siempre he sido una buena persona... siempre...-

(Los Guppys también. Siempre han sido buenos. Tanto que solo han comido y defecado sin hacerle mal a nadie. Y están muriéndose a unos centímetros de ti, sin motivo, irracionales. No se hacen preguntas tontas, solo saben que les hace falta el elemento vital...)

- ¡Pero yo no soy como ellos! ¡Yo no soy de ellos! ¡Esto no puede estar sucediéndome! ¡No a mí!-

Algún bienintencionado debió de intentar un acercamiento a Mikel, pero este, con su mero lenguaje y actitud corporal, podía alejar a cualquiera sin proponérselo siquiera. Se movía de un lado para otro apenas perceptiblemente. Mirarlo era como atender a algo que intentaba escapar de una prisión que le ajustara demasiado, como una mariposa intentando vencer la crisálida en donde ha hibernado y crecido.
Pero Mikel no era una mariposa; claro que no. Era otra cosa.

Poco después la fuerza de su arrebato diminuyó considerablemente. Al menos lo necesario como para entresacar el rostro de las manos y volver a concentrarse en su alrededor. La tarde era cálida y agradable. El sol comenzaba a pintarse de un color anaranjado y marrón al mismo tiempo. La gente -poca en realidad- transitaba sin preocupaciones ni miramientos, y solo de vez en vez, lo observaban con algún interés disminuido, como quien mira un grafiti en la pared. Mikel buscó y encontró la bicicleta a su costado esperando pacientemente por él. Notó la macha de agua y se agachó para mirar mejor. Se dio cuenta a plenitud de lo sucedido. Levantó la bicicleta y abrió la caja metálica. Sus ojos se toparon con los de decenas Guppys inmóviles, flácidos. Tenían ya minutos de haber muerto y los ojos, como agujeros vacíos, no respondían de ninguna manera.

Al lado de ellos, encima y debajo, dos bolsas más permanecían intactas. Otros tantos pececillos se movían ahí con total indiferencia.

Mikel levanto y colocó la bicicleta en el muro a su costado. Él mismo también se recargó ahí y tras un largo suspiro se dedico a mirar, con los ojos enrojecidos y atacados por la luz del sol que caía ya casi perpendicularmente, a la gente que poco a poco pareció disminuir conforme era más tarde. Hasta ese momento reconoció el lugar en dónde estaba. Solo hasta poco antes que había conocido ese sitio. Estaba prácticamente en la desembocadura de una calle que asomaba sus perfiles en contra de pequeña plazoleta, un lugar por donde transitaba en dirección de "Ocean's Drive", un acuario que se perfilaba como un enorme cliente. Estaba a dos o tres minutos de ahí, y pensó que en definitiva la última entrega pendiente –justo para la gente de Ocean's Drive- no se completaría esa tarde, sobre todo porque se acaba de perder la tercera parte del producto. ¿Cómo se lo explicaría a Lander? Bien, aquel no era su principal problema. Seguramente su primo tenia ya algunas cervezas encima y junto con sus amigos, estaban ausentes de todo, escuchando su música para viejos.

La gente siguió desapareciendo y él continuó mirando sin motivo fijo durante un buen rato. Ya comenzaban a despuntarse los primeros asomos de la noche, cuando Mikel miró a la lejanía algo que lo sacó del incipiente estado hipnótico en que la terrible depresión, que crecía dentro de él, parecía querer sumergirlo.

A lo lejos vio una figura que le resultó familiar. Por contraste, sobre todo.

A pesar de todo, del llanto, de los pliegues de los ojos irritados, la vista de Mikel seguía siendo joven. Afinó su visión a unos veinticinco metros de distancia y el pulso respondió instintivamente. Se aceleró tal y como lo haría en un ataque de nervios.
La figura a cual atendía avanzaba con toda tranquilidad, inserta en un grupo de cinco o seis muchachos de su edad. Todos estos iban de camisa blanca y pantalones oscuros. Un par llevaba saco y uno incluso corbata. Caminaban de manera amable, despreocupados de cualquier cosa que sucediera a su alrededor. Se movían al fondo de la plazoleta, escuchando a un hombre de cabello cano y muy alto. Se veían realmente concentrados en sus palabras y por un segundo, el grupo completo dio la impresión de ser un moderno séquito siendo instruidos por algún filósofo de renombre. Parecían religiosos, o en todo caso, estudiantes de alguna escuela muy cara, una de esas de uniforme elegante. Mikel notó que todos ellos llevaban una especie de carpeta y algunos papeles sueltos. De pronto todos sonreían y afirmaban, dándole razón al hombre que hablaba calmadamente entre ellos. Era algún tipo de maestro, instructor, guía o consejero. Y a su mano izquierda estaba la figura que mantenía en vilo a Mikel. Avanzaba lentamente, como si de alguna manera mantuviera un lugar de privilegio en el grupo.

Era Arnalt. Mikel no tenia duda. No podía tenerla.

Recargado como estaba en el muro, se movió de tal manera que chocó lentamente con la bicicleta. Asió el manubrio y la tomó para salir de ahí. Se movió paralelo al muro.
Era exactamente la hora en que el sol destilaba sus últimos rayos de luz por sobre del horizonte.

- Tengo que moverme…rápido… -

El primer instinto era salir de ahí corriendo, en cualquier dirección. Pero la humedad en el metal de la bicicleta le recordó que había una entrega más por realizar.
(“No importa, escapa de aquí”)
Mikel negó con la cabeza. Importaba y mucho. Tanto que seguía aferrándose al manubrio, como si en eso se le fuera la vida. Un muchacho menos valiente, o tal vez alguien mucho más traumatizado, se hubiera orinado en ese preciso instante. Pero no Mikel. Conservaba integro su raciocinio y capacidad de reacción. Por eso supo que con escapar tenía suficiente.

Para resolver la última entrega Mikel tenía que atravesar aquella misma plazoleta, lo cual fue el único motivo que tuvo para no salir de ahí por la misma ruta por donde había llegado. Se encaramó en su pequeño transporte y pedaleó con toda la discreción que pudo mientras se adentraba en aquel espacio abierto. En cuanto pudo continuó avanzado pegado a los muros, como un ratón que se mueve furtivo ante la presencia de un ama de casa aún desapercibida de su presencia.
Fue más que suerte, sino verdadera curiosidad, la que lo obligó a mirar al grupo cuando pasó relativamente cerca de ellos. Distanciados apenas por unos tres metros, Mikel contempló el rostro del muchacho. Era Arnalt, ya no existían dudas, aunque llevaba el cabello engominado, zapatos impecables, un cinturón con una hebilla elegante y un reloj de color dorado en la muñeca izquierda. Sostenía un nutrido cúmulo de papeles y su mirada era completamente diferente, una que Mikel nunca hubiera creído podría habitar el rostro de aquel bastardo: abierta, franca, reluciente. Parecía estar listo y apto para salvar al mundo de algún tipo de decadencia moral o de volverse un excelente discípulo y modelo de algún movimiento de tipo puritano. Incluso su cuerpo de veía diferente, relajado, asertivo, confiable.

Mikel siguió pedaleando hasta pasar de completo al grupo y perderse de vista. Se internó en otra calle que desembocaba en la plazoleta, y temblando, en dos minutos estaba en Ocean's Drive. El encargado tachó la cantidad estipulada de bolsas entregadas y escribiendo la nueva cantidad –una menos- hizo que Mikel firmara también de conformidad. El muchacho salió de ahí y dando una enorme vuelta, regresó hasta el local de Lander. Cuando llegó, adentro se escuchaba música y risas. Se limitó a entreabrir la puerta y pasar con la bicicleta sin hacer más ruido. Antes de dejarla en cualquier parte al interior, limpió la caja metálica y extrajo todos los pececillos muertos. Escuchaba la voz de Lander provenir del interior del local y parecía que estaba contando alguna clase de broma. Mikel por su parte seguía temblando, absortó en retirar cada uno de los resbalosos pececillos, pensando en Arnalt, en la persona en que se había convertido de un día para otro. Resultaba casi increíble.

Se retiró del lugar y fue a casa. Garaitz lo ya esperaba con la cena lista.
Mikel comió sin pensar en lo que hacía

Wednesday

PL 32

Un temblor muscular fue la introducción.

En poco tiempo Mikel se quedo profundamente dormido. Se sacudía de vez en cuando, inconciente, como si dentro de su cuerpo alguna especie de motor siguiera trabajando a marchas forzadas, acentuando o evitando algo que solo ahí pudiera discernirse.
Transcurrieron los minutos, los suficientes como para formar una y luego dos horas.

Luego, más que una voz, una premonición:

"Existe un lugar, secreto, donde no debieras aventurarte. Y sin embargo lo haces.
Una especie de rincón donde a veces las cosas resultan calladas, u otras tantas llenas de un ruido descrito sobre todo como incomprensible, aún sobre brutal o ensordecedor.
Existe ese terreno donde los pies ya no te sostienen, ni podrían hacerlo.
Muchos creen que es oscuro, profundo. Y por el contrario, es por completo luminoso.

Hay muchas cosas ahí, al mismo tiempo que nada.

Sobre todo, son evocaciones. Son difracciones, espejismos de cosas vistas mucho tiempo atrás y que parecen no cambiar. Cuando te acercas, son todas diferentes. Han mutado. Su nombre es el mismo que el de antaño, su forma y estancia parecen ser las mismas, pero sus átomos son tan diferentes que no sabrías como tal cosa ha sucedido. Y no hay esperanza posible, todo ha cambiado, todo ha desaparecido.

¿Cuánto tiempo has estado ahí? Aún el breve espacio de un pestañeo es demasiado.

Ahí, mirar te cambia.
Ahí, pensar te cambia.
Ahí, imaginar te cambia.
Evocar te altera.
Revivir te trastorna.
"

El muchacho tuvo la impresión de despertarse en algún momento.
Esa noche Mikel recibió la visita de Morgoth. Gigantesco como era, descubrió descansando parcialmente en las paredes, revistiendo con su piel cada centímetro de su habitación. Luego, aquel enorme monstruo se movió por el techo sobre un Mikel que lo miraba petrificado desde su cama. Luego, al paso de los minutos, la criatura hizo descender lentamente su cabeza al centro de la habitación, con esa prestancia y paciencia del animal que apenas se diferencia de las rocas y el polvo en cuanto a su quietud.

No estaba ahí para atormentarlo, como en visiones anteriores.
Estaba ahí por Mikel, por sí mismo.
No hubo voces, diálogos. Nada de eso. Solo presencia, La validación de una realidad alterna, de un segundo ser en aquel espacio. Mikel encontró que en la admiración de los pliegues de Morgoth sus heridas parecían disminuir la intensidad de su dolor. Sus ojos, a unos tres metros del rostro de Mikel, permanecían quietos, profundizando en los gestos del muchacho. De vez en vez una enorme lengua blanquecina asomaba de entre las mandíbulas repletas de pequeños comillos en completo silencio. Solo en un par de ocasiones Mikel creyó escuchar algo asociado a tal movimiento, un sonido como de arena que se corre en deslave.

Así como se miraban, larga y profundamente, el temor en Mikel comenzó a desaparecer por completo.
Extrañamente, como si existiera algún tipo de simbiosis, le quedó claro que lo que le había ocurrido la tarde anterior, a manos de Arnalt, nunca volvería a repetirse. Así de sencillo.

"Los elementos deben ser hallados, la forma, el método, y la oportunidad."

Mikel se encontró una y otra vez con aquellas palabras revolviéndose a su alrededor, como si el entorno las dictara una y otra vez.

Luego percibió algo en su barbilla. Algo terso, húmedo.
Se llevó las manos ahí y encontró un hilillo de sangre, o algo que se parecía mucho a eso. Pero tenía la textura de algo viejo, de un líquido expelido mucho tiempo atrás.

- Es el mismo fluir que vi en la caverna...- pensó Mikel al momento de mirar como del hocico de Morgoth, al mismo tiempo y con la misma intensidad, escurría aquella misma sustancia. La bestia la dejaba escapar, y sucedía entonces lo mismo en la realidad de Mikel. Se llevó las manos e intento limpiarlo. Ni siquiera lo afecto. La criatura tenía el control de los acontecimientos y si esta no hacía nada para evitarlo, Mikel no podría tampoco.

Mikel estaba contagiado, sin duda. ¿De qué? Eso era lo verdaderamente importante.

Monday

PL 31

Mikel se rodó en el suelo buscando algo de luz, cualquier otro posible destello.

Quizá como en aquellas almas que nunca tienen contemplado tales circunstancias, le resultó imposible de creer cuando escuchó que Arnalt ordenó que golpearan. Levantó una mano buscando detener aquello. Tenían que hacerlo, eran seres racionales. Gente como él.

La sensación húmeda de la planta de un zapato sucio incrustándose en sus intestinos desdibujó tal pensamiento. La carne se hundió -comprimiéndose algunas micras de segundo- para regresar de inmediato a su posición original. O casi. Un sonido visceral escapó de ahí adentro.
Alguien se arrodilló inmediatamente detrás de él. Alguien que con un movimiento natural, practicado infinidad de veces, le sujetó la cabeza desde el cuello con un brazo y utilizando un puño endurecido recubierto con una especie de trapo, cubrió la boca y nariz de Mikel par evitar que gritara. Inmediatamente y con toda habilidad esquivó los manoteos de su victima.

El grupo rodeó a Mikel al segundo y comenzaron a patearlo sin contemplación. Los jadeos abundaron de improvisto, como si para lanzar cada patada resultase necesaria una profunda inhalación de oxigeno. El muchacho se revolvía intentando esquivar los golpes pero los encontraba renovados y fortalecidos en cada centímetro en donde buscaba guarecer su cuerpo.
Unos cuantos pasos atrás estaba Arnalt, quien permanecía quieto y callado por lo menos un minuto, luego habló de nueva cuenta, cuando sus compañeros aparentaban mostrar algún maléfico tipo de cansancio.

- Basta... márquenlo.-

Una especie de gruñido escapó de la negrura en donde Mikel seguía prisionero sacudiéndose en espasmos, uno que no era del todo humano. Estaba conciente de todo, escuchaba todo y sentía todo. No hubo mejor palabra sino Terror para definir lo que sintió cuando escucho eso e inmediatamente una de aquellas sombras jaló y le arrancó desde los pies el pantalón, el cual se deslizó violentamente desde su remate en la cadera arañando las piernas; Tanto el cinturón como la cremallera nunca se abrieron, así que el cuerpo de Mikel pasó por un túnel demasiado estrecho para su constitución.

- ¿Mamá te cambia de ropa todavía, bebe? ¿Mamá te mira tus "joyitas"?-

Una voz gastada se estrelló rápidamente en contra del rostro de Mikel al acercarse con toda violencia. El tono era de burla ácida, inconexa con cualquier cosa que Mikel hubiera vivido antes. El corazón le palpitaba a toda velocidad pero el cuerpo, incapaz de defenderse, no le respondía a pesar del flujo de adrenalina que lo inundaba por completo.

Dentro, algo se sacudió con violencia, con el movimiento pleno de un reptil.

Alguien a cada costado, dos muchachos que tenían el corazón tan seco como la bisagra en una puerta antigua, sujetaron cada uno los brazos de su victima. Las piernas también fueron inmovilizadas al instante y logrando atisbar, Mikel miró como la navaja que un minuto atrás vibraba en el aire se acercaba de manera tosca a su vientre.

- Escucha nenita, ¿Va a dejar que mami te mire debajo de las bragas? ¿Vas a llamarla y a contarle por fin todas las cosas sucias que haces con tus novios?-

La navaja descendió sin pausa y lo siguiente que sucedió es que aquel muchacho que manipulaba la hoja afilada asió la ropa interior de Mikel y la cortó con un movimiento rápido. La sensación de las manos de alguien en las cercanías de sus testículos lo sacudió al grado de una nueva intentona de defensa.

- Mas te vale no moverte demasiado, pequeña, no quiero que digas por mi causa te has quedado sin embutido... Ya sé que es lo que siempre has querido, pero yo no te daré esa satisfacción...-

Entonces el filo se acercó a la tersa piel y penetró. Mikel se contrajo mientras el muchacho realizaba en un pestañeo un corte preciso justo en la ingle, en donde se unían la pierna derecha y el tórax, a unos tres centímetros de distancia de la entrepierna. Un chorro de sangre emanó al instante y justo cuando resbaló y manchó el vello púbico del muchacho, todos lo soltaron al mismo tiempo, incorporándose y alejándose de él en un movimiento también anteriormente practicado.

- Hay que tener mucho valor -dijo Arnalt en voz baja, inmerso en oscuridad a unos diez metros de la calle en donde la gente iba y venía sin sospechar de lo que sucedía en aquel resquicio- para hacernos lo que tú nos hiciste. Y todavía más para contarle a la gente de esto... Ahora eres nuestro, eres la perra de cualquiera de mis amigos...-

Mikel apenas y escuchó eso. Inmediatamente que se sintió libre, se llevo las manos al lugar en donde un violento fluir empapaba de sangre toda su piel. Sus manos palparon su carne desnuda intentando buscar la herida, el punto que fluía sin control.
El corte no era mayor a los dos centímetros de largo y no era profundo, pero la zona muscular en donde había sido realizado abundaba en vasos sanguíneos microscópicos. Lo habían "picado" con la peor de las intenciones, no la de herirlo de gravedad, tampoco la de solo darle un susto, sino la de meterlo en un verdadero predicamento. ¿Era aquello suficiente como para desangrarse? ¿Le habían cercenado alguna parte del cuerpo? La duda era más terrible que el dolor.

- Estas al corriente... Hoy solo hemos venido a darte un pequeño aviso... mañana quemaremos el acuario donde trabajas... si hablas, si mencionas algo, emboscaremos a tu madre a la salida de la fábrica... También nos gustaría cortarla a ella... incluso algo más...-

- ¡Hijos de perr...!- Amago Mikel pero de inmediato una patada venida del fondo de la oscuridad, esa misma donde abundaban destellos blanquecinos que se movían delante de sus ojos como una turbia combinación de líquidos, no le permitieron terminar la frase. Mikel se fue de lado llevándose una mano al rostro, justo donde lo habían impactado. De inmediato se lleno la cara de sangre.

- Si eres lo suficientemente listo utilizaras tu ropa interior para detener la hemorragia. En una hora estarás bien y podrás irte a casa utilizando el pantalón que no están manchado de sangre. Llegaras y te darás un buen baño. No dirás nada. Solo en el caso de que tu madre acostumbre mirarte desnudo no se dará cuenta... si sabemos que hablaste, bueno, ya escuchaste... Y siempre sabemos, siempre.-

Mikel comenzaba a llorar cuando se incorporó. ¿Por qué le decían todo eso? ¿Por qué le hacía todo eso? El dueño de la voz que lo había cortado y que no dejaba de llamarlo nena, que decía palabras como "bragas", "embutido", "novios", era seguro Fernando. Desde el altercado semanas atrás ese lenguaje resultaba su marca característica. Un homófobo declarado, o tendiente, y que mal lo reprimía y sublimaba. Quizá la posesión de la navaja no era sino la justa anticipación que debería de gozar. El ojo por ojo, el diente por diente al cual se sentía con derecho.
Lo demás era añadidura, deseo gratis.

- Si no sigues, te cortaremos de tal manera que nadie sabrá si esta viéndote de frente o de espaldas. Si alteras tu rutina, haremos que parezca un asalto al cual no sobreviviste. ¿Queda claro?-

Mikel no contestó. Creía haber encontrado la fuente de la hemorragia y corroboraba que con un par de dedos era capaz de contenerla.

- Xuan -agrego Arnalt, antes de comenzar a retirarse, movimiento en el cual lo siguieron sus compañeros- que le quede claro, por favor...-

Uno de los muchachos regresó sobre Mikel. Seguramente utilizaba una bota de casquillo o algo parecido. Lo pateó -tal y como uno haría con una rata que mirar correr por el suelo- en la cadera desnuda. Mikel se sacudió y gritó con mucha fuerza. Xuan, como presumiblemente se llamaba, se inclinó en un movimiento felino y le tapó la boca. Una serie de gruñidos escaparon de Mikel en llanto declarado. Los demás muchachos miraron con detenimiento la escena y al mismo tiempo la entrada de aquella extraña especie de callejón, a esa estrechez de hormigón y cemento con aire de ratonera. La gente se movía allá afuera, lejos, recortada por la luz artificial del alumbrado público. Nadie pareció percatarse del grito.
Xuan soltó a Mikel no sin amenazarlo con la mirada. Una palabra más y eso sería todo.

- Estas al corriente... no cometas estupideces...-

Mikel los miró alejarse. Muy pronto se perdieron en aquella boca de luz y luego, solo gente anónima a la distancia. Intentó incorporarse. La herida le ardió. Sintió como algunos rastros de sangre seca tiraron de los diminutos vellos de sus piernas. Eso le dolió tanto como la herida misma.
Mikel buscó su ropa interior. Seguramente Arnalt y los demás habían hecho lo mismo anteriormente. Sabían como debía de reaccionar la "victima". Incluso le daban consejos, malditos. La herida ya no fluía como antes. Estaba cerrándose. Se percato de que no le impedía caminar, pero por precaución se movió como cojeando. Su pantalón estaba en el fondo de aquel sitio. Sucio, mojado, pero no tenia rastros de sangre y eso era bueno. Mikel seguía llorando. No sabía la hora pero presumía que apenas y habían transcurrido algunos minutos. Le parecía imposible.

Unos quince minutos después se vistió. La humedad del pantalón se introdujo en la herida. Una sensación de contaminación inundó de inmediato a Mikel. Su carne abierta estaba expuesta a la suciedad misma de la calle. Le asqueó al instante que la palabra "infección" apareció en su cabeza. Tendría que limpiarse la herida, a fondo.

Con todo problema llegó a casa. Garaitz le recibió desde la cocina, distraída como estaba en los últimos toques a la cena. Mikel fue directo al baño. Se quito la ropa y sin atender a Garaitz que desde fuera le preguntaba si se sentía mal, abrió la regadera. No espero por el agua caliente. Introdujo con el la ropa interior manchada y rota. Miró como de esta, y de sus piernas, escurría un diluido líquido carmín. La herida no era grave, solo intimidatoria. Lloró unos minutos y luego llamó a Garaitz. Ella respondió desde el otro lado de la puerta y Mikel le dijo que se sentía mal, muy mareado. Le comento que le daba pena que lo viera así, ya que había vuelto el estómago de camino a casa y se había machado toda la ropa. Garaitz no hizo ademán alguno por entrar al baño. La historia le parecía tan grotesca que no podía sino ser verdad. En todo caso fue por una pijama para el muchacho. Mikel ya tenía dentro del agua su camisa y pantalón. Todo estaba mojado. Ya se las arreglaría para deshacerse de la ropa interior sin que Garaitz se percatara de ello.
Luego, se cambió de ropa. Todos los golpes estaban a tal altura que la ropa interior los cubría del todo. Malditos, sabían lo que hacían. Salió del baño con un convincente tono amarillo en la piel de todo el cuerpo. Como sea había perdido sangre y eso ayudaba a que su versión tuviera credibilidad. No podía comer nada, no quiso cenar. Garaitz le sugirió hablar con el primo y no trabajar al día siguiente. Quizá fuera cansancio lo que padecía. Mikel negó en todo momento. "No podía alterar su rutina". Garaitz no lo comprendió pero le dio crédito a sus argumentos. Tal vez todo podría solucionarse con una buena noche de sueño.

Mikel estaba asustado, no sabía cuanto, pero intuía que hasta la última molécula de su cuerpo.

- Mañana quemaran el local de Lander...- pensó para sí mismo cuando se metió debajo de las sabanas de su cama.

Tal vez solo lo habían dicho para asustarlo, para reprimirlo. Pero no sabía. Todo había pasado demasiado rápido.
Fue la evocación de Garaitz sangrando, la segunda amenaza e imagen que externaron, la cosa que hizo despertar dentro de él un sentimiento tibio, nauseabundo, incierto, confuso, enfermo, pero con el que se sintió identificado por completo.
Morgoth había estado presente en el callejón, mirando todo. No había actuado. En su primitiva inteligencia nada le había parecido realmente peligroso, tanto como a una lagartija no le resulta demasiado problema desprenderse de su cola -un 30% de su cuerpo- con tal de huir y salvar al resto.
Pero Garaitz sangrando, imagen que Mikel intentaba erradicar de su cabeza, lo hizo salir definitivamente de la gruta -¿física, real?- donde habitaba.

Friday

Vd

PL 30

Lander había conseguido una bicicleta. Roja toda ella, desde el manubrio hasta la parpadeante luz trasera que se alimentaba de la acción y reacción en los pedales al mando de Mikel. En la parte posterior tenia soldada una caja metálica en la cual se podía colocar sin problema alguno hasta quince bolsas con Guppys y otros tipos de suministros. A tan solo una semana después de haber comenzado las entregas, el asunto comenzaba ya a tener vistas de ser un negocio productivo. El acuario de Lander tenía por lo menos once clientes fijos que solicitaban una ración diaria de alimento. Les resultaba mejor así ya que al no disponer, o desear hacerlo, de algún contenedor en el cual abundar de alimento vivo, solicitaban una ración de más o menos de 500 gramos de pececillos y Artemía. Mikel entonces vio bastante afectada su rutina después de la escuela. Iba y venia en todas direcciones desde el acuario ante la mirada atenta y amable de su primo, y ya para el día jueves mantenía ya al interior del pequeño buró al costado de su cama lo equivalente a l dinero que Lander le había comentado que podía recibir de propinas cuando las cosas marcharan de buena manera. Mikel nunca había tenido tanto dinero junto, y mucho menos producto de su propio esfuerzo.

Garaitz miraba con agrado la situación. Le parecía mirar cómo Mikel se alejaba de manera definitiva de los aspectos más notorios de su pre-adolescencia y se preparaba para una juventud que podría afrontar sin esos "sucios" detalles como la debilidad de un alma carente del maduro ejemplo de un ente masculino, o la desidia de quien todo lo ha obtenido de otras manos.

Esa tarde, la del viernes, Lander le comentaba a Mikel que la semana que tenían por delante resultaba ser de suma importancia. Posiblemente, en uno o dos movimientos realizados con inteligencia y cordura, podrían llegar a duplicar su cartera de clientes fijos.

- Como para dejar la escuela... ¿no?- expresó Mikel casi sin pensarlo, considerando el tiempo que invertiría en atender a todos esos clientes.
- No digas eso. Tía no lo permitirá.-
- No... No quise decir que deseaba abandonar la escuela, sino que apenas podré realizar tantas entregas.-
- Tenemos que aprovechar de la mejor manera cada viaje, atendiendo a la mayor cantidad de clientes por recorrido.-
- Hago así con algunas de las entregas actuales. La gente de "Mundo Marino" no queda lejos de "Acuática". Tampoco de "Sea Side"-
- Bien, tendremos que acomodarnos de mejor manera. Sobre todo con los pagos. Ahora tendremos que ser más cuidadosos en ese sentido.

Mikel se guardó cualquier comentario posible. Era Lander el que atendía ese aspecto del negocio. Él no veía más dinero que la moneda que de común le daba la gente una vez que les entregaba sus paquetes de Guppys. El primo iba en algún momento de la semana y cobraba el importe de las entregas. Seguramente aquel comentario no era más que una nota personal realizada en voz alta.

- Además, Mikel, es seguro que muy pronto, si las cosas se dan, podamos introducir nuevos productos.-
- ¿Más peces? ¿Cómo cuáles?-
- No solamente peces, sino alimento más especializado. Tenebrios, Zofobas, Gusanos de Cera. Incluso Grillos. Si te has dado cuenta, muchos acuarios venden también otro tipo de animales, ranas, serpientes de agua, caracoles y demás bichos. Estos también son excelentes mascotas, y comen, y mucho. Quizá podamos expandirnos en esa dirección.-
- Como consideres primo...-
- Pero ¿Tú que piensas? ¿Haríamos bien?-

Lander no le pedía su opinión sobre demasiadas cosas. Es más, esa era la segunda ocasión que lo hacía. La primera vez hablaron sobre si la caja de la bicicleta de entregas debería tener una tapa con la cual cerrarla y en realidad Lander solo estaba buscando que alguien le confirmara lo que ya era obvio. Pero ahora el tono de voz, la postura, indicaba que buscaba una verdadera segunda opinión.

- ¿Qué es lo primero que introduciríamos? A decir verdad, no conozco el tipo de alimento que acabas de mencionar.-
- Casi todos, con clara excepción de los grillos, son gusanos. Y me gustaría pensar que entraríamos con todo eso al mismo tiempo. Es cuestión de que lo hable con los clientes.-
- Entonces sería bueno que apartaras un poco de dinero que no te doliera demasiado perder y lo invirtieras en esos gusanos. Si no son difíciles de mantener podemos aprender a criarlos. Y ¿por que no? Quizá también resulte buena idea.-

Lander asintió formulando una sonrisa en el rostro. Había razón en esas palabras. Sobre todo en lo del dolor al perder cualquier inversión. Pero tomar aquel riesgo ya estaba entre sus planes, así que todo quedaba confirmado.

- Bien. Entonces la semana que viene es posible que tengamos nuevas entregas, y de otro tipo además. ¿Estas listo para eso?-
- Como nadie, primo...-
- Bien.-

El reloj indicaba que la tarde muy pronto viviría sus últimas horas. Afuera el sol continuaba cayendo a plomo pero resultaba ser uno vivificante, distinto al que a veces se filtraba de entre las nubes, seco y doloroso. Esa tarde resultaba además agradable; ayudaba a tener pensamientos claros.

- Mikel, ¿Te gustan las películas de guerra?-

El muchacho se distrajo de lo que estaba haciendo -esparciendo alimento en hojuelas sobre las peceras repletas de Guppys azules con destellos amarillos- e invirtió un segundo en contestar.

- ¿De guerra? Creo que no he visto muchas de esas. Y en general no veo películas. No vamos al cine frecuentemente.-
- ¿Y en la televisión, tampoco?-
- Tampoco, y ahora menos que nunca. Tengo el televisor ya muy abandonado.-
- Hoy mis amigos traerán algunas cintas, y uno de ellos habló de meternos por la cara algunas del género. En realidad no es mi favorito, de lejos, pero creo que tampoco me hará daño mirar alguna... quería saber si tú sabias algo... tú sabes, para decir algo inteligente...-

Mikel se sonrió. No, no tenía nada que aportar.

- Lo único que conozco del tema es lo que se puede ver en los meros anuncios, en afiches y “trailers”. No más...-
- Muy bien...-

Mikel iba a concentrarse de nueva cuenta en lo suyo, cuando de pronto le pareció que en realidad tenía algo que decir. Pero no era un comentario "inteligente" sino un algo que bien podría estar ligado, aunque solo por mera asociación libre.

- Primo, ¿Tú sabes que es el "Apalm"?- Para Mikel era algo que podría preguntarse en ese momento.
- ¿Apalm?-
- Si eso...-

Lander se lo pensó un segundo. Le sonaba la palabreja,

- ¿Así? ¿Tal cual? ¿Apalm?-
- Estoy casi seguro.-
- ¿No querrás decir Napalm?-

Mikel rebuscó dentro de sus pensamientos. Si, también esa podría ser una opción válida.

- Posiblemente, solo he escuchado de eso un par de ocasiones.-
- Era, o es, no sé si aún exista, un arma.-
- ¿Un arma?-
- Si, un agente químico. Se utilizó en muchas partes, pero a granel en la guerra de Vietnam... los americanos...-
- Con que es eso...-
- Si no mal recuerdo, cuando esa cosa te alcanzaba se pegaba al cuerpo, y como era combustible, algo gelatinoso, ardía sobre de ti sin que pudieras hacer nada para evitarlo. Creo recordar que alguien dijo, o leí, no lo sé, que ardía indefinidamente...-
- Primo, perdón, pero ¿Sabes a qué huele?-

Lander se sorprendió sin reserva alguna.

- ¿A que huele? Carajo... Nunca le he tenido cerca siquiera. Todo lo que sé es por haberlo leído, u oído... ni idea... ¿Por qué te interesa a qué huele?-
- Me lo han preguntado, alguien me dijo eso... si me gustaba el olor del Napalm por las mañanas...-

Lander miró todavía más extrañado a Mikel. ¿Quién podría haberle preguntado tal cosa? ¿Con qué sentido?

- Pues quizá a fuego, humo... a carne quemada... Vaya amigos extraños que tienes Mikel, verdaderamente...-

El muchacho se sonrió y regresó a los Guppys que a su costado se revolvían vorazmente esperando su alimento. Bien, al menos ahora sabía que cosa era eso del Napalm. Ahora, a saber a qué olía...

- Si llegó a enterarme de algo te lo diré... pero carajo... -complementó Lander antes de cambiar de tema-. Alista las entregas de mañana. Sobre del mostrador están los recibos. No olvides que el encargado de "Fondo de Bikini" debe firmar de recibido. Ese mal nacido ya comienza a dar problemas.-
- ¿Cómo dices?-
- Alegaba no haber recibido un par de remesas de Artemia que yo mismo le entregue. Olvide los recibos ese día. No hagas lo mismo.-
- No primo. Me asegurare que firme.-

Mikel pasó la siguiente hora cargando en la caja de la bicicleta las entregas que debían realizarse al día siguiente. Los pececillos serían lo último en ser empacados. Por ahora dormirían apaciblemente en sus peceras. Por la mañana viajarían en bolsas de plástico y para la tarde seguramente estarían desdoblando sus enzimas dentro del sistema digestivo de un esturión o de algún pez dorado.

Cuando la noche cayó Lander despachó a Mikel. Sus amigos estaban prontos a llegar y no quería recibirlos con pendientes aún sin resolver sobre el mostrador.

Como siempre se despidieron amablemente. Ahora se tenían confianza mutua.

Antes de abordar el autobús, Mikel fue interceptado por Arnalt y un puñado más de muchachos de la edad. Rápidamente lo arrastraron a un rincón oscuro de la calle -un resquicio poco frecuentado- y cuando menos se dio cuenta, estaba ya en el suelo. El estomago se le contraía de dolor por causa de un brutal puñetazo que le dieron a la altura de los intestinos. Desde la suciedad del suelo Mikel atisbó el destello, justo arriba de él, de un metal brillante que se agitaba vigorosamente.

- Una navaja...- adivinó al instante en medio de un explosivo dolor.

3era parte

3era parte
Independencia

Wednesday

PL 29

La gente tuvo que cambiar de autobús para poder llegar a su destino. El camino de Mikel resultaba ya breve, por eso duró poco el miedo de que aquella terrible peste aflorara de nueva cuenta de los infinitos átomos que lo rodeaban.

Llegó a casa con un marcado dolor de cabeza y una susurrada debilidad que aminoraba la intensidad con que su cuerpo distribuía la sangre a todos sus rincones. Él mismo se suponía pálido, enfermo. Garaitz lo notaría. Reaccionando con la más primigenio de las precauciones buscaba ya una coartada con la cual excusar su condición. No tenía la intención de hablar sobre lo que parecía haber sucedido en su cabeza, en el autobús. No, un primitivo instinto contrapuesto a su razón no tenía caso ser mencionado. Era ridículo... Pero tan real y posible a la vez. La sensación de que, bueno, carajo, Morgoth se adelantaba a sus reacciones... Era idiota siquiera pensarlo.

Mikel buscó sus llaves y cuando intentó abrir la puerta se percató de que el seguro de la cerradura no estaba puesto. Abrió lentamente y con sorpresa vio que Garaitz estaba ahí adentro, sentada en la mesa del comedor, y no estaba sola. Una figura familiar le hacía compañía. Su madre y su acompañante se pusieron de pie al momento de que Mikel cerró la puerta tras de sí.

- Mikel, han venido a verte.- Dijo Garaitz con un tono amable, como el de quien conduce una intima, pero no por eso menos formal, ceremonia de reconciliación entre partes distanciadas mucho tiempo atrás.

- Hola Mikel, buenas noches.- Atajó la profesora Elixabete al momento de extenderle una mano al muchacho.

Mikel transformó su ánimo -incluso el dolor de cabeza- en una sensación de verdadera sorpresa que en pocos minutos consumió cualquier otra. Desde cualquier perspectiva lo último que esperaba era ver a la profesora en su casa; Ella seguía siendo un buen referente. Quizá ahora no esa persona a la cual le confiaría el secreto más espinoso de su vida, ahora que Lander rondaba por los alrededores, pero seguía siendo un peñón fuera del agua. Eso era seguro.

- Profesora, buenas noches.-
- Hola Mikel, que gusto me da verte.-
- Mamá, buenas noches... ¿Has salido temprano?-
- Si, desde el medio día. Tu profesora y yo acordamos una cita desde hace algún tiempo y pedí permiso en la fábrica.-

Mikel miró a ambas con un recelo todavía más sorprendido. ¿Desde medio día? ¿Cita? ¿Algún tiempo? ¿Qué estaba sucediendo?

- Mikel, no te impresiones de más, quita esa cara...- comentó sonriendo la profesora Elixabete.
- ¿Y han estado hablando, desde medio día?-
- Desde pasada la hora de la comida. Pero casi todo ha sido cosa de mujeres. De madres y hermanas. No hemos hablado mucho de ti. No te preocupes, nadie me ha mostrado tus fotografías de niño, esas donde seguramente apareces haciendo caras tan graciosas...-
- Mamá...-
- La profesora dice la verdad Mikel. Hemos estado hablando entre nosotras. La profesora ha sido muy amable en venir... Y esperar a esta hora para saludarte... Está preocupada por ti...-
- Permítame Garaitz. Mikel, toma asiento por favor... -Elixabete habló con autoridad, como si el tono y el papel de educadora lo mantuviera a nivel genético- quería saber cómo estabas. Supe de los problemas... Bueno, lo que vino después del fallecimiento de tu compañero de escuela.-

Ya en su silla y frente a ellas, Mikel guardó silencio en primera instancia. La presencia de Elixabete en su casa, tratando aquel tema, le parecía una minúscula regresión a un momento terriblemente oscuro. Y como si ahora todo le resultara un estímulo perceptible, una sensación de hormigueo recorrió su espalda y brazos. No quería pensar en eso. Era seguro.

- Si, bueno... Pero eso ya paso... Ahora estoy ocupado. Trabajo con mi primo Lander... En un acuario...-
- Si, también lo sé. Y me da mucho gusto.-
- Yo le he contado que estas haciendo un magnifico trabajo ahí.-
- Gracias mamá...- Mikel se sonrojó sin poder contenerse. Entonces Elixabete habló de nueva cuenta, utilizando ese tono de voz que la caracterizaba; ese temple y profundidad que la podía convertir en un líder en cualquier lugar y momento.

- Pero creo, Mikel, que todavía hay algo que no nos has dicho...-

Ambas mujeres guardaron silencio. Habían conversado previamente de esto. Sabían lo que hacían.
Mikel cambió su expresión hasta quedar desprovisto de emoción alguna.

- ¿Cómo dice?-
- No sabemos, Mikel, si aún podemos ayudarte de alguna manera.-
- ¿A qué se refiere?-
- La situación ha cambiado. Se ve a leguas que estas más tranquilo. Pero quizá exista todavía algo que desearías tratar. Algo que te este dando problemas...-
- ¿Algo como un sentimiento reprimido? ¿Alguna clase de temor? ¿Una idea tonta?- agregó Garaitz de inmediato.

Mikel miró a su madre. Algunas de esas palabras sonaban extrañas en ella. "Un sentimiento reprimido" eran las que más. Sin duda las había tomado de otra parte, ella no formularía, ni siquiera tras un día completo para pensárselo, una expresión como esa. Mikel creyó entrever algún aspecto y momento de la conversación que las dos mujeres habían sostenido en su previa ausencia.

- Tengo muchas cosas en que pensar. Pero no creo que cualquiera de esas se encuentre en los planes...-
- Mikel -interrumpió Elixabete, controlando el flujo del habla del muchacho, como la catalizadora profesional que era- quizá por ahora no hayas conseguido asignarle nombre a cualquier cosa con la que estés "lidiando". Pero sabes perfectamente que puedes contar con nosotras en todo momento, ¿No es así?-

Mikel no estaba completamente seguro de qué estaban hablando ahí. ¿Sobre Zuri y lo que vino después? ¿Sobre él? ¿Sobre cualquier cosa que pudiera ocurrir trabajando con Lander? Lo cierto es que había respondido con toda la verdad por delante. Tenía muchas cosas en que pensar y no ninguna era sobre "sentimientos" o "temores encontrados". Pero -¿habría sido intencional decir aquello tan especifico?- no estaban del todo equivocadas en lo de "Una idea tonta". Bueno... Podía ser más que una idea aquella extraña sensación de valor y capacidad asociada a... Bien, ahí estaba la "idea tonta", en el reconocimiento de.... Muy bien, las cosas por su nombre... En la validación de "Morgoth" como algo más que un sueño, una alucinación, y categorizarlo ya como una idea. Pero sería ya asignarle una realidad que no estaba seguro que poseyera por sí mismo (Pero ¿El aroma no había sido real? ¿Los pasajeros del autobús no se habían quejado? ¿No había tenido, apenas un rato antes, que cambiar de transporte? ¿Eso no había sido real?)

- Entonces sabes que puedes contar con tu madre, y conmigo ¿verdad?-
- Si, lo sé...- respondió pensando si en su ropa no habría quedado impregnado el nauseabundo aroma que había llenado el autobús del transporte público.
- Muy bien. No quería perder la oportunidad de saludarte en tu propia casa –consultó su reloj y realizó un gesto extraño, como el de estarse comunicando con alguien no visible en la habitación- Ahora tengo que irme, es tarde.-

- Mikel, la profesora se retira...- dijo Garaitz con tono amable, como quien ordena esforzarse un poco más con el uso de modales poco acostumbrados.

- Claro, le acompaño hasta la puerta.- dijo Mikel escapando lentamente del sopor en el que parecía haber caído en un pestañeo.

- Sabes que puedes hablar conmigo de cualquier cosa… sobre todo si te llegas a sentir solo…- agrego la profesora antes de que Mikel le abriera la puerta.

Sentirse solo”. Vaya ese era un sentimiento que conocía perfectamente. Sobre todo a últimas fechas. Por un momento consideró comentarle acerca de Arnalt, de lo que había sucedido con el señor “Voy A Follarte Duro”. Pero quizá el mismo acontecimiento sucedido no más allá de una hora atrás indicaba que eso estaba superado. Quizá se limitarían a seguirlo, a dejarlo en tensa paz.

- Claro, lo sé…-
- Muy bien… Garaitz, muchas graciosa por su amabilidad.-
- Profesora, el gusto ha sido todo nuestro.-

Mikel abrió la puerta al fin y Elixabete salió de la casa. Afuera, en ese preciso instante –un ejemplo de puntualidad- se detenía un vehiculo. Una vieja camioneta Chevy. Ahí adentro u hombre miró de reojo hacia la casa de Garaitz y sonrió luego de atisbar a Elixabete, que ya se encaminaba hacía el vehículo.

- ¡Mikel! -dijo la profesora a unos quince o veinte pasos de la puerta, en donde Garaitz y el muchacho seguían despidiéndola en silencio- ¿Ya has comprobado lo hermoso que es hermoso el aroma del Napalm por las mañanas?-

El muchacho se estremeció. Carajo, ella le había dicho aquella extraña frase hace un tiempo que le resultaba indefinible y aún seguía sin tener la más mínima pista de lo que significaba.

- Profesora ¿Qué es eso? ¿Qué quiere decir?-

Elixabete sonrió a lo lejos, ahora presta a subir a la vieja camioneta. En lugar de contestar se despidió y abrió la puerta del vehículo. Subió y el hombre le ayudo por un momento. Intercambiaron algunas palabras carentes por completo de sonido y el motor de la chevy arrancó en medio de la noche. No avanzaron de inmediato. Seguían hablando. Luego el automóvil se movió al fin y Elixabete levanto de nueva cuenta las manos para despedirse. Volvió a decir algo, esta vez en dirección de Mikel, pero de nueva cuenta resultó un acto inaudible.

La profesora repitió cualquier cosa que estuviera diciendo un par de veces sin éxito alguno. Entonces el vehículo se acercó a la casa de Garaitz. El hombre se asomó brevemente y se dirigió a Mikel.

- Dice que lo averiguaras muy pronto… buenas noches, soldado…-