Thursday


HERMANAS

(La siguiente historia debe entenderse como un texto lineal.
Las divisiones son para comodidad del lector)

1

Now I cry for daylight
Daylight and the sun
Now I cry for daylight
Daylight everyone
Daylight in my heart
Daylight in the trees
Daylight kissing everything...
Daylight in the fields
Daylight mountains
Fire kisses the floor
Of the lakes and makes shadows...
You gave me this Your fire becomes a kiss...

"Dayligth and the sun"
Anthony and the Jonhsons. The Crying Ligth. 2009.


1

- Esta decidido. No hay más...-

Joan cerró con esa frase el pequeño discurso que, por poco más de veinte minutos, había expuesto con toda dificultad. El reducido público que atendía a sus palabras esgrimía lloriqueos débiles y espasmódicos una y otra vez, y ya sin otra cosa que agregar, el gesto férreo del hombre sirvió como el colofón que dio por terminado el asunto. Todos comprendieron que cualquier otra palabra saldría sobrando.
Sin que nadie se diera cuenta del paso real del tiempo, afuera había caído la noche. Su manto protector se cernía invencible sobre toda los rincones internos y externos de la casa en donde, apenas unas cuantas almas, se reunían en lo que debió de ser una sala, pero que por su decoración y salpicado variopinto de muebles podría pasar al mismo tiempo por cuarto de lavado y televisión.
Ahora solamente era un enorme espacio sin sentido.

Afuera, frente a la casa, un viento más que discreto sacudía levemente los árboles que la cercaban, agitando sus ramas y desprendiendo el seco follaje que en esa época del año, todavía a un par de meses de distancia del invierno, comenzaba a abundar llenado de hojas muertas el suelo, las canaletas, alcantarillas y todos los rincones posibles. Frente a la casa, una colección de Ficus de no más de un metro y medio de alto se sacudían lentamente. Detrás de la misma, había matorrales y un par de rosales; estos también sucumbían al viento y dejaban escapar sus hojas rebeldes hacía la nada.
Resultaba ser pleno otoño, pero no uno de esos hermosos que uno puede mirar en postales, llenos de colores cobrizos con tonalidades rojas y azules propios de países en donde no se habla de carestía y pobreza alarmante, sino que aquel era un otoño seco y polvoriento. Una extraña combinación de circunstancias en donde abundaban los insectos rastreros y los continuos descensos de temperatura, tal y como si el clima fuera una vela que se agitara de manera caprichosa e imprevisible ante el soplido de un gigante invisible.
La casa, incrustada en el medio de una pequeña área comercial y de descanso para los viajeros, se encontraba sobre la vieja carretera interestatal #55, llamada oficial y solemnemente Carretera Interestatal Doriega, pero conocida simplemente para sus transeúntes comunes como la "55". Dicha carretera atravesaba una interminable llanura desértica a la mitad del país e iba de ningún poblado importante a ningún sitio con relevancia. A los costados del área comercial erigida al lado de tan importante carretera se levantaban dos estaciones de recarga de combustible, una franquicia de Maxi Súper, una veintena de comercios varios -algunos restoranes, dos hoteles de paso, algunas lonjas mercantiles e incluso una dulcería- además varios lotes abandonados. Al centro del área comercial, se encontraban unas quince casas habitadas por los dueños de los comercios, y a unos veinte minutos de distancia, hacía el sur, se encontraba la ciudad de Minas Seroes.

Dentro de la casa, en el mismo cuarto donde el hombre férreo que había estado hablando, estaba reunido con su pequeño público, una viejísima máquina lavadora descansaba pegada al extremo derecho de la habitación, introduciendo en la pared una tuberías de cobre romo que contrastaba con todo lo que podía encontrarse a la vista y que, tal y como si fuera el brazo de un espía alienígena metálico y cúbico, permanecía en completo silencio sumido en una sombra tenue y discreta.
En el centro del lugar se encontraban dos sillones y una mesa traída del cuarto contiguo - elemento que confundía todavía más la decoración- y que eran ocupadas por la que hasta ese momento se había conocido, ungida por el apellido paterno, como la familia ***.
Joan, el padre, miraba a las dos niñas que sentadas atendían con rostros indescriptibles el recién agotado río de palabras que había expresado. Al lado de ellas, en un love seat que había visto mejores épocas, se hallaba una mujer delgada que, imitando un gesto roedor, se había acurrucado por completo en el fondo del mismo, levantando las piernas y escondiéndolas debajo de su cuerpo.

- Es lo mejor... Debimos hacer esto hace años...- dijo el hombre interrumpiendo el silencio que él mismo había introducido.
- Pero... Papá... Esto no es posible...-
- Pilar, esta hecho... Mamá también esta de acuerdo...- contesto imperativamente Joan.

La niña se giró y miró a la mujer a su costado. Un gesto helado abundó en su rostro. Ella no era su madre, no hasta que cumplió los cinco años - lo recordaba perfectamente- y ella había llegado a la casa como una extraña intentando llenar un hueco para el que jamás estuvo siquiera capacitada. Pilar recordaba que cuando ella -ahora carecía de nombre, resultaba ser simplemente "ella"- llegó no sabía cocinar nada que requiriera de más de cuatro ingredientes para su preparación.
Valiente madre postiza.
La mujer guardó silencio y continuó mirando hacía ninguna parte, tan atenta y abstraída al mismo tiempo que la niña tuvo que obligarse a creer que ambas participaban de la misma conversación.

- Anda, díselo - dijo Joan comprendiendo que Llura se podría pasar de nueva cuenta la noche entera en silencio- ¡Anda! ¡Di algo!-
La mujer no reaccionó. No tenía caso. El asunto estaba ya perfectamente anunciado, explicado y cerrado.
Fue Pilar quien arañó el silencio.

- Papá, ¿Estas escuchando? ¿Estas ESCUCHÁNDONOS A NOSOTRAS? ¡Tenemos días hablándote a gritos! ¡Ustedes no pueden separarse!-.

Ese concepto, SEPARARSE, vibró en el aire por un segundo como si fuera un objeto incandescente que llenara con un zumbido el espacio de aquel salón. Eso era lo que estaba sucediendo y era el principal, único y, seguramente, el último motivo que reunía a la familia. La niña más pequeña, al lado de Pilar, resultaba al momento una mera espectadora de aquel asunto. Llevaba y traía su mirada de un lado a otro, atendiendo a Pilar, a Joan y a la figura de su madre sin participar de cualquier otra manera. Sus ojos llorosos también resultaban ser barreras impenetrables. Ella, a diferencia de Pilar, podía llamarla mamá. Y ahí residía todo el problema. Pilar era hija de Joan, pero apenas "amiga" de Laia, cosa que no había impedido que entre ellas se formara un lazo que rozaba en lo sanguíneo, una especie de buena voluntad capaz de cualquier cosa, y sobre todo, de dolerse hasta la muerte por causa de lo que ahí estaba sucediendo. Se amaban entre ellas como muchos hermanos carnales no lo hacían, con amor de niños que comparten un mismo y único bocado.

- ¡No lo permitirán! ¡Nadie lo permitirá!- Pilar casi gritaba al hablar, emocionada, como si repentinamente hubiese dado con algún dato importante, - ¡Nadie permitirá que se separen y lo sabes bien papá...! Hace mucho que tu negocio no avanza, y ella, ella, bueno, nunca ha trabajado en nada... todos lo sabemos... ¿A dónde iríamos nosotras? Las autoridades - ella pronunció tal palabra casi con admiración, con el respeto de quien se juega un importante comodín escondido bajo la manga- vela por el interés de los más pequeños... ninguno de ustedes dos puede cuidarnos, no por separado... juntos pueden tener la posibilidad de...-
- ¿Qué? Pilar ¿Dónde escuchaste eso? ¿Quién te ha dicho tal cosa?- Interrumpió Joan.

Ella se sonrió internamente y en su exterior alcanzo a definir una ligera mueca de gusto al contestar a su padre.

- ¡En la escuela! Lo ha dicho la profesora. Se lo preguntado, yo misma...-
- ¿Has hablado con alguien sobre esto, sobre nuestros problemas? ¡Dímelo, inmediatamente!-
- ¿TUS problemas? ¡Son mis problemas también! Pregunte por mí, y por mi hermana...-

En el love seat Llura se sonrió sin disimulos. Siempre lo había parecido chocante la actitud de esa niña malcriada, llena de iniciativas tontas, o ridículas, y hasta peligrosas; su hija estaría bien lejos de ella, no quería verla crecer rodeada de tal influencia.

- Pilar, no quiero que hables de esto con absolutamente nadie ¿Me escuchaste? ¿Lo entiendes? Esto no tiene nada que ver con ninguna otra cosa. No estamos en la pobreza total. Yo tengo algo de dinero, ahorros, estaremos bien... Tú y...- Joan estaba por concluir esa frase, pero repentinamente se contuvo. Dejo escapar el resto de la oración a través de su mirada, contemplando de lleno a Pilar. Todos comprendieron, al menos Llura y, quizá remotamente, Laia. Pero a fin de cuentas Pilar no tuvo que escuchar la frase completa para saber que es lo que estaba diciendo su padre.
El corazón se le encendió.

- ¿Qué dices? ¿Por qué insinúas algo tan horrible? ¿Acaso no nos quieres? ¿A todos, a las dos, juntas...?-

Joan iba a contestar algo, quizá lo correcto, quizá un atenuante a su frase inconclusa, pero sus ojos lo traicionaron nuevamente. Dejo escapar el real reflejo de lo que estaba pensando: "Tu y yo, nada más".
Su hija dejo escapar un suspiro inevitable. Joan estaba por decir otra cosa cuando Pilar se levantó de su lugar y caminó a lo largo de todo el cuarto, en escape pleno hacía su habitación. Azotó la puerta detrás de sí cuando se perdió por el marco de la misma dejando a su padre con una frase entrecortada en la boca.
Laia se impresionó al borde del susto y comenzó a llorar, momentáneamente en silencio. Ahora si que todo estaba roto. Lo de sus padres, muy bien, pero ¿Pilar? Su reacción la impresionó hasta el límite.
Joan agitó la cabeza y se llevo una mano al rostro. Eso era exactamente lo que no quería que sucediera: una escena nerviosa y de tintes más emotivos que racionales.
Pero claro ¿Cómo pedirle eso a un par de niñas? Había tenido el cuidado de reunir a todos con delicadeza y expresarse lo mejor que podía hacerlo. No había existido escena de gritos, insultos, llamaradas y cuentas pendientes ocultas por años y que de repente salieran volando por los aires. No hasta el último minuto.
Laia se levantó con rapidez y fue hacía su madre. Ella la recibió con un abrazo acogedor. A fin de cuentas, eran la parte más importante de su corazón. ¿Qué podía hacer sino preocuparse por ella? Quizá, también, no resultaba muy pronto como para comenzar a pensar en otra forma de mantenerla a buen resguardo, vestida y con dos comidas diarias en el estómago. Tal vez era momento de ponerse nuevamente "en circulación", si la expresión era válida. Podría comprar algo de ropa bonita y visitar algunos bares de buen gusto; a fin de cuentas, así había conocido en primera instancia a Joan. Laia se separó del abrazo de su madre y corrió entonces tras Pilar. Llegó la puerta de su habitación y entró sin llamar siquiera, cerrando tras de sí tal y como lo había hecho su hermana apenas un momento atrás.
Tal y como si Pilar hubiera esperado hasta ese momento, hasta que Laia entrara junto con ella, se escuchó correr el seguro de la puerta, aislando a las dos niñas del resto de la casa.
Pilar suspiro y miró de reojo a Llura.
Un momento después tuvo el deseo de gritarle, de violentarse con ella.
Pero no hizo nada de eso. Ese no era su carácter. Seguir tal sentimiento resultaría una cosa meramente emotiva, de esas de las cuales uno se arrepiente apenas después de haberlas hecho.

- ¿Vas a estar ahí tirada toda la noche?- Preguntó Joan, en todo caso.

Ella levantó la vista y lo miró sin sentimiento alguno, ni molestia ni aburrimiento ni nada similar. Simplemente lo miró, como a un desconocido que pregunta la hora en un sitio atestado de gente. Luego regreso la mirada sobre de sí misma, sobre sus piernas acurrucadas en el Love Seat.

- Carajo... ni siquiera puedes responder una sencilla pregunta...- Joan entonces salio dando grandes zancadas hacía su propia habitación y estrelló la puerta tras de sí cuando entró en la misma.
Igual a lo que Pilar había hecho.
Llura, sin que le importara en realidad, se sonrió sarcásticamente en medio de la repentina soledad en la que se había quedado. La pequeña era idéntica a Joan en muchas cosas, en más de las que le hubiera gustado aceptar. El mal carácter los unía, sin duda.
Solo quedo entonces, ahí, dos habitaciones cerradas y un pequeño espacio abierto, en donde ella se encontraba.

- Al menos habrá silencio esta noche.- Pensó Llura mientras se acomodaba nuevamente sobre del sillón. Pasar la noche ahí no era lo peor que le podría suceder, estaba segura.

Afuera, el viento seguía sacudiendo los árboles y desgranado las ramas de los árboles. En algún momento, el aullar de un perro comenzó a recorrer el aire a la distancia. El animal parecía estar sufriendo, de hambre, o al menos de frío. Ese anticipado invierno hacía de las suyas sobre las calles, desparramando toda clase de cosas en todas partes. Quizá complicaba también la búsqueda de comida del animal. La gente sacaba la basura de sus casas hasta la mañana, cuando el frío y el viento habían desaparecido.
Así eran las malas temporadas: todo salía, pues, sencillamente mal, y así seguía. No había excepciones a la regla, y en lo referente al ulular del invisible perro hambriento, Llura pensó que así seguiría, al menos hasta donde podía escucharlo.
Ella lo escuchó durante un buen rato, un par de horas quizás, ya entre sueños, cuando al fin se quedo dormida un rato después, pensando en qué tipo de vestido seria conveniente comprarse primero, si algo discreto, negro, o algo más jovial, un vestido rojo quizá; ¿Qué le gustaba a los hombres en esta época del año? Bueno, con un buen vestido, sobre todo corto, por encima de la rodilla, nunca podría equivocarse. Lo único que restaba por solucionar era como explicarle a Laia, y al supuesto hombre que pudiera conseguirse, la existencia de la contraparte en esa ecuación.
Bueno, quizá eso tampoco importaba.

Poco después una burbuja de sueño descendió sobre la casa y todos sus habitantes permanecieron tranquilos hasta poco antes del amanecer pleno, sin mayor contratiempo que el de un denso murmurar en la habitación de Joan y algunos sollozos en la habitación de las niñas.

Ahí, donde se encontraba una litera que compartían Pilar y Llura, las cosas resultaban un tanto diferentes a la calma que se apreciaba en la habitación de Joan y en el espacio donde permanecía Llura; esa noche las dos habían dormido en la cama inferior de la litera. Laia no se movía, dormía plenamente, pero Pilar era caso aparte.
Un destello de luz se colaba ya por las ventanas y la descubría despierta. Ella no sabía que día era, ni le importaba. Solo contaba que a partir de la noche anterior, los días en que podría dormir - tal y como lo habían hecho, rodeada y abrazando a su hermana- estaban contados. La había convencido sin problema de dormir juntas; se habían acurrucado amorosamente en una revoltura de sabanas y almohadas, la contra la otra, percibiendo, quizá en la espalda, o en un brazo, incluso en una pierna, el respirar de la otra.
Aquella había parecido una amorosa escena animal, quizás la de una camada de pequeños y hermosos roedores en el fondo de una tibia madriguera en el bosque.

Algo tenía que suceder, en definitiva, que impidiera que las separaran. Ese fue el deseo tácito expresado durante aquella larga noche.

2

Pilar había permanecido despierta durante horas, a ratos mirando detenidamente a Laia; en otros momentos, descubriendo que dormitaba levemente y obligándose a seguir atenta, como si con eso pudiese encontrar una salida a tal encrucijada.

- ¿A quién podría recurrir?- Se dijo a sí misma en voz tenue, como la que usaría en una tarde calmada, hablando con alguien que estuviera muy cerca de ella. Inmediatamente supuso que no había respuesta fácil a tal pregunta. Las dos figuras más emblemáticas que existían en su entorno, su padre y Llura, no eran opciones a considerar. Eran en si mismos el problema.
Suspiró en varias ocasiones, topándose una y otra vez con la misma puerta mental cerrada.
Se levantó entonces, con suavidad, deseando no importunar a su hermana. Puso los pies en el suelo y una ráfaga de frío proveniente del suelo le recorrió las piernas. Estaba descalza. La noche anterior se había puesto una pequeña bata que usaba para dormir y Laia le había seguido en ponerse su pijama habitual. Aquellos rasgos comunes les dieron un poco de confianza; la pequeña rutina les había ayudado a sobrellevar por un segundo más todo aquel asunto.

Avanzó por el cuarto, caminado un poco sin sentido, hasta que muy pronto fue atraída a la ventana de la habitación. A través de esta pudo mirar rastros de la noche que aún se desvanecía lentamente. Un cúmulo de nubes a la distancia comenzaban a reflejar las primeras tonalidades del sol por debajo de la línea del horizonte; las nubes adquirían un grosor anaranjado, contrastado con su esencia grisácea, y daban la impresión de seres vivos que abandonaran un letargo inducido por la fría mañana. En el primer plano inferior de la vista, la carretera y las construcciones cercanas del área comercial, además de un pequeño edificio a unos quinientos metros de distancia, propiedad de industrias Prixamar, permanecían en silencio, todo envuelto todavía de penumbra.
Alta, comenzando ya a desvanecerse, seguía la luna, estacionada aún en un punto claro cercano al medio día.
Pilar la miró detenidamente durante algunos minutos. Muy pronto percibió el frío colándose a través de los cristales sin recubrimiento térmico. Chasqueó lo dedos de los pies inconscientemente, buscando calentarlos al mismo tiempo que se cruzó de brazos frente a la ventana en un movimiento involuntario. En el exterior de los cristales se asentaba un pequeño rocío que amenazaba con formar pequeños cristales de hielo en cualquier momento.
Sin prestar demasiada atención a lo que podía ver, Pilar se enfocó y deseo infantilmente hablarle a esa luna, contarle sobre aquel asunto, y recibir un consejo de su parte, cualquier posible respuesta. Le parecía señal de una sabiduría más alta, de una capaz de cosas poderosa, incluso de atisbar sobre ella, una pequeña niña, y prestar atención a su pequeña voz congelada.

- Haz algo, por favor... Mantén unida a mi familia... - dijo casi sin saber que lo estaba haciendo- Pero sobre todo, aún sobre mis padres, no permitas que me separen de mi hermana...-

"Aún sobre mis padres". Esas pocas palabras estaban llenas de verdad, poderosas en su propio contexto. Si hubiera podido escoger, al menos tener la oportunidad de expresarlo como un deseo, sin dudarlo se hubiera decantado por la compañía inamovible de Laia por encima de la de Joan y Llura. No podía evitar anidar un sentimiento ligeramente oscuro y apesadumbrado en torno a los dos adultos, situación que convertía la cercanía de su hermana en algo brillante y preciado.
Quizá, llegó a pensar sin llegar más lejos que eso, estaba alimentando algún tipo de resentimiento en contra de sus modelos y protectores. Si así era, no le importaba demasiado seguir haciéndolo. Era sincera, no podía evitarlo.

Detrás de ella, en la cama, hubo un movimiento. Era Laia, que despertaba en ese momento por causa de la voz de Pilar. A mitad de camino entre la realidad y el sueño, la miro detenidamente, sin saber a cuál mundo pertenecía. La reconoció un segundo después, y miró como ella se había alejado hacía la ventana y ahora parecía hablar con alguien. Laia no hizo nada, sino quedarse quieta observando a su hermana. Escuchó lo que decía y estuvo de acuerdo en su interior. Nunca había tenido, no como ahora, la sensación de tener una hermana mayor y lo que eso significaba: protección, un espacio en donde apoyarse, y sobre todo, alguien a quien recurrir incluso con la más pequeña de las preguntas esperando una buena respuesta.
No podía ser de otra manera.
Se despertó del todo un minuto después, cuando Pilar regresaba ya a la cama y se fundía en un fuerte abrazo con ella.

¿Qué clase de deseo podía cumplir la luna? Pensó Pilar mientras sollozaba quedamente sobre del cabello de Laia, y esta hacía lo mismo. ¿Cómo podría materializar su ayuda? Era un bonito deseo, un pensamiento muy alto, pero quizá también fuera mera fantasía, un desesperado suspiro emocional.
Alguien entonces interrumpió aquellos pensamientos. Ese alguien tocó a la puerta, del otro lado de la habitación de las niñas.

- ¡Pilar! ¡Ven, por favor! ¡Rápido!- . Era Joan, su padre.

La jovencita no contestó, sino que redobló la fuerza del abrazo que la estrechaba con Laia. Se sacudió con cada golpe sobre la madera de aglomerado. Llegó a pensar que él entraría y se la llevaría por la fuerza. ¿Se aferraría con suficiente fuerza a Laia? Tendría que intentarlo al menos, luchar lo suficiente.
Pilar no atendió, sino que permitió que Joan siguiera llamándola, cada vez con un tono de voz menos paciente y amigable. Así continuo quizá por unos quince minutos más, hasta que Joan terminó, evidentemente molesto, por alejarse de ahí.

El sol continuó su recorrido y muy pronto amaneció. Afuera, sobre los cielos, el astro permaneció durante todo el día impávido, mudo.

Pilar y Laia no asistieron a la escuela, y nadie pareció interesarse en ello. Desde temprano se perdieron entre los locales del área comercial, visitando a sus pocos amigos disponibles. Luego, comieron en casa de una amiga de la madre de Laia y pasaron las primeras horas de la tarde en el área de juegos - un terraplén de un par de kilómetros de extensión con algunos juegos infantiles y una burda cacha de fútbol- en la zona posterior de la breve comunidad.
Ya luego, tras asegurarse de que podían hacerlo sin alguna clase de interrogatorio de por medio. regresaron a su casa. Un par de horas después, del cuarto de ambas, en donde se habían autoexiliado, procedían solo balbuceos.

La parte final de la tarde había transcurrido calmada, casi en completo silencio.
Dentro de la habitación, las pequeñas se encontraban dentro de una extraña esfera, una que los mantenía en un ánimo lento, como presas de un cansancio que bordeara los linderos de lo triste. Conversaban someramente, como deseando tender puentes entre ellas, evitando que el silencio aislara a una de la otra.
Mientras conversaba con Laia, Pilar recordaba también una conversación padecida con su padre algunos días atrás.
- Nadie se ha muerto por que su familia se separa- , había dicho él cuando aquella conversación comenzaba a palidecer en medio de su inevitable conflicto emocional. Ella enjuagándose las lágrimas, por causa de lo hiriente de esa y otras frases de Joan, recriminó "llorar no por temer a morirse, sino por ver como la estabilidad que ella conocía se diluía entre sus dedos". Y recriminaba llorar porque en la nueva realidad que le tocaba afrontar, se quedaba nuevamente sola. Joan intentó abrazarla, decirle que él estaría siempre con ella, que la soledad no era una posibilidad. Ella, claro, lo rechazo tajantemente. Él había sido, antes, de mamá; después, de un par de mujeres que ella apenas y había conocido, y por último, le había pertenecido a la estúpida de Llura. Ella en sí misma, hasta ahora, solo le pertenecía a alguien más, a Laia. Y ahora las separarían para siempre.
Luego había tenido que correr de su padre, escapar de Joan, hacía cualquier parte.
Y ahora lo hacía de nuevo, solo que en pensamientos y en el breve espacio de aquella habitación.
Desde afuera de la habitación, en algún momento, Pilar les había hecho saber que iría a la ciudad, y que Laia le acompañaría. Tenían algunas cosas que arreglar, asuntos legales, y que regresarían hasta la noche. El tono de voz de Joan, duro, inflexible, no dejaba lugar a dudas. Los dos adultos irían a la ciudad a realizar exactamente eso, algo legal, no a intentar revivir cualquier clase de "chispa" o de cordialidad entre ellos. Las niñas no debían de ilusionarse con eso, como ya había sucedido en su momento. El asunto sencillamente respondía a estímulos fríos y necesarios, nada más.

Ya solas en la casa, la tarde siguió diluyéndose en medio de aquella pesada atmósfera hasta casi tornarse en noche, al tiempo que ellas jugaban brevemente, como si de momento consiguieran olvidar lo penoso de su situación, o al menos lo intentaran. Un par de muñecas baratas y un auto convertible que difícilmente ajustaba al tamaño de las mismas se paseaban entre sus manos, al tiempo que ambas improvisaban diálogos sobre una supuesta visita a la cuidad que disfrutaban sus ficticios personajes. Por la ventana de la habitación se colaban las últimas trazas de luz del día que se extinguía. La noche lo era ya en muchos sentidos. Afuera, parvadas invisibles de pajarillos susurraban quedamente entre el follaje de los árboles, anunciando que se disponían a dormir. El transito y sus bramidos, en la 55, comenzaban a disminuir, transformándose en la simple imagen mental de un arroyo de luces y sonidos motorizados.
Las niñas permanecían sin encender la luz, requiriendo acercarse en un par de ocasiones a la ventaba para seguir con su juego lleno de murmullos. De vez en vez miraban hacía afuera sin buscar nada en particular. Pilar, atendiendo muchos detalles al mismo tiempo, se concentraba levemente en la blanca y poderosa luna que se catapultaba ya por las alturas, invencible a pensar de la temprana hora. Ella recordó la pequeña oración que había levantado la noche anterior, ese "Mantén unida a mi familia... aún sobre mis padres..." que había dejado salir de sí misma con toda la sinceridad y denuedo que conocía. La frase le parecía todavía correcta; el sentimiento, había crecido.
Permanecieron así, juntas, hasta que anocheció casi por completo.

- Pilar, mira, ¿Ves eso?- Laia señaló algo a la distancia; un algo que Pilar no había podido mirar de tan concentrada como estaba en la blancura de la luna, en todo y en anda al mismo tiempo. Giró su vista, y, sí, claro que lo vio. Recortada su visión por el marco de la ventana, muy por encima de la perspectiva en la cual podía ver el contorno del edificio de Prixamar, algo parecía flotar en el aire a una altura indecible. No era algo físico, material, y tampoco era un efecto normal del oscurecimiento. Sobre todo, era inmenso. Ahora podía mirarse, pero resultaba seguro que conforme desapareciera la última traza de luz, se confundiría con la noche hasta volverse invisible.

- ¿Que es?- preguntó Laia, quien nunca había visto nada similar. Pilar no supo responderle en primera instancia. Tampoco había visto nada semejante, pero, solo como marco de referencia descriptivo, no porque fuera tal cosa, le pareció una ola, una inmensa ola que surcara los cielos, de un extremo al otro del horizonte. Algunos años atrás había pasado una temporada vacacional en las playas de Baltenerra, en compañía de su padre. Recordaba como en el sitio justo en donde el horizonte se convertía en océano, inmensas olas, lejanísimas, aparecían y desaparecían lentamente. Quizá cada una de ellas tuviera diez o quince kilómetros de extensión, sucediéndose con toda frecuencia. Parecían ser cosa de otro planeta, u otra dimensión. Pilar pensaba que debía producirse algún ruido al golpear toda esa agua en contra de sí misma, pero como no se sincronizaban con ninguno de los ruidos circundantes, adquirían un aire etéreo aún más marcado. Y de igual manera sucedía con eso que flotaba en las alturas, con esa inmensa ola que flotaba desde donde podían ver y que parecía acercarse cada vez más hasta su punto de referencia. carecía de sonido y aunque la veían moverse, parecía estática al mismo tiempo. Avanzaba con extrañeza y parecía no poder sincronizarse con nada a su alrededor. Daba la impresión, completamente, de estar fuera de contexto

- Pilar ¿De que estará hecha esa cosa?-
- ¿La ola? A eso te refieres - Pilar respondía presa de sus propios pensamientos-, de agua, de vapor, como todas las nubes...-
- Y de oscuridad...- Completó Laia.

Si, claro. Aquella cosa que avanzaba lenta y calladamente parecía, además estar hecha de oscuridad. Tenía un color negro de tonalidad penetrante, como el que adquieren las nubes cuando se formaban tormentas en esa parte del estado, en agosto o septiembre. Las nubes de tormenta eran densas, pesadas y regularmente brillaban desde sus entrañas por causas de los relámpagos que anidaban. Pero esa ola inmensa no parecía tener tales características, ni densa ni pesada. Por el contrario, daba la impresión de ser ligera, quizá apenas como una delgada capa cósmica que comenzara a cernirse sobre todo.
A la lejanía, en donde la noche resultaba ser ya plena, las luces de la ciudad se encendían y dotaban de un ambiente más amable a la vista.
Muy pronto oscureció y la ola celeste se perdió de vista por completo. Lo que habían visto les había parecido algo propio de las noticias de las diez en la televisión. Algún fenómeno que no pasaría desapercibido por el canal, lo mismo que los halos solares y las intensas oleadas de calor que de vez en cuando se reportaban sin falta alguna.
Era algo, además, que bien podía haber sido producido por la luna. Algún efecto similar a las mareas altas.
O a las plegarias contestadas.

- Debe de estar sobre nosotros, ahora- , pensó Pilar poco después. La había visto moverse cubriendo el horizonte y supuso que su trayecto, según la velocidad con que se movía, había sido completado sobre la totalidad del cielo. Laia le confirmó tal pensamiento cuando interrumpió sus pensamientos y señalo la ventana.

- Mira, también le ha afectado.-

Laia indicaba con sus pequeños dedos la ubicación de la luna en las alturas. Era como mirarla a través de un filtro que consiguiera alterarla. El cuerpo celeste había adquirido un tono amarillento, difuso. El mapa selenita había desaparecido casi por completo, reduciéndose apenas a manchones sin sentido. Pilar pensó que algo estaba mal en todo eso. Quizá la ola que habían visto fuera alguna clase de contaminante, alguna sustancia que hubiera escapado de alguna instalación fabril y que ahora estuviese dañando la atmósfera sobre de ellas. No sintió miedo, pero inmediatamente tuvo precaución. ¿Y si era algo que dañase al ser respirado? ¿O con capacidad de quemar, por ejemplo, la piel o los ojos?

- Laia, alejémonos de la ventana...-
- ¿Por qué? ¿Hay algo malo...?-
- No lo sé... solo aléjate...-

Las niñas se acercaron a su litera permitiendo que la luz de la luna que se colaba por la ventana formara un rectángulo de luz sobre del oscuro suelo de la habitación. Se sentaron sobre la cama inferior y desde ahí miraron como aquella luz parecía tener una coloración además azulada, a pesar del tono amarillento de la luz expedida por el astro. Era un tono como el de neblina.
Si, exactamente, como el de un banco de neblina que filtrara la luz del alumbrado de la carratera.

- Presta atención...- dijo Pilar. El aire afuera de la casa estaba volviéndose denso, pesado, tal y como sucedía cuando en los días de invierno la temperatura descendía dramáticamente al anochecer y se formaban bancos de humedad provenientes de los terrenos con vegetación alrededor de la casa. Pero no se sentía frío, no como el necesario para que apareciera tal cosa.
Todo aquello era completamente inusual.
Muy pronto y para sorpresa de ambas, una densa nube de rocío se manifestó del otro lado de la ventana. Las cosas en el exterior apenas podían mirarse, envueltas en la humedad pulverizada que flotaba por todas partes, recreando en apenas momentos después una espesa cortina de aquella neblina tan anticipada.

3

Aún la luna vencía someramente la densidad de aquel fenómeno iluminando febrilmente el interior de la habitación. Pilar se llenó de curiosidad y lentamente, sintiendo como Laia luchaba por no soltarla, se levantó de la cama y se acercó nuevamente al marco de la ventana. Afuera, el mundo había cambiado por completo. Todo se había vuelto oscuro, denso. La neblina flotaba alrededor de todas las cosas y las difuminaba de manera increíble. Ella jamás había presenciado algo similar. No había indicio alguno que le indicara en dónde había estaba la vieja carretera, todo estaba borrado. A la lejanía, entreveía una luz roja parpadeante que señalaba la ubicación del edificio de Prixamar a la distancia. Supuso mirar las luces de algunas de los comercios alrededor del edificio, pero no podía estar segura. En su mismo jardín, frente a la casa, todo estaba transformado. La vegetación parecía haberse derretido y fundido los ficus con la crecida maleza. De entre las ramas fluía un movimiento continuo de neblina y todo estaba oscurecido. El suelo parecía haber adquirido una tesitura muy diferente, lechoso, como si estuviera conformado de fango. Los árboles repentinamente resultaron tétricos, amenazantes. Pilar pensó, sin saber exactamente el por qué, le pareció que solo restaba que en algún lugar de su propio jardín apareciera algún conjunto de lápidas para creer del todo que se encontraba en tierra maldita, en los linderos de un cementerio a media noche.
A la distancia, se levantó un sonido sin forma que Pilar logró reconocer solo hasta escucharlo un par de veces. De un vibrar atenuado y frío, el sonido se transformó en el lastimero aullido de aquel animal en sufrimiento que había rondado por ahí cuando menos desde la noche anterior. Pilar se sacudió sin poder evitarlo. Era la segunda noche que podía escucharlo; el mismo animal había estado presente cerca de su casa, tal vez del otro lado de la 55, ya durante demasiado tiempo. Desde la noche anterior, después de haber escapado de sus padres, refugiándose en su habitación, lo había percibido. Pensó en el porqué ese animal seguía vivo; suponiéndolo victima de algún tipo de accidente, y le impresionaba que ese "perro" -así contextualizaba la fuente del sonido- permaneciera aún en agonía.
Una vez había visto como un perro labrador terminaba de morir en manos de su dueño, un hombre alto que había hecho parada cerca de su casa, en el restaurante de comida rápida. El animal había descendido del auto al lado de su amo, y quizá desconocía los peligros de juguetear cerca de la carretera, ya que no pasaron más de dos minutos de jugueteos y pequeñas incursiones curiosas del animal antes de que un auto a toda velocidad en sentido de la ciudad lo arrollara y le destrozara casi todos los huesos y órganos de la cadera hacía abajo. "No había nada que hacer, sino esperar", había dicho su padre cuando se enteró de aquello y salio de su local a echar un vistazo. Ella se había asustado bastante. El sonido del golpe entre el vehículo -que no se detuvo siquiera a mirar- y el animal había sido como el de un costal lleno de alimento que hubiera caído a gran velocidad sobre un montón de metales esparcidos por el suelo. Joan extendió sus condolencias al hombre cuando ayudaron al labrador a dejar de sufrir; Pilar pensaba que ese era un término demasiado benévolo para lo que en verdad sucedió al mezclar un poco de habilidad, una bolsa de plástico y algo de corazón frío.
- No hay nada que hacer-, pensó ella en ese instante, escuchando al perro en las afuera de su casa, reviviendo la frase de su padre.

El aullido a la distancia incremento su fuerza, como si el imaginario perro en agonía hubiera encontrado su segundo aire e intentara levantarse sobre del pavimento ensangrentado, buscando el camino a casa.
Pilar intentó recrear la situación del animal según la intensidad de sus aullidos. Mentalmente lo miró padecer y temblar sobre sus piernas, pero poco a poco, según lo que escuchaba, no tuvo más remedio que imaginárselo recobrar fuerza y empeño. Muy pronto los aullidos no fueron más débiles, sino que resultaron bravíos y hasta vigorosos. Pilar pensaba ya en aquel animal como algo que estaba creciendo de la nada, volviéndose una montaña de músculos y temblores. Dos minutos después los sonidos se habían vuelto un rugir volcánico, una llamarada que parecía desgarrar la garganta que los estaba produciendo.
Al tiempo que la neblina parecía volverse más densa y la noche más oscura, los aullidos se transformaron en algo brutal. Ya para cuando Laia se acercó a ella, visiblemente asustada, el sonido era sencillamente aterrador.

- Pilar ¿Qué es eso? ¿Que hay allá afuera...?
- No lo sé, suena como, como...-

Una nueva explosión de rabia interrumpió a Pilar. Ya aquello no era un aullido solamente, sino un rugido que traspasaba todo, debilitando la fortaleza de cualquiera que lo escuchara. Las niñas se abrazaron inconscientemente.
Entonces el rugido transformo al animal que Pilar tenia en mente.

Dejo de ser un perro, según lo que estaba escuchando.
Se transformó, inevitablemente, en un lobo.
Un maligno lobo, enorme y brutal.

La luna en las alturas brillaba con toda intensidad. Continuaba envuelta en un tono amarillento, tendiente al anaranjado, difusa y estaba rodeada de nubes. permanecía quieta, como observándolo todo, tratando de adivinar qué es lo que sucedería a continuación.

Los aullidos entonces dejaron de provenir solamente del otro lado de la 55. Una nueva fuente de aquel brutal sonido provino de una distancia diferente, una que quizá estaba mucho más lejos de la casa. Y luego, apareció una más, y luego, dos o tres más en diferentes puntos, y a juzgar por el sonido y su intensidad, muy separadas las unas de las otras. Pilar no supo interpretar aquello de momento, y Laia no le ayudó a conseguirlo. Se aferró a ella con las uñas cuando una nueva explosión de aullidos se manifestó en algún punto indecible alrededor de la casa, esta vez, abrumadoramente cercana.
Pilar iba a decir algo, cualquier cosa cuando, tan cerca de la ventana como estaban, vieron correr aquello a la distancia.

De alguna manera, frente a la casa, sobre la 55, notaron que algo se movía a toda velocidad. No era un auto, tampoco una persona. Pero tenía el tamaño de lo primero, quizá el de un Buick compacto o el de un viejo Peugeot 110. Y también tenia la forma de lo segundo. O casi. Avanzaba dando grandes zancadas, golpeando con los pies desnudos el suelo, apoyándose sobre las palmas de las manos para contrarrestar los tremendos impulsos de sus piernas, tal y como lo haría un canino al avanzar corriendo. Pilar y Laia lo miraron un segundo sin reacción alguna pero apenas sucedió el primer contacto, ambas se paralizaron ante tal imagen. Cuando aquella cosa cruzó exactamente frente a la casa, la luz del alumbrado lo reveló con detalle. Estaba cubierto de un pelaje largo y parduzco que a pesar de su dureza, no alcanzaba a esconder del todo la masa de músculos que estaban cubriendo. Era horrible, asqueroso. parecía un perro al cual le hubieran reventado el hocico y que sangrando avanzara buscando su venganza ultima. Las niñas estaban demasiado lejos para mirar un último detalle, pero ambas, al mismo tiempo, aún creyeron observarlo: los ojos de aquella cosa brillaron debajo de la luz de neón proveniente de la marquesina de uno de los restaurantes, lanzando un destello demencial. Percibieron toda la frialdad del mundo, un sentimiento helado, completamente inhumano e irracional. Esa cosa se perdió de vista en apenas un momento y las niñas no pudieron evitar que un grito anidara entre ellas. De inmediato algo más fuerte que su sorpresa llevó a Pilar a salir de la habitación y a entrar corriendo en la de su padre. Pilar bien sabía que ni Joan ni Llura estaban en la casa, pero no los estaba buscando a ellos, sino la continuidad visual de la ventana en el cuarto de los adultos.
Alcanzó la cornisa y consiguió mirar aquella cosa de nueva cuenta. Se movía a toda velocidad siguiendo la ruta de la 55, como avanzando sobre de ella en dirección de las montañas. Iba recta sobre la línea amarilla intermitente que delineaba un carril de otro. Pilar no sabía que pensar, esa cosa no se parecía a nada que hubiera podido siquiera suponer con anterioridad que existía. Sus pensamientos bullían sin control y no fue sino hasta unos pocos segundos después, cuando se topó con un referente conocido y comprensible, que comprendió que lo que estaba mirando era real. A la distancia brillaron las luces de un vehículo que se acercaba a ellos. Pilar pensó, cuando vio aquellas luces, las cuales reconoció como un transporte pesado, que la criatura que se movía frenéticamente por la carretera desaparecería como por arte de magia, contraponiendo su naturaleza irreal en contra de un objeto que tenia sentido para ella.
Pero no sucedió eso. La criatura no desapareció. Sino por el contrario, se manifestó con mayor intensidad. Pilar miró como aquella cosa se contrario y cambio su actitud física; seguramente acababa de descubrir las luces del vehículo que se acercaba velozmente y de inmediato se levantó sobre sus patas traseras, como un perro que espera recibir un bocadillo de manos de su después de realizar un complicado truco.
La criatura entonces aulló, con toda su fuerza, poniendo de manifiesto la fuerza brutal contenida en su complexión. Una serie de cadenas de músculos se marcaron por toda su fisonomía al tiempo que extendía su cuello estirando su cabeza al aire, violentando su apariencia al hacer patente su hocico enorme y lleno de colmillos. Dio la impresión, en suma, de estar retando a la fuente de las luces.
- Acércate, pelea conmigo...- parecía expresar.

- Es... un lobo... un lobo... hombre... - susurró Pilar inmediatamente, sin poder creer en sus mismas palabras y recordando a la vez las imágenes que había visto sobre tales criaturas en televisión. Frente a sus ojos desfilaron largos hocicos afilados, ojos amarillentos destilando rabia y cuerpos que mezclaban lo canino con lo humano. Se llevó las manos al rostro y retrocedió un paso. Escuchó que Laia lloraba en su habitación llamándola casi a gritos, pero no hizo nada, no podía hacer nada. Se limitó a quedarse viendo lo que allá afuera estaba sucediendo.
El pesado transporte que se acercaba por la 55 no tardó en dibujarse con claridad. Era un trailer propiedad de Prixamar. En la parte trasera del vehículo, una cúpula de acero inoxidable brillaba reflejando el alumbrado público a los costados de la carretera. Quizá el hombre que lo conducía no se percató de la presencia de la criatura hasta que fue muy tarde, o quizá, si la percibió desde el principio, no dio crédito a lo que sus ojos estaban mirando. Mediaban entre ellos quizá no menos de cincuenta metros cuando aquella bestia se impulsó sobre sus patas traseras y dio un salto enorme en dirección del trailer. Golpeó el asfalto unas tres o cuatro veces y lanzando un alarido final, se abalanzó sobre el frente del transporte, justo donde el hombre que conducía permanecía atento e incrédulo al mismo tiempo. Solo un segundo antes del impacto, pudo reaccionar. Dio un giro al volante, intentando evadir a la bestia que saltaba directamente en su contra, pero resultó ser demasiado tarde. El animal se estrelló en contra de los parabrisas, haciéndolos estallar en un millón de violentas astillas de cristal y se incrustó justo en el lugar donde antes había estado la imagen del conductor. Lanzó su hocico abierto y sangrante y alcanzó en una centésima de segundo la carne del hombre quien gritó en ese preciso momento.
El transporte giró violentamente como presa del horror que envolvió la escena y no dejo de hacerlo mientras el animal sacudía violentamente su cuerpo expuesto, agitando sus mandíbulas, seguramente destrozando al conductor, quien, seguro, aún podía sentirlo todo. El trailer entonces rechinó y comenzó a colapsarse por el giro que estaba realizando. Pilar lanzó un alarido cuando vio que el vehículo comenzaba a levantarse del suelo y retrocedió violentamente cuando lo miró que comenzaba a volcarse de lado, perdiendo todo equilibrio.
La bestia seguía clavada en el frente de los parabrisas, mordiendo y aullando espasmódicamente, y no fue hasta que el transporte volcó en medio de una explosión de sonido que se liberó. La fuerza del impacto hizo volar por los aires a la criatura, que salio despedida con el hocico ensangrentado. El vehículo avanzo siguió moviéndose erupcionando chispas y reventando su estructura. Entonces Pilar vio como el trailer se abalanzó con toda su inercia en contra de los primeros restaurantes y comercios del área comercial. Solo tardó un par de segundos en impactarse en contra de la gerencia y el pequeño edificio a su lado. Se incrusto en ambos, casi desapareciendo al instante en las entrañas de concreto y plafón. Pilar gritó y salio corriendo de la habitación de sus padre y alcanzó a llegar al lado de su hermana cuando un brutal terremoto las hizo caer a ambas, aferradas la una a la otra. Afuera, se hizo de día por un segundo. La explosión sacudió el suelo e ilumino todo a su alrededor. Muchas cosas cayeron sobre ellas: objetos provenientes de los closets, artículos que resbalaron y rodaron hasta ellas. Del techo se soltaron largas trazas de recubrimiento y en la ventana se reventaron algunos cristales.
Ambas gritaron y se abrazaron al momento de caer y rodar por el suelo.
Una corriente de aire caliente llenó de inmediato la habitación y el resplandor de fuego las ilumino desde afuera. El trailer debía de haber estado trasportando alguna especie de gas flamable, era seguro, de otra manera no se explicaría la reacción tan violenta y rápida.

- ¡Pilar! ¿Qué sucede?- gritaba Laia cuando pudo escuchar de nueva cuenta. No supo que responderle. No lo sabia, podía jurarlo, no lo sabía.
Entonces, afuera, se escuchó un nuevo aullido. Con más fuerza que los anteriores. No de fuego y destrucción esta vez, sino de horror.

- Es una de esas cosas- reaccionó Pilar, - y esta cerca...-

Tenía razón. El sonido no había venido de muy lejos; al menos, no de más allá de su propio jardín. Se estremeció sin poder evitarlo. La imagen de aquel monstruo en la carretera era lo peor que jamás había pensado mirar, y algo muy dentro de ella supo que, a tan solo unos cuantos metros de distancia, otra de esas cosas estaba asechando, y quizá no era solo una. Recordaba haber escuchado por lo menos cinco o seis diferentes aullidos. ¿Las habrían detectado? Es decir, ¿Aquellas cosas sabrían que existían dos niñas al interior de la casa? ¿Tenía alguna manera de saberlo?
En ese momento se escuchó afuera de la casa un chillido trepidante, seguido por una repentina iluminación artificial. Pilar demoró un segundo en reconocer aquello, pero casi de inmediato supo de que se trataba aquello.

- ¡Vamos! ¡Laia, vamos, rápido!- , grito Pilar a su hermana.

Un vehículo, la vagoneta de Joan, se estacionó violentamente frente a la casa. Las niñas se levantaron del suelo, en donde formaban todavía una extraña especie de ovillo y se acercaron tambaleantes a la puerta de la habitación. En la planta de abajo se escuchó la puerta abrirse de un solo golpe, seguido de inmediatamente por pisadas rápidas y pesadas.

4

- ¡Pilar! ¡Pilar! ¿Dónde estas?- Era Joan, y su voz sonaba urgente e indecisa.
- ¡Aquí! ¡Papá! ¡Aquí estamos! ¡Arriba!- Joan las ubicó y corrió de inmediato por las escaleras. Cuando las encontró, se lanzó hacía ellas en un abrazo desesperado.
- ¡Pequeña, pequeña! ¿Estas bien?- Su voz era una ráfaga de emociones punzo cortantes. Aunque abrazaba a ambas, se refería a Pilar con desesperación, como si, sobre todas las cosas posibles esa noche, hubiese temido no volver a verla de nuevo.
- ¿Y mamá?, Ella ¿Dónde esta?- preguntó Laia en medio del abrazo que se le prodigaba, mientras comenzaba a escaparse del mismo como en busca de su respuesta. Joan no dijo nada, pero reaccionó de inmediato. Tenia la respiración acelerada cuando recortó de improvisto su silencio.
- Bien, esto es lo que vamos a hacer- dijo soltándolas un segundo, todavía tambaleante - Allá afuera esta sucediendo algo terrible, Llura y yo logramos escapar de, de...- sus ojos destellaron, como si estuviera viendo algo que estuviera clavado muy profundo en su mente y recuerdo inmediato; algo que no pudiera definir ni procesar, - ... escapar de lo que sea que esta allá afuera, desde la misma ciudad... la ciudad ya no existe... todo pasó en un segundo... de pronto había gente en las calles y al minuto siguiente solo había sangre y cuerpos... aquellas cosas...-
- ¿Y mamá?- interrumpió velozmente Laia, ahora con la voz convertida en un cristal estallado. Joan la miró y no dijo nada. Se incorporó como un resorte y corrió a su habitación. Las niñas se sintieron repentinamente abandonadas y sin pensarlo, se extendieron en dirección del hombre. Lo siguieron y cuando llegaron al marco de la puerta, miraron como Joan abría la cajonera al costado de su cama. Rebuscaba en esta y de pronto, del fondo extrajo un objeto pesado. Pilar no sabía que su padre tenia aquella cosa en la casa, y de haberlo sabido, le hubiera obligado a deshacerse de eso. El brillante cañón de una colt .45 refuljo en la mano del hombre, segura de su poderío. En un acto mecánico Joan revisó el arma examinando el tambor para comprobar la existencia de parque. Estaba vacía, como debería de estarlo. Inmediatamente sacó de la misma cajonera una caja de cartón corrugado. La abrió y comenzó a extraer, uno tras otro, gruesos cartuchos útiles que fue introduciendo en el arma hasta que muy pronto la cargo del todo.
Se giro hacia las niñas, mirándolas con los ojos muy abiertos, quizá con los sentidos expandidos también.
- Voy a salir de la casa antes que ustedes... Quizá escuchen disparos, no lo sé... Pero en cuanto yo las llame, saldrán detrás de mí y subirán a la vagoneta a toda velocidad...- Luego de decir eso, dejo caer sobre la cama la caja de cartón tras extraer los últimos cartuchos que esta contenía. Miró a su alrededor, como buscando algo que pudiera serle útil. Evidentemente no encontró nada y descartó todo en un movimiento de su cabeza. Luego, se acercó a las niñas y las abrazo de nueva cuenta. Ellas se estremecieron, sobre todo Pilar al sentir en su espalda la pesada frialdad de la Colt en manos de su padre. Quiso rechazar el contacto pero Joan se le adelantó al incorporarse de inmediato. Entonces las apuro a moverse por el pasillo fuera de la habitación. Descendieron las escaleras y llegando cerca de la puerta de la casa, las hizo detenerse en un pequeño espacio invisible para la vista exterior.

Un aullido se escuchó allá afuera, cercanisimo.

Los tres se sobresaltaron.

- ¿Mamá?- preguntó Laia, con voz entrecortada.
Joan no tuvo, en todo caso, siquiera un asomo de respuesta a tal pregunta. Contestó lo primero que le vino a la cabeza, o a la boca, sin pasar por el cerebro.
- Todo sucedió muy rápido... en la carretera, casi volcamos... Nos golpeo aquella cosa... Suban a la vagoneta, al asiento del copiloto, ambas... no miren en el asiento trasero...-
Pilar se congeló sobre sus pies.
Joan no les dio tiempo de nada; De inmediato corrió hacía afuera.
Para las niñas, fue como mirarlo arrojarse al interior de una negra bocaza. Lo miraron extender los brazos y avanzar con el arma amartillada, como si de antemano existiese allá afuera algo a lo cual apuntarle. Joan caminó hacía la noche respirando rápidamente, con pesadez al mismo tiempo. Algo en su cabeza estaba acelerado al máximo sus pulmones, su ritmo cardiaco y, sobre todo, su andar.
Pilar y Laia no supieron qué hacer, al menos durante los cinco o diez segundos inmediatos. Parecían presa de alguna especie de trance, de una burbuja que las inmovilizó al interior de la casa.
Una burbuja que se rompió de inmediato; desde el exterior.
El inconfundible sonido de un arma disparando quebró las paredes de la tenue cobertura alrededor de las niñas, reventándola en mil pedazos. Pilar dio un grito entrecortado y sintió como Laia se le aferró aterrada. El aullido que un momento antes se había escuchado cercano, se escuchó ahora inmediatisimo. Joan detonó e arma una vez más, pero eso fue todo.

Luego, todo fue la presencia del aullido y sus consecuencias.

Un rugido furioso estrujó el aire al tiempo que un crepitar muscular desgarraba la tierra debajo de este. Se escuchó un golpe seco, de torso al descubierto y desde la perspectiva que las niñas tenían al interior de la casa, vieron como algo se movió a toda velocidad por los aires; algo que se estrelló en contra de la vagoneta mal estacionada afuera de la casa. Pilar alcanzó a mirar, no supo si Laia también fue capaz de hacerlo, como Joan -él era "aquella cosa"- voló por los aires en contra de la camioneta. Su cuerpo de estrelló de plano en contra del metal del auto, incrustándose en este y sacudiendo el vehículo por un segundo. Luego, Pilar miró a otra de esas criaturas, idéntica a la que se había incrustado en el frente del trailer de Prixamar, correr y abalanzarse rabiosamente en contra del cuerpo que no terminaba de caer aun del costado de la vagoneta.
Laia expelió un agudísimo grito de horror al mirar todo eso; quizá no al comprender lo qué estaba sucediendo, pero al mirar solamente.
El impacto en el costado de la vagoneta fue brutal. Incluso levantó del suelo el chasis. La criatura abrió el hocico hasta su máximo y justo cuando lo cernía sobre del cuerpo de Joan, Pilar, en el interior de la casa, dio un veloz paso al frente en contra de la puerta cerrándola al instante. Ambas niñas reaccionaron al mismo tiempo y corrieron aterradas hacía las escaleras, gritando y halándose de la ropa mutuamente. Antes de pisar el último escalón superior, el sonido de un enorme hueso quebrándose -o de varios relacionados, como los que conformarían la estructura general de un cráneo- atravesó el aire hasta donde ellas estaban. El estallido de algo muscular le siguió de inmediato, cortándole la respiración a Pilar, quién tuvo fuerza aún para empujar a Laia al interior de la habitación de ambas.
Se abalanzaron sobre una de las camas y se contrajeron sobre de esta y en contra de la pared que la cercaba. Laia comenzó a llorar sin disimulo alguno hasta que Pilar le tapó la boca con ambas manos, como si además de hacerla callar, también pretendiera ahogarla.

- ¡Calla! ¡Cállate! ¡Laia, guarda silencio!-
Allá afuera, en ese preciso instante, cimbrando los pocos cristales completos de la ventana, un espeluznante gruñido se levantó amenazando con ser invencible.
Desde el último extremo del área comercial, la luz del incendio producido por el accidente del transporte de Prixamar iluminó lo que se suponía era la escena al exterior de la casa, reflejando sombras al interior de la habitación de las niñas. La silueta tambaleante -tanto como las llamas- de una hilera de colmillos afilados como cuchillos se reflejó en las paredes, rozando durante un momento la cercanía inmediata de las niñas.

- ¡Muévete Laia! ¡Muevete!- La voz de Pilar era un tizón afilado. Tomó a su hermana y de un tirón la llevó al suelo, luego la jaló tras de sí, como lo haría con un muñeco, hasta quedar ambas debajo de la cama. Laia temblaba sin control y Pilar tuvo que abrazarla para evitar que en aquel pequeño espacio pudiera hacerse daño.

- ¡Tranquilízate por favor! ¡Ten calma!-
- ¡Pilar! ¡Qué esta pasando! ¡Qué son esas cosas!- . Ella aún no lo sabía, a pesar de haber visto ya a la segunda de aquellas criaturas. No quería decir "Lobo - Hombre - Lobo" porque era simplemente risible; solo hubiera conseguido asustar -todavía más- a su hermana. La ventana se estremeció de nueva cuenta, ahora sin aullido de por medio, y medio segundo después estalló en un millón de pedazos. Las niñas gritaron debajo de la cama, justo cuando en el marco apareció de un salto la criatura que acababa de asesinar a Joan. El monstruo se estrelló contra el rectángulo de madera deformándolo al instante pero sin conseguir entrar del todo por este. Había saltado desde el patio frente a la casa, quizá desde el cadáver de la vagoneta hasta el segundo piso de la casa. Desde ahí lanzó un carraspeo demencial y buscó con desesperación lo que bien sabía que estaba ahí: un par de presas vulnerables, muertas de miedo. "Esta persiguiéndonos...", pensó Pilar sin saber porqué lo hacía.
La criatura hizo temblar sus encías, evidenciando sus largos colmillos mientras arremetía contra el marco de la ventana intentando entrar por ahí, pero resultaba demasiado grande para ello. Era como mirar a un gato intentando atravesar la delicada puerta de una casa de muñecas; quizá lograría hacerlo, pero luego, el espacio de la habitación resultaría demasiado estrecho como para que pudiera moverse en cualquier otra dirección. Pilar sin saber cómo, había colocado sus manos sobre la boca de Laia. Ella alcanzaba a mirar de reojo lo que estaba sucediendo, pero su hermana solo estaba escuchando el quebrar de la madera y los jadeos animales provenientes de la pared de la habitación. La sentía retorcerse, intentar cualquier especie de grito; Si hubiera tenido la oportunidad, quizá, imprudente, hubiera intentando tener una mejor visión de aquello y la bestia las hubiera descubierto. No, no la soltaría, por nada del mundo.
La cosa en la ventana desprendió la parte superior del marco, ampliando el boquete.

Solo entonces Pilar pudo dimensionar con verdadera certeza su tamaño.
Pensó en el tamaño de un par de neveras juntas, o en la dimensión extendida de un comedor antiguo. Era gigantesco, quizá más grande que el que había atacado al transporte de Prixamar. El monstruo lanzó un nuevo rugido, como reconociendo que la ventana cedía a su poderío.
Entonces, una nueva explosión, una que hizo retumbar el suelo y las paredes, iluminó el aire afuera de la casa. Alrededor de la criatura, entre los breves espacios que se encontraban entre su musculatura y la madera de la ventana rota, todo se volvió fuego. El animal se retorció al instante y lanzó un agudo gruñido de dolor. Se sacudió violentamente solo para descubrir que ahora le resultaba tan complicado salir como entrar por aquel estrecho paso y comenzó a lanzar zarpazos hacía todos lados. Agitaba su cabeza como si estuviera ahogándose mientras bufaba sin control.

"Afuera, algo explotó y lo ha alcanzado..."- narró Pilar para sí misma.
La bestia aullaba y se sacudía sin otra posible explicación; se estaba quemando, al menos la parte de esta que estaba fuera de la casa. Del pasillo al costado de la habitación provino un resplandor anaranjado. El fuego quizá también había alcanzado la pared exterior de la casa, o quizá provenía del jardín. Pilar miró al monstruo hirviendo de dolor y rabia, intentando asirse de cualquier cosa al interior de aquel pequeño espacio. Solo conseguía golpear el suelo de manera accidental sin conseguir un punto de apoyo que le ayudase a salir de esa trampa. El monstruo bramó, escupió, aulló durante algunos minutos e incluso regurgito un líquido asqueroso en algún momento, mientras implacable, el fuego sobre su cuerpo del otro lado de la ventana se consumía sin que nada pudiera hacerse para evitarlo. Luego la bestia simplemente dejó de moverse; sus enormes brazos cayeron a los costados y con las garras erectas arañó la superficie del suelo en donde las niñas acostumbraban a correr descalzas. Una peste insoportable a pelo quemado y a hueso calcinado inundaba ya la habitación cuando la criatura al fin se quedó completamente quieta. Pilar percibió la alegría más sorpresiva de su corta vida. Se alegró, sin duda, pero de inmediato tuvo la entereza suficiente como para pensar con rapidez.

-Esa cosa se quemó, La casa, por afuera, seguro esta pasando por lo mismo-. Ella no quiso averiguar hasta dónde podía tener razón; cosa que quizá podría descubrir cuando las llamas comenzaran a rebasar el cuerpo de la bestia.

- ¡Laia, vámonos! ¡Ahora mismo!- gritó Pilar al instante jalándola tras de sí. Ambas salieron de debajo de la cama y fue hasta entonces que Laia miró la conclusión de la escena que había estado ahí desarrollándose. Gritó con todas sus fuerzas al mirar a la cosa atrapada y muerta en el marco de la ventana. Pilar no le dio tiempo de nada más; le dio un tirón y la saco de la habitación. La percibió congelada, tanto que incluso le fue necesario arrastrarla por las escaleras hasta llegar a la planta baja de la casa.

Afuera, parecía ser de día.
Una luz y un calor penetrantes se colaban hacía el interior desde toda dirección posible. Seguramente se estaba quemado casi toda el área comercial, desde la misma administración hasta las estaciones de recarga de combustible. Y seguramente una de esas estaciones fue la que explotó hasta los cielos desparramando gasolina ardiendo por todos lados.
La puerta principal de la casa seguía abierta y Pilar atisbaba por ella. Afuera no parecía existir un solo lugar seguro. Permanecer al interior no resultaba una opción a tomar. Aunque no lo percibían en ese momento, era seguro que aquella atmósfera estuviese cargándose de algún tipo de humo tóxico e invisible en ese mismo momento.
A Pilar solo se le ocurrió de momento una salida, un solo posible lugar en donde encontrar un refugio.

- ¡Laia, tenemos que salir de la casa!-
- Qué...-
- ¡Tenemos que irnos inmediatamente!-
- Pero, a dónde vamos a ir...-
- ¡Sígueme! ¡Vamos a seguir las órdenes de papá...!-

"LAS ÓRDENES DE PAPÁ... seguramente Papá era en ese instante la mancha inerte, abultada y deforme detrás de la vagoneta...", susurró mentalmente, y para sí misma Laia, cuando Pilar la tomó de la mano y la obligó a correr tras de ella para salir de ahí. Apenas habían puesto un pie fuera de la casa, cuando el aire se volvió caliente como nunca antes lo había sido, casi como el fuego mismo, un cuchillo dispuesto a tasajearlas. La visión se nubló por causa de la luz, también caliente, que provenía de todas direcciones.
Pilar tuvo que hacer acopio de valor para lo que hizo a continuación. Corrió los breves metros que distanciaban la entrada de la casa que estaban abandonando y la vagoneta a la cual Joan les había ordenado entrar cuando él hubiera despejado el camino, en la condición ideal de los acontecimientos. En cierto sentido, en el más macabro de todos, había cumplido su cometido y ahora resultaba ser el turno de ellas. Sin pensar en nada, en ninguna de las implicación es que todo aquel cuadro representaba, Pilar alcanzó la manecilla de la puerta del vehículo y se concentró en abrirla; se olvido por un segundo de mirar hacía atrás, de buscar si su padre la necesitaba en ese momento; se olvido incluso de atisbar en busca de otra de aquellas terribles criaturas. Lo único que hizo fue enfocar sus fuerzas en accionar el sistema mecánico de la manecilla que les daría paso al interior del vehículo.
El metal comenzaba a calentarse y ya comenzaba a llover un polvo fino desde el cielo cuando Pilar logró abrir la puerta de la vagoneta. dio un nuevo tirón a su hermana y sin saber cómo, ambas entraron en el vehículo en un segundo.

"¡Rápido! ¡Laia, siéntate!". Pilar se arrastró por sobre el asiento del copiloto hasta llegar al volante, pasando por encima de la palanca de cambios de la vagoneta. Laia se quedo congelada en el asiento del copiloto. Simplemente miró a Pilar cuando esta la llamó y no respondió nada; de momento eso resultó ser cosa suficiente. Laia así no servia de mucho, tampoco estorbaba. Ahora, Pilar tenía solo una cosa en mente: hacer avanzar aquel armatoste. Sabía que solo existía un posible lugar seguro en ese momento, y no era la casa ni resultaba ser el interior de aquel vehículo: era el otro lado de la carretera. A diferencia del área comercial, el otro lado de la 55 lucia oscuro y a salvo. Se adivinaban algunos pequeños incendios -seguramente arbustos en llamas y algo de vegetación seca- pero nada más. Las llaves de la vagoneta estaban pegadas, era lógico. Joan las había dejado ahí porque planeaba subir de inmediato acompañado de ellas.
Pilar había visto un millón cómo su padre encendía el vehículo, pero ahora, ahí, sola, el asunto se le figuró un rompecabezas; quizá uno para niños pequeños, con pocas piezas, pero rompecabezas al fin. hizo girar la llave sobre su engrane al costado del volante y se encendieron algunas luces en el tablero, las que indicaban corriente y avería en el motor. Pero el vehículo no arrancó. Regresó la llave a su posición original y lo intentó de nuevo, pero solo obtuvo hacer relucir aquellas luces otra vez. Algo estaba haciendo mal, pero no sabía qué cosa podría ser. O quizá no estaba haciendo todo lo que debía de hacer.

5

Frente a ella estaba la casa. Plena como era. Estaba tan cerca, a no más de cuatro o cinco metros. Pilar vio como un fuego amarillo y naranja se extendía desde la planta alta y comenzaba ya a lamer la puerta de entrada. No podía verlo todo desde la perspectiva del conductor en la vagoneta, pero imaginó que la bestia atrapada en la ventana de su habitación no era ya más que materia orgánica calcinada, y seguramente la casa muy pronto la seguiría. Tenía que moverse rápido.
Buscó un botón, una palanca, cualquier cosa que tuviera que conjugar con el girar de la llave en su engrane. No encontró nada parecido, y la única palanca que tenia a su alcance era la que abría el cofre de la vagoneta; esa la conocía bien. ¿Entonces? "Quizá... alguno de los pedales..." Pilar se estiró, casi todo lo que podía y alcanzó únicamente con la punta del pie uno de los tres pedales que tenia a su disposición. Identificaba el acelerador y el freno, y sin pensarlo mucho optó por el tercero que ahí estaba, desconocido por completo para ella. Presionó con todas sus fuerzas y giró la llave al mismo tiempo.

La vagoneta se sacudió con fuerza al tiempo que hizo sonar el motor. Las niñas se sacudieron también sin poder evitarlo y Pilar perdió su posición. El vehículo se apagó de inmediato al tiempo que Laia comenzaba de nueva cuenta a llorar. Pilar apenas y prestó atención a su hermana. Había dado con la clave. Volvió a pisar aquel pedal e hizo girar la llave. Cuando la vagoneta se sacudió nuevamente Pilar hizo todo lo posible por no soltar el embrague. El vehículo, un segundo después, se encendió y así permaneció cuando Pilar con toda calma liberó presión sobre del pedal. Ella exclamó algo inentendible, algo que sonaba a una pequeña victoria. Lo disfruto un momento, luego prosiguió.
Bien, ahora ¿Qué hacer? Recordaba que Joan movía la palanca al piso situada a su costado. Intentó hacerlo pero un sonido horrible provino del motor frente al vehículo, como el sonido de metal en movimiento que rozara en contra de si mismo. volvió a mover la palanca y además del sonido, esta vez incluso percibió un feroz temblor proveniente del invisible interior mecánico de la vagoneta. Algo estaba haciendo mal de nueva cuenta. Sin saber exactamente el porqué, regresó su atención al desconocido pedal bajo sus pies. Lo presionó y movió la palanca al mismo tiempo. No pasó casi nada, solo cuando como por accidente soltó un poco el embrague. La vagoneta se movió hacia adelante unos cuantos centímetros para luego sacudirse y apagarse. Pilar asustó, pero recobró la calma de inmediato; Ahí estaba la solución.

volvió a encender el vehículo y presionó el embrague nuevamente, hasta que la vagoneta se quedó quieta con el motor encendido. comprendió lo que estaba sucediendo y, además, que no debía de aprender a conducir un automotor en ese momento, sino solo poder llevarlo hasta el otro lado de la carretera. Presionó de nueva cuenta el embrague y colocó la palanca de velocidades en primera. Había visto a su padre hacerlo infinidad de veces y recordaba cómo hacer eso. Tomó el volante y lo hizo girar tanto como pudo. Le costó una eternidad rotarlo lo suficiente como para pensar en que conseguiría enfilarse hacía afuera del jardín si lograba hacer avanzar la vagoneta. Luego comenzó a despegar el pie del pedal. Laia, a su lado, parecía estar en otro mundo, uno completamente del otro lado de la galaxia. Sencillamente la miraba con intermitencia, atendiendo también al incendio de la casa, pero sin expresión en los ojos. En todo caso, la mirada de Llura contenía algunas preguntas sin sonido: ¿Por qué perdemos el tiempo así? ¿Por qué no sencillamente corremos a trote en busca de un escondite seguro? ¿Por qué insistes en hacer todo este ruido? ¿No crees que una de esas cosas nos descubrirá y vendrá por nosotros? Pilar compartía en parte todas aquellas preguntas, pero el tamaño de una sola y sencilla respuesta que ella creía poseer rebasaba el alcance de todas aquellas dudas: Una vez que llegaran al otro lado de la carretera, necesitarían de un buen escondite, algo así como la protección metálica de aquel vehículo. No valía la pena desperdiciarlo si era posible tenerlo a la mano.

El vehículo comenzó a moverse lentamente, trastabillando. La aguja del velocímetro bailoteaba entre la primera delimitación, 5 MPH, y el cero absoluto. Pilar continuó dando vueltas al volante y muy pronto consiguió hacer girar la vagoneta en un semicírculo, enfocando el frente de la misma hacía la carretera, para de inmediato toparse con los ficus de Llura. La niña buscó con los pies - liberado del todo el embrague- el acelerador. Lo pisó cuando lo tuvo bajo su planta y el motor se agitó, revolucionándose considerablemente. Un conductor con experiencia hubiera dado paso a la segunda velocidad, pero para Pilar seguir avanzando así resultaba perfecto. La vagoneta se encaramó sobre los ficus y arbustos que los rodeaban, aplastándolos bajo las llantas y arrancándolos lentamente de raíz. Rebasó el borde del jardín y se encaramó en la acera que delimitaba el terreno de la casa. Tras varias sacudidas la vagoneta invadió el espacio de terrecería que pertenecía de lleno al área comercial, dejando atrás los espacios habitacionales.

El motor de la vagoneta estaba revolucionado al máximo y sulfuraba un graznido impotente. Pilar no le prestó demasiada atención en ningún momento. Estaba avanzando y eso le resultaba suficiente.
Miró a la distancia el primer carril de la 55, el cual estaba a unos veinte metros de distancia. Había avanzado unos cinco o seis metros cuando miró por el espejo retrovisor que prácticamente la totalidad del área comercial ardía de lleno. Le pareció una escena salida de una película de terror: la ciudad se incendiaba mientras un enjambre de monstruos arrasaba con todo por ahí. Ella se pregunto si en alguna parte de toda aquella destrucción existiría alguna clase de héroe tomando acción y encargándose del asunto. Si así fuera, quizá podría conocerlo cuando todo eso terminara, suponiendo que terminara de pronto, así como había comenzado.
La vagoneta se movía erráticamente, dejando tras de sí un rastro de cristal pulverizado y un liquido de un verde químico. Pilar no podía verlo, e incluso, de haberlo hecho, no le hubiera prestado atención. Ella desconocía por completo el concepto "anticongelante". Seguramente el vehículo estaba desangrándose por dentro, y demencialmente lo obligaban a moverse.

"Solo unos cuantos metros más..." repetía Pilar, balbuceando las silabas de aquellas palabras con una muda insistencia. A su costado, Laia permanecía en su propia burbuja, aislada del mundo real.
La vagoneta avanzó con sacudidas ininterrumpidas los últimos metros que restaban antes de llegar a la carretera. Alcanzo muy poco después el primer carril y el paso sobre del asfalto resultó completamente diferente, uniforme, suave. El motor del vehículo chirriaba para cuando Pilar logró alcanzar el otro lado de la 55. Este parecía amenazar con estallar en cualquier momento, pero resistió incluso cuando Pilar siguió avanzando sin pausa, con el pie clavado sobre del acelerador, y comenzó a recorrer de nueva cuenta la polvorienta superficie de la llanura. Por el espejo retrovisor Pilar miro cómo el área comercial - junto con todo lo que ella había conocido y llamado hogar por los últimos años- se consumía hasta los cimientos. Los incendios generalizados iluminaban todo alrededor como un millón de lámparas no hubieran podido hacerlo. El calor era intenso aún del otro lado de la carretera. Tanto, que la piel de las mejillas de las niñas estaba reseca y quemada, como si hubieran pasado un día entero en la playa sin protector solar.
Pero nada importaba en realidad. Pilar solo pensaba en qué momento resultaría oportuno detenerse y dejar de ser un blanco en movimiento para cualquiera de aquellas cosas que suponía aún seguían asechando por la zona. Esas cosas que habían acabado con la vida de Joan, con Llura y con todo el mundo que ella conocía.

En un momento indeterminado y que Pilar nunca lograría acomodar sino intuitivamente dentro de aquella cadena de sucesos, una nueva explosión se sucedió en el área comercial y una luz blanquecina que emanó el calor de decenas de toneladas de combustible.
La explosión y la luz las embistieron a toda velocidad un segundo después. Ambas, Pilar y Laia gritaron al interior de la camioneta y se sacudieron violentamente junto con el vehículo. Pilar se estrelló de lleno en contra del volante y golpeó la cabeza contra el parabrisas. Alcanzó a mirar todavía, antes de que todo se le volviera oscuro, como Laia se aferraba a todo a su alrededor, como evitando caer desde un lugar muy alto.

Luego, todo fue silencio.

Epilogo

El vehículo se detuvo por si solo tras la explosión, y completamente quieto y en silencio, permaneció al borde de la carretera durante el resto de la noche. Para cuando amaneció, el mundo había vuelto a la normalidad, al menos a la que podía ofrecer un mundo nuevo y calcinado.

Una columna de gente, no menos de dos mil personas, que avanzaba por la 55 en dirección de la ciudad, descubrió la vagoneta y a las dos niñas al interior de la misma. Estaban dormidas, seguramente tras haber quedado fuera de sí tras lo que parecía haber sido un aparatoso accidente. La gente que se apiadó de ellas y dedicó un minuto de su tiempo a sacarlas del vehículo también encontró el cuerpo de una mujer de unos treinta y tantos años de edad en el asiento trasero de la vagoneta. La mujer había sido atacada por las criaturas que todos ellos habían visto la noche anterior. Una herida descomunal en su abdomen no dejaba lugar a dudas. Eso había sido la causa de la muerte.

La columna que avanzaba sin fin por la carretera avanzaba rodeaba los cadáveres inertes de aquellas cosas horribles, esas mezclas entre animal y lo que pareció haber sido un hombre al topárselos esparcidos por el camino. Los pelajes se desprendían de la carne amarillenta como si estuviera en franca descomposición, así como secciones enteras de tal carne, al tiempo que los hocicos dejaban escapar algo parecido a la bilis de un animal enfermo. Todos guardaban silencio frente a los asquerosos restos, pero tras rebasarlos, daban rienda o reanudaban conversaciones en las cuales decían cómo habían visto morir aquellas cosas a manos de las armas de los oficiales de policía, de como algunos de ellos habían acabado personalmente con alguna de ellas, de las victimas que habían provocado, y, por increíble que resultaba, de cómo aquellas cosas murieron en agonía tras los primeros rayos de luz del sol, como si el astro les hubiera resultado alguna clase de veneno.

Muchos minutos después, cuando filas de autos ya se movían lentamente por la 55, Pilar y Laia, apenas repuestas y sin mayor sentido de lo que estaba sucediendo -como si ambas se encontraran a la mitad del mismo sueño nebuloso- se incorporaron a la columna de gente cobijadas por la generosa mano de una anciana que se hizo cargo de ellas. Inmediatamente la mujer procuró buscarles comida y la posibilidad de abordar, sin mucho éxito, alguno de los trasportes que iban por ahí, en busca de un mejor sitio que aquella tumba abierta al cielo.
Todo a la vista estaba derruido y muerto. Y en el sentido profundo de la expresión, quizá "todo" había desaparecido.
Para el medio día, aviones militares surcaban el aire en todo momento y el ejército aparecía ordenando el paso de las caravanas civiles. Las fuerzas armadas se mostraban visiblemente diezmadas y heridas tras la efímera batalla que se había suscitado en contra de fuerzas desconocidas la noche anterior. Hombres armados hablaban en clave y se movían en todas direcciones, revisando a todos los heridos en busca de algo que Pilar no podía determinar. Quizá alguna enfermedad o simplemente intentaban realizar un conteo de daños.
No importaba en realidad.
La mirada de Pilar resultaba difusa y carente de objetivo concreto. No sabía que estaba sucediendo y en realidad recordaba poco de lo que había sucedido en las horas pasadas. Su tranquilidad así lo demostraba.
Pero era como si el mundo resultara nuevo. Al menos para ella.
El sol de ese nuevo mundo resultaba intenso, tanto, que levantaba humedad del suelo, creando espejismos en el aire.

La anciana, Marta, llevó a las niñas debajo de la carpa de un puesto militar improvisado al costado de la 55, situada en un punto entre el área comercial en donde ellas habían vivido y la nada. Ahí les consiguió algo de tomar: un compuesto de agua y sales minerales que los militares repartían entre los civiles. Supo amargo en la boca, pero luego Pilar lo trago apenas en dos largos sorbos.
Se recargó en su hermana cuando sintió que el estomago se le revolvía. sintió deseos de vomitar, pero se contuvo; Sabia, sin entender el porqué, que necesitaba ese líquido dentro de sí.

-¿Estas bien, pequeña?-, pregunto Marta al darse cuenta del pálido color que Pilar estaba adquiriendo con rapidez. Ella se sonrió sobre del hombro de Llura, quien la miró con asombro y miedo al instante, descubriendo que algo no estaba bien con su hermana.

"Si, bien... mejor que nunca...", contestó lentamente
"Pero ¿te sientes bien? Estas amarilla..."
"¡Pilar! ¿Qué tienes?" exclamó Laia de inmediato.

Pilar se sonrió antes de sentir que algo le golpeaba suavemente la cabeza.
Se giró con rapidez y no vio nada, no al menos con sus ojos físicos.
Pero sus sentidos espirituales de pronto se abrieron, percibiendo todo eso que hasta ahora le resultaba velado; en un solo y mismo segundo. Y fue precisamente como un golpe en la cabeza. Frente a ella desfiló todo lo acontecido: Pilar, Llura, la separación entre ellos, el momento en ambos que salieron hacía la ciudad, la soledad en compañía de Laia; y los aullidos, el terror y las explosiones. Los colmillos, la sangre, el olor de la bestia calcinada, la vagoneta, la mirada perdida de Laia. Luego, la inconciencia.
Y acto seguido, apareció la insoportable sensación, la certeza de que ella había deseado todo eso, de que un día antes aquello era precisamente lo único que le parecía importante en la vida. Se sorprendió hasta la médula, tal y como le sucedería a quien, tras haber jugueteado tonta e inocentemente con un arma recién adquirida, fuese informado de la peor manera del destino brutal de una de sus balas perdidas.

Antes de desmayarse por segunda vez en menos de veinticuatro horas, susurró unas pocas palabras todavía.

"Estoy bien... si... mejor que nunca... Ahora, nadie me separara de mi hermana... Aún sobre mis padres..."
¿Eso era bueno, o malo? ¿Qué había sucedido? Una palidez agridulce, un temor ácido, se le coló hasta los huesos. Tembló sin poder evitarlo. Quizá existieran miles de causas para lo acontecido, pero ella sabía que, sencillamente, su deseo se había vuelto realidad, y de la peor manera posible.

Fue conciente entonces, de eso, de su responsabilidad.
Se asqueó de si misma. Sin querer evitarlo, buscó cómo volcar el contenido de su estómago.
Sus ojos se volvieron blancos.
Tuvieron que atraparla antes de que cayera al suelo, en medio de un breve estallido de gritos y miedo. Un militar se acercó corriendo e hizo a un lado a Laia y a Marta.
Colocó sus dedos en la garganta y comprobó los signos vitales de Pilar. Mandó traer a gritos a un doctor; este dictaminó a bote pronto cansancio y estrés pos-traumático.
Llevaron a Pilar al área de atención de heridos en medio de un ataque de histeria de Laia.


______________
TESTIGO MUDO
MAYO - 2009

Wednesday

La luz

La luz se apagara en unas pocas horas.
La luz, en todo el mundo.

Lleva días desvaneciéndose el horizonte;
Las estrellas son cada vez más visibles,
incluso en lo que antes fuera el medio día.
Nadie se lo explica,
nada se comprende,
solo que, según el cálculo,
desaparecerá todo resplandor en pocas horas.

Casi todos han huido, las calles están solas,
entenebrecidas, como a la hora de la tarde.
Hace frío, uno que apenas es físico;
es mental, apenas palpable.
Todos nos hemos escondido, abrazando a los nuestros,
como palomas en invierno,
como leoncillos rodeados de hienas.
Temblando, como animalillos recién nacidos.

Todos, con excepción de unos pocos.
Algunos que esperan sobre los tejados,
en los techos al descubierto,
reunidos alrededor de ellos mismos.
Ellos, esos no temen.

Permanecen a la expectativa,
y no pocas veces han sonreído.
Yo los he visto.
Yo mismo, nadie me lo ha hecho saber.

Los he visto hablar entre ellos,
cada vez con menos sigilo.
Con chillidos de murciélago,
con muecas de escorpión.

Cuando comenzaron los vientos a soplar,
agitando todas las cosas que hay en el mundo,
ellos se alegraron, se extendieron,
se mostraron tal y como son: viles, inmisericordes.

Los he visto afilar colmillos como cuchillos;
entre la ventisca los he oído nombrar gente que conozco.
Han señalado calles, han marcado casas.
Han memorizado descripciones, señas, datos.

Ellos, esos que coronan ya varios edificios.
Los he escuchado, quizá por ultima vez.
Han dicho, entrecortado, con rasguños entre silabas:
"Nos desvaneceremos, justo cuando la oscuridad sea plena.
Iremos por ellos, porque lo merecen.
Cavaremos un pozo, y lo llenaremos de cuerpos.
Todos ellos lo merecen..."

¿Alguno de ellos habrá memorizado mi rostro?
Allá afuera, en donde ya no me atrevo a pisar
¿Existirá alguna marca señalando mi puerta?
¿Qué hare si los escucho acercarse?

La luz se apagara en unas pocas horas.
La luz, en todo el mundo.
Nada ha podido contrarrestar esta penumbra.
La luz artificial es meramente un placebo,
un sedante, no ayuda en nada.
El horror crece minuto a minuto.

Nadie se lo explica,
nada se comprende,
solo que, según el cálculo,
desaparecerá todo resplandor en pocas horas.

Escucho puertas entrechocar,
ventanas que crujen al abrirse.
¿Estaré en lo correcto?
Escucho gente que corre, pequeños gritos deformes.

Solo ellos, esos, están listos;
solo ellos saben que hacer.

REGRESO EN BREVE...



Hay algo en mis manos burbujeando...

TM

Thursday



Plecostomus

Wednesday

ANTES DE COMENZAR

Antes de comenzar con la nueva historia, aquí les dejo el link en donde podrán descargar un pequeño texto que me trajo dando vueltas algunos días.

Es quizá, un momento que necesitaba sacar de mí y del fondo de mis pensamientos.
En breve comenzamos el relato.

Saludos
Testigo Mudo

Thursday

Friday

Regreso

Abro los ojos y apenas comprendo lo que veo y, en segundo plano, el lugar en donde estoy.
Frente a mí una especie de nebulosa se mueve intermitente y recrea un espacio en donde lo que percibo se confunde con la penumbra que estoy abandonando.
Si hubiera soñado con cualquier cosa ahora mismo los rastros del sueño estarían mezclandose con los elementos de la habitación en donde despierto.
Pero no he soñado nada, o cuando menos no recuerdo haberlo hecho.

A tientas busco el reloj que no debe encontrarse lejos de mi cabecera. Palpo su fría configuración y acercandolo a mi rostro compruebo que enfocar la mirada sobre su caratula es la segunda cosa más difícil del universo.
La primera es moverme siquiera.

Aún así desentraño el secreto escondido en sus manecillas. No comprendo el aparato sino como un cronometro y, tanto que, en realidad no me importa la hora que es sino la contabilización de horas que llevo dormido. No son menos de catorce.

El cierre de año me debilitó al extremo de herirme.
No he hecho sino dormir, descansar y alimentarme en estos días ausentes. Incluso estas son las primeras líneas que redacto en estas semanas. A pesar de todo recibi un par de llamadas del trabajo que me arrancaron un dejo de atención, pero no fue nada más allá de eso. Quizá solo tenían la intención de recordarme que ese mundo sigue existiendo y que con fecha definida tendría que abordar de nuevo ese tren.
Pero indistintamente a los planes laborales apenas esbozados y a los proyectos que permanecen dormitando como yo, una parte de mi cerebro -una que vive con el rostro atento al más oscuro de los rincones disponibles; una que en realidad no se ha tomado unas vacaciones tan largas pues comenzó a afilar sus largas uñas hace varios días- ya comenzó a moverse y a pensar.

Agradezco la lectura de "En el tiempo acostumbrado"; creo que lo que hemos leido es un manuscrito que hace justicia a la idea que intentó fundamentar el relato. Ahora viene una revisión del mismo y posteriormente su distribución. Quedan algunos cabos que entretejer correctamente y un par de detalles que acortar y extender, respectivamente.

Pero ajeno a ese proceso natural y necesario, un par de ideas ya rondan mi cabeza.
Apenas puedo creerlo; Ya estoy planeando enfrascarme de nueva cuenta en otro proceso tan increiblemente agotador y demandante. Y lo único que puedo pensar es que me falta tiempo y se me queman las manos intentando y necesitando escribir.

Tengo el deseo de desarrollar esas dos ideas. Una de ellas, la primera, será relativamente corta. Es sobre un muchacho, un joven apenas en su primer adolescencia. Este relato no abordara ninguna situación de ficción -ningún ser del espacio exterior o salido del fondo de una oscura caverna- sino algunos de los aspectos más oscuros y primitivos de una mente todavía en gestación.
Y la segunda, sin adelantar detalles de ninguna de las dos historias, me atrae de nuevo a nuestros queridos y familiares zombies.
Esta segunda historia me emociona sobremanera. La tengo practicamente ya dibujada en su totalidad en el aire a mi alrededor y creo que ante todo -antes de sus gritos y sus desfiguros andantes- es una buena historia.

Bien. Ya he despertado de manera aceptable.
Hay que buscar algo que comer y el ruido de la ducha se esta apagando. Muy pronto vendrán a buscarme.

Un saludo a todos.
TM

Aqui les dejo un buen video.


Thursday

Julio – Diciembre 2007

Julio – Diciembre 2007

® Testigo Mudo


+++

Disculpen, hoy no hay entrada.

Esta mañana me senté frente al ordenador en el trabajo y tras la rutina acostumbrada de revisar los correos y abrir el archivo del relato para comenzar a escribir en segundo plano –entre registros, llamadas, revisiones y una que otra esporádica reunión con el personal- y dejar caer gota a gota en el papel lo que tenía planificado que debía suceder en el Jardín del Edén, el día comenzó a descomponerse muy pronto, de tal forma que, al final del mismo, ahora que debería de estar colgando el texto, un sentimiento -de esos que te insinúan que debes tirar por borda todo esfuerzo de tus manos dado que tu actividad profesional no vale la pena, o que en realidad un detalle estúpido se convierte en el fiel de la balanza con la cual la gente te mide- me esta rondando, lanzando escupitajos de veneno y queriéndome hacer sentir peor de lo que ya estoy, mirándome postrado en el suelo y cubierto del polvo.


+

Solo falto insultarnos y liarnos a golpes. Y todo por un cliente embravecido que supuso una crisis en donde solo había un procedimiento detenido por las mismas políticas que rigen a la empresa.

Vaya insignificancia.

Al final del asunto el cliente decidió saltarme y hablar con mi superior; y todo para terminar exactamente en dónde había comenzado. En nada y en lo mismo.

Claro, el superior se la tomó conmigo y aunque al final termino reconociendo que no había sido ni mi culpa ni responsabilidad, ahora mismo me marchó a casa con algunas huellas de zapato caro y fino sobre del ego y orgullo.

Vale, que esta NO-ENTRADA, vaya dedicada a todos los que escribimos y leemos desde el trabajo.

Un abrazo, voy a dormir.

TM

Friday





Escucha, y aprende, joven escritor.
Escucha y reanímate.

Monday

Thursday

EL JUEGO DE LAS SUERTES

Tengo que dar una explicación no solicitada sobre el texto y a la vez ofrecer una disculpa que no admite demora.

Hace algunos meses, mientras aún escribía TESTIGO MUDO; CRÓNICA DE LA INÚTIL RESISTENCIA HUMANA ANTE LA PLAGA QUE TORNÓ AL MUNDO EN UN CEMENTERIO, nació la idea de este relato. Surgió de la necesidad de atender una suposición que asomaba en mi cabeza y que no podía incluir en el relato principal en el que me veía involucrado en ese momento: la suposición primaria del suministro de alimento que existía o dejaría de existir en el supuesto de una infección planetaria extendiéndose y trastornando a la humanidad.
¿De dónde comerían los sobrevivientes?
Y aún, ¿Qué sucedería si se contaminara el alimento restante?

Hasta ahí la explicación innecesaria sobre el origen del relato.

Y ahora la disculpa necesaria.
Inequívocamente, a todos los avatares involucrados, entendiéndose estos como la personalidad, el alter ego, que alguien se ha esforzado en adoptar y mantener, y que yo he tomado arbitrariamente para mi relato.
Solo tengo en mi defensa un par de asuntos que expresar: en ningún momento ha sido la intención de hacer daño a la perspectiva que todos tenemos de uno u otro avatar, siendo todos ellos, y los humanos detrás de aquellas máscaras -aún espero que todos se conserven humanos- gente que merece todo mi respeto, admiración, y buena voluntad.
Y hablando de mi buena voluntad, ofrezco una disculpa secundaria por las acciones que cometían o en las que se veían involucrados los personajes a lo largo de la historia.
Quizá tendría que señalar directamente, mas no limitándome, al caso de Lara, Sinner y Kimera, quien una fortuita asignación de roles y acciones dejo fuera de mis manos su destino dentro del texto; a ratos, con verdadero dolor de mi parte. Esto lo digo en el respeto y aprecio que tengo de estos tres invaluables compañeros de foro y aventura.

El asunto fue así desde el principio: escribí un esquema general de lo que suponía tendría que ser la trama de Voedsel. Luego requerí de personajes. Fue entonces que recurrí al índice de foreros en Apocalipsis Zombie ante una evidente carencia de recursos de mi parte para simplemente colocar nombres neutrales -quizá aquel día postearon algo, o simplemente estaban por ahí; esto en un ejemplo perfecto de lo que significa estar en el lugar incorrecto en el momento inadecuado. Inmediatamente inserte los avatares reunidos en donde a ratos había colocado asteriscos o signos de arroba o simples números.


-¿En qué mierda nos hemos metido? ¿Qué ha sucedido…- dijo * con el rostro desencajado- qw, 16, díganme qué mierda sucedió aquí…
Todos aquellos hombres estaban dándose cuenta de la situación. El infectado había puesto sus asquerosas manos y recargando su cuerpo putrefacto en aquel pan; y luego ellos se lo habían tragado todo.

Y quedaba tras reemplazar con los nombres:

-¿En qué mierda nos hemos metido? ¿Qué ha sucedido…- dijo Lara con el rostro desencajado- Sinner, Richthofen, díganme qué mierda sucedió aquí…
Todos aquellos hombres estaban dándose cuenta de la situación. El infectado había puesto sus asquerosas manos y recargando su cuerpo putrefacto en aquel pan; y luego ellos se lo habían tragado todo.

Este sistema, este juego de suertes, me arrebató con rapidez un personaje como el de Lara, quien muchas veces pensé pudo haberse convertido en un personaje muy importante.
Y de otra manera, la fortuna me regalo a Papish al mando del cúmulo de maldad dentro del complejo abandonado bajo tierra.

El sistema a veces funciono, a ratos no tanto.

Por último, y en mención especial, un saludo a la distancia a Las Horas Del Mar, a Buciraco, James Steward y a Catastrophe23 -y por asociación, a su creación de ciudad- quienes estuvieron presentes solo como inferencias, pero siempre a la par en importancia con los personajes principales.

Espero se haya disfrutado la lectura.
La proxima semana aquí podrán descargar el relato integro en formato PDF, y habrá noticias sobre lo que tenga que venir a continuación.
Saludos.

TM
Marzo - Junio 2007

Wednesday

47v – Última entrada (Mañana un pequeño comentario)

Richthofen despertó casi treinta y seis horas después. Estaba dentro de un cuarto oscuro cuyas ventanas estaban completamente tapiadas con gruesas maderas y recubiertas de retazos de tela en todas partes. Sus ojos viajaron lentamente por aquella oscuridad y muy pronto descubrió alguna especie de decoración que se esparcía cuidadosamente por el cuarto en el cual se encontraba; se reconoció a sí mismo en una mullida y pequeña cama de sencilla disposición. A los pies de la misma se encontraba una pequeña mesa donde observo un puñado de fibras plásticas, lodo endurecido, remates y costuras reventadas que reconoció como los zapatos que había utilizado desde que el comandante Heart lo había integrado circunstancialmente en una ya olvidada misión.
De alguna manera cierto tipo de luminosidad flotaba en el ambiente y le permitía a Richthofen observar esas y otras cosas que se encontraban en la habitación. No muy lejos de ahí una puerta medio abierta invitaba a observar a través de ella. Detrás su perspectiva se observaba un pasillo estrecho también tenuemente iluminado.
Richthofen intentó levantarse pero un dolor terrible en sus piernas, cadera y espalda lo impidió. Era como si sus músculos se desquebraran como viejas losetas asfálticas al intentar moverlos. Su cuerpo era una colección de estallidos musculares y accidentes fisiológicos. Estaba completamente arruinado.

- Ahí estas, bello durmiente.-

Richthofen se sacudió en la cama y buscó con violencia la fuente de aquella voz. Por un costado de aquella habitación apareció la delicada figura de una jovencita, quizá no mayor a los veinte años. El soldado intentó incorporarse nuevamente acelerado por aquella presencia.
Si uno pudiera definir ese dolor, Richthofen sintió desgarrarse la piel de sus piernas y pies tal y como se desgarra la piel de una naranja al ser comprimida con fuerza. Fue percibir un sangrar inmediato y microscópico.

- ¿Quién esta ahí? ¿Quién esta hablando? ¿Quién carajos...? ¡Xavare! ¡Skass! ¿Dónde estamos?-
Richthofen se sacudió sobre la cama e intentó despojarse de la delgada manta que lo cubría.
- ¡No te levantes! ¡estas mal herido!-
- ¡Quién eres! ¡qué quieres de mí!-
- ¡Recuéstate! ¡No puedes estar de pie!-
- ¿Por qué estoy herido; dónde estoy?-
- Estas en un lugar seguro. Solo necesitas saber eso; somos amigos.-

Richthofen dejo de moverse, más por causa del dolor que por creer en aquellas palabras. Se dio cuenta que la jovencita traía consigo una especie de rustica charola; Apenas era una superficie rígida que sostenía un plato translucido que humeaba la insinuación de un liquido caliente. Acompañaba con un vaso de agua en el que parecía haber licuado algún tipo de fruta. Richthofen intentó establecer qué fruta pudieron haber utilizado para obtener eso, pero solo algo del color de una zanahoria podía dar una apropiada respuesta.

- Voy a dejar aquí su comida; ya me marcho.-
- No, no te vayas, por favor... Quién eres, cómo te llamas...-
- Maria, me llamo Maria.
- Maria, dónde están mis compañeros.-
- Descansando, están descansando.-
- ¿Están bien; a salvo?-
- Si, todos. Los encontramos casi muertos, pero ya mejoran notablemente. Fue difícil creer todo el daño que presentan. ¿Qué les sucedió? ¿Dónde estuvieron?-

Richthofen dudó.
- Resucitamos Maria... Estuvimos muertos.-

+

Transcurrió otro día para que los cuatro hombres volvieran a verse las caras, y sucedió en el núcleo de todas aquellas construcciones; alguien había tenido la idea de tapiar con madera y cualquier material disponible todas las ventanas y puertas de un conjunto de nueve o diez casas -casi todas ellas de madera- y unir las mismas creando una red de rústicos Skywalkers terrestres que comunicaban al fin las unas con las otras. La sensación final era la de un hormiguero compuesto de varias cámaras que no arrojaba evidencia de estar habitado. El lugar estaba poblado por un mínimo de treinta personas, incluyendo algunos niños y algunos jovencitos, Maria entre ellos.
Los cuatro soldados se descubrieron alegremente vivos y en medio de una especie de repentina recuperación en la cual antes ni siquiera hubieran creído.

- Richthofen, Richthofen... Lo logramos.-
- Si, estamos vivos, estamos vivos y a salvo...-

Inevitablemente aquellas personas que los habían acogido preguntaron de dónde habían llegado y qué les había sucedido. Richthofen contó la historia. En la misma el comandante Heart aparecía como un héroe luminoso e invencible; Lara, una mujer hermosa y valiosísima; una simple victima de algo que los rebasó a todos.
Bender, Dreed y Sinner fueron retratados como caballeros que lucharon sus propias batallas y tuvieron el infortunio de perder apenas en el último segundo.
Y Chenko, en su momento, según Richthofen, siempre estuvo al frente del escuadrón; de tal manera que eso había desembocado en la supervivencia de los cuatro hombres restantes del escuadrón.

Los enemigos fueron retratados brevemente, todos con características de vampiros, reptiles e insectos abominables.

+

Aquella comunidad también tenía su historia y los antiguos S.T.A.R.S. la escucharon con atención, asombrados de lo que aquella gente tuvo que pasar para sobrevivir.
Luego, al final, quedó sobreentendido que Kimera, Xavare, Skass y Richthofen pasaban a formar parte de la comunidad; si aquel fuese su deseo.

+

Algunos días después, cuando tuvieron la oportunidad, se reunieron para conversar en privado.

- Richthofen, ¿crees que sea posible?-
- No lo sé; tal vez todo es simplemente un sucio pensamiento.-
- ¿Será verdad? ¿Algo de todo eso podría ser cierto?
- Pues así parecía, juraría que no nos equivocamos con esto...-
- La verdadera pregunta es otra: ¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo vamos a esperar?-
- Tiene que llegar la primavera, y tenemos que estar completamente recuperados.-
- No entiendo -dijo Kimera- la necesidad que aparentemente tenemos de regresar a ese maldito cementerio. En este preciso instante debe estar rebosante de monstruos, y si todo sucedió como se suponía, si eso fue lo que pasó, el mismo Chenko -Kimera dijo ese nombre con lentitud y profundidad, como cuando se pronuncia con propiedad la palabra abismo- esta ahí, pendiente de contagiar de infierno a cualquier victima que pueda caer en sus manos.-
- Pero, ¿Qué otra cosa podemos hacer? No podemos permitir que eso se pierda; si alguien merece poseerlo, somos nosotros.-
- Tenemos que ponerlo a consideración de los demás; no podemos actuar solos.
- Si, tienes razón, pero no ahora, cuando sea propició...-
- ¿Y cuándo será eso?-
- Después, cercana la primavera...-

+

Los hombres discutían sobre El Recurso, aquello que escucharon de voz de Papish y que suponían algún tipo de combinación de arma, transporte, refugio y otras decenas de cosas al mismo tiempo.
Querían regresar por eso, saber qué era y sobre todo, saber si podía beneficiarles en algo.
Querían -necesitaban- saberlo a pesar del peligro que representaba regresar al complejo bajo tierra.

- Ahora debemos descansar- concluyó Richthofen- ahorrar energía y fuerzas. Debemos ser inteligentes; en un mundo donde ya no existen las municiones ni las armas de fuego, un plan perfectamente claro y realista debe ser el equivalente de una bomba atómica amartillada y teledirigida.-

+

Los hombres se dispersaron entonces, antes de levantar cualquier posible sospecha; regresaron a la integración que les sucedía en aquella comunidad.

+

Esa noche, los cuatro hombres en distintas secciones de aquel panal, compartían una misma sensación.
Percibían que lo vivido los había afectado de una manera que aún no alcanzaban a comprender. Quizá toda esa desesperación los había marcado para siempre. Incluso, tras pensarlo detenidamente, habían llegado a intentar un ejercicio de comprensión sobre el comportamiento de aquellos que alguna vez habían llamado malditos, extraños, engendros. De alguna manera los habían encasillado simplemente como humanos; humanos con una distorsión de sus sentidos; y quizá nada más.

Ya después durmieron tranquilos, tal y como lo habían hecho las noches pasadas.

Tanto, que incluso su ritmo cardiaco parecía desacelerarse.
Tanto, que incluso perdían respiraciones.

Tanto que incluso no caían en cuenta que las últimas palabras que habían expresado durante su incipiente y privada conversación sobre El Recurso, era el discurso seminal que Papish y los suyos habían sostenido durante todo el tiempo de su pesadilla compartida.

Los antiguos S.T.A.R.S. durmieron sin remordimientos aquella pensando en El Recurso y en cómo fue posible que hubiera nacido aquella pesadilla en que estuvieron involucrados.

Sostuvieron toda aquella noche aquel tipo de actividad mental que se confunde fácilmente con imaginaciones.

Pero no estaban imaginando; estaban teniendo visiones. Y las visiones lo cambian a uno. Desde lo profundo.


Tuesday

46v – Penúltima entrada

- ¡Tenemos que irnos inmediatamente! ¡Inmediatamente!-

Los cuatro hombres estaban temblando por causa de la explosiva revelación a la cual exponían sus sentidos; además de los gritos desgarradores que alcanzaban a percibir desde el otro lado del complejo -de lo inmediato detrás de aquellas paredes. Chenko, su líder, alguien a quien no habían comprendido del todo, en ningún momento, estaba en ese mismo instante acabando con los enemigos que por poco les habían arrebatado la vida.
Los cuatro se acercaron a la salida del complejo y cuando la abrieron una ráfaga velocísima de aire congelado les golpeo el rostro y las articulaciones. Un dolor como de minúsculos cuchillos inmediatamente los azotó y los hizo retroceder por un segundo; pero ninguno de ellos permanecería de voluntad propia en aquel lugar un segundo más. A unos cuantos metros de ahí el cuerpo inerte de aquel que en algún momento se había identificado como Daviwolfy seguía pendido del remate del sistema de calefacción que desembocaba en el lugar.
Su presencia era una amenaza latente. Los malditos que ahora debían estar comprendiendo -antes de sucumbir por completo- que estaban contaminados, debían conocer todos y cada uno de los recovecos y laberintos de aquella instalación, y los monstruos en los que ahora se convertían no debían de tardar en aparecer por cualquiera de los rincones que abundaban en todas partes.

Afuera era de día, increíblemente de día. Tantas horas encerrados en aquel lugar habían borrado de sus concepciones la noción del tiempo y antes de abrir el acceso hubiera sido imposible para ellos determinar si aún siquiera existía el sol y la luna.
Los cuatro que quedaban de nueve seres humanos que habían entrado en aquel complejo pensando que este era un refugio al cual asirse confiadamente, se descubrían a sí mismos más temerosos del interior del mismo que del exterior en donde reinaba la tormenta. Tras intercambiar miradas entre ellos se aventuraron a salir y al cabo de un par de minutos tenían las piernas enterradas en no menos de treinta o treinta y centímetros de nieve que colapsaba debajo de sus pasos. Se movían con toda dificultad y era perfectamente visible que uno de ellos, Kimera, era el más debilitado de todos; reiteradamente se rezagaba al punto de que en unos cuantos minutos de marcha frente al furioso clima, quedaba detrás de los tres hombres que le precedían por lo menos en unos cuatro o cinco metros. Skass regreso por él y le indico a señas apoyarse de su cuerpo. Así lograron avanzar al unísono aquellas cuatro figuras durante no menos de tres horas.

+

Al cabo de ese tiempo la tormenta aminoró su furia de tal manera que daba la impresión de llegar a ser solo una llovizna de nieve reblandecida. Los cuatro hombres observaron como el entono que los envolvía se despejaba y comenzaba a dejar entrever la configuración del lugar en el que se encontraban. Después de aquellas horas de caminata en contra de los elementos una especie de cordillera se dejaba mirar a la distancia. Sobre aquella imagen las nubes comenzaban a guardar silencio y unos pocos rayos de luz penetraron hasta acariciar el rostro de los sobrevivientes que parecían despertar de un largísimo letargo en el cual hubieran caído como por arte de magia. El sol poco a poco apareció en el horizonte tornando el panorama en una combinación de colores brillantes e intensos. Parecía que todo regresaba a la vida, los impulsos de la naturaleza penetraban y atravesaban el alma de aquellos hombres. Incluso un intenso aroma a naturaleza emanaba de todas partes intensificando la inexplicable sensación de estar vivo, de haber escapado del embrujo de un pozo sin final en el cual jamás se dejaba de caer.
Lo suyo era la sensación que debía tener un hombre dispuesto contra el paredón y que al momento del fusilamiento, todas las armas del pelotón hubieran fallado. Todas.

+

Los hombres continuaron caminando y cuando fueron capaces de darse cuenta, su rastro sobre la nieve era ya una línea interminable que se perdía en el recorte del suelo en contra del horizonte. Ahora que todo les parecía favorable, inexplicablemente les asistían fuerzas invisibles e irreconciliables con su figura desquebrajada.

- Richthofen, Richthofen ¿A dónde nos dirigimos?-
Las voces se escuchaban entrecortadas y ateridas. El frío calaba hasta los huesos a pesar del imponente sol que ahora hacia brillar toda la superficie del mundo.
- No tengo idea… la más mínima… Puede que estemos caminando hacía ninguna parte, a un vació indefinido.-
- Richthofen- dijo Skass – ellos, ellos hablaban de una población cercana al complejo. Quizá haya gente ahí todavía, gente… gente buena…-
- Debemos estar ya muy lejos de ese lugar, si es que en verdad existía; no estoy tan seguro de las buenas intenciones de aquellos malditos al hacernos concientes de aquella información.-
- Richthofen... tiene... razón...- Dijo Kimera – no debemos regresar... bajo ninguna... circunstancia…-
- Esas fueron las palabras de Chenko…- remato Xavare.
- No regresaremos entonces- sentenció Richthofen – no regresaremos; seguiremos en esta misma dirección hasta topar con algo; con lo que sea.-

- Richthofen, dime, dime por favor… ¿Todo ha sido un sueño, una pesadilla? ¿Sucedió de verdad?-

Richthofen dilató su respuesta.
- No lo sé, no lo sé Xavare…-

+

Caía ya la noche cuando los hombres encontraron una enorme extensión de terreno cubierta con lo que parecían ser una cantidad inimaginable de huellas.
No eran huellas humanas, era evidente. Parecían de alguna especie de animal. Cuadrúpedos, caninos. Tenían que haber sido centenares los animales reunidos para marcar todo aquel territorio. En muchas partes se veían amontonamientos de heces congeladas. Era imposible concebir por qué tal cantidad de animales se reuniría en un solo lugar y después desaparecía como un solo ente.

- Solo sé que no quiero toparme con ellos, de ninguna manera.-
- Skass ¿recuerdas que nos obligamos a entrar al complejo por causa de algo que vimos desplazarse velozmente sobre la nieve? ¿Recuerdas? ¿Habrán sido estos mismos animales?-
- Lo recuerdo… tal vez… ¿Qué otra cosa podría ser?-
- Hay que encontrar una dirección a la cual dirigirnos, ahora es imperativo; no podemos deambular si hay algo como esto movilizándose por este terreno.-
- Podemos seguir la orientación general de la estrellas del norte; eso debe conducirnos a alguna parte.-
- Muy bien... al norte.-

Un par de horas después de caminata nocturna los hombres se aprestaron a descansar. Simplemente se recostaron cerca el uno del otro. La visión de las estrellas sobre sus cabezas era de una belleza y simplicidad que hizo llorar a sus corazones.

+

Sin que nadie pudiera haberlo creído posible, al día siguiente hubo un amanecer.

El pequeño comando reinicio su caminata extendiéndola hasta muy entrado el día. No habían probado alimento en una ya indeterminada cantidad de horas; no sabrían precisar cuánto tiempo había pasado desde la última ocasión en que se habían llevado algo a la boca, aunque esto no hubiera sido mas allá de dos o tres días, a lo sumo, los cuales tenían que sopesarse en acontecimientos, no contabilizarse en horas.

Una especie de desfallecimiento se sucedía intermitentemente dentro sus cuerpos y mentes, debilitándolos, ensimismándolos, volviendo cada vez más lenta su interminable marcha.

Tiempo después, el brillo del sol sobre la nieve comenzó a cegarlos y a confundirlos. Muy pronto nuevamente estaban completamente perdidos. Se detuvieron varias veces, sobre todo cuando comenzaron a volver el estomago de cansancio; de pronto se encontraban mareados, débiles, heridos casi de muerte, deshidratados y con la química interna de sus cuerpos alterada tal y como si hubieran ingerido algún tipo de veneno.
Con cada hora transcurrida pensaban menos y simplemente extendían la actividad física en la que sus cuerpos se hallaban imbuidos.

Por eso creyeron que se trataba de algún tipo de visión o espejismo cuando en un lejano costado de su errático caminar se configuro la imagen de una serie de inexplicables construcciones. Bien pudieron haber sido considerada la idea general de una aldea en medio de la selva o a los pies de una playa, pero en aquel paisaje nevado resultaba sobrado y chocante.

+

Los hombres bien pudieron haber pasado de largo y terminar extraviados y muertos en cualquier punto anónimo de aquellas llanuras nevadas, pero un par de gestos, además de sus contrastantes figuras oscurecidas en contra de la blancura circundante, revelaron su presencia ante algunos humanos que se encontraban en aquellas construcciones que ignoraron a su paso, las cuales eran jodidamente reales.
El primer gesto fue la asistencia en que el cuarteto envolvía a Kimera. El soldado era el de condiciones más precarias; de vez en vez se apoyaba alternadamente en Richthofen, luego en Skass y por último se apoyaba exclusivamente en las buenas intenciones de Xavare por ayudarle, pues este último simplemente no podía sostener más peso que el suyo propio.

+

Alguien a la distancia conversaba rápida y desesperadamente con alguien más sobre aquellas cuatro figuras.
- Un infectado no ayuda a otro a caminar; te digo que son humanos. Esta perdidos... Hay que ir por ellos...-

+

Tras unos cuantos minutos de caminata el disminuido escuadrón fue alcanzado de forma increíble por una breve comitiva de dos o tres humanos que intentaron acercarse a ellos. Los soldados amenazaron con matar a esos hombres si se atrevían a ponerles una sola mano encima.

- ¡Tienen que venir con nosotros! ¡Aquí ronda una cantidad ingente de fieras salvajes! Morirán si no vienen de inmediato con nosotros...-
- Estamos demasiado débiles... No podemos luchar; por favor déjenos ir... No nos necesitan... déjenos solos.-
- No podemos hacer eso... No los lastimaremos... Queremos ayudarles...-

Los soldados siguieron caminando mientras una suerte de ruego se escuchaba detrás de ellos; aquellas personas -jóvenes casi todos- prácticamente estaban suplicándoles que se refugiaran a su lado. Muy pronto un trastabilleo de Kimera les hizo detenerse y darse cuenta de su terrible condición; y reventar, desmoronarse y caer de lleno en la nieve envueltos en el reconocimiento de su fragilidad.El pálido sabor salado de sus lágrimas lastimó las comisuras de sus labios desquebrajados.

Monday

45v – Antepenúltima entrada

Casi cuarenta minutos después una manada de hienas fue lo que se levantó del cadáver y cuerpo destrozado de lo que antes había sido Chenko. En los musculos que rodearon lo que alguna vez fueron los ojos de un hombre, ojos de un cuerpo inerte, se adivinaba la mueca petrificada de un dolor blanco que se había dispersado por todo su ser. Ahora no era más que un cadáver arrasado y sus predadores intercambiaban miradas de placer al observarse cubiertos de sangre, retazos de piel, coágulos y satisfacción. Papish sobre todo estaba feliz, había satisfecho varias necesidades al mismo tiempo sobre el cadáver de aquel hombre. Su enorme tatuaje se adivinaba casi borrado en su torso desnudo; toda aquella sangre imposibilitaba mirarlo siquiera. Y poco después con un movimiento de cabeza y manos indicó que aquel era el momento justo de ir y traer de regreso al resto de los prófugos.
Sus cómplices se levantaron torpemente. Nimind se aventuró primero por aquel negro acceso y fue quien descubrió que estaba cerrado por fuera.

- Qué mierda es esta… -
Ningún esfuerzo en ese momento parecía suficiente para destrabarla. Con cada tirón se escuchaba el crujir de la traba metálica que imposibilitaba abrir aquel acceso.
- ¡Todos! ¡A tirar!-
Pero minuto tras minutos aquello parecía imposible de vencer. Sobe todo por una causa obscena: todos esos malditos estaban tan satisfechos, tan llenos de podredumbre por la carne cruda que acababan de consumir, que se les hacía pesado moverse y coordinar cualquier clase de esfuerzo.

Batallaron un rato intentando abrir el acceso, pero momentáneamente solo deseaban descansar aquella maligna digestión. Nimind -sin que le importara si Papish tenia algún comentario o no al respecto- ordenó descansar, tumbarse por donde fuera. Cualquiera que fuera el caso, los ex STARS no conseguirán escapar a ninguna parte.

+

Papish también siguió con gusto aquello que para ella era una sugerencia y no una orden. Busco un rincón oscuro y ahí se recostó en el suelo. Sentía como dentro de su cuerpo se agolpaban, recorrían y distendían néctares tibios que comenzaban a nutrir sus huesos secos y marchitos. Algo en su piel comenzaba a tonificarse nuevamente, como si estuviese a la mitad de algún tratamiento revitalizante que estuviera devolviéndole una belleza saludable a todo su cuerpo. Poco a poco comenzó a quedarse dormida, percibiendo además como la sangre que manchaba su cuerpo comenzaba a formar extensas superficies secas que entumecían la superficie de la piel del torso. Solo unos segundos después el sueño la había vencido casi por completo, y de una manera subliminal comenzó a desvariar en su mente e imaginación; al cabo de un rato comenzó a preguntarse sobre Chenko; sobre sus actitudes y qué es lo que tiene que suceder en la cabeza de un hombre para entregarse, sacrificarse, en lugar de sus compañeros.

- Era un estúpido, no más que eso… un estúpido de buenos sentimientos…- Concluyó Papish.

Entonces algo se estremeció dentro del cuerpo de la mujer.

+

Lejos de la masacre, Kimera, Skass, Xavare y Richthofen simplemente no podían creer lo que habían estado mirado. Habiendo atravesado aquel oscuro e interminable pasillo a oscuras desembocaron en el segundo nivel que contenía las cavas llenas de pan, habían subido por las escaleras al primer nivel e intentado salir por el acceso al exterior, pero la tormenta, todavía poderosa aunque ya considerablemente debilitada se los había impedido.
Fue entonces que observaron asombrados un mensaje escrito en la pared del acceso. De alguna manera había Chenko conseguido escribir ahí unas cuantas líneas que los hombres leyeron sin poder dar crédito a lo que sus ojos les mostraban.
Simplemente no podían creer el mensaje de aquellas palabras.

El efecto no debe tardar en aparecer. Cuídense, manténganse escondidos. El general Heart hubiera hecho los mismo, y yo cargo con la deuda de haber perdido su vida en una tonta apuesta. Cuando salgan al exterior y encuentren más gente, no les digan que existí, tampoco cuenten las perversas cosas que hice. Richthofen queda al mando. Es una orden. Chenko.

¿El efecto? ¿Las cosas perversas?

+

Exactamente Richthofen fue el primero en entender de qué se trataba aquello. Salio corriendo con la firme intención de adentrarse en la oscuridad del segundo nivel. Cuando llegó ahí sabía perfectamente que buscar y en dónde podía encontrarlo. Y cuando lo hizo, cuando sus ojos se posaron sobre aquello, supo que una nueva tormenta estaba a punto de desatarse en ese lugar.
Pero decir que Richthofen miró algo, es decir demasiado. Sus ojos se posaron sobre la ausencia, en lo que antes había estado ahí y ahora había desaparecido.

Richthofen había descendido al segundo nivel y entro en la cava llena de pan. Y encontró que esta había sido revuelta, asaltada. Chenko había estado ahí antes de regresar a canjear su vida por la de ellos. Había estado en esa cava, desgranado aquellos mendrugos, desprendiendo las costras superficiales del mismo, localizando y exponiéndose a las marcas más evidentes de la contaminación que el infectado –el que habían descubierto cuando aún eran un comando integro- había dejado sobre aquella dura superficie comestible.
Al lado del pan desgranado se hallaba evidencia de Chenko, casi se podían percibir imágenes de su persona arrancando los pedazos más afectados, las costras que habían tenido contacto directo y extremo con las putrefactas extremidades del infectado, y la evidencia clara de que Chenko había consumido esas mismas porciones.
Al lado de las migajas se hallaba el pétreo contenedor que el mismo Richthofen había utilizado para remojar el pan cuando lo ofreció a todos –mil años atrás- y ahora contenía nieve derretida casi hasta casi el borde. Ahí flotaban minúsculos pedazos de pan remojados que simulaban una sopa mortífera que debía contener millones de esporas del maldito virus que asolaba a la humanidad, flotando y mostrándose como un concentrado de contingencias monstruosas.

+

Para cuando Kimera, Skass y Xavare llegaron junto a él, alarmados por su intempestiva carrera, Richthofen pensaba en las implicaciones que contenía ese acto por parte de Chenko; el efecto que toda aquella contaminación pudo haber tenido en su organismo, y una duda mezclada con una incipiente resolución, sobresalía de entre los pensamientos del soldado: Chenko –si lo que buscaba era infectarse- bien podía hacerlo tomando de la sangre del infectado o del mismo Dreed; pero eso hubiera sido inútil, idiota.
Lo que Chenko había buscado recrear era un efecto dilatorio, el cual le otorgara la cantidad suficiente de tiempo y posibilidades para ir y regresar por ellos, negociar sus vidas y después, después explotar, contaminar en medio de aquella manada de malditos, una vez que los ex STARS estuvieran lejos de ahí.
Por eso culminó el asesinato de Sinner…
Para que no los retrasara
Para no convertirlo en un monstruo también.

+

Lejos de Richthofen, el cual comenzaba a explicar lo sucedido a sus impresionados compañeros, algo borboteo en el interior del estomago de Papish; en el interior de su cuerpo. En el interior de su alma.
Un dolor inmenso sobrevino entonces. Y la mujer gritó, gritó como nunca antes lo había hecho. Pero sus cómplices lejos de responder asistiendola de inmediato, ya se revolvían en su propio dolor y agonía. El virus comenzaba su labor de destrucción y deformación. Como un cronometro el plan de Chenko erupcionaba justo a tiempo.

Friday

Vd

44v

Ahora escúchame Papish! ¡Es mi última petición y confió en que tengas suficiente palabra para cumplirla!-
La mujer todavía reía en el remate de la cámara. Detrás de ella los suyos no dejaban de percibir el asunto con recelo, pero al mismo tiempo una mueca compartida de extraño regodeo se extendía en todos ellos; incluso en Nimind, quien aparentemente era una roca sin expresiones.
Dime Chenko, dime con que otra petición quieres tentar a tu buena fortuna!-

Chenko tartamudeó pero retomó casi de inmediato la palabra. Jamás había dicho ni diría algo tan horrible como lo que iba a expresar.
- Entiendo que me he ofrecido y estoy bajo tu merced y caprichos. Y puedo inferir que comprendes que aunque he intercambiado la única oportunidad de salvación con mis hombres y no aunque intentare escapar, ponerme una mano encima va a ser la cosa más difícil que harás en la vida…-
- Creo poder reconocer eso…-
- Así que, Papish, esta es mi segunda petición: ¡Lo que vayas a hacer conmigo… hazlo rápido! ¡No pierdas el tiempo en juegos estúpidos y concluyamos con esta incertidumbre!-
- Chenko, Chenko… ¿Entiendes que tengo una prolífica imaginación y lo que me sugieres puede tener muchas interpretaciones? Desde aquí, querido, te ves delicioso, de tantas maneras…-
Chenko palidecía por segundos y una evidente sensación de malestar lo embriagaba en aquel instante; toda aquella presión lo estaba carcomiendo por dentro.
- Pues ven por mi, idiota; ven por mí…- Chenko temblaba en su lugar. Si bien de forma velada amenazaba a Papish y a sus hombres, bien sabia que de ninguna manera opondría resistencia ante lo que fuera a suceder.

Los cómplices de Papish sonrieron casi al unísono y la mujer compartió aquella sonrisa. Acabar con Chenko en ese mismo instante coincidía perfectamente con la intención de ejecutarlo a la brevedad e ir de caza tras los demás hombres.-
- Chenko, será un placer cumplir con tu petición…-

Papish ordenó a los suyos seguirla. Ella personalmente encabezaría lo que iba a suceder. Descendieron en total seis sombras hacía la parte baja de la cámara. Se acercaron a Chenko con la cautela que les precisaba las reacciones anteriores del soldado, pero este último sabía –entendía a plenitud- que el éxito de su plan requería de su parte toda la docilidad y entereza de la cual fuera capaz.

Desnúdenlo…-
Chenko no esperaba eso y no supo como resonder sino con una especie de mutismo apenas contenido. Le costó mucho trabajo observar como aquellos malditos se le acercaban extendiendo las manos en su dirección, contaminadas como garras de murciélago, y aún así solo opuso un tenue resistencia e intento no perder el equilibrio cuando comenzaron a arrancarle la ropa. Muy pronto quedo solo recubierto por la delgada tela de lo que antes había sido una resistente ropa interior –una protección básica- de confección militar.

La mujer miraba a Chenko como quien encuentra en medio de un lodazal un diamante valiosísimo; o mejor decirlo, como quien encuentra un tesoro abundante y de muchos usos.
- Golpéenlo… pero no lo maten... no aún…-
La voz de Papish se volvió cavernosa, como si deglutiera algo de consistencia demasiado extraña para el gusto de cualquiera. Chenko retrocedió un par de pasos; aquello de ninguna manera formaba parte de lo que esperaba sucediera una vez intercambiado lugar con sus hombres. Las cosas se estaban saliendo de control. Según lo que tenia pensado, primeramente tenia que suceder que… Inmediatamente sintió detrás de sí un ondular veloz y cuando menos se dio cuenta un movimiento terrible impactó sus costillas por un costado y le obligó a doblarse de dolor tras la expulsión de aire de sus pulmones. Cuando Chenko trastabillo cerca del suelo los puños de todos los cómplices de Papish comenzaron a recaer sobre su cuerpo. El soldado intentó defenderse de alguna manera pero la lluvia de golpes que cayó sobre él le impidieron siquiera saber dónde tenía las manos cuando todo se concentró sobre él.

+

Los cómplices de Papish invirtieron en aquello quizá unos quince minutos y difícilmente se podía decir que Chenko seguía conciente cuando se levantaron de sobre su cuerpo molido, habiéndose vaciado de incontables cantidades de adrenalina y deshogo.

De alguna manera, en lo profundo de su cabeza, la mente de Chenko aturdida y temerosa, se repetía abruptamente a sí misma que todo eso no formaba parte del plan con el cual daría cuenta de sus enemigos. Tenia que sobreponerse rápidamente a la brutal golpiza e incorporarse si es que no quería que el asunto fuera de mal en peor.
De mal en peor.
Carajo, todo parecía haberse ido ya a la mierda.

Lejos de donde la mente de Chenko se gritaba a sí misma, una figura deforme se regodeaba en la miseria en que se había convertido el soldado.
Era Papish acompañada de Nimid -Drazziel y los demás detrás de ellos, cansados- quien no dejaba de asombrarse de que al fin tuviera bajo su entero poder a ese hombre que le había causado tantos problemas en las últimas horas. En su perspectiva aquello era una estampa bellísima: El cuerpo sangrante de Chenko, inmóvil y disponible.
-Caballeros- dijo Papish –nunca más tendré una oportunidad como esta; tendrán que disculparme.-
Ellos sonrieron cuando la mujer se retiro las prendas superiores del torso, y libre de aquello, se acercó al cuerpo inerte del soldado. Se acercó tanto que muy pronto sus senos tocaban la piel amoratada y sensible del hombre. Inmediatamente la mujer reacciono al contacto, sobre todo cuando la sangre tibia de Chenko comenzó manchar de un rojo intenso la piel de la mujer; ella rozó una y otra vez las heridas del soldado vez, excitando sus pezones, y tras de un momento de eso y de sus manos recorriendo el cuerpo del hombre, colocó en su mirada el gesto de una araña, una viuda negra, transformándose de alguna forma en uno de esos animales cuyo gesto distintivo para con otros arácnidos similares es que después del coito devora a su pareja.
Papish acaricio el cabello de Chenko mientras sus cómplices se acercaron peligrosamente al cúmulo de huesos y músculos machacados tendido en el suelo.

Chenko reacciono tímidamente. Intentó algún monosílabo pero solo emanó de su garganta un gruñido seco que se deshizo sobre sus labios.
– Que delicioso contacto, Chenko…- dijo Papish -delicioso… me hubiera encantado que fuera en otra circunstancia…-
-Dej…aaaa…meee…-
-No primor, ya no… sabes… regularmente esperamos a que nuestra comida este muerta antes de llevarla a los labios… pero en tu caso, en tu caso haremos una excepción…-

-Er…es…un…a…mal…dita…-
-Si, claro, claro… como todos…-

Entonces Papish se acercó una vez más al hombre.
Chenko intento defenderse desde el profundo abismo en el cual se encontraba; hacer algo, pero solo alcanzo a exclamar de una manera animal una especie de suplica, de amenaza; la especie de cosa que se dice cuando el final de todo lo alcanza a uno.

- ¡Noooo…oooo… aúúúúúnnnn….nnnn… noooooo…..-
Aun no.

+

En un segundo Papish se transformó en una caverna llena de filosas estalactitas y estalagmitas. Abrió la boca de forma grotesca y se abalanzó sobre el hombro de Chenko; dio un mordisco y literalmente arranco un pedazo de la abultada carne que se encontraba ahí. Una explosión sanguijolienta aromatizo violentamente el lugar, y tras el increíble borboteo vino un grito de horror y espanto, un brutal grito de Chenko, el cual funcionó como una sirena, un disparo al aire. Todos los ahí reunidos se abalanzaron sobre el cuerpo del soldado. Chenko luchó como lo hace un moribundo atacado por una jauría de perros. Opuso una resistencia que no fue más allá de lo simbólico; estaba tan lastimado que muy poco tiempo después ya nada pudo hacer por sí mismo. Tras un minuto de gritos y violentas exclamaciones todos aquellos hombres estaban riñendo por arrancar un trozo de carne más grande que el anterior; uno tras otro.
Casi de inmediato quedaron completamente cubiertos de sangre y con los ojos inyectados de furia animal.
Chenko siguió agitándose durante un buen rato, más del que cualquiera que lo hubiera estimado hubiera deseado que sucediera.

Y no muy lejos de ahí, los hombres con los cuales había intercambiado la vida, escuchaban perfectamente lo que sucedía. La tormenta en el exterior realmente se desvanecía minuto a minuto y los gritos de victoria de aquellas bestias humanas y el ruido blanco de sufrimiento del antiguo ex STARS se podían escuchar en cualquier parte del complejo.

Y con todas sus fuerzas se resistían a ir en su ayuda, porque para ese momento entendían lo que había hecho su líder, Chenko –ahora podían entenderlo así- en la hora que estuvo lejos de ellos; lo que había planeado para salvarles la vida, las implicaciones de su plan y lo que ahora seguramente debía venir a continuación.

Carajo, Chenko solo necesitaba un poco de tiempo y los malditos se lo habían negado.

+

Pero de una manera irrefutable, Chenko –y con el sus hombres, sus ideales, su escuadrón y lo que podían haber representado y llegar a significar- era el único vencedor en aquella pesadilla.

Thursday

43v

Chenko cayó al suelo cuan largo era. El golpe le tomo enteramente por sorpresa. Había sido Richthofen. Quien más sino Richthofen.
Y se le hubiera lanzado encima a seguir con aquellos golpes sino hubiera sido porque Xavare lo detuvo, no sin lamentarlo inmediatamente.

- ¿¡Qué quieres, qué buscas!? ¿¡No estas satisfecho con la horrorosa burla que nos has hecho pasar¡?-
- Richthofen, Richthofen, escúchame…-
- ¡Tú escucha esto, cabrón!-
Entonces Richthofen venció la resistencia de Xavare y se le dejo ir a Chenko encima, quien no presento resistencia. No interpuso siquiera las manos cuando Richthofen le propino dos tremendos puñetazos en el rostro y algunas patadas sobre el cuerpo caído. Xavare tardó mucho en volver a sujetar a Richthofen, compartiendo de esa manera el mismo sentimiento de ira y desahogo que el hombre dejaba recaer sobre su antiguo líder.

- Deja… deja… de… golpearme… deja… deja…-
- ¡Te lo mereces! ¡Te mereces cada golpe! ¡Te mereces que te matemos y nada más! ¿Ahora suplicas? Eres una mierda sin nombre…-
- Deja… deja… de golpearme… déjame…-
- Cabrón... ahora suplicas… cabrón…-

Chenko se incorporó lentamente mientras Xavare y ahora Skass sostenían con dificultad a un Richthofen que bien hubiera continuado golpeando a Chenko hasta reducirlo a nada. Los cuatro –incluyendo a Kimera que permanecía al lado de Sinner en el suelo- miraban a Chenko con un dejo de desprecio y odio en la mirada. Sencillamente el antiguo líder de los STARS se había ganado a pulso la repulsión de todos aquellos –amigos y enemigos- que lo rodeaban.
Pero a él no parecía importarle, no al menos en ese instante, en que se medio incorporó y les pidió que -en medio del dolor de todo su cuerpo- le prestaran algo de atención.

- Solo tenemos… un segundo para hablar…-
- Hablar de qué maldito.-
- Richthofen, escúchame… escúchame por favor… Lo que va a suceder a continuación… es una pesadilla terrible.... Tienen que resistir en todo momento... Quédense muy cerca de la salida al exterior…-

- ¿Qué dices Chenko? Contesta primero a qué has regresado…-
- No hay tiempo…- dijo incorporándose y tomando tras un momento de pausa el ritmo normal de su respiración – ya no hay tiempo que perder. Los mal nacidos tienen razón al decir que la tormenta esta cediendo, recién he podido comprobarlo…-
- Chenko, ¿Estas planeando algo? ¿Porqué has regresado?-

El soldado no contestó a la pregunta ni parecía tener intención de contestarla. Muy en el fondo de su mirada se contemplaba algo oscuro, algo sin sentido o interpretación, y eso, fuese lo que fuese, era posiblemente la causa que lo obligaba a estar de regreso en aquel tétrico lugar.
- Solo quiero decirles que me parece comprender que la humanidad esta en proceso de extinción. He salido del complejo, y ya no existe nada allá afuera; todo es difuso, intangible. Estamos perdidos; no solo como especie, sino como lumbrera y peñón de razón al cual asirse. Pero tengo mis dudas sobre si eso significa y autoriza que los sobrevivientes tengamos que degradarnos hasta donde sea posible; Tal y como lo han hecho esos malditos…-

Una voz delicada y atronadora a la vez interrumpió entonces su conversación.
- ¡Chenko! ¡Chenko!- era la voz de Papish –¡Aceptamos la oferta y estamos listos para dejarlos ir! ¡Sal de donde quiera que estés!-

Chenko miró a sus hombres.
Resistan; traje una especie de varilla de metal del exterior del complejo y lo he dejado apenas cruzando la puerta del túnel; al salir utilícenlo para trabar por fuera la puerta. Eso los detendrá el tiempo suficiente.-
- Chenko ¿En verdad estas cambiando lugar con nosotros? ¿Entiendes que quizá no tengamos la intención de organizarnos de alguna manera y regresar por ti?-
- Eso es exactamente lo que quiero que hagan; No regresen bajo ninguna circunstancia. No importa nada, ahora solo cuenta que traben la puerta de salida con la fuerza suficiente mientras doy cuenta de todos ellos. –
- Chenko, qué dices…
- Y por favor no me juzguen por lo que les hice, y lo que voy a hacer. No hasta que todo haya terminado…-

Los hombres no comprendían casi nada de lo que Chenko estaba diciéndoles. Detrás de su voz, se sobreponía la de Papish que continuaba llamándolos a salir del fondo de aquel oscuro túnel.
- ¡Chenko, carajo, estas en el peor de los papeles! ¡Sal inmediatamente de esa ratonera antes de que me arrepienta de dejar ir a tus hombres!- gritaba Papish.

Chenko retuvo un segundo más a los soldados antes de conducirlos al exterior.
- Carajo… jamás volveré a verlos…-
- Chenko, aún podemos salir todos de aquí.- Dijo sorpresivamente Xavare, de alguna manera haciendo relucir una velada intención en el corazón de todos ellos.-
Ya es demasiado tarde.- respondió el antiguo líder al soldado que se había expresado. Entonces Chenko avanzó hacia el fondo de la cámara y sus antiguos compañeros lo siguieron como pudieron.

+

Papish! ¡Mis hombres están listos! ¡Debes cumplir tu palabra como lo hiciste conmigo! ¡Pero tengo dos peticiones que hacerte!–
Si el ambiente estaba enrarecido, el comentario de Chenko no hacia sino encabritar a todos los corazones que escuchaban sus palabras. Parecía que tenía demasiada suerte al conseguir intercambiar su posibilidad de salvación con sus hombres y resultaba exagerado aún intentar negociar otra cosa con los mal nacidos que a todas luces estaban nerviosos a tope y dispuestos a todo en aquel mismo instante.
Aún así Papish respondió con cierta frialdad al comentario.
-Dime Chenko… te escucho con atención…- Su voz era filosa, como la de un cuchillo perfecto.
Dos peticiones! La primera respecta a uno de mis hombres. Tú sabes que uno de ellos esta gravemente herido ¡Lo sabes bien! ¡Es imposible que él vaya con los demás y escape con el resto! ¡Es peso innecesario!-
Richthofen asumió de inmediato una posición defensiva. Chenko hablaba de Sinner, quien a todas luces estaba gravemente lesionado. Hasta el momento había resistido valientemente pero una exposición a la intemperie a todas luces acabaría con el en pocos minutos.

- ¡Papish! ¡Deja que acabe con su vida con mis propias manos!-

El asombro se apoderó de todos ellos y Richthofen extendió su defensa hacia Chenko, quien en ese momento pareció indicar que se acercaría al grupo. Los hombres se contrariaron de inmediato. En pocas palabras lo que se expresaba era la condena de Sinner.

No quiero que ustedes lo toquen!-
- ¡Chenko!- gritó Richthofen - no voy a permitir eso…-

- Será un placer mirar el espectáculo. Has lo que tengas que hacer…- remató Papish.

El hombre se acercaba ya al grupo cuando Xavare y Richthofen le cortaron el paso. Chenko inmediatamente los increpó e intentó disuadirlos de la mejor manera antes de llegar al contacto físico, pero Xavare se agotó demasiado rápido esa posibilidad. Se lanzó en su contra y Richthofen lo siguió al instante. Ambos se encontraron con una pared que los reboto inmediatamente, pero se pudo observar que los movimientos de Chenko fueron perfectamente medidos, con la tenue intención de no lastimar a los hombres. Solo quería hacerlos retroceder. Aún así cuando los contempló en el suelo, solo tuvo para ellos una especie de mirada cargada de odio; Había algo muy malo en el interior de los ojos de Chenko, algo negro y maligno.

Kimera y Skass permanecían junto de Sinner, y al contemplar aquello y ante su débil condición, nadie pudo culparlos cuando se retiraron asustados, dejando el cuerpo a merced de Chenko que se acerco al mismo con un gesto desfasado e incomprensible.

+

Chenko colocó sus dedos alrededor de la garganta de Sinner quien de alguna manera dispersa lo observaba en medio de la terrible lesión que lo acosaba. El cerebro de aquel hombre parecía desconectarse a ratos pero ahora parecía estar presente en aquel momento y lugar.
Sinner había sido un excelente compañero y la perspectiva de tenerlo conciente justo en ese momento agrió el espíritu del antiguo líder.
Sinner sonrió como último legado y recuerdo.

- Eres irremplazable; no hubiera llegado hasta este punto sin tu ayuda y apoyo. Gracias Sinner.- Susurró Chenko, y entonces presionó con todas sus fuerzas.

+

Fue imposible detenerlo; a unos cuantos metros, habiendo formado nuevamente un cúmulo protector, Richthofen, Xavare, Skass y Kimera miraban a Chenko con todo desprecio; de forma imperdonable. Casi como si lo que observaran fuera a un infectado atacando a un compañero. Un minuto después Chenko se incorporó, justo cuando Sinner llevaba varios segundos sin moverse tras varias sacudidas involuntarias.

- Esta hecho… listo... ¡Listo! ¡Papish! ¡Esta hecho!-

Desde el remate de la cámara en donde había presenciado todo, Papish reía sin control. Aquello en realidad le parecía una cosa muy divertida que le había traído una especie de angustiosa variedad y diversión a sus días dentro de aquel maligno complejo. Cuando salieran del mismo y se esparcieran victoriosos por toda aquella comarca, todo eso sería una increíble anécdota que se divertirían rememorando.

-¿Tú segunda petición, Chenko?- Dijo Papish tras concluir con su ataque de risa involuntaria.
-¡Deja ir a mis hombres primero!-
- ¡Claro, claro! ¡Pueden irse sin ningún problema! ¡Ahí esta la puerta!-

El acceso se abrió nuevamente y prácticamente sin mirar atrás -comprendiendo que posiblemente no tendrían nuevamente una oportunidad como esa- Kimera, Skass, Xavare y Richthofen se apresuraron hacia la negrura de aquel acceso. Cuando atravesaron la puerta y la cerraron tras de si, una visibilidad nula se apodero de ellos. Tras unos cuantos pasos localizaron en el suelo el pedazo de metal que Chenko había traído desde la parte exterior del complejo. Richthofen regreso con Xavare y juntos trabaron fuertemente el acceso. Cuando lo hicieron, a pesar de no ver absolutamente nada, cada quien adivinaba en su par un gesto de odio y angustia mal contenida; más allá de la intención de escapar y no ser alcanzados, cerraron aquella puerta con la idea de dejar tras de sí al maldito traidor que ahora encontraban en su antiguo líder.

- Ojala quede atrapado ahí para siempre.- susurró Skass en medio de aquella penumbra.

+

Cuando Chenko estuvo completamente seguro de que sus hombres estarían ya casi a punto de atravesar el pasillo que los conduciría hasta la posible escapatoria, volvió a hablar.
Ahora presentaba su última petición.

Wednesday

42v

El túnel de acceso por el cual Chenko había desaparecido se abrió lentamente, como si del otro lado del acceso se encontrara un ser tímido o debilitado, pero la tosca y violenta mirada del hombre, al tiempo de adentrar su violenta corpulencia en aquella oscura cámara, desquebrajo aquella impresión.

Lo primero que Chenko pudo notar fue que la cámara estaba vacía por completo, con excepción de que en una de las esquinas oscurecidas se encontraba el amorfo cuerpo de Zombie Killer. Alguien lo había retirado del centro del lugar y lo había abandonado ahí. Seguramente aquel engredo seguiría vivo, tal y como resultaría ser durante los próximos ¿días? ¿Meses? ¿Años?, sin que nadie le pusiera la más mínima atención; solo el cuidado necesario para no acercársele demasiado.
El escenario entonces esta puesto, y Chenko como su principal actor en ese momento, tenia la intención de darle inicio y fin al último capitulo de toda aquella grotesca parodia que simulaba ser la nueva condición de la vida de los hombres.
Él sabía que su presa, su objetivo, no debía encontrarse lejos del lugar.

+

- ¡Papish! ¡Papish, zorra! ¡Maldita! ¡Papish, sal de donde quiera que estés!-

Los gritos de Chenko retumbaron tal y como lo haría una avalancha de nieve derramándose brutalmente sobre un tranquilo valle habitado por unos cuantos pacíficos alpinos. Cada recoveco intensifico el bramido de aquella voz cavernosa hasta hacerla llegar sorpresivamente a los oídos de cuantas personas estuvieran en aquel lugar. Amigos y enemigos al mismo tiempo se sobresaltaron y atendieron de manera estrepitosa al llamado de aquel bramido.
Solo los cuatro sobrevivientes de lo que un día fue denominado un comando STARS parecieron tomarse aquello con algo menos de sorpresa y algo más de cautela que el resto de los que se encontraban ahí -aquellos malditos que de inmediato se apresuraron a la cámara de donde provenían los gritos- y esto era por causa de que reconocieron de inmediato la voz de Chenko, y desconfiaron de ella.

- ¡Papish! ¡Papish, maldita! ¡Deja de hacer porquerías y ven aquí inmediatamente!-

Muy poco tiempo después, no más de un minuto o dos, en el remate de la cámara que para ese momento había ya adoptado las características de un palco desde el cual se podía observar de mejor manera la representación que durante las horas pasadas se había presentado, apareció Papish envuelta en la negrura que solo una persona conocedora de los recovecos de la muerte puede generar en sí misma.
Una sonrisa extrañada y vulnerable –de fácil afectación- se mostraba en el rostro de la mujer. Detrás de ella, Nimind se balanceaba torpemente, como poseído por el influjo de alguna droga o alguna necesidad mal satisfecha.
Los actores estaban de nuevo reunidos, como si nunca hubiera sucedido un corte de escena en el correr de los acontecimientos y solo tras retomar un sencillo dialogo todo podía reanudarse en el presente e indescifrable punto.

- Me parece una estupidez que hayas regresado Chenko, una soberana estupidez. Pensábamos cumplir nuestra palabra... -
- No me importa lo que tengas que decir Papish. Hagamos todo rápido y directo, sin perder el tiempo en estupideces.-
- ¿Qué dices Chenko? ¿A que regresaste?-
- Papish, sencillo: mi vida por la de ellos.- De manera franca, todos entendieron lo que el hombre quería decir. A no mucha distancia de ahí, Richthofen, Kimera, Xavare, Skass e incluso Sinner, parecían escuchar atentamente lo que sucedía allá afuera. Por un segundo una llama de duda afloro en los corazones de aquellos hombres. Quizá Chenko tenía todavía un plan debajo de la manga, un as que no hubiera mostrado a nadie, ni siquiera a sus compañeros y que estuviera dispuesto a jugar en ese momento, con la intención de arrebatar por entero el Pot acumulado de las puestas.

Inmediatamente los hombres de Papish, sus cómplices que se movían detrás de ella y de Nimind como barcos a la deriva en un mar cubierto e neblina, refunfuñaron y se mostraron claramente en desacuerdo con aquella proposición. Tenían sus razones, las cuales se acentuaron por causa del rojizo resplandor que emanaron los ojos de Papish al momento de escuchar aquella proposición. El rostro de la mujer brilló como poseído por un resplandor que nada tenia que ver con la luz, sinónimo de bienestar o alegría, sino con algo más parecido a un malsano deseo que estaba a punto de volverse realidad.
Los hombres alrededor sabían que Chenko no era sino un capricho de Papish, algo que ella no dejaba de comentar y de traer a colación desde que lo habían dejado ir. Las insinuaciones de la mujer eran similares al escuchar a un niño que vio perder un juguete irremplazable por un error propio y que tuviera que aceptar como extraviado tras someterse a un ejercicio de resignación.
Pero para los demás hombres, para todos los demás, los prisioneros significaban recursos, fuerza, energía, posibilidades.

- Chenko, Chenko… ¿Crees que puedes engañarme? ¿Crees que puedes jugar conmigo y hacerme parecer estúpida?-
- No, no puedo hacerte parecerte parecer. Creo que eres inmensamente estúpida, pero así era antes de que yo apareciera por aquí… Voy a tomar la segunda opción; deja ir a mis hombres.-

Mis hombres.
Las palabras parecieron levantar un vuelo como de aves en medio de un amontonamiento de piedras. Eran palabras con la capacidad de levantar el espíritu de un hombre agónico, y en el fondo de aquel permeable y oscuro túnel en el que los sobrevivientes del comando STARS se amontonaban, algo pareció encenderse -sobre la duda y la desconfianza-, algo como un halito de luz y aliento.

- Chenko, mis hombres parecen declinar tu amable oferta. Ya has decidido y ahora son nuestras las consecuencias. ¿Gustas quedarte con ellos? Te aceptaremos con todo gusto.-
- No puedes retractarte ahora… mujer… ahora todo es blanco y negro. Aquí estoy, tómame…-

Papish sonrió por un instante y como si hubiera cometido un enorme fraude y salido avante, se torno hacía sus hombres.
Les pidió acercarse.

- Vamos a aceptar la oferta de este idiota…-
- Pero Papish, él es solo uno… solo uno…-
- Aceptaremos; en cuanto los demás se hayan alejado, mataremos a este e iremos por los demás. Ni siquiera habrán conseguido salir de los túneles cuando caigamos sobre ellos. Vamos por todo, por absolutamente todo.-

- ¡Papish!- Interrumpió Chenko - ¡Deja el parloteo un momento y escúchame!-
Desde el remate de la cámara la mujer lo miró de reojo con un claro desprecio en la mirada. Sin voz y sin volumen le preguntó a la distancia lo qué quería.
- Déjame hablar con mis hombres, solo un momento, mientras explicas a tus estúpidos lo que sea que este hablando con ellos…-

Con un casi invisible movimiento de mano Papish le señalo hacía donde estaban los prisioneros. El túnel había estado permanentemente vigilado pero en aquel momento la sombra que lo resguardaba se retiro rápidamente. Chenko pudo acercarse con libertad a la boca de aquella oscura ratonera.

- ¡Richthofen! ¡Richthofen! ¡Skass! ¡Xavare!-
- Chenko, aquí…-
- Acérquense a la luz… no puedo verlos…-

Un puñetazo limpio y directo sobre el rostro de Chenko fue la mejor bienvenida que le dieron aquellos que antes habían confiado en él y ahora no lo veían con mayor respeto de lo que hubieran podido vera una sabandija destripada debajo de un pesado transporte militar.

Thursday

41v

Casi una hora después, cuando en el fondo de aquel oscuro y congelado túnel Richthofen explicaba su plan a los demás hombres, y Papish ajustaba en algún lugar del complejo sus planes a las nuevas contabilizaciones de cómplices y recursos, Chenko regresó, con la intención de renegociar el trato.

Tuesday

40v

- ¡Cumple tu palabra, libéranos!-
Papish contemplaba verdaderamente absorta y sorprendida al hombre que allá abajo, sin una pierna del pantalón, sobrepasaba cualquier expectativa que sobre su persona se hubiera logrado concebir. Era verdaderamente un dolor de cabeza intensamente jodido. Su nueva victoria lo posesionaba más allá de una amenaza latente: Era un peligro real para todos y antes de querer acabar con él, la lógica apuntaba a deshacerse de su persona, de una forma u otra.

- Yo no dije que los liberaría, dije que, en caso de que vencieras, haríamos un trato.-
- Maldita, eres una perra mentirosa… ahora mismo voy a subir a partirte tod…-
- Tú, Chenko, en solitario vales lo mismo, o más, que todos los tuyos y los míos juntos…-
- ¡Cállate, aquí acabo todo!-
- Si, aquí acabo todo… Eres libre. Eres completamente libre. ¡Abran el acceso!-

Papish gritaba como si verdaderamente creyera que Chenko encontraría la manera de subir hasta el remate de la cámara y quisiera impedirlo a cualquier costo. Detrás de ella Nimind observaba en completo silencio todo lo que ocurría y de momento daba pauta a la mujer para que siguiera tomando el control de las acciones; pues bien sabía que Papish ya pensaba en algo para librar aquel amargo trago.
Se escuchó entonces el abrir mecánico de una puerta; pero no el acceso por donde había salido Zombie Killer, sino otro, el que conducía a los túneles y desembocaba en el área en donde los ex STARS habían entrado al complejo. Mientras esto sucedía Papish repartió algunas órdenes entre sus minados hombres y los puso alerta a lo que a continuación fuera a suceder. Para ese momento, todos, absolutamente todos los que estaban en aquella cámara observaban con temor el suceder de los acontecimientos. Incluso Papish y Chenko.

- ¡Déjanos ir entonces!
- Chenko, estamos delante de la vida y delante de la muerte… la especie que nos engendro ya no existe…-
- ¡No me interesa lo que tengas que decir con tu retorica absurda! ¡Simplemente nos iremos y te dejaremos con tus estúpidos pensamientos!-
- Chenko… entiendo y acepto tu petición. Desde el principio no has querido sino escapar de aquí; yo haría lo mismo. Pero lo que ahora esta a punto de escuchar no tiene negociación; y no cederé en eso, aunque nos cueste la vida a todos y nadie salga de aquí Esta es mi propuesta: te permitiremos regresar lugar por donde entraste con tus hombres. Si te interesa saberlo, allá afuera la tormenta cede, durante las horas pasadas ha perdido fuerza. Si quieres creerlo hazlo, si no, pues tendrás la oportunidad de comprobarlo. No te molestaremos en ningún momento y podrás escapar de las instalaciones cuando lo prefieras; cuando afuera las cosas estén tranquilas. Pero iras tú solo. Nos quedaremos con todos los demás...-

Un estremecimiento surcó el aire de aquella cámara. Fue como un destello de luz, un relámpago en miniatura que atravesó todos y cada uno de los corazones de los que pudieron escucharlo.
El cúmulo de ex STARS que aún yacía en el suelo, entrelazado, tembló mientras lentamente se incorporaba, ayudado de sí mismo. Chenko los miró de reojo sin perder tampoco a tención a Papish y a los suyos. El cuerpo le dolía a Chenko y aún respiraba con dificultad, como si estuviera todavía luchando.
Y en verdad, quizá recién comenzaba a hacerlo.

- ¿Qué dices, zorra?-
- La otra opción es que dejemos ir a los demás, a los que dices que no son tus hombres, y tú te quedes aquí, con nosotros… Tú sabes lo que significa…-

Richthofen, Skass, Xavare, Kimera y -en cierto sentido, en la medida de lo posible- Sinner se enfocaron en Chenko, y miraron una cosa muy extraña, sin nombre: el soldado bajó la guardia, como si la lucha hubiera por fin terminado.
Los hombres entendían perfectamente que las cosas habían cambiado desde hace mucho; él no era ya el responsable moral del grupo y apenas algunos instantes atrás lo había dejado perfectamente claro, implicando incluso que no le importaba abandonarlos si con eso conseguía sobrevivir; toda esa sensación de individualidad se intensificaba sobre todo por el aparente peso producido por la retahíla de errores que Chenko había cometido desde el principio de los acontecimientos y que había desembocado en esa absurda situación. Y además su lenguaje corporal dejaba entrever otra cosa: Chenko estaba cansado, más allá de lo físico, más allá de lo mental. Su espíritu estaba agotado.
- O todos o nadie...- dijo Chenko, apenas con el aire suficiente como para pronunciar aquellas palabras.
- Nadie, entonces- respondio Papish -mejor para nosotros; recursos en abundancia... pero ¿estas seguro, Chenko…?-

No, Chenko no lo estaba. En ese momento se percibió un perfecto silencio que inundó todo aquel lugar. El golpeteo de la nieve en el exterior se había difuminado de forma importante y si bien, desde hace mucho se había vuelto invisible, ahora era mas que una marca de agua que bien podía adivinarse en segundo plano. La libertad estaba cerca, muy cerca.

- Entonces, Chenko ¿tu decisión?-

- Chenko… Chenko…- se escucho la voz de Richthofen –di qué hacer; el acceso esta abierto. Ahora es nuestra oportunidad… Chenko…-

Los ex STARS intentaron acercarse a su antiguo líder pero desde el remate de la cámara los cómplices de Papish los amenazaron al instante.
- ¡No se muevan cabroncetes! ¡No se muevan o les costara la vida!-
- ¡Chenko!- gritaron sus antiguos hombres, incluso Sinner -¡Chenko! ¿¡Qué hacemos!?-

El soldado levantó una mano e hizo un gesto que intentó tranquilizarlos.
- Entonces Chenko… mi paciencia tiene un limite ¿Qué decides?- concluyo Papish.

Los hombres comenzaron a gritar casi en el borde del pavor y la histeria. Sobre todo Xavare, Skass y Kimera, quienes ya habían sido abandonados una vez por aquel hombre. Sinner parecía incrédulo ante la idea y Richthofen con un gesto en la mirada la negaba rotundamente. Pero a partir de aquel mismo instante los actos de Chenko respondieron por él. Y fue la señal de lo que vendría a continuación que a partir de ese momento Chenko evitó cualquier tipo de contacto visual y respuesta con los que habían sido sus hombres.
- ¡Chenko! ¡El comandante Heart jamás hubiera abandonados a los suyos… a nosotros… a ti…!- gritaba Richthofen como queriendo invocar un buen augurio y señal de respeto que Chenko podría reconocer. Pero desde el remate de la cámara se escuchó entonces una carcajada seca y maligna. Era Nimind, y luego fue Papish y luego todos sus cómplices. Y la imagen que la producía era Chenko caminando por la cámara, en dirección de aquel acceso; alejándose de sus antiguos compañeros.
- ¡Chenko! ¡Chenko! ¡Hijo de puta! ¡No nos dejes aquí…!

En la misma boca de aquel acceso fue que Chenko se giró y miró a Richthofen, quien era quien estaba gritándole. Lo atravesó con la mirada, con desprecio y odio, tal y como miraban los infectados. Y levantó la mano en su dirección y le mostró el dedo medio.
- Yo garantice sobrevivir… síganme si pueden… - susurro Chenko sin volumen, únicamente moviendo los labios.

La imagen dejo helados a los hombres.
Según sus propias concepciones, Chenko se había ganado a pulso su propia libertad.

+

Los ex STARS entonces sintieron hundirse en la más negra pesadilla.
Cuando Chenko desapareció por aquel oscuro pasillo, los cómplices de Papish descendieron y rodearon a los hombres. Papish ordeno que no los golpearan, los necesitaban vivos y en las mejores condiciones.
- Llévenlos al cuarto frío. – Dijo Papish.
Aquel tono de voz fue similar al del avicultor que instruye a sus peones a colocar de manera correcta los canales en dónde descansan centenares de aves de corral escogidas para el sacrificio; intensificando la necesidad de orden antes que de piedad.

Los hombres ni siquiera intentaron responder con algún tipo de ataque. A todas luces era evidente que no valía la pena. Entonces aquellos malditos obligaron a los ex STARS a retirarse al pasillo que habían descubierto en su recorrido e intento de huida, en el cual la temperatura descendía dramáticamente. Aquel era el cuarto frío de aquellos malditos, que a la vez de debilitar a sus nuevas presas y agotar sus fuerzas, los conservaría frescos una vez que hubieran fallecido.

+

Ahí adentro, tal y como antes lo habían previsto, estaba plagado de cadáveres. Muchos de ellos, la mayoría, estaban descompuestos y secos –semicongelados- al mismo tiempo. No servían ya para nada.
Fue entonces que Richthofen tomó el mando. Alguien tenía que hacerlo y evitar el completo desmorone del escuadrón. Ordenó en la medida de lo posible –aquel lugar no debía de estar a menos de seis o siete grados centígrados- recolectar en medio de la tenue iluminación toda la ropa disponible. Todos con excepción de Sinner se involucraron en aquella tarea.
Recolectaron en el interior de aquel túnel cerca de nueve kilos de ropa, la distribuyeron y se la colocaron. Ayudaron a Sinner a hacer lo propio. Postrado como estaba no duraría mucho, pero Richthofen no mostraría ningún dejo de acto inhumano para con su compañero. Lo protegería toda costa.
No mucho rato después todos parecían disfrazados. Apestaban a podredumbre pero se sentían tibios en la medida de lo posible. Recordaron aquel hermético núcleo en el que habían aprendido a vivir en el exterior y formaron uno, con Sinner como el centro.

Se colocaron lo más cerca que pudieron de la entrada de aquel túnel. Lo más cerca que se los permitieron. Alguien rondaba la entrada y los obligaba a refugiarse en la oscuridad. Richthofen pensaba a mil por hora. Ahora él era el responsable de todos ellos, más por su buen estado físico que por escalafón. Era su turno de demostrar que podía también ser buen estratega y no solo un excelente subalterno.

-¿Qué habrá sido de él?- interrumpió con su pregunta Xavare el silencio.
- ¿De quién?- Dijo sorprendido Richthofen.
- De él…- contesto Xavare señalando a Sinner postrado en el suelo.
- ¿De Alack?-
- No, de él…-

Sobre el pecho de Sinner, en un remate de tela que quizá había pertenecido a una chamarra o una muy gruesa camisola se leía un nombre bordado, de iguales características a la chamarra que un tipo al que recordaban autonombrado Daviwolfy había portado con el nombre de James Steward.

- Debe estar ahí adentro, muerto como los demás… ¿no crees?-
- Encontré la chamarra suelta, simplemente tirada en el suelo…-
- Entonces… debe de estar muerto, como los demás… solo que antes de fallecer le hicieron visitar el mismísimo infierno…- La chamarra mostraba claramente el nombre de un tal Buciraco.
- Un pobre diablo, como nosotros…-

- ¿Vamos a salvarnos Richthofen?- pregunto Skass.

Un momento de silencio.
- Si, si vamos a salvarnos… no tenemos otra alternativa. Ya estoy pensando en algo bueno.-
- Te creemos, y seguimos…- Dijo Xavare.

Los hombres estaban más que unidos.
Nada les había mellado el carácter.

Monday

Vd

39v

Papish sonreía por dentro y en un segundo alcanzo a mirar de reojo a Nimind.
El plan había funcionado. Cada palabra había tenido su propio sentido y era parte integral de un todo; la mujer no había expresado un monosílabo de mas ni de menos. Zombie Killer, como ella le llamaba –aunque desconocía su verdadero nombre- no se había infectado luchando contra una intromisión reciente de la infección en el complejo –no era un superdotado, ni siquiera un militar- sino que había sido un mecánico herido circunstancialmente antes de la clausura total en el complejo en algún momento en los meses pasados y confinado al encierro desde hacía muchísimo tiempo. La historia sobre los cadáveres en el área de las cavas no era sino una invención espontánea de Papish. La única intención de todo aquello había sido sembrar en Chenko -quien fertilizo y dio a luz a la idea- la frase perfectamente orientada de “hay momentos en que no se podía confiar en los demás, sino en el impulso de uno mismo.”

Nimind le había orientado apropiadamente: Divide et vinces; El hombre citó correctamente a Julio Cesar en su consejo y dejó en manos de Papish la estructuración del plan más antiguo del mundo.
De cualquier manera y con cualquier desenlace Papish había ya vencido.

No existía ninguna posibilidad de que Chenko derrotara al infectado, no solo; aún siendo un don nadie, el infectado era verdaderamente un hombre corpulento y musculoso, rápido y eficaz; como todo buen mecánico. Ya cuando el monstruo lo derrotara, ella y los suyos acabarían con ambos. Eso no era complicado. Entonces se habrían librado del liderazgo de Chenko y arrebatar al resto de las presas sería cosa sencilla.

Ambos intercambiaron una sonrisa maligna.

+

Mientras, abajo, en el fondo de la cámara, la puerta se sacudió pasado un instante.
Del interior de aquel túnel sellado comenzó a moverse algo, algo enorme y oscuro.
Entonces el acceso se abrió, lentamente, como si lo que estuviera allá adentro luchara en contra de la tenue luminosidad de la cámara. Y salio de ahí.
Los colores de la piel de aquella cosa no eran ni siquiera animales. La oscuridad del encierro había hecho mella en aquel cuerpo de montaña, cedro y valle.
Era indescriptible; por lo menos debía de medir de más de dos metros de alto y estaba ensangrentado por todas partes, con los ojos desorbitados y las manos destrozadas de golpear y arañar las paredes.
Respiraba torpemente, como quien es rescatado de debajo de una montaña de escombros y aturdido escupe saliva que simula un lodo blanquecino.

Pero apenas un momento después fijó sus ojos en la diminuta figura de Chenko y algo sucedió en su interior, en su cerebro miniaturizado que observaba aquella tenue figura delante de sus ojos. Dentro de su cabeza deforme e implosionada por la infección, el contorno de aquel humano de pronto pareció iluminarse y resplandecer, tornando a negro todo lo demás. Y el resplandor era del mismo color del fuego y encendió una extraña chispa y sed en el alma corrupta que aún habitaba su cuerpo.
Colmillos mentales entonces relucieron, dando paso a los dientes amarillentos y desquebrajados de aquella cosa. Retractiles garras mentales se conjugaron, dando paso a los dedos tensos y despellejados del monstruo. Entonces un rugido enorme estalló en el aire y cayo directamente sobre aquel contorno de hombre compuesto de fuego y ardor. Una virulenta explosión de ira y lava inundó cada centímetro de aquel inmenso cuerpo infectado que de pronto recupero el salvajismo y vicio que había permanecido latente durante tanto tiempo. Y toda aquella furia de pronto tuvo receptor y este fue Chenko.
El soldado entonces advirtió como aquel toro ensangrentando y deforme se abalanzaba sobre de él emitiendo un rugido craneal, erguido en dos patas y con un rostro que la furia y la saña deformaban hasta el máximo.

El infectado se movió rápidamente a pesar de su peso y del gigantesco daño en su cuerpo; tanto así que en dos o tres segundos Chenko lo tenía casi encima. Pero un salto repentino del soldado lo libró del embate directo de aquella cosa. El soldado se incorporo en un segundo solo para observar como el monstruo de nuevo retomaba impulso, y esta vez mucho más cerca de él, embestía nuevamente hacía su posición. Chenko sin salida por la cercanía de la bestia saltó en contra del monstruo y ambos se estrellaron a pocos pasos de sus posiciones originales. El impacto fue brutal. Chenko había lanzado sus brazos hacía adelante -tal y como una maza medieval- y el monstruo había abierto el hocico hasta el máximo, como si intentara tragar al hombre de un solo movimiento. Aquella cueva maligna que emanaba un aliento a podredumbre, un segundo después, al contacto de la maza a toda velocidad, estalló en el aire quebrándose el hueso de la quijada en decenas de astillas que explotaron en el interior de los tensos músculos de la cabeza del monstruo.
Ambos cayeron violentados, y fue el monstruo el primero en levantarse.
Sin dolor, sin percepción, solo con necesidad y urgencia, afilo sus enormes colmillos cerebrales y se abalanzó sobre la figura de Chenko que aún se revolvía en el suelo buscando un punto de equilibrio. Pero en el suelo el soldado levantó como mástil una pierna y golpeo el centro del pecho del monstruo y en un movimiento envolvente lo levantó y lanzó por los aires hasta una de las esquinas más alejadas de la cámara.

Chenko se incorporó de inmediato para observar como el engendro se convulsionaba en el suelo, confundido por la repentina perdida de perspectiva, regurgitando bramidos y lanzando mordiscos al aire.
Hasta ese momento fue que Chenko se percato de todo el disturbio que estremecía el aire. Los cómplices de Papish y Nimind levantaban un alboroto como el que se escucha en las corridas, y en suma podría ser el mismo, pues el espectáculo era igual de sangriento y ventajoso. Aplaudían y vitoreaban, lanzaban insultos mientras que los antiguos compañeros de Chenko permanecían acurrucados, formando un montículo de miradas y respiraciones entrecortadas en el fondo de la cámara.
El monstruo se revolvía a unos cuantos metros de Chenko y el soldado obtuvo algunos valiosos segundos para pensar en lo que tenía que hacer a continuación; en alguna forma de vencer a su enorme oponente.
Entonces se desabrocho el pantalón.

Todos los que miraron a Chenko maniobrando su cinturón y corriendo el ziper no dieron crédito a lo que miraban. La ropa interior del soldado asomó de inmediato cuando el pantalón había descendido hasta la altura de las rodillas. El monstruo ya se incorporaba y Chenko estaba demasiado ocupado buscando algo entre el bolsillo de su pantalón y el remate de tela que cubría su pierna izquierda. La criatura se incorporó del todo cortando con su cuerpo de montaña casi toda la luz del lugar y miró de reojo a Chenko mientras este desgarraba la tela –la pierna izquierda- y luchando con rapidez se levantó el mismo y abrochó el cinturón, ziper y algún botón que ahí existía. Chenko entonces en un segundo se había hecho de un remate de tela de un poco más allá del metro de longitud; tal y como si fuera una bufanda confeccionada con un material ultra-resistente y por la cual habían pasado por muchas cosas.

El monstruo se abalanzó nuevamente, y Chenko, exponiendo además una pierna descubierta, fue a su encuentro velozmente. El impacto, de darse, sería como el dos trenes brutales.
Pero en el último segundo Chenko se giró sobre de sí mismo y evadió el impacto directo del monstruo, quien a pesar del movimiento evasivo del soldado alcanzó a golpearlo en las costillas con un estiramiento de sus brazos. Chenko bramó de dolor y cayó en cuanto sintió el golpe sobre su cuerpo. Rodó un par de metros y quedó extrañamente fuera de combate. Alguna intención había tenido Chenko al enfrentarse con tanta temeridad al monstruo pero algo había salido mal - había salido terrible- y lo habían derribado. El monstruo se aventajó sobre el soldado y se lanzó con toda su furia sobre la derrotada figura. Entonces Chenko en medio de un evidente rictus de dolor giró -se arrastró- por el suelo rápidamente y el monstruo se estrelló contra la dura superficie en donde antes había permanecido el hombre derribado.
Aquella fue la oportunidad de Chenko.
El monstruo aterrizó violentamente levantando polvo y derramando gruesos goterones de sangre junto de él, apenas rozándolo, y Chenko se incorporo rápida y medianamente sosteniendo con todas sus fuerzas aquel retazo de tela con un extremo en cada mano. Buscó entonces la cabeza del monstruo. Con aquella tela no conseguiría estrangularlo o algo similar, así que -durante la fracción de segundo que duró aquella escena contemplada por todo aquel cúmulo de testigos incrédulos que asistían el espectáculo- lo que pensaba y hacía no tuvo sentido.
Pero eso cambió cuando Chenko se montó velozmente sobre el monstruo y con un movimiento felino colocó aquel retazo de tela en la cabeza del engendro, no en el cuello, no en los ojos, sino cubriendo toda la cara -como quien coloca una brida en el hocico de un caballo- y en una milésima de segundo, teniendo al monstruo en el suelo, comprimido por su propio peso y el del soldado encima de él, Chenko tiro con todas sus fuerzas hacia atrás, en sentido contrario al movimiento natural del cuello de un ser humano.

El movimiento en la cabeza del engendro se observo tal y como le sucedería al cuello de un desafortunado pasajero que viajando en un vehiculo, fuera impactado a gran velocidad desde la parte trasera del mismo.
Se formo de inmediato un arco que violentaba la disposición de tendones, huesos y estructuras internas.
Cervicales fracturadas al instante.
Un crujido como el de una caja de galletas cayendo desde el remate de una alacena muy alta.
La descomposición de los contactos medulares; la pérdida de comunicación entre el cuerpo y el cerebro.

+

Medio segundo después los chispazos que se sucedían en el cuerpo del engendro dejaron de fluir por los principales neutros nerviosos y periféricos que conectaban cada rincón de su fisonomía. El cuerpo del monstruo se desparramo sobre el suelo en el que se hallaba postrado, inmóvil, como un fardo de granos que cae de poca distancia al suelo. La inmovilidad se apoderó de aquel engendro inmediatamente.
Peor no estaba muerto.
Solo estaba lesionado a nivel de la medula y cervicales, con movilidad de la punta de la nariz hacía arriba: parpados, cejas, frente.
Aquella era una lesión permanente y que dejaba fuera de combate al monstruo, incapacitado para siempre; convertido en un podrido saco de papas. Inofensivo.
+

Pero ahí no terminaba el efecto del ataque del enemigo.
Chenko miró a su enemigo postrado, desconectado.
Y se miro a sí mismo salpicado con la sangre de aquella cosa.

Tomó un momento para volver la vista hacía el remate de la cámara, en donde Papish y sus cómplices agotaban el flujo de vítores y lo transformaban en un mutismo impresionado. El monstruo estaba completamente inmóvil en el suelo, boca abajo, y así permanecería hasta que muriera por causas desconocidas, presa de sí mismo. Papish y los suyos devolvieron la vista a Chenko quien al tiempo de mirarlos a ellos, tornaba su atención al temeroso cúmulo de hombres que antes habían sido sus subordinados.

Para Chenko aquel momento era de confusión y extrañeza. Mezclaba emoción y urgencia. Había vencido, su estrategia había funcionado al primer intento. Aquello era demasiado bueno, y casi figuraba en la percepción del soldado un aro de luz detrás de la puerta que se aseguraba era la salida de aquel oscuro y mortífero complejo.
Pero al mismo tiempo fue un momento de preocupación. Chenko se tocaba los brazos y revisaba su pierna expuesta. Había sangre en varios puntos, y no sabía si propia o ajena.
Cerca de su rodilla izquierda se veía un pequeño montículo deforme. Piel constreñida. Un raspón y un amoratamiento.
Chenko llevo sus dedos con temor a la rodilla, y al tocar ahí, un pequeño derrumbe de piel se sucedió. Se desprendió la capa superior de la piel y quedó entre los dedos del soldado.
Una perfecta puerta de entrada.
Una puerta cerrada.

+

Debajo de aquella piel todo estaba intacto, aquello no era suyo, ni nada en los brazos indicaba penetración de fluidos al cuerpo de Chenko. Este levanto la vista y miró, ahora con un gesto de victoria en el rostro, la humedecida y parda mirada que Papish dejaba caer sobre él.

- Pero aún es mi victoria…- susurró Papish al momento de escuchar de parte de Chenko un grito rabioso.

Friday

38v

Quizá habría razón en esas últimas palabras, pero en el fondo de la mente de Chenko y los demás hombres afloraba un maligno elemento expresado en la conversación: Un militar contaminado era una cosa tétrica desde la simple mención. Todo el asunto tenía pinta de ser una trampa más, una que exploraba otras latitudes mentales y emocionales en aquellos hombres. Sobre todo porque si en verdad Papish y sus cómplices esperaban conservar a los soldados para su propio uso, no los expondrían a un infectado, tal y como aseguraban. Pero quizá existiera la posibilidad de que aquellos extraños ya solo estuvieran interesados en deshacerse de ellos, así sin más, y estuvieran enviándolos a una muerte segura.

- Antes del infierno desatado, al hombre que tenemos ahí en el túnel, ya podías definirlo como un ser enorme y violento. Era muy efectivo, tanto que fue él el responsable de los cadáveres –Chenko recordó los cuerpos que pendían de cuerdas en el acceso a la cava del pan, tal y como una señal de lo maligno que ahí dormía- en la sección por la cual ustedes entraron al complejo. Desafortunadamente la suerte dejó de asistirlo justo cuando faltaba muy poco para librar al complejo de una muy molesta intromisión de la infección. Creyó que tenía todo bajo control; su error fue confiar demasiado en algunos de sus compañeros y estos le fallaron en el último momento, no en mala voluntad, sino en pésima ejecución de un asunto extraordinariamente vital. -
- ¿A que viene todo esto, perra?-
- Solo quiero que tengas el panorama completo, de lo bueno y malo que va a suceder a continuación.-
- ¿Tú que ganas con eso?-
- Me gustaría además saber si organizaras a tu gente como espero que lo hagas... Sabes, esto en todo caso, todo esto se ha convertido en algo muy divertido…-

La mente de Chenko viajo a mil kilómetros por hora. ¿Organizar a la gente como ella esperaba que lo hiciera? Si había algún momento en que estaba más disgustado y en desacuerdo con la idea de ser el líder de aquel escuadrón, era precisamente ese. Pero recordaba haberles dejado perfectamente claro que ahora cada quien veía por su propia cuenta y era responsable solo de sí mismo. Y nada había cambiado en torno a eso. De alguna manera, secretamente, Chenko deseaba abandonar aquel lugar sin que importara quien viniera o no detrás de él. No temía a las consecuencias de sus pensamientos y sabía que las cosas en cualquier parte del mundo eran similares a esta situación: cualquier sobreviviente debía preocuparse solamente por sí mismo y nada más.
Cada quien ponderaría si contaba los recursos suficientes como para pagar el precio de su propia vida y libertad.

Aún así, por otra parte, un dejo de comunidad aún existía en la comprensión de su entorno; no dejaba de mirara a los demás hombres como sus acompañantes, parte integral de un núcleo del cual formaba parte él mismo.
Pero todas las visiones estaban revueltas, absortas y mudas, sobre todo por las palabras que Papish acababa de pronunciar, evidentemente para confundirlo.

+

Entendía a medias lo que la mujer estaba intentando. Papish estaba atacando desde muchas perspectivas al mismo tiempo: quería disminuirlo anímicamente al señalarle como un caso fortuito la derrota de los hombres que intentaron asesinarlos; amedrentarlo con la idea de un enfrentamiento con el peor tipo de infectado –que real o no, parecía que iba a comprobarlo en breve-; impacientarlo con la posibilidad de escapar por aquel acceso; e influir en la estrategia que en todo caso utilizaría para afrontar lo que viniera a continuación.

Y entonces la mujer agregó un elemento que enrarecía todavía más la ecuación en donde colocaba –como en un sartén ardiente- a los ex STARS.
- ¡Traigan a los prisioneros!- gritó Papish con el asentimiento de Nimind detrás de ella.

Un minuto después algunos de los cómplices de Papish de hacían descender desde el remate de la cámara el cuerpo amordazado de Kimera, y con una postura a todas luces desquebrajada el cuerpo casi inerte de Sinner, quien se veía en un gravísimo y deplorable estado físico, pero aún vivo.
- Chenkkoooo… Cheeeeennkkkkooo…- repetía el hombre, Sinner, mientras parecía intentar alcanzar algo con las manos, algo que solo él, dentro de su cráneo semi-destrozado, podía observar.

+

Chenko de pronto vio renovado al escuadrón, y eso lo resintió como quien muerde una fruta podrida por accidente. A su lado y siendo asistidos inmediatamente los unos por los otros, se encontró con las siluetas de Xavare, Kimera, Sinner, Richthofen y Skass. De haber visto también ahí a Lara, Bender y Dreed, quizá hubiera percibido invencible al escuadrón. Pero ellos no estaban ahí, y las cosas no podían entenderse de aquella manera.
El otro panorama de aquella imagen era el desastre. Sinner y Kimera estaban completamente fuera de combate; Una serie de gruesos cardenales recorría el cuerpo de Kimera.; se adivinaba que además de Chenko, alguien, alguien realmente furioso, le había puesto la mano encima. Sinner tenía una evidente fractura en la parte trasera de su cráneo y estaba en el borde de lo agónico; quizá ni siquiera había sido necesario darle especial vigilancia, sino solo ignorarlo. Xavare y Skass -aunque en segundo plano- aún manifestaban el deterioro de aquel virulento trance que ocurrió después de que comieron aquel pan maldito. Estaban todavía pálidos y con gruesas manchas oscuras debajo de los ojos y salpicadas por el cuerpo. Estaban incapacitados para pelear, eso era seguro.

Solo quedaba Richthofen a la mano, pero algo muy dentro de él gritaba a viva voz que no podía estructurar ningún tipo de estrategia con solamente otro hombre a su lado; solo quizá un movimiento defensivo. Podía mantener a Richthofen en la retaguardia, al tanto de los demás hombres, mientras él mismo se enfrentaba a lo que fuera a suceder a continuación.
Chenko se encontraba inmerso en aquellos pensamientos cuando se riñó a sí mismo en un instante. Estaba pensando nuevamente como líder, como la persona que ya no era. Si no tomaba las cosas de frente y con la mente despejada, la indecisión -el pisar muchos terrenos a la vez- iba a pasarle una factura complicadísima de pagar.

- ¡No son mis hombres! ¡No soy su líder! ¡Cada quien ve por si mismo y pelea por su propia vida!-

Los soldados entonces miraron la sombra y figura de Chenko. Richthofen y Xavare de inmediato intercambiaron sus miradas llenas de preocupación. Chenko nuevamente los estaba abandonado y esta vez lo hacía frente al enemigo. Aquello era irremediable. Inmediatamente vieron dibujarse entre él y ellos un abismo enorme. Insalvable. Mientras, en la mente de Chenko hervían las palabras de Papish – las que había expresado como un evidente defecto en su discurso- y las mismas parecían tatuarse en su piel: hay momentos en que no se podía confiar en los demás, sino en el impulso de uno mismo.

- ¡Pero si estas ofreciendo una batalla que abra las puertas de esta maldita ratonera, aquí tienes un guerrero! ¡Y si ellos vienen detrás de mí, no se los impediré!-
- No esperaba menos de ti Chenko, nada menos de ti…- Respondió Papish al instante - ¡Abran el acceso! ¡Rápido!-
Entonces aquella pesada y oscura puerta se agitó. De alguna manera los cómplices de Papish tenían un control a distancia de los accesos, algo mecánico seguramente. Una leve nube de polvo salió flotando de los goznes de la puerta.

Inmediatamente los soldados que rodeaban los cuerpos de Kimera y Sinner se aprestaron a replegarse hasta el fondo de aquella oscura cámara. El total de cinco hombres se refugiaron en un recoveco sin luz; de entre todos ellos solo Richthofen podía entablar algún tipo de combate con verdaderas probabilidades de tener éxito, pero a diferencia de Chenko, Richthofen estaba verdaderamente comprometido con sus compañeros y se quedó con ellos, pensando en defenderlos si fuera necesario, y a la vez tenuemente esperanzado en que el hombre que guardaba compostura en el centro de la cámara aún recordara que alguna vez fue su guía y luchara con ahínco, entregándose a la batalla con todas su fuerzas.

Entonces hablo Papish nuevamente.
- ¿Te dije que nuestro amigo era efectivo? Eso es poco decir; era grandioso en su trabajo, tanto así, que le llamábamos Zombie Killer.-

Thursday

37v

- ¿Te parece Chenko, que aún hay posibilidades de salvación?-
- Me parece que ustedes disminuyen las suyas con cada minuto que nosotros transcurrimos aquí adentro.-
- Tal vez tengas razón, tal vez tengamos que darnos cuenta de eso y aceptarlo. Pero entiendes también lo que ustedes representan para nosotros; se han integrado como elementos imprescindibles en nuestro plan.-
- ¿Y estos cadáveres que acabo de regalarte aquí? ¿No te sirven?-
- Tanto como un puñado de tierra seca.-
- Jamás obtendrás nada de nosotros…-
- Sabes que tampoco cederé terreno alguno.-
- Podemos vencerlos. Tal vez a fin de cuentas verdaderamente disfrute escuchando como se rompen todos y cada uno de tus ligamentos.-

- Te propongo algo Chenko; simplemente no los dejare ir como si aquí nada hubiera sucedido.-
- Más te valdría, sabes que no tienes más remedio.-
- Estás en mis manos; debes darte cuenta.
- Acércate un momento y descubrirás lo contrario.-

- Te propongo un trato, algo sencillo, simple.-
- No negociaremos nuestra libertad; de ninguna manera.-
- Yo haría lo mismo –dijo con lentitud y tacto Papish- exactamente lo mismo; no negociaría absolutamente nada. ARREBATARIA mi libertad.-

- ¿Me estas sugiriendo que subamos y terminemos en sus cuerpos lo que iniciamos aquí abajo?-
- Digo que yo en tu lugar, demarcaría mi terreno y dejaría perfectamente claro mi capacidad e intenciones de salir de aquí…-
- ¿Qué tienes en mente, perra?

- ¿En verdad quieren salir de aquí?
- ¡Sorda o estupida! ¡Escoge lo que quieras que piense de ti!-
- Jejeje… muy bueno… el asunto corre de manera simple. En el fondo, creemos que aun podemos someterlos y utilizarlos en nuestro provecho. Pero tras el destrozo que vemos nos han causado tenemos algunas débiles dudas alrededor del asunto; así que no nos arriesgaremos a nada. En suma, lo único que impide que realicemos alguna especie de trato con ustedes es que demuestren para nosotros y a ustedes mismos que somos incapaces de dominarlos.-
- ¿No te basta lo que has visto? ¿Lo fácil que hemos acabado con tus hombres?-
- No; eso pudo haber sido casi un accidente, un evento fortuito.-
- Fortuito… perra…-
- Déjame decirlo rápido y sencillo; y en realidad esto será algo muy bueno para todos: En uno de los túneles, uno que entiendo estuvieron aporreando con la estupidez que los caracteriza, se encuentra un compañero nuestro. En algún momento fue un hermano para nosotros: pero un momento después cometió un error imperdonable, y, y pues… no pudimos perdonarlo.-
- ¿A que te refieres?-:
- A que en uno de los túneles –el que estaba sellado- se encuentra un infectado. Uno de los pocos que quedan en toda esta zona. Era un buen elemento, bastante jovial, sobre todo cuando no estábamos en una bañera hirviente siendo perseguidos por una jauría de demonios infernales. Era uno de la compañía de Drazziel, uno de los pocos militares que se quedaron por aquí antes de se volviera imposible escapar del todo. Pero se contagio y no pudimos acabarlo, no del todo, así que nos limitamos a darle un confinamiento más o menos seguro, y a esperar que muriera. Pero tenemos una sospecha: el túnel en dónde lo confinamos no era del todo una prisión sin salida. Pensamos que el maldito puede entrar y salir del complejo. Incluso sospechamos haberlo visto afuera, cuando nos ha sido posible atisbar al exterior.-
- ¿Y nosotros que tenemos que ver en su estupida historia?-
- Claro y sencillo Chenko, sin trampas: váyanse de aquí. Lo único que tienen que hacer es salir por ese túnel.-
- ¿Cómo dices maldita?-
- Puede ser un día de suerte; el infectado puede estar ya muerto, o lejos de aquí. Y si eso es posible, ustedes también lo estarán en unos cuantos minutos. Y si no fuera así, entre todos ustedes pueden derrotarlo con toda facilidad.-

Tuesday

36v

Las cuerdas habían sido rápidamente recogidas.
El gesto en el rostro de Papish y sus acompañantes aún en el remate de la cámara cuando se asentó el sonido del cuello reventado de su compañero dejo claras las cosas: Los soldados allá abajo no estaban jugando, tenían sus cartas sobre la mesa y se sobreentendía que de tener la oportunidad acabarían con todos ellos. Papish comenzó a considerar la situación en otro tono. En verdad no importaba en lo más mínimo haber perdido en un momento a cinco hombres; eso solo significaba más espacio, posibilidades y alimento para todos. Lo que le preocupaba era perder las vigorosas y saludables presas –rebosantes de carbohidratos, proteínas, vitaminas y sangre… sangre…- que ya consideraba aseguradas. Aquellos soldados demostraban ser un hueso duro de roer, más de lo que los malditos habían supuesto al principio.

- Nimind- dijo Papish acercándose al hombre que montaba una guardia perpetua detrás de ella - ¿Qué debemos hacer? Siempre has sabido aconsejarme… ayúdame una vez más…-

Papish se refirió entonces a una larga y oscura sombra que se levantaba sobre el suelo de manera compleja y desequilibrante. Si fuera posible decirlo, aquel hombre no proyectaba sombra alguna, sino él mismo sería la oscuridad que debió proyectar un cuerpo humano alguna vez, en un pasado remoto.
Aquel hombre detrás de Papish miraba maléficamente a los soldados apostados a unos cuatro o cinco metros debajo de ellos, mientras que ellos permanecían a la espera de una nueva reacción de su parte. El rostro de Nimind era el de un pedernal vivo, seco, duro, casi como extraído de una oscura película de horror, que al tiempo que dibujaba en su rostro la mirada de un lobezno, complementaba con tenuidad la sonrisa de una hiena diabólica. Aquel no era ya un rostro naturalmente humano, parecía también la combinación con algún ser de otras latitudes dimensionales, o una deformación a la cual nadie supiera acercarse.

- Mi pequeña serpiente… me parece que estas criaturas son un rezago del mundo antiguo… sin cabida en el nuevo mundo del mañana… mi pequeña serpiente, acércate a mí… guarda silencio…-

Papish se acercó entonces hacia el resguardo de sombras que conformaban al hombre. Si hubiera existido una escena para describir la intima conversación que se sucedió entonces –pausada, lenta, casi ausente, como quien reza a un ídolo antiguo y prohibido- hubiera sido necesario invocar la imagen de un vampiro, un ser de corazón oscuro aspirando el aroma del cuello de una dulce y pálida victima; una escena llena de una visceral sensación eléctrica.
La mano de aquel hombre, en aquella cercanía e intimidad que se produjo en un instante, jugó un momento alrededor del cuerpo de Papish, flotando a su alrededor, para luego descaradamente posarse en el costado de la mujer, y ascender luego lentamente en dirección de los senos. Un segundo después aquella mano dibujaba un símbolo repetitivo y abominable sobre la ropa de Papish, sobre el lugar en donde debieron de haberse encontrado los pezones. Solo transcurrido un momento estos respondieron marcándose notoriamente sobre la ropa raída mientras la delicada figura femenina escuchaba con atención la invisible voz de Nimind y sonreía subliminalmente, como si fuera poseída por más de un tipo de placer al mismo tiempo.
Sobre todo, uno mental.

Los acompañantes aún vivos de aquellas dos abominables figuras habían desviado la mirada, como si supieran que aquello era lo que les convenía.

+

- ¡Eh cabrón! ¡¿Divirtiéndote?!-
El estruendo de la voz de Skass pareció desquebrajar una invisible cúpula de cristal que flotara en el lugar. Los demás soldados rieron estruendosamente mientras Papish y Nimind no parecían siquiera haberlo escuchado.
- ¡Oye! ¡Que yo también quiero hablar con la dama…! ¡No vayas a gastarlos del todo…!-

La reacción de los soldados fue entonces de una especie de histeria en segundo plano; haber vencido tan fácilmente a los hombres que supuestamente iban a darles fin los había envalentonado a lo sumo. Ahora se sentían capaces de todo, de cualquier cosa. Gesticulaban y parecían poseídos por algún tipo de prisa. Al mismo tiempo estaban completamente enfurecidos y expectantes de lo que fuera a suceder a continuación; cosa que sucedió un momento después cuando Papish separo su cuerpo –nadie se percató de que tan cerca habían llegado a estar- de las sombras de Nimind y lentamente se giro hacia los soldados.

- ¡Vaya par que tienes allá arriba! ¡Por qué no bajas un segundo y me permites mostrarte algunas gracias que conozco…! ¡Eh, maldita! ¡Ya encontré una profesión a tu medida! ¡Baja que voy a titularte!-

Papish miró a los hombres con desden y cansancio, el suficiente para que en pocos momentos sus pezones completamente erectos se difuminaran lentamente entre sus ropas raídas. Ella junto con Nimind se daba cuenta de una cosa: que cualquier intentona en contra de los soldados era un esfuerzo innecesario, inútil, y ahora todas las concepciones que los regían -su famoso plan- se basaba en el precepto del ahorro de fuerza y energía. De tal forma, dilapidando recursos físicos y anímicos, jamás llegarían a la primavera que tanto ansiaban y El Recurso se perdería, junto con ellos, para siempre.

Y la resolución de Papish y Nimind tenía nombre y rostro: Él, Chenko, era el verdadero esfuerzo innecesario. Alguien y algo que podía echar por tierra los planes a los que con tanta fuerza se aferraban los malditos. Chenko era el guía –declarado o no- de aquel grupo y debía ser eliminado. Nimind había resuelto que la muerte de aquel hombre debía sucederse de inmediato; todo aquel circo no era sino consumo de fuerza que tendría que ser utilizada en algún otro momento.

Friday


Thursday

35v

- Ahora es tiempo del silencio. Y del reposo. Mátenlos.-
La mujer se dirigió a sus hombres y ellos respondieron afirmativamente. Algo había entre ellos que les obligaba a la obediencia. Quizá era el reconocimiento que sin una estrategia futura, aún la rebelión más perfecta moriría prontamente.
Algunos hombres se arrodillaron al borde del remate y dejaron caer una serie de cuerdas muy gruesas para después comenzar a descender hacía el fondo de la cámara. Rápidamente cinco de ellos pisaron el mismo suelo en donde Chenko, Skass, Xavare y Richthofen se aprestaban para recibirlos. En las manos de cada uno de los extraños destelló de pronto una filosa y hoja metálica que amenazaba efectivamente la vida de los soldados.
Pero aún sin armas a las cuales atenerse, los cuatro soldados aún eran poderosos efectivos de defensa y destrucción garantizadas.

+

- No utilicen las navajas, rómpanles el cuello; que no sangren, debemos conservar sus elementos íntegros.-
- Claro Papish, claro…-

- Romperme el cuello…- murmuro pesadamente Chenko –Eso tendría que verlo para creerlo… Richthofen, conmigo al frente; Xavare, Skass, retaguardias… Culo de Diablo a la izquierda…-
- Un Culo de Diablo… perfecto…- susurro Richthofen, reactivando instantáneamente su entrenamiento militar.

Entonces de los cinco extraños, cuatro se acercaron violentamente hasta donde los soldados se encontraban. Aquella iba a ser una pelea de uno a uno con un reserva que apoyara el encuentro más difícil que pudiera presentarse.
Los soldados a la orden de Chenko reconocieron una organización básica en aquel movimiento enemigo; y reconocieron también que aquel seria un combate breve. El tropel en el que sus contrincantes se acercaron lo garantizaba desde el principio.
La estrategia diamante, conocida en el argot de los STARS como un Culo de Diablo –táctica de defensa categoría 9vrem- dotaba de una ventaja técnica a un conjunto militar en batalla cuerpo a cuerpo, principalmente desarmados y en desventaja numérica, tal y como era el caso en que ellos se encontraban. La esencia primera de la estrategia estaba cumplida casi al instante: el cúmulo de STARS fue rodeado de improvisto por los extraños que se acercaron furiosos a ellos. Prácticamente desde el primer momento un enemigo se situó a una breve y peligrosa distancia al frente de cada soldado en guardia; un hombre para Chenko, uno para Richthofen, uno para Xavare y otro para Skass, y un quinto para apoyar si fuera necesario. Con esto se cumplía la mejor de las perspectivas que esperaban tener los STARS: se encontraban rodeados sin remedio, cortando cualquier posible escape y asfixiando las posibilidades de atacar a más de un oponente a la vez. Estas parecían condiciones adversas, pero en verdad, eran las condiciones más ventajosas que los soldados pudieron haber esperado.

- ¡Al chico listo lo llevare a mis alcobas esta misma noche… no lo deformen demasiado…!- gritó Papish refiriéndose a Chenko en el momento justo en que los extraños se abalanzaban cada quien sobre su hombre. La mujer soltó una maligna carcajada que hizo saltar todo su cuerpo, y en su pecho, entre sus senos, su enorme tatuaje pareció desdibujarse por un segundo.

Los STARS no se inmutaron ante el movimiento de los enemigo en ataque, sabían perfectamente lo que tenían que hacer.
En una micra de segundo los extraños tenían al alcance de la mano el cuerpo del soldado que les correspondía vencer mientras una mirada torva llena de odio y sangre explotaba en cada uno de ellos, intentando amedrentar a los soldados, mientras que ellos no respondieron, no de inmediato, se mantenían pasivos y expectantes del ultimo momento, en el cual debían de actuar.
Momento que llego al mismo tiempo para los cuatro hombres.

El Culo de Diablo fue efectuado de manera uniforme y perfecta, con un movimiento a la izquierda milimétricamente coordinado. Los STARS no repelieron el ataque de los extraños, no lanzaron un golpe o una patada al rostro de los mismos, sino que extendieron todo lo que pudieron sus brazos y asieron la ropa y carne de sus contrincantes, y aprovechando el mismo movimiento con el que intentaban impactarlos, los atrajeron hacia ellos curvando el ángulo de su carrera y con la mera inercia de la fuerza centrifuga que envolvía sus cuerpos dieron la impresión de jalarlos y violentamente lanzarlos hacia su izquierda, hacía el centro y suelo del diamante que acababan de formar.
El vuelo de los cuerpos fue breve y aparatoso.
El impacto de los cuatro cuerpos enemigos al centro del diamante, unos contra otros, fue estremecedor. Tanta era la velocidad inercial en el que fueron envueltos en el medio segundo transcurrido que incluso se escucharon huesos fracturados al instante.
Entonces los STARS no hicieron sino girarse sobre de si mismos y tras un sencillo movimiento aprendido en sus épocas de academia, eran ellos ahora quienes rodeaban al enemigo, disminuido y en franco destrozo.

+

Los puristas especificaban dos golpes como máximo en una estrategia defensiva categoría 9vrem, dos golpes en lo que cualquier asunto tenia que ser resuelto en definitiva.
Y esta vez no fue la excepción. Cada uno de los soldados dejaron caer perfectamente dos golpes casi inmediatos, brazo izquierdo, brazo derecho, sobre sus enemigos, cada quien sobre el hombre que de haber tenido la oportunidad los hubiera asesinado.
Y los puritas especificaban también el lugar idóneo para golpear: base de la nuca, centro del esternón. Si ambos golpes fueran efectivos, se levantarían de sobre un cadáver sin posibilidades de nada; si solo un golpe era efectivo, cuando menos el enemigo se encontraría incapacitado para seguir presentando batalla; ya sea por rotura de costillas y posible explosión de pulmones o por fractura de cervicales a nivel cuello.
Pero al parecer la primera condición se cumplió de inmediato. Era tanto el deterioro físico de aquellos hombres disminuidos que tras el brutal impacto los cuatro extraños no se movieron siquiera más en el suelo. Inmediatamente Richthofen encontró con la mirada al quinto hombre y lo desafió con la mirada. Comenzó a caminar lentamente en su dirección y el hombre inmediatamente sucumbió en un arranque de temor. Corrió a las cuerdas por donde habían descendido desde el remate de la cámara e intento ascender por una de ellas. No llevaba ni dos metros recorridos cuando Richthofen le dio alcance. El crujir de los huesos de su cuello al reventarse se escuchó en todas partes, rebotando en todas aquellas sombras y resintiéndose en cada centímetro de los cuerpos de los malditos que intentaban amenazar la vida de los soldados que únicamente tenían por intención salir de aquel lugar.

Wednesday

34v

- ¿Quiénes son ustedes?- Se atrevió Richthofen a la pregunta.
- ¿Tus perrillos hablan sin permiso?- dijo la mujer refiriéndose a Chenko- Eso es una falta imperdonable, ¿no lo crees?-
- No son mis hombres, no soy su líder. Cada uno tiene una boca y la utiliza como mejor le parece.-
- Eso crees… eso tú crees, incluso ellos pueden creerlo… pero tú actúas aún como líder, SU líder… Y tan cierto como eso, es que esta noche estarán todos muertos, y mañana, mañana, mañana estaremos conociéndonos a fondo… no saben cuanto…-
- Estoy preguntando quiénes son ustedes.- repitió Richthofen.
- Bueno perrillo, ya que hablas, responderé. Somos ángeles, caímos del cielo el año pasado junto con la infección y hemos estado aquí desde entonces. Mira, este al lado mío se Gabriel, y aquel es Rafael… yo soy Semiramis…-
- ¡Basta ya de estupideces!- grito Skass -¡No importa quiénes son! ¡Vamos a salir de aquí ahora mismo y ustedes no van a impedirlo!-

La mujer sonrió nuevamente. El ambiente iba tornándose denso, agregando un cierto sentimiento de violencia contenida que flotaba ya en el aire y se notaba en el rostro de todos, que tensándose cada vez más, indicaba que las conversaciones tenían los minutos contados.

- Lo fascinante del asunto es que tienen tanta esperanza de sobrevivir como posibilidades de no conseguirlo. Ese es el error de todos los que conocimos antes. Hay esperanza, prudencia y esfuerzo, pero no hay plan, no se han sentado un segundo a pensar las cosas. Y las cosas las más de las veces requieren de más de un segundo para aflorar en la mente. A veces requieren sangre, cosa que en ustedes abunda, y toda será nuestra….-
- Maldita seas…-
- Como sea… ningún insulto ni amenaza hace ya mella en nosotros. Hemos visto todo lo que el asco, la desesperación, el horror y la angustia es capaz de obligarle a hacer a un hombre. Nada nos impresiona. Si allá afuera creíste ver la antesala del infierno, aquí adentro, cuando aún éramos muchos, vivimos las entrañas del fondo de las llamas y el gusano eterno. Tanto así que antes éramos una mezcla de militares, civiles e investigadores. Ahora solo somos una mezcla.-
- Que asco, todos ustedes me enferman… ¿Qué sucedió con los demás? ¿Profanaste a todos, cuando aún eran muchos? –
- No, no… eso vino después.-
- ¿Entonces?-
- Entonces –dijo ella, y con eso vino una tétrica respuesta- entonces, después de correr de lugar en lugar, ejerciendo emocionales actos de valentía que se sucedieron demasiadas veces, nos cansamos de ser perseguidos, de evitar ciudades tenebrosas, de la luz del sol negro que pende en el cielo, de hordas de infectados y asesinos salvajes, y decidimos no tener ya más miedo, de nada en el nuevo mundo contaminado y venido a menos, del orden de las cosas que ahora existe. Por decirlo de alguna manera, tuvimos el suficiente sentido común como para darnos por vencidos y sentarnos a la orilla de la carretera ardiente y llena de cadáveres, reconociendo que sus humos tóxicos estarían presente en todas partes, en todas latitudes, en todos los sueños. Y con cuidado y tomando todo el tiempo necesario comenzamos a planificar cualquier posible salida de este mundo apestado, hasta que llegamos a la conclusión de no tener más miedo de la raíz de la maldición que nos asola: el hombre mismo; y en un momento de brutal desesperación probamos su carne y calentó nuestras entrañas y nos hizo sentir vivos. Perdimos el respeto a la especie y trastocamos el aura de santidad alrededor del ser humano… ¿Crees que hicimos mal?-
- Creo que se han degradado a lo sumo, hasta donde ya no hay perdón… James, ¿James estaba al mando de todo esto?-
- ¿James? No, era uno más, uno con carisma y que bien pudo haber provocado un levantamiento entre nosotros. Nunca entendió que lo que requeríamos aquí era unidad, no tribus guiadas por algún concepto más o menos deforme, como la moral o el bien. Lo mantuvimos entre nosotros hasta hace muy poco tiempo. Me cuenta Drazziel que los presento. Debió haber sido realmente cómico todo eso; Se opuso a todo lo que tuvimos que hacer, que no era sino lo que habíamos acordado, la estructura del plan.-
- ¿El plan? ¿Qué plan?-
- El que junto nos mantendrá vivos otro año, otro largo y oscuro año, del que saldremos para utilizar El Recurso.-

¿El Recurso?
Algo, algo sabía, algo poseía aquella mujer y sus hombres que escondían de todos los demás; Estaban demasiado confiados como para que resultara de otra manera. Ellos eran los verdaderamente esperanzados en que todo saliera según sus consideraciones, para después dar uso a eso que llamaban El Recurso.

- James –Continuo la mujer- se opuso radicalmente a la respuesta que nos permitió seguir vivos. Hace algunos meses tuvimos un accidente en este lugar, en el cual antes de que la infección alcanzara por completo todas las latitudes del globo, se desarrollaba una respuesta efectiva ante la misma, pero como una ironía cósmica aquí hubo un terrible accidente, el cual que derivo en una enorme explosión que daño estructuralmente el complejo. Este lugar, por si no lo sabían, esta cayéndose a pedazos. Muchos murieron, decenas, y sobrevivimos apenas un puñado de afortunados; como colofón al accidente el fuego consumió las considerables reservas de comida que aún existían. El Recurso no sufrió daño alguno y tuvimos la oportunidad de darle buen resguardo, pero murieron muchos técnicos y mecánicos imprescindibles en la culminación de su construcción. Pensamos que era el fin, que no había salida hasta que un día nos atrevimos sobre los cadáveres. James gritaba y gesticulaba, nos llamaba de cualquier forma posible, e irónicamente después –fue algo muy gracioso- colaboró ampliamente con la causa. De la mejor manera…-
- Si tienen un plan, deben dejarnos salir, no les servimos en lo absoluto. Solo les causaremos problemas, nos esforzaremos en ello; ténganlo muy claro…-
- El plan tiene que ver estrechamente con elementos como ustedes; mejor dicho: con ustedes. Así como será con ustedes, fue con ellos. La carne de nuestros hermanos ayudó a calentar nuestro corazón y cabeza. Los sobrevivientes aprendimos a mirar con atención y nos dimos cuenta que El Recurso estaba casi terminado, solo restaban pocas adiciones, sobre todo en sus mecanismos de autogestión, y solo un elemento importante minaba su efectividad: el frió ante el cual no tenia los recubrimientos necesarios. Invertimos mucho tiempo en discernir eso, y también en organizarnos, de tal manera que no supimos al principio conservar las reservas de cadáveres de manera apropiada y perdimos una importantísima remesa. Paso el tiempo y no esta por demás decir que estábamos a punto de echar suertes entre nosotros para decidir que se sacrificaría por los demás cuando ustedes llegaron. Ahora tenemos comida al menos para soportar el tiempo necesario.-
- ¿El tiempo necesario? ¿Alguien vendrá por ustedes? ¿Esperan refuerzos? Nosotros haremos todo lo posible para retrasarlos, los mataremos si tenemos la oportunidad. Deben dejarnos ir…-
- ¿Qué si esperamos por alguien? Ya nadie más existe, entiéndanlo, nunca recibirán ayuda que no tengan en este momento a la mano. Nosotros debemos esperar un poco más; cerca de aquí hay un poblado. Sabemos que esta habitado, y sabemos también que sucede ahí la misma hambruna que aquí. Pero esos idiotas prefieren morir cayendo uno sobre otro antes que aprovechar las múltiples opciones que nosotros ya disfrutamos. El plan –si tienen tiempo para escucharme- consiste en conservar de la mejor manera los cuerpos que existen aquí adentro y esperar que las continuas tormentas de nieve conserven allá en el poblado la mayor cantidad posible de cuerpos, y cuando las condiciones lo permitan y los sobrevivientes allá afuera sean pocos y estén débiles iremos por ellos y nos daremos un festín, en muchos sentidos. Quizá el invierno dure otros tres o cuatro meses y con suerte podremos conservar carne suficiente para sobrevivir hasta la primavera. El Recurso es demasiado propenso a las fallas en un clima tan adverso como el invierno presente como para arriesgarnos, debemos se pacientes entonces. Pero cuando salga a la luz, cuando sea visto por todos será comprendido y validado. Entonces nos enfrentaremos a todos y aprenderemos a reconocer el nuevo mundo, a jugar pieza por pieza, partida por partida sin adelantarnos a los acontecimientos; el único gesto humano que sobrevivirá a este nuevo mundo oscuro será la inteligencia; valioso elemento que nosotros poseemos y que nos ayudara a posicionarnos en ese universo. Todo es un plan perfectamente preconcebido que ustedes –y su materia - nos ayudaran a concretar con éxito…-

Tuesday

33v

Como un enjambre de arañas que llegara descendiendo y arrastrándose de diversos orígenes hasta el remate de la cámara, al menos nueve o diez personas regresaron con Drazziel y su compañero. Eran perceptibles las respiraciones desarticuladas que aquel conjunto de sombras en aquella penetrante oscuridad. Eran todos ellos un cortejo fúnebre que había extraviado el féretro que le daba sentido a su cúmulo y se convertían en el abrupto esqueleto, la pila de cadáveres que habían escapado del fondo de una tumba pestilente.
Al frente del ondulante y errático movimiento que compagino un solo núcleo visual, una figura más pequeña y delgada aún se erguía como el líder visible que ordenaba las acciones del cortejo, y solo un poco detrás de esa figura, el derrumbe de un hombre marchito a su lado se levantaba dificultosamente del suelo. Todos parecían sonreír y mirar a los soldados como a simples animales de los cuales en cualquier momento podrían disponer a capricho propio. Aquella sorna fue la que activo un agresivo mecanismo de defensa que hizo hervir la sangre de Chenko y sus hombres casi al instante, reiniciando su perfil de soldados en medio de una maligna batalla.

- ¡Eh, mierdas! ¡Ya solo tienen un minuto para dejarnos ir antes de que subamos por ustedes y les partamos todos los jodidos huesos del cuerpo! ¡Escucharon! ¡Eh, mierdas!-
- Escúchenlos… sedientos… tan esperanzados…- Susurro audiblemente la figura más pequeña de aquel cortejo fúnebre.
- ¿Qué dices mierdita? ¿Qué ladras? ¡Tienes un segundo para dejarnos ir o te juro que con mis propias manos…!-
- Tus manos, si, tus manos… me quedare con tus manos, con tus dedos, largos, duros… sabrán satisfacerme… inutilidad de hombre…-

La voz de la pequeña figura se adivinó aguda y fina, como la voz de alguien que casi se ha quedado sin garganta, como alguien debilitado al extremo… pero no, no era eso, era una tonalidad diferente. Entonces el cortejo se movió de alguna manera, colocándose al alcance de un rayo difuso de luz concentrada. La pequeña imagen entonces tomó forma y se revelo como una pequeña y delgada mujer. Alguna vez debió ser deliciosa a la vista, más ahora era el pálido reflejo de lo que antes había sido, aún así destellaba tanta feminidad como para contrariar a los hombres que en ese momento la miraban.
- Me quedare tus dedos… podrás tocarme cuando gustes, aunque estés muerto…-
- ¡Cierra el hocico maldita! ¡Cierra el hocico antes de que te parta la cara!-
- Mírenlos… Son como pequeñas aves de corral… ignorantes…-
- ¡Ignorantes! ¡Ignorante tu puta madre! ¡Ahora mismo están en serio peligro de que subamos y acabemos con ustedes de una buena vez! ¡Abran de inmediato el acceso por el cual llegamos o se las verán con nosotros!-

La mujer los miraba de una manera penetrante y con decidía, casi con un cierto letargo -cansancio- en la mirada, como si estuviese mirando una película con una trama especialmente complicada, en un idioma extraño e incomprensible. De vez en vez la mujer oscilaba su atención entre Chenko que la increpaba y el resto de los soldados que con su lenguaje corporal la amenazaban también. Al cabo de un rato ella sonreía con displicencia, como quien lo hace ante un hijo tonto que mal interpreta algún preparativo y esta a punto de echar por tierra los planes de algo largamente esperado. La mujer dio algunos pasos sobre el remate de la cámara, como queriendo aprovechar toda la iluminación posible que tenuemente existía en el lugar, para observar con detenimiento a los hombres, y sobre todo a Chenko.

- Me gustas… me gustas mucho…-
- ¿Hablas conmigo perra? ¿Conmigo? ¿Te gustaría que te parta el cráneo a patadas?-
- Mucho, y que me arranques la medula. Me gustaría ver tu cara de satisfacción al asesinarme a sangre fría…-
- ¿Qué dices estupida?-
- Que me encantaría sentir tus dedos sucios rompiendo los ligamentos de mis rodillas, haciéndome percibir cada centímetro de dolor y angustia; o también sería hermoso percibir tus puños reventándome algún órgano interno…-
Chenko instantáneamente guardo silencio. No entendía plenamente la respuesta, pero de ninguna manera iba a seguir el juego de la mujer.
Los hombres alrededor de ella sonrieron marcadamente en medio de su profunda oscuridad.
- ¿Algo más que agregar, cariño?- Dijo Ella.

Chenko guardo absoluto silencio.
Los hombres en el remate de las escaleras estallaron entonces en una sonora carcajada.
- ¿Ven?- dijo la mujer - no es tan duro como aparenta…-

+

La mujer era una extraña configuración de elementos. No era en definitiva un militar y tampoco parecía ser un civil. No al menos alguna persona normal a la que le hubiera ocurrido la catástrofe y el fin del mundo en medio de una rutina como la de casi toda la gente. Ella tenía que haber estado involucrada con algún tipo de actividad –ilícita- que requería algún tipo de cautela y resguardo. Una señal de aquello era la dureza de su rostro, una dureza de años y no solo de acontecimientos. No era que el fin del mundo no fuera cosa suficiente, pero aquellas marcas que recorrían los destellos de sus ojos indicaban que desde hacía muchísimos años la mujer vivía su propio infierno personal y le había tocado luchar con miles de demonios, venciéndolos a casi todos, y solo de mala manera a unos pocos que aún sostenían su embate.
En su pecho -después de la caída de su cuello y las clavículas- y entre la ropa raída se adivinaba un enorme tatuaje que debía descender hasta el canalillo entre sus pechos, y que legible rezaba claramente LAS HORAS DEL MAR.
La mujer y aquellos hombres no eran sencillamente algunos sobrevivientes más. Algo les había apoyado para llegar hasta ahí y resistir durante mucho tiempo; un orden los sostenía y que la colocaba a ella por cabeza y los demás como súbditos. Algún sistema, conocimiento o recurso que Chenko ya intentaba desentrañar pero que no lo conseguía del todo.

Monday

32v

Chenko avanzó y con él todos los demás. Por un momento el líder consideró que podía tener la oportunidad de vencer la más practica lógica militar y sin pensárselo dos veces se internó con los suyos por el mismo pasillo por el cual habían llegado. Solo pasaron algunos segundos de haber penetrado la negrura que los había conducido hasta aquella cámara cuando dieron con una superficie extraña, ajena al recorrido que habían realizado con anterioridad. Era una puerta, un bloqueo que parecía ser madera –no podían mirar nada en absoluto, solo palparla- y que les cortaba el paso en definitiva.
Intentaron forzar aquella traba pero no consiguieron nada.
Un minuto después Chenko ordenó regresar.

Una vez de nuevo en la cámara, completamente solos, analizaron sus opciones. Restaban cuatro posibilidades de escape, cuatro pasillos, cuatro bocas de lobo que posiblemente ya también estuvieran obstaculizadas de alguna manera. Tras una breve indagación se dieron cuenta que uno de los túneles estaba sellado apenas a unos cuantos pasos de su abertura.
Eso parecía ser un buen signo.

- Nada que no fuera una salida estaría sellado. Esta es nuestra oportunidad.- Dijo Chenko al momento de coordinar a los hombres. Identificaron los puntos en que el acceso mostraba sus flancos fuertes –bisagras y cerraduras- y a una misma cuenta impactaron sus cuerpos esos puntos específicos intentando administrar su esfuerzo de la manera más inteligente.
El acceso tembló dramáticamente.
Volvieron a impactar el acceso y este volvió a sacudirse de forma alarmante.
Pero entonces algo sucedió ahí adentro, algo que no esperaban: escucharon un atisbo de movimiento al interior del túnel sellado. No un resquebrajamiento ante los embates al acceso, sino un arrastre, algo que hubiera permanecido inerte y que con los impactos se hubiera despertado.

Se quedaron quietos de inmediato con una nube de polvo alrededor de ellos y después escucharon lo que pareció ser una respiración. Una jodida respiración que se acercaba al acceso que ellos habían estado golpeando.
Inmediatamente los soldados se replegaron y guardaron el más profundo de los silencios. Ahí adentro algo pareció tomar forma, la invisible forma de algo enorme que se acercaba a ellos y espera que los hombres siguieran impactando el acceso.

Solo un necio lo intentaría nuevamente. Se replegaron al centro de la cámara y esperaron que algo sucediera ahí, pero tras unos cuantos momentos de espera nada ocurría.
Ahí había algo muy malo, algo maligno encerrado y ellos estuvieron a punto de liberarlo por accidente.

Guardaron un profundo silencio y se aprestaron a concentrarse en los tres pasillos restantes, los cuales estaban abiertos y ennegrecidos, con la profundidad de un pozo infinito. Pero solo internándose y explorando aquellos túneles es que conseguirían ubicar cualquier posible salida de aquel lugar en el cual nunca debieron de haber entrado.
Chenko ordenó separarse y colocarse a la entrada de cada uno de los tres pasillos restantes. Una vez que todos los pasillos tuvieron un soldado colocado frente a su desembocadura, los hombres se quedaron completamente quietos. Escucharon y percibieron con sus sentidos al máximo. Buscaban corrientes de aire, como la que habían seguido hasta llegar ahí. No percibieron ninguna en cualquiera de los tres pasillos, solo quietud y negrura.
Volvieron a reunirse y acordaron entrar en el túnel que en ese momento se encontraba más cercano a ellos. Al reunirse frente al acceso coincidieron en que el pasillo era más oscuro que la peor de las noches que cualquiera de ellos pudiera recordar, y cuando entraron, tras unos cuantos pasos, la temperatura del aire descendió dramáticamente dándoles un recibimiento helado que no supieron interpretar de primera instancia. Recorrieron a obscuras unos tres o cuatro minutos hasta que encontraron una especie de escalera, la cual descendía interminablemente.
Para ese momento, y de nuevo, la oscuridad era total, A tientas avanzar parecía un tormento innecesario, y así lo fue durante algunos minutos más.

- ¡Carajo!- De la nada. quizá haya sido Richthofen, alguien dio un grito que apenas pudo controlar. Los demás intentaron asumir una defensa, cualquiera, ubicarse espacialmente en aquella oscuridad, pero estaban ciegos. Richthofen volvió a gritar y Chenko intento asirlo de alguna manera.

- ¿Qué pasa, qué pasa?-
- ¡Chenko… Chenko… aquí hay algo…!-
- ¿Dónde, qué cosa?-
- ¡En el suelo! ¡Acabo de pisar algo! ¡Algo… crujió, se rompió, blando…!-
Chenko se acercó a donde estaba aparentemente parado Richthofen y también piso algo. Algo se desquebrajo ante las fuertes pisadas de los hombres.
- ¡Salgan inmediatamente de aquí…- grito Chenko- vamonos…!-
Entonces los cuatro hombres salieron casi en tropel de aquel oscuro túnel. La locura con la que corrieron prácticamente tenia luz propia alrededor de sus gestos absorbidos por la oscuridad y en las cuales, si alguien hubiera podido mirarlos, notaria el deshaucio que solo el profundo terror puede provocar en un humano.
Cuando por fin alcanzaron la desembocadura en la tétrica cámara de la cual solo buscaban escapar, el cuerpo de todos era de levedad y pasmo. Un miedo infinito se dibujaba en la mirada de cada uno de ellos y nada podían hacer para disimularla.
- ¡Chenko! ¡Chenko! ¿¡Qué cosa había allá abajo!?- gritaban al unisono Skass y Xavare.

Chenko los miro de reojo un segundo y luego se volvió a ellos.
- Les juro… por mi propia vida… que… eran cuerpos. Cadáveres…-

+

Pasaron cerca de veinte minutos digiriendo todo aquel horror.
Sin fuerza ni deseo, pero con hirviente necesidad al final recorrieron los dos pasillos restantes sin obtener ningún resultado valioso. Simplemente aquellos túneles no llegaban a ninguna parte; en cada nuevo paso esperaban toparse con algo, con el cuerpo de alguien, con un monstruo o algo parecido. Aquella era una guerra de nervios que estaban luchando en contra de ellos mismos.
Concluyeron no mucho después que estaban literalmente atrapados sin posibilidad de escape, con únicamente una salida posible, ubicada en la parte más alta de la misma, en el remate en donde antes habían estado aquellos dos tétricos hombres.

Los soldados comenzaban a planear cómo escalar aquellas paredes cuando los dos hombres –Drazziel y su compañero- regresaron, y no lo hicieron solos.

Friday

Vd

31v

Un temor negro y maligno sacudió la espalda de Chenko y sus hombres. Aquella cámara con tres posibilidades de escape de pronto se les antojo un calabozo insalvable, una ensangrentada olla de presión en la cual yacía la comida de día de mañana, y en la cual estaban atrapados como presas enceguecidas que habían caído ahí por causas de sus propios errores. Chenko se negó a sí mismo el expresar el profundo temor que lo embargaba en aquel instante y recurrió a la exaltación, a la ira, a la rabia, al grito.

-¿Qué carajos esta sucediendo aquí? ¡Cabroncete! ¿¿¿Qué carajos esta sucediendo aquí???-

Chenko solo recibía bramidos guturales por respuesta. Un estremecimiento sacudía a sus hombres como si fueran hojas marchitas sueltas al viento. Estaban atrapados, completamente perdidos en el fondo de una subliminal caverna maldita. Se miraban los unos a los otros intercambiando y profundizando el miedo que cada uno podía dar y recibir. Dejaron de lado las apariencias y mostraban la verdadera profundidad del terror que nacía del fondo de sus corazones y se desparramaba hasta el suelo
En ese momento solo Chenko parecía seguir entero.

- ¿Cuál es tu nombre cabrón? ¡Dímelo! ¡Dímelo! ¡Quiero llamarte por tu jodido nombre para advertirte que tus planes de mierda se vendrán abajo cuando te saque los ojos con mis propios dedos!-

El hombre no contestaba, solo seguía carcajeándose, manifestando una explosión de violencia y presunción propia de quién sabe algo que los demás ignoran, sobre todo cuando estos últimos son prisioneros de guerra.

Dime cuántos están contigo! ¡Dímelo! ¡Te lo exijo!-

El hombre seguía con aquella tétrica manifestación de gusto y placer macabro, cuando tras un poco de tiempo contestó lenta y espaciadamente algo que no hizo sino encender una luz negra en cada corazón que pudo escucharlo.

- No importa cuántos somos nosotros, lo que cuenta es cuántos son ustedes…- Y su respuesta nuevamente le hizo estallar en carcajadas a la vez que un sendero húmedo de saliva y viscosidades resbalaba de su barbilla y manchaba su ropa raída.

+

Chenko y sus hombres se comprendieron perdidos. Irremediablemente perdidos. Y a la vez encontraban las respuestas que habían estado buscando. El porqué Lara había desaparecido en medio de una lucha que la desvaneció sin dejar el rastro propio de los infectados; la invisibilidad de Kimera, quien golpeado al extremo se había vaporizado de inmediato, y la ausencia de Sinner, quien agonizando había tenido encontrado la forma de desvanecerse en medio de aquel oscuro complejo.
Todos estaban con ellos, presos de este hombre y cuantos estuvieran de su lado.

+

Entonces, en el remate de la cámara apareció otra persona, otro hombre. El engendro que torturaba mentalmente a Chenko y a los suyos se detuvo repentinamente sorprendido por aquella aparición. Después de un segundo que invirtió en reconocer a quien fuera que había llegado, colocó nuevamente su macabra sonrisa en el rostro. La persona que entraba en el remate de la cámara también se adivinaba profundamente trastocada por los embates de una desnutrición feroz y animal. Parecía que había llegado el tiempo del Homo Sapiens de solo treinta y cinco kilos de peso. Chenko pensó que de entre la raza humana cuántos y quiénes eran capaces de soportar semejante deterioro físico. Seguramente no los niños que entonces se contabilizaban entre los sobrevivientes. Tampoco la mayoría de los adolescentes y la gente que aún viva padeciera algún tipo de enfermedad crónica. Llegaba la época también del más fuerte y preparado, del más sádico y sin temor de lo divino.

Ambos personajes en el remate de la cámara observaron a los soldados con evidente despreció, todo lo que pudieron hacerlo, como a seres sin alma ni espíritu. Y luego hablaron entre ellos.

-Drazziel, nos están buscando… Ella dice que no tienen ninguna posibilidad de escapar... Hay que dejarlos aquí... Ella tiene algo que decirnos a todos...-

La vista de ambos personajes se posó nuevamente en los soldados y tras un segundo de tensa calma se alejaron silenciosamente.
Hasta donde estaba Chenko y lo suyos se escucho el crujir de sus huesos al caminar. Sus captores en realidad eran sacos de arena y guijarros secos entrechocando, todo con la forma de un hombre disminuido.

Ella decía que no tenían oportunidad de escapar
Carajo. Solo el demonio puede saber a que se refieren con Ella. Pero habiéndolos dejado solos tenían en sus manos la oportunidad de escapar. Y eso era algo que Chenko no iba a desaprovechar.

Thursday

30v

Aquel hombre, con una mirada que de pronto se volvió profunda y negrísima -casi macabra- retrocedió un par de pasos sobre el remate en el cual se hallaba parado, al mismo tiempo que Chenko y sus hombres inconcientemente tensaron los músculos de su cuerpo esperando cualquier cosa que aquel engendro fuera a hacer o a mostrar.
El maldito seguía mirándolos a pies juntillas y tras un movimiento lento y pesado abrió el ángulo de sus piernas, tal y como si por un segundo fingiera montar un caballo, para después inclinarse y por un momento adivinarse inmerso en el movimiento de una gimnasta olímpica dando un giro en el aire -las piernas abiertas y el tronco inclinado hacia delante firmemente posado en tierra-, y lo que vino entonces fue una respuesta brutal que desentrañó los aparentes laberintos invisibles en los cuales Chenko y los suyos estaban atrapados.

Aquel macabro hombre acercó una de sus manos a su rostro.
Miró de reojo a Chenko y sonrió con saña y una burla infinita antes de introducir sus largos y huesudos dedos en su boca. Comenzó a introducir solo un par de ellos pero casi al instante introdujo toda su mano. Lo hizo tan lentamente que daba la impresión de que al tiempo de no querer hacerlo, no se detendría jamás. Un momento después quizá había introducido la extremidad hasta la muñeca, hasta que una torpe convulsión lo detuvo repentinamente y un segundo después extrajo rápida y violentamente los dedos salpicados de humedad.
Inmediatamente regurgito explosivamente, liberando una cosa pegajosa que viajó por el aire superior de la cámara hasta caer a unos metros de distancia de Chenko y sus hombres. Era una mezcla asquerosa de saliva, jugos gástricos hiperconcentrados y pequeños grumos blancos porosos. Un asqueroso olor fue de inmediato perceptible y se expandió de inmediato por toda la cámara. Olía a entrañas ennegrecidas, a enfermedad, a muerte, a tumba.
El hombre se tambaleó y recuperó en un segundo, su rostro había palidecido hasta la transparencia, y a pesar de su difusa y carcomida imagen en un momento estalló en una serie repetitiva de carcajadas enfermas.
Si en ese momento Chenko hubiera tenido un arma, ya tan solo por el asco producido y no por la necesidad de una venganza necesaria, le habría volado la cabeza sin dudar un solo instante.

Entonces aquel maldito engendro pareció enloquecer.

- ¡Ahí esta James! ¡Un placer presentarlos!-

Chenko y sus hombres miraron aquella asquerosa mezcolanza intentando entender lo que estaba sucediendo.
El ambiente se cargó de una macabra energía eléctrica cuando el hombre volvió a gritar con un profundo odio en el fondo de su voz y, levantando sus manos y señalando al grupo de sobrevivientes, intento amedrentarlos intensificando las burlas sobre ellos.
- ¡MALDITOS! ¡MUY PRONTO LOS VAMOS A JODER A TODOS! ¡Como a sus amigos! ¡Como a la mujer! ¡Como a su mujer, que delicia! ¡Primero nos turnamos sobre ella uno tras otro hasta que dejó de gritar, hasta que ninguno de nosotros pudo seguir! ¡Luego, luego peleamos por lo mejor de ella! ¡Fue la primera vez que guste de lamer la comida que me llevaba a la boca! Lastima… lastima que no venga entre ustedes otra como ella… la pudimos haber conservado más tiempo; pero el deseo, el deseo quema las entrañas… más que el hambre…-

+

Chenko entendió todo. Todos lo comprendieron. Lo mismo que le sucedía a los grandes reductos de sobrevivientes dispersos por el planeta estaba sucediendo aquí adentro, en los invisibles laberintos mentales en los cuales se hallaban inmersos. El hambre estaba consumiendo a la especie por entero y los hombres que se movían en la oscuridad de aquel complejo, cuantos hubiera, buscaron y encontraron la forma de sobrevivir, la forma de extenderse sobre la crisis: Estaban comiendo lo único vedado, el único animal prohibido.

Wednesday

29v

La cámara en la que de pronto se hallaron inmersos tenia por lo menos seis pasillos que desembocan en ella. Chenko y los demás rápidamente indagaron con la mirada el interior de cada uno de esas aberturas. Si algo estaba a punto de salir de cualquiera de aquellos resquicios estaban listos y expectantes para darle una calurosa bienvenida. La explosión emocional y auditiva que se había sucedido cuando aquella extraña figura fue succionada por lo que parecía ser el remate de un artilugio fabricado con la única misión de capturar y matar una enorme presa, todavía flotaba en el aire y en los corazones de todos aquellos hombres. En ese momento eran los seres más cautelosos que jamás hubieran existido sobre la tierra y sus acciones y reacciones lo corroboraban.
Eliminando el pasillo por donde llegaron y el otro por donde desapareció el extraño, les dejaba tres pasillos por los cuales intentar el escape. Regresar por el mismo acceso ya no era una opción, su ruta y posición actual había sido revelada, y como bien sabía Chenko y cualquier estratega militar con el mínimo conocimiento de causa, un buen líder en zona de guerra jamás emprendería una retirada por el mismo flanco por el que avanzó originalmente, dado que aquella siempre era la primera posición ocupada por el enemigo. Para corroborarlo habría que preguntarle sobre el tema al ejército alemán cuando hace dos mil billones de años -durante la segunda guerra mundial- se interno en la estepa rusa utilizando un mismo camino para el avance y la retirada. Desestimar aquella idea solo significaría la muerte que durante tanto tiempo habían evadido con tanta insistencia y que ahora más que nunca se percibía tan cercana y palpable.

Quedaban tres posibilidades de escape, y las tres tenían toda la apariencia de ser una boca de lobo.

+

Fue entonces que un hombre -una sombra translucida, un saco de huesos, un tumba abierta que vomita a su cadáver- apareció en la parte superior de la cámara, en un remate superior de la misma de la cual los hombres de Chenko no había notado su existencia. Aquel era un hombre gigantesco, enorme, con toda la apariencia de haber sido un soldado en algún momento de su vida, o alguien que realizaba una intensa y rutinaria labor física, como un obrero o un campesino de proporciones descomunales. Pero fue evidente desde el primer atisbo que, al igual que Daviwolfy, los visibles trastornos del hambre lo recorrían de pies a cabeza. El cabello prácticamente había desaparecido de su cabeza, con excepción hecha de algunos mechones grasientos y duros. Su cuerpo estaba constreñido y la raída ropa que lo envolvía parecía flotar y asirse con dificultad a su cuerpo. Todo eso se remataba con una cara hundida de la cual sobresalían unos labios secos y duros, y un par de cuencas que dejaban solo entrever un par de ojos opacos, casi pardos, con los cuales devolvía la mirada fijamente a los hombres de Chenko.
Aquel fue un instante de tanta tensión que bien pudo haberle fracturado al más valiente el cráneo y espalda.

Un segundo después aquel hombre aparentemente sonrío, pero en su boca solo asomó una mueca que deformó todavía más aquel rostro curtido de piel deshidratada y dura.
Chenko rompió el silencio de una manera tronadora, haciendo sobresaltar a los suyos hasta el escalofrío, pero sin conseguir siquiera estremecer al hombre que estaba allá arriba, en el remate, a unos cinco o seis metros de altura.
- ¡Te exijo que me digas que esta sucediendo¡ ¡Dímelo inmediatamente o subiré por ti en este maldito instante y te romperé el cuello con mis propias manos!-

Aquel hombre solo acentuó su sonrisa dando la impresión de estar burlándose de Chenko, su amenaza y sus hombres.
Jódete cabrón, jódete!- remató Richthofen ante la estridencia de Chenko.

Aquel extraño respondió a la distancia con una seña obscena. Chenko intentó pensar con calma y buscar la mejor manera de verdaderamente joderse al engendro que los miraba desde las alturas. La sangre de los suyos aún fresca se lo exigía. Entonces intento distraerlo con algo, hacerlo pensar que estaba urgentemente interesado en otra cosa y no en darle alcance. Quizá funcionaria hacerle creer que era un ser racional con algo que mediar o negociar.
-¿Quién es James Steward? ¿Esta contigo? ¿Quién es el líder entre ustedes?-

El hombre borró por un segundo la sonrisa de su rostro y luego volvió a colocarla ahí, como hace alguien con un abrigo que sorpresivamente ha caído de su percha pero que casi de inmediato vuelve a reacomodarlo.
Una voz cavernosa entonces asomo de aquel sujeto, una voz seca y llena de pequeños predadores ciegos, animales propios de grutas y catacumbas.
- ¿Quieres ver a James?-
- Si, necesito verlo, necesito hablar con él.-
- ¿Quieres ver a James?- El hombre repitió neciamente su pregunta, tal y como lo haría un hombre disminuido en sus capacidades físicas por un accidente recién acontecido.
- Si… -repitió Chenko- ¿Dónde esta?
- Aquí, conmigo…- Chenko recordó al instante que Daviwolfy había respondido exactamente los mismo ante idéntica pregunta.
- ¿Puedes llamarlo? Necesito decirle algo…-
- Te lo mostrare, pero solo lo una vez... James en este momento no es muy sociable.-

Chenko no entendió de inmediato lo que aquel engendro estaba diciéndole, pero un segundo después quedó claro que lo que a continuación iba a hacer aquel maldito sería una obscenidad.

- ¿Seguro que quieres verlo?-

Chenko ya no respondió.
El engendro soltó una carcajada y se apresuro a mostrarle a James.

Pero Chenko se equivoco.
Aquel maldito no realizo una obscenidad, no como la que él esperaba.
Pero bueno hubiera sido eso.

Friday

Vd

Thursday

28v

Los nervios se pusieron a tope; los hombres tuvieron que vencer una resistencia natural al peligro inmediato que apareció frente a ellos y se quedaron congelados en el lugar en donde estaban, mientras que el cerebro les bombardeaba cada músculo del cuerpo con la orden irrevocable de huir y regresar por donde quiera que hubieran llegado, desentendiéndose de aquella mierda de enfrentarse a la oscuridad intentando ganar cualquier ventaja imaginaria.
Pero los hombres resistieron y se quedaron quietos, al menos todo lo que pudieron en ese momento. Chenko comenzó a realizar una serie de manoteos en el aire que los demás miraron y comprendieron al instante. Si bien ya no eran un grupo militar en lo formal, aún tenían todas las herramientas de comunicación y entrenamiento necesario como para poder sobrevivir a todo eso; sobre todo si conservaban la calma suficiente y lograban mantenerse organizados detrás de un muro de coordinación y esmero.
Las señales de Chenko no significaban sino “Hay que ir tras eso, sea lo que sea, sea quien sea”.

Richthofen cortó el aire con un movimiento de brazo, ofreciéndose de manera casi instantánea para ir por aquel maldito que -escondido en algún rincón oscuro- estaba evidentemente frente a ellos.

Chenko aprobó en silencio. Richthofen se adelantaría y los demás cubrirían la retaguardia. El soldado -en una vida anterior y ahora desaparecida- había realizado ejercicios de seguimiento y captura, consideraba sentirse aún lo suficientemente en forma como para realizar la tarea. Un segundo después recorrió silenciosamente los metros restantes entre el grupo y le desembocadura de aquel túnel, con los ojos padeciendo un leve dolor que no terminaba por desaparecer ante la exposición a la luz, y un segundo después estaba corriendo con todas sus fuerzas, acercándose velozmente a la boca de luminosidad de aquella cámara.
Algo pareció desquebrajarse cuando Richthofen entro corriendo en la cámara, algo invisible y que emitió un lamento casi transparente. Richthofen solo tuvo una micra de segundo para identificar su blanco, el cual se movía a unos cuantos metros de él. Era un hombre, definitivamente era un hombre; encorvado por alguna causa inexplicable y difuso por la velocidad con la que Richthofen se le acercaba. Entonces aquel hombre se giró velozmente hacía Richthofen, dándole a entender al ex S.T.A.R.S. que se acercaba a toda velocidad que de ninguna manera lo estaba tomando por sorpresa. Y una mezcla de miedo y esfuerzo se miro en el demacrado rostro del maldito frente a Richthofen cuando realizó un movimiento extraño, entresacando algo de sus ropas raídas y señaló a Richthofen.
Pero en verdad estaba apuntándole.
Y entonces un destello luminoso apareció de entre las manos de aquel maldito y algo salio despedido de ahí. Richthofen esquivó aquello solo por apenas una fracción de milímetro. Una hola afilada atravesó y cortó en parte la ropa de Richthofen mientras dejaba la carne intacta y atravesaba el resto de la cámara a una velocidad impresionante. El maldito había lanzado una navaja, un cuchillo increíblemente afilado, pero al fallar dejó en manos de Richthofen toda la inercia de la situación, y este ya se encontraba a solo dos o tres paso de la extraña y demacrada figura que aún resentía la fuerza del movimiento que había realizado al lanzar el cuchillo.

Richthofen lo embistió de manera brutal y de inmediato ambos cayeron al suelo, convertidos en un nudo ciego de músculos y golpes instantáneos.

Lo que ocurrió a continuación sucedió en apenas segundos.

El intercambio de impactos fue breve y en un momento después la extraña figura se había ya reincorporado y echaba a correr mientras Richthofen hacía lo mismo. Esta vez las zancadas del soldado no fueron suficientes como para ponerle la mano encima en los primeros instantes, sino que el extraño incrementó fácilmente la distancia entre ambos por causa de una explosión descontrolada de adrenalina en todo su cuerpo.
Entonces Chenko y los demás aparecieron en el borde del túnel y observaron como el maldito estaba comenzando a realizar una estupidez incomprensible: huía de Richthofen corriendo en círculos. Miraba enloquecido una serie de túneles que se encontraban en el lado opuesto de la cámara por donde el grupo entraba y en un momento su rostro se volvió duro como una piedra y sus ojos destellaron un pánico que brotaba desde lo más profundo de su ser. Era como si de repente en su loca carrera hubiera visto la imagen de un demonio infernal que hubiera parecido delante de él. O quizá aquella era la mirada de alguien que tras un estornudo ha perdido algo muy importante, algo que iba a salvarle la vida.
El extraño entonces pareció elegir uno de aquellos túneles y casi al azar se dirigió a uno a mediana distancia.

Entró corriendo en el túnel a toda velocidad y solo un instante después -cuando solo restaban unos pocos pasos para que Richthofen entrara también en aquel nuevo pasillo- el maldito que conducía aquella loca carrera fue rebotado violenta y torpemente después de haber penetrado la densa oscuridad. Richthofen alcanzó a esquivar el cuerpo que parecía regresar del embate de contra de un animal prehistórico. Richthofen miró de reojo algo que explotaba en el centro del tórax del extraño. Justo ahí destelló algo enorme, blanco y reluciente. Cuando cayó al suelo Richthofen identifico que era aquello: era un enorme y afilado trozo de metal clavado a la altura del esternon. El maldito entonces explotó en una convulsión de sangre y gritos sin aire. Chenko, Xvare y Skass entraron corriendo desde el otro pasillo a la cámara y se acercaron al cuerpo que se revolvía en el suelo, a unos tres metros de distancia de la entrada de aquel terrible túnel. Como una visión increíble de mirarse descubrieron que aquel pedazo de metal que prácticamente atravesaba el pecho del extraño mostraba en su remate al aire libre una especie de fibra, algo bien podrían haber sido una cuerda, pero estaba hecha de metal. Es un alambre, un grueso y enorme alambre.
Entonces la cuerda se tensó adentrandose en el túnel y tiró del cuerpo de aquel maldito extraño.
- ¡Es un anzuelo, maldita sea, es un jodido anzuelo!- gritó Chenko con una voz casi desesperada y retrocedió por instinto al igual que sus hombres, justo cuando el alambre incrementaba su fuerza tal manera que levanto del suelo el cuerpo sangrante de aquel hombre y lo hizo volar por los aires.

Como la lengua de algún animal submarino atrapando una presa en un ambiente abisal, la cuerda en un repentino abrir y cerrar de ojos absorbió dentro de la invencible oscuridad el cuerpo de aquel hombre, perdiendolo en ella enmedio un sonido de quebranto de huesos y pulmones que estallaban.

Los hombres estuvieron en un momento de estupidez a punto de seguir la trayectoria de aquel cuerpo, pero Chenko detuvo todo eso. Lo más idiota seria adentrarse en ese lugar, correr hacia la negrura.

Apenas pudo controlar a sus hombres.
Todos tenían el corazón palpitando a mil kilómetros por hora.

Wednesday

27v

- ¡Daviwolfy…!-

Aquel grito se extendió durante varios minutos hasta que pareció alejarse y perderse en las profundidades de la oscuridad de aquel segundo nivel, tal y como sucedería si se extraviara dentro de uno de los anillos del infierno de Dante, el más oscuro de todos.
Aquello parecía algo bueno, que aquel grito y su emisor se perdiera, pero Chenko sabia algunas cosas sobre la conducta de cualquier cazador –el posible enemigo- al perder a su presa de forma tan inmediata: le parece sencillamente imposible que se haya desvanecido y no desiste, y ronda el último lugar en donde vio la silueta de su victima y solo hasta después de mucho tiempo abandona la búsqueda. Y siempre de haberla perdido por primera vez, regresa, y quizá regresa acompañado.

En los pensamientos de Chenko aquel extraño gritando era un gesto sintomático –nuevamente- de un comportamiento de ratas: si hay una, hay tres, y si hay tres, hay diez; y después de eso es imposible mantener cualquier equiparación numérica.
Chenko se giró sobre de si miso con suma cautela y llamó con la vista a sus hombres. Todos ellos parecían extraídos de una fabula de final triste y acontecimientos dramáticos; se miraban demacrados, débiles emocionalmente por todas las semanas anteriores de hambre y exposición al frío, aún asustados por haber ingerido pan contaminado y haber visto morir a varios de sus compañeros, y sobre todo, ahora apabullados por la aparición de un nuevo elemento en toda aquella tétrica ecuación.
Pero Chenko entendía que solo reproduciendo la situación que les había ayudado a capturar al tal Daviwolfy podían generar cualquier posibilidad de salir con vida de aquella situación, sobre todo si en el lugar parecían comenzar a reproducirse las ratas compañeras de Daviwolfy.
Cuando Chenko miró a sus hombres era solo para comunicarles un mensaje que para ellos comenzaba a ser evidente en todo aquel asunto: nuevamente, y más que antes, solo tenían a su favor el factor sorpresa. Y no debían desperdiciarlo.

Ahora que aquel extraño llamando a Daviwolfy parecía estar alejandose, ellos tenían que salir de los conductos de ventilación e ir por él. No podían ceder la iniciativa de las acciones.
Un segundo después los cuatro hombres salieron en silencio de los conductos y tras dejar el cuerpo inerte de Daviwolfy en el interior de los mismos, se acercaron al descenso hacía la profundidad del segundo nivel, hacía aquella negrísima sensación, intentado asir la iniciativa de lo que fuera a suceder.

+

Al encontrarse en el segundo nivel, escuchando sus pasos adherirse al suelo y adivinar que aquella sustancia no era sino sangre coagulando y quizá alguna otra cosa, optaron por avanzar hacía donde antes no habían estado: hacía lo que suponían eran muros sumergidos en oscuridad. Quien fuera que hubiera estado ahí abajo gritando no había tenido otra posible ruta de avance. Lo demás eran paredes visibles y cavas que no conducían a ninguna parte.

Pero seguir caminando representó muy pronto un peligro evidente: la oscuridad tras unos cuantos pasos sería total.

Los hombres tuvieron que detenerse un momento y comprender lo que estaban haciendo, y sobre todo revalorar la motivación que existía detrás de sus actos. Tomar la iniciativa de las acciones parecía una cosa buena estando escondido en un ducto de ventilación, pero un segundo antes de ser engullido por la más densa oscuridad jamás pensada, aquel pensamiento parecía deformarse hasta lo irreconocible.
Para Chenko y sus hombres ese era justo el momento en que, como en las películas, alguien decidía ir a buscar al monstruo justo cuando parecía tener la puerta de escape a su costado, lista para usarse. El momento justo en que la madre de cuatro, soltera, decide a mitad de la noche bajar las escaleras de la casa por que ha escuchado el blandir de un cuchillo en la sala, sospechando la presencia de un ladrón en la casa.

Era claro también para todos que la tormenta podía extenderse aún por horas interminables, pero era comprensible pensar que se detendría en algún momento. No podría durar para siempre. Pero –el maldito pero- tampoco podían permitir que cualquier cosa se les acercara demasiado. En este caso, adentrarse en la oscuridad y dejarse ser devorado por la misma, buscando a quien había proferido aquellos gritos en busca de Daviwolfy, era demarcar un perímetro y territorio que quizá les preservaria con vida.
Quizá.

+

Después de un momento de espera y de afinar el oído hasta lo animal, avanzaron hacia el recóndito lugar donde antes supusieron paredes. Y solo tras unos pasos descubrieron una ligera corriente de aire. Se adentraba en la oscuridad con el ruido del aleteo de una mariposa elemental. Avanzaron con ella de la mano dando pequeños y firmes pasos, dejándose conducir como niños pequeños.
Todo eso era un juego de voluntades y esfuerzos indefinibles.
La oscuridad no les permitía mirar siquiera sus propios pensamientos y ellos de pronto avanzaban confiados en nada y en todo al mismo tiempo. Aquello parecía un largísimo pasillo que los hombres imaginaban poblado de lámparas en las alturas invisibles. De cuando en cuando los sonidos de sus pisadas era el único elemento que les indicaba que en realidad seguían vivos en medio de la negrura; pero solo unos cuantos momentos después, de procedencia indefinible escucharon algo diferente a ellos. Escucharon lo que parecían ser los apagados ecos de voces humanas.

Se quedaron quietos entonces. Bien podría haber estado al borde del abismo o del mar y no se hubieran percatado de ello.
El sonido de aquellas voces –una conversación- parecía florecer de pronto de las paredes y de pronto del suelo; de la espalda o del costado del compañero. Intentaron escuchar durante algunos minutos pero el sonido solo era una aproximación difusa a lo humano. Si alguien estaba conversando lo estaba haciendo a mucha distancia de ahí. Chenko intento asir algo en la oscuridad, a quien estuviera más cerca de él. Se encontró la manga de Richthofen y a base de tirones que se esparcieron en un momento, trasmitió la orden de seguir avanzando.

+

Cuando dieron con una pared que los freno en seco parecía que llevaban mucho tiempo caminando en la densa oscuridad. Todos la palparon y siguieron sus contornos hasta llevarse la impresión de que aquel lugar no conducía a ninguna parte. Mientras más revisaban la extensión de la superficie, más se convencían de que ahí no existía una salida. Pero, entonces –pensaban todos- qué sucedió con la corriente de aire.

Bastó regresar un par de metros para dar con ella nuevamente y entender que de alguna manera aquel largo pasillo que recorrían a oscuras concluía su camino en algún punto ciego, pero su continuación se hallaba unos metros atrás, como una conexión más que una continuación.
Y después de algunos pasos más se toparon con otra esquina, y al fondo, aún lejana, como una pálida luciérnaga, observaron un poco de luz.

Siguieron avanzando intuyendo que sus pupilas debían de estar dilatadas al máximo, tanto que incluso el más tenue flotar de átomos de luz parecía provocar un difuso dolor en las cuencas de sus ojos.
Solo un buen rato después pudieron acercarse en perfecto silencio al final del oscuro camino que recorrían. Parecía que habían invertido en eso un par de horas, aunque en realidad no hubieran pasado más de veinte o treinta minutos en total.

+

Al final del pasillo se adivinaba una desembocadura que asomaba en lo que parecía ser una cámara tenuemente iluminada al centro.
Aún estaban Chenko y sus hombres a unos seis o siete metros de la salida de aquel túnel cuando de la nada, en silencio y con perfecta calma, una figura oscura, irreconocible y solo humana en su contorno, atravesó por el centro de la cámara, sin prisa alguna, cojeando y encorvada, perdiéndose en un oscuro pasillo lateral, uno como en el que ellos estaban.

Si la figura iba completamente calmada, Chenko y sus hombres no supieron sino estremecerse y con todas sus fuerzas retener dentro de sus cerebros un grito enorme que hubiera revelado estupidamente su posición.

Ahí se desató la segunda parte del infierno.

Tuesday

26v

Chenko, Skass, Richthofen, Lara, Dreed, Sinner, Xavare, Kimera, Bender.
¿Qué significaron esos nombres un día?

Significaron un puño en contra de los temibles vientos que transformaban la tierra en un cementerio agónico; un cementerio en el cual sus muertos se empecinaban en perseguir todo rastro de vida y contaminarlo con ellos mismos.

Chenko, Skass, Richthofen, Lara, Dreed, Sinner, Xavare, Kimera, Bender.
¿Qué significan ahora?

Son la clara presencia de un dejo de vida y esperanza

+

Ahora Bender, Lara, Kimera, Sinner y Dreed han desaparecido. Se los ha tragado la oscuridad.

La mente de Chenko iba y venia recorriendo los rostros de sus hombres perdidos en las últimas horas en el interior de aquel maldito lugar. Le parecía increíble pensar en lo que había sucedido: el pan contaminado, la apagada histeria que se había sucedido entre ellos; Pensaba luego en la desaparición de Lara, donde hubo sangre inmiscuida, y en la desaparición de Kimera y Sinner, en donde solo hubo duda y silencio. Recorría luego con la mente las implicaciones del silencio de Skass y Xavare, un silencio seguramente lleno de resentimiento y deseos de devolver el golpe, todos los golpes. A ese momento la fidelidad de Richthofen no estaba sobre la mesa, acusada de fragilidad. Pero lo cierto es que las cosas estaban totalmente enredadas y que ya nada se podía tomar por cierto. Solo la esencia de la duda penetrando los átomos de todo.

+

Quizá la estrategia de esperar a que la tormenta amainara era estupida e inútil, pero era la única que Chenko tenía.

+

Entonces se escuchó un grito, un macabro grito masculino que sacudió todo el lugar con su estridencia. Quizá no fue tan fuerte como pareció de primera instancia, pero rompió de tal manera el silencio del lugar que bien pudo haberse figurado como un volcán vomitando animales salvajes, un cocodrilo blasfemando a los oídos de alguien que se recupera de un severo accidente.

- ¡Daviwolfy! ¡Daviwolfy! ¡Dónde carajos te has metido! ¡Los malditos se fueron! ¡Los dejaste escapar! ¡Daviwolfy! ¡Ven aquí inmediatamente!-

Chenko y los suyos se estremecieron de tal manera que parecieron de pronto poseídos por un temblor de tierra brutal y de fortaleza desconocida hasta entonces. El grito se extendió haciéndose cada vez más fuerte y localizado. La voz que lo expresaba era áspera y difícilmente se antojaba humana.

- ¡Estas muerto cabrón, bien muerto! ¡Los dejaste escapar! ¡Se fueron los malditos! ¡Estas muerto y sabes perfectamente qué va a sucederte!-

Aquel grito se acercaba dramáticamente hasta la reservada posición en la que Chenko y los suyos se encontraban. En medio de ellos, atado y sometido, Daviwolfy temblaba ante los gritos que se acercaban rápidamente. Cualquiera pensaría que ante los suyos se envalentonaría y haría todo lo posible por revelar la posición de los hombres, pero Daviwolfy fue el primero en querer esconderse y quedar petrificado. Richthofen se acercó a Daviwolfy y lo sometió de manera precautoria. El extraño entre ellos estaba temblando y mostraba una palidez inexplicable por todo su cuerpo.

- ¡Ahora mismo te estas perdiendo de una alegra fiesta! ¡Tenemos dos nuevos invitados, incluso James esta por aquí! ¡Uno de los nuevos invitados es una bellísima mujer, verla desnuda, atada y, y lista, tú entiendes, es algo que no debes perderte! ¡Sal de donde estés Daviwolfy, sal antes de que te encuentre!-

Lara, pensó Chenko, Lara esta con ellos. Pero... ¿No esta infectada entonces...?

+

Daviwolfy se quebró. Comenzó a temblar de una manera increíble. Y luego balbuceo y en un segundo estuvo a punto de responder a la voz de aquel grito que se expandía polifónicamente por todo aquel lugar pero la dentadura lo traicionaba y se sacudía violentamente, hasta que claramente intento gritar desde aquel fondo del ducto de ventilación. Entonces Richthofen lo sujeto aún con más fuerza e intensifico el abrazo precautorio hasta que Daviwolfy se torno un verdadero problema unos segundos después. Richthofen lo golpeo en el rostro con toda la violencia de la que fue capaz. Y lo golpeo hasta conseguir callarlo, hasta que logro someterlo del todo, hasta que algo crujió detrás de la nuca de aquel extraño y se quedo quieto de inmediato con un gesto de angustia en el rostro.
- Mierda...- Chenko, desde un ángulo complicado descubrió que su soldado había dejado fuera de combate a Daviwolfy. Desde aquella distancia Richthofen recibió la silenciosa aprobación de su líder.

25v

De forma inequívoca habían comprobado que no estaban solos.
Y no eran zombies, infectados -los malditos tal y como los conocían- los que estaban haciéndoles compañía.
Y la pregunta verdaderamente importante en todo esto era saber si en verdad querían conocer la identidad de aquellos que estaban con ellos en las profundidades de las oscuras instalaciones. Chenko, Richthofen, Xavare y Skass percibían un territorio hostil debajo de sus pies y sobre sus cabezas, y ante la pregunta, telepáticamente coincidían en que sería una locura pasar el tiempo suficiente dentro del lugar como para llegar a conocer la respuesta. Afuera la tormenta seguía recrudeciéndose y mostrando sus afilados colmillos de fuego y sangre. Otra torpeza mayúscula sería exponerse a la intemperie, siempre y cuando consideraran aún valioso seguir con vida. Así que la mejor opción era seguir esperando. Y la trinchera parecía convertirse en la estrategia y un aliado con el que podían contar hasta que el infierno de nieve del exterior apaciguara su furia.

Debían buscar un lugar en aquellas instalaciones -exclusivamente en el área ya reconocida- en el cual guarecerse de cualquier posible peligro. Pero lo único que entorpecía aquel sencillo plan era la presencia entre ellos de aquel sujeto, ese tal Daviwolfy que era una confusa muestra representativa de cualquier posible enemigo que pudiera estar ahí, en el nivel inferior de aquel complejo, esperando por ellos.
Algunas de las cosas que decía ese hombre parecían tener cierto sentido, sobre todo cuando hablaba de Lara y de la infección que la había poseído. Quizá Kimera estuviera pasando por lo mismo tras desaparecer del lugar en donde Chenko lo había dejado, y con toda probabilidad Sinner estuviera en la misma. Si no había muerto tras el impacto de aquel golpe de Richthofen en su cabeza, la infección podía haberlo ya revivido y transformado en enemigo.

Aunque de facto ya no existían como escuadrón ni nadie de ellos estaba obligado a nada, la inercia aún era una fuente poderosa de comportamiento, tanto que Chenko se sintió cómodo al reagrupar al cuarteto por parejas, Chenko y Skass, Xavare y Richthofen, y todos se sintieron cómodos al obedecer. Tal vez Chenko los ordenó de esa manera para que los dos soldados rebeldes no quedaran juntos, o porque aún se veían debilitados y no tendrían oportunidad de nada en el peor de los escenarios. En suma aquello fue un buen gesto de Chenko. Los hombres tenían como única meta registrar aún más a fondo aquel lugar, esta vez con la perspectiva de encontrar cualquier cosa que pudiera funcionar para construir una trinchera de asalto que pudiera protegerlos y darles ventajas de posicionamiento en caso que el enemigo decidiera aparecer del lugar en dónde se hallaba oculto y se les enfrentara. Daviwolfy quedaba perfectamente amordazado en el punto de partida de los dos grupos de exploración.

Ambos grupos tardaron unos veinte minutos en regresar al punto de encuentro con buenas noticias. Chenko y Skass creyeron haber encontrado un recoveco perfecto en el cual podían esconderse. En el fondo de aquel primer nivel, no muy lejos de la puerta por la cual habían ingresado desde el primer momento se hallaba un acceso a los sistemas de ventilación del lugar. Con toda facilidad aquellos conductos podían contener a un hombre de mediano tamaño y peso y resguardarlo de manera más o menos cómoda durante todo el tiempo que aquel hombre pudiera soportar estar ahí adentro, casi en penumbras, lo cual en el caso de los soldados con entrenamiento y experiencia en batalla no sería menos de diez u doce horas, recostados en el conducto sin hacer demasiado ruido. Tal y como en cualquier misión de reconocimiento y espionaje en la que hubieran participado con anterioridad. El fondo de aquel posible escondite consistía en un laminado con orificios constantes que permitían una tenue vista al exterior y dificultaba, por los efectos naturales de contraposición entre luz y sombra, la vista desde el exterior. A todo eso quizá Daviwolfy podría llegar a convertirse en un problema, pero Chenko estaba más que determinado a negarle cualquier oportunidad de salirse de los parámetros de perfecta conducta y silencio que de ahí en adelante iban a regir la espera.
El segundo grupo de reconocimiento, Richthofen y Xavare, también trajo buenas noticias.

-Tienen que venir con nosotros. Inmediatamente.- Dijo Xavare mientras conducía al grupo a las inmediaciones de una pequeña esquina que remataba una de las aristas del lugar. Ahí Chenko no miró nada. ningún mueble ni salida posible. Pero lo que Xavare intentaba mostrarles estaba en la pared.
Era un mapa. Un mapa subterráneo.
Era enorme, a toda luz costoso y estaba medianamente escondido en el fondo de un par de profundas sombras que se lo tragaban como el fondo del mar lo hacía con los barcos antiguos.
Con trabajos lo sacaron de la profundidad de aquellas sombras y lo llevaron con ellos hasta la fuente de luz más pronunciada que encontraron.

Simplemente no podían quitarle los ojos de encima a todos aquellos trazos. En pocos momentos identificaron el acceso por el cual habían llegado al complejo y las delimitaciones del nivel superior e inferior eran perfectamente claras. Ante tan exacta demarcación del suelo que pisaban les costaba trabajo pensar que algo en el resto del mapa fuera erróneo. Y si eso era cierto, el sitio en donde se encontraban era increíblemente grande, gigantesco, y solo habían visto una pequeña porción -mínima- del mismo.

Aquello basta para cortarles la respiración. Hasta ese momento habían tenido la impresión de que aquel complejo en realidad no era grande y que los dos niveles transitados eran casi el total del mismo. Pero según ese mapa una importante sección de aquel complejo discurría bajo tierra, extendiéndose hasta alcanzar a través del subsuelo una considerable porción de terreno, adentrándose en un lugar, un poblado o ciudad. No era posible determinarlo a ciencia cierta porque el mapa detallaba el complejo y no el aparente asentamiento.
Suponían que las líneas rectas y muy definidas eran túneles que conectaban con puntos específicos en el poblado, pero no entendían la razón de ser de estos. Y quizá tampoco entendían del todo la existencia de un probable asentamiento humano en un lugar tan inhóspito como ese. Solo la teoría de un lugar habitado por los científicos que antes trabajaron en aquellas instalaciones parecía tener sentido, pero luego saltaba a la vista que aquel lugar era demasiado grande como para solo mantener un sentamiento satélite de mínimo tamaño.

Después de mirar todas aquellas delimitaciones especificadas en el mapa les quedaba muy claro un par de cosas. Una, trascendente, es que aquel supuesto poblado debía de estar destruido y enterrado debajo de toneladas de nieve. No cabía la posibilidad de otra cosa.
La segunda, y más importante aún, es que si de alguna manera existían vestigios de la población circundante, alguien con un poco de cerebro hubiera buscado refugiarse en las instalaciones en donde ellos estaban ahora atrapados. Y no solo uno, sino quizá muchos.
Eso bien podría explicar la presencia y silencio de su huésped, este tétrico hermano de James Steward que no soltaba información alguna.

+

Ahora restaba esperar. Dentro de los planes de los soldados no estaba una incursión en las profundidades de aquella instalación.
Se dirigieron a los ductos y después de arrastrarse en ellos, Chenko y Skass por delante, en medio el prisionero Daviwolfy y al final Xavare y Richthofen, se aprestaron a guardar silencio y a dejar pasar el tiempo. El mapa había sido doblado hasta el máximo y ahora yacía dentro de la desgastada ropa de Chenko. Una vez apostados y con la sensación de la terrible tormenta sobre sus cabezas, esperarían a que el ruido del golpeteo del clima sobre el lugar desapareciera, o cediera al menos, y saldrían de ahí sin que nada más importara.

+

Después de muchos minutos, treinta o cuarenta quizá de silencio e inamovilidad, dentro de la mente de Chenko solo afloraba un pensamiento recurrente, una imagen extraída directamente del mapa que habían encontrado. Era el nombre de aquel lugar. No solo de la instalación, sino el nombre del poblado. El asentamiento científico estaba señalado en el mapa con una serie de siglas y números incomprensibles, algo así como SOL37378SS, seguramente era una clave de reconocimiento. Detalle propio de una fría mente científica. Mientras, el nombre del poblado parecía igual de indescifrable. De alguna manera el mapa estaba dañado en la zona en donde se adivinaba el nombre del asentamiento humano al lado de aquella instalación.
Aquel pensamiento de Chenko en realidad era ocioso y banal, no tenía ninguna trascendencia pero como tampoco era legible el nombre del poblado, otorgaba una sensación de quebranto y fragilidad que Chenko de una manera subliminal no podía tolerar.
De forma incompleta solo se entreveían algunos monosílabos sueltos: Cøtas..ph..c…ty.


De una u otra manera aquella ciudad de nombre impronunciable debía de ser un cementerio blanco de nieve.
Chenko se preguntaba si todos sus habitantes estarían muertos.
O casi.

+

Allá abajo, en donde estaban las cavas de pan -en donde ellos suponían habían paredes cubiertas de oscuridad- en realidad existían pasillos enterrados en negrura. Pasillo que interconectaban nuevos elementos constitutivos de aquel complejo con nuevas salas y enormes segmentos de terreno desconocido, terreno que bien podía albergar cualquier tipo de sorpresa, por ejemplo, al tal James Steward. U otras ratas como Daviwolfy.

Friday

Vd

24v

Un rato después, dentro de aquel complejo semisepultado por una de las tormentas de nieve más virulentas imaginadas por cualquier hombre, los cuatro habían extraído la suficiente información como para hacerse una idea general de lo que estaba sucediendo de forma inmediata a su entorno, y aunque no profundizaban lo deseado, daban grandes pasos en la resolución de algunas interrogantes.
Y todas las respuestas que aquel hombres les había ya entregado, lo había hecho sobre una bandeja de silencio y terquedad. Pero aquello era más que suficiente.

- Si estuvieras verdaderamente solo, desde el principio te hubieras acercado a nosotros.-
- ...-
- Claro, solo falta saber cuántos hay contigo.-
- Me preocupa -le dijo Chenko- que tú y los tuyos sean como ratas. Cuando ves una, sabes que hay veinte bajo tierra, cuando ves cinco, hay cien escondidas vigilando tus pasos.-
- ...-
- Y lo que más preocupa, es que cuando atrapas a la primera, significa que el cúmulo de roedores se ha vuelto confiado y flojo. Ya pronto no les importara ser vistos... ¿Debo preocuparme James, debo preocuparme?-

Por alguna razón desconocida ese hombre, ese prisionero del ex escuadrón S.T.A.R.S. al escuchar el nombre de James alteraba perceptiblemente el gesto secundario de su rostro. Su faz podría ser la misma roca inamovible en todo tomento, pero sabias cuando en el fondo de sus facciones existía un dejo de burla, y era perceptible cuando el gesto detrás del gesto cambiaba, y era serio y preocupado, como si Chenko y los demás hubieran tocado una fibra sensible.

- No- dijo el hombre al cabo de varias reiteraciones de la pregunta - yo no soy James... nunca lo he sido... hasta que me obligaron...-
- ¿Qué dices imbecil? ¿Qué dices?-
- No soy James, solo eso...-
- ¿Te obligaron? ¿Quién eres? Solo necesito saber eso.-
- Otro.-
- ¿Otro? Tu nombre, tu nombre mal nacido, dame tu nombre...-
- ¿Por qué te importa eso?-
- Por que sí, porque quiero saberlo.-
- Me dicen Daviwolfy, y solo eso. Nada más.-
- Bien, ya tengo un nombre con el cual llamarte cuando este rompiéndote todos los huesos del cuerpo.-
- Haz lo que quieras...-
- ¿James? ¿James Steward? ¿Esta por aquí?- pregunto Richthofen.
- Si, de alguna forma...-
- ¿Dónde? ¿Dónde exactamente?- exclamo Chenko.
- ¿Exactamente?- Los ojos de Daviwolfy se fijaron muy profundos en los del líder del minado escuadrón -pues, exactamente, aquí, conmigo...-

Los soldados ya intuían la presencia de más personas vivas en aquel complejo, pero el único que habían interceptado parecía estar loco, completamente afectado de la cabeza. Todos consideraban secretamente que el deterioro físico era la causa de aquellas respuestas erráticas y dispersas. Nada en lo que decía tenia sentido, pero una cosa parecía ser cierta: que entre nebulosa y bruma, algo de verdad y acierto debía de estar asomándose en las palabras de aquel hombre. Y si aún en medio de la disminuida condición de su cerebro decía que el tal James Steward estaba aquí, con él, más valía vigilar los flancos, al menos hasta que dieran con este y lo retuvieran también perfectamente atado a una silla.

- Pero... pero lo peor de todo...- susurro Daviwolfy - lo peor de todo aún esta por venir...-
- ¿Lo peor de todo? ¿Qué carajos?
- Lo peor de todo es que ella los ha descubierto, y se ha fijado en ustedes, y se ha encariñado contigo...- Dijo el prisionero clavando nuevamente la vista en los ojos inexpresivos de Chenko.
- ¿Quién, quién ella? Responde maldito, responde rápido...-
- Ella, la que viene a matarnos a todos.-

Los soldados creyeron comprender de inmediato las palabras de Daviwolfy. Claro, en todo esto había una ella, y su condición era de sospecha y ausencia. Lara.
Claro, Lara.

Si lo que fuera que estaba allá afuera había infectado de algo a la miliciana y Daviwolfy había tenido un asiento de primera fila en el espectáculo. Seguramente el maldito había visto a otro u otros infectados, como el de las cavas de pan, dar fin a la mujer. y ella ahora debía rondar el lugar, quizá acompañada de Kimera, buscando la mejor manera de sorprenderlos y acabar con ellos.

- Estas jodido del cerebro Daviwolfy, bien jodido.-
- ¿Entiendes que ella va a matarnos a todos?-
- Desafortunadamente tendremos que responder con la misma moneda; nuestra estimación hacía Lara es sincera, pero el juego consiste en seguir vivo, sin que importe el costo...-
- ¿Tu amiga se llamaba Lara?-
- Si, ese fue su nombre.-
- La vi, y vi lo que hicieron con ella. No imaginas siquiera...-

Chenko no estaba ahora para historias de corte Gore. La ausencia de Lara ya era sombra suficiente como para todavía ennegrecerla con más asquerosas historias.

- Y debe estar y venir ya con ellos, como James...-
+

Por un segundo Chenko tuvo una visión en la mente: Lara preparándose para atacarlos.
Y deseó, deseó con toda su fuerza que el virus que la había contagiado fuera todavía el mismo que asoló por completo la tierra, con sus invencibles capacidades para degradar el cuerpo humano.
No quería pensar siquiera en la posibilidad de que anduviera por ahí un infectado con sus capacidades humanas casi intactas, con entrenamiento militar codificado ya por instinto y sin la capacidad de dolor, y envuelto en una furia y violencia animal.

No, no quería pensarlo.

Thursday

23v

Chenko dejó caer la figura y silueta del hombre que traía cargando sobre de si. De inmediato Richthofen, Xavare, Skass y Chenko lo rodearon.

- ¿Cómo carajos le sucede esto a un hombre?- Pregunto uno de ellos.
- Que mal...-
- Igual había visto cosas similares en fotografías, pero verlo... así... directo...-
- Apabullante...- remato Chenko. Y los hombres asintieron.

+

- Solo no te le acerques demasiado. Puede también estar enfermo...-
- Estoy revisando, solo estoy revisando.-

Xavare y Skass aparentaban recuperar terreno en su mejoría física. La clara idea de ahora no pertenecer a un grupo -un cúmulo definido y con sentido- sino solo estar adheridos a otros hombres los obligaba a levantarse físicamente. Estaban juntos y completamente solos al mismo tiempo. Ya no eran un puño, sino dedos individuales buscando la salvación propia.
El resentimiento crecía entre ellos, pero ahora la sorpresa lo ahogaba y lo proyectaba en un lejano segundo plano, además de que la dosis de adrenalina experimentada parecía haberlos traído de regreso a la vida. Solo fluía la amarga sensación ante el hecho de que Chenko había estado dispuesto a sacrificarlos en el abandono, con tal de salvar su propio pellejo. Tal vez llegarían a la conclusión de que ellos hubieran hecho lo mismo de haberse sucedido el ritmo de las cosas en ese sentido. De cualquier manera ahora no parecía importante.

Y casi por deducción se sintieron muchísimo mejor al comparar su situación con la de aquel desgraciado en el suelo, sobre el cual en ese momento Xavare se inclinaba y lo revisaba a conciencia. La ropa que portaba era la de un civil, eso era seguro; su vestimenta no encajaba "del todo con ninguna jurisdicción militar y eso se podía comprobar en su fisonomía, donde se evidenciaba la ausencia de señales de entrenamiento alguno. Pero de cierta manera, determinar eso solo era posible sobre la base del instinto, porque el cuerpo de aquel hombre estaba visiblemente desgastado, en ruinas. Por un segundo les dio la impresión de ser incapaz de mostrar batalla a cualquiera de ellos por causa de que un enemigo superior lo había llevado al borde de la derrota última, y este enemigo no había sido sino el hambre.
El cuerpo del hombre era una colección de huesos de piel reseca y marchita, nebulosa y de un extraño pálido color morado. Era la viva imagen del más profundo deterioro humano, y todo eso contrastaba -creando una sensación de sospecha invencible- con la chamarra militar que portaba aquel hombre, inmaculada, casi con olor todavía a nuevo, la cual parecía ser gigantesca al posarse sobre los músculos y huesos venidos a menos. La chamarra era evidentemente de tono militar aunque les resultara desconocida la graduación para los soldados ahí presentes.

- Lo que afloraba de su piel al pelear contigo Chenko, no eran sino sus mismos huesos al marcarse sobre el exterior.-
- Mierda...-
- Si, mierda...-
- Tengo el honor de presentarles al señor- dijo Xavare -aquí esta su nombre...-
Sobre el frente superior derecho de aquella chamarra estaba bordado un nombre y una insignia militar, que indicaban el rango y la inscripción del soldado.
- Con ustedes el cabo de infantería, escuadrón 19, el siempre gentil y elegante James Steward...-
- Mucho gusto James- dijo Chenko -si necesitas otra golpiza, solo dilo.-

Los demás hombres miraban todavía sorprendidos aquel cuerpo derrumbado. ¿De dónde había venido? Por alguna razón había varias cosas que parecían completamente desconcertantes en todo aquel crucigrama. La primera de ellas es que casi estaban seguros que aquel hombre no era un militar, y aún así poseía una chamarra de la milicia. Y eso desembocaba en que la obvia pregunta: ¿Estaba solo? Nadie podía creerse esto último.

Su presencia, al confundir, también desentrañaba.
Así se explicaban las pisadas descubiertas en el piso inferior del complejo, sobre y alrededor del primer rastro de sangre de Kimera.
Quien por cierto seguía en calidad de desaparecido.

+

- Chenko, creo que... deberíamos... deberíamos corroborar...-

Un pensamiento similar, en el mismo momento, cruzó por la mente de cuando menos dos de aquellos cuatro soldados. Richthofen y Xavare intercambiaron miradas y después se explicaron ante Chenko y Skass. Después de sus palabras Richthofen se acercó al borde de las escaleras y descendió algunos escalones intentando mirar algo ahí, en la profundidad de aquel antiguo comedor a oscuras. Regreso con el resto de los hombres y el gesto desencajado en su faz lo explico todo.
Sinner había desaparecido.

- Muy bien, muy bien- dijo Chenko -vamos a quedarnos aquí, ya no aplica nada similar a una misión de rescate suicida. Vamos a esperar que este maldito se despierte y a obtener algunas respuestas necesarias para comprender este embrollo.-

El minado ex escuadrón S.T.A.R.S guardo un profundo silencio.

+

La tormenta en el exterior parecía un brazo enorme y desencajado que no debilitaba su intensidad. Seguramente el exterior debería estar reportando no menos de quince o veinte centímetros de nieve acumulada desde que ellos habían ingresado al complejo. De haber continuado allá afuera de seguro estarían ya muertos, aquella era demasiada nieve, viento y frío; y aunque protegidos por aquel complejo, por mucho tampoco se sentían seguros.

El supuesto James comenzó a volver en sí un rato después, pasado el tiempo suficiente como para tomar precauciones y buscar con que atarlo. Habían encontrado algunos cables eléctricos sueltos por aquí y por allá, y cuando James comenzó a percibir las cosas a su alrededor ya se encontraba sentado en una silla, con los brazos y manos atados al respaldo de la misma, al igual que sus piernas y pies a las patas del mueble.

Luego comenzó a balbucear.

- Sue... suelt... enme... soltarme...-
- ¿Qué dices estupido, qué dices?- Chenko le increpó desde el primer momento, furioso.

- Suelt... eneme... palom... as pal... oma... s... vie... nen aquí...-
- ¿¡Qué dice, qué dice el imbecil!?-
- ¿Qué dices? ¿James? ¿James? ¿Te llamas James, eres James?-
- Jam... es... arti... co... art... ico... pal... omas.... Jjj...ames...-
- Esta delirando Chenko, debe estar completamente seco del cerebro.-
- Hay que hacerlo hablar- contestó el líder -inmediatamente.-
- ¡Escucha James! ¡Aquí estamos intentando algo! ¡Pon atención!-
- Jame... palom... vienen... ya vien... en... James viene...-
- ¿James? ¿James viene? ¿Tú no eres James? Contesta...-
- ¿Jammmmes? ¿Jaaammesss?-

- Estamos perdiendo el tiempo.- Dijo Chenko y tomó al hombre de la solapa de su extrañísima chamarra y lo levanto del suelo con todo y la silla a la cual estaba atado. Al parecer a Chenko le gustaba aquello.
Escúchame cabrón! ¡Escúchame de una vez por todas! ¡Quién carajos eres y qué mierda esta sucediendo aquí!-
El rostro de aquel hombre comenzó a tomar y adoptar facciones y gestos cada vez más concientes, hasta que al final se dio cuenta que estaba atado y pendía de los puños de un soldado que lo miraba furioso. Entonces comenzó a sacudirse violentamente.

- ¡Déjame, dejameeeee, maldito, sueeeeltame....!-
- ¡Ahora si, como me gusta! ¡Contéstame maldito! ¡Quién carajos eres y qué esta pasando aquí! ¿Dónde están mis amigos, Sinner, Kimera, Lara?-
- ¡Que me sueltes! ¡Estas acabado! ¡Estas condenado tú y todos los tuyos! ¡TODOS ESTAN CONDENADOS!
- ¡Contesta de una maldita vez! ¡Quién eres! ¡Cómo te llamas!
- ¡Necio! ¡Cadáver viv...!

Chenko simplemente lo botó. Lo lanzó quizá un par de metros y este último se estrelló violentamente en contra del suelo. Chenko se le acercó inmediatamente con la firme y única intención de volver a descargar sobre aquel sujeto una nueva ráfaga de golpes irracionales.
Los hombres tuvieron que interceptarlo y detenerlo cuando se aprestaba a moler al extraño vencido en el suelo. Chenko reculo dentro del tenso abrazo de Richthofen, Skass y Xavare. Y solo tras un minuto de forcejeos y amenazas, el visiblemente tenso soldado se calmo lo suficiente como para permitir que lo soltaran y que alguien más obtuviera la información que todos estaban buscando.

Wednesday

22v

El hombre miró a Skass y tras un segundo revolvió su mirada y la fijo en Xavare, quien parecía poseer la misma interrogante en el rostro, adolorido y sin el beneficio de haberse librado del peso de aquella pregunta.

Entonces, en el rostro ya de por si desfigurado por la crisis interna del hombre, algo cambió en el rostro de Chenko, y extrañamente, no para mal.

- Xavare, habla conmigo. ¿Sabias que en el mundo que existió antes de todo este infierno, a mi me gustaba mirar a los Simpson?-
- ¿Qué dices Chenko?- El hombre respondió asombrado ante el giro de la conversación.
- Digo que por favor hables conmigo, de la forma más natural que te sea posible.-
- Chenko... estamos hablando en serio… ¿Porqué nos abandonas?
- Mi personaje favorito siempre fue ese joven de cabello azul... azul... ¿Puedes creértelo?-
- ¿Qué dices, cuál joven?-
- Milhouse Van Houten, se llamaba... ¿Habrán logrado dibujar un capitulo de los Simpson en donde Milhouse se contaminara con la infección? Hubiera sido gracioso, ¿no crees?-
- Chenko, ¿De que demonios estas hablando?-
- Digo, Xavare, que mi personaje favorito era Milhouse, y que tenemos compañía.-

Una descarga eléctrica sacudió los cuerpos de los tres hombres que escuchaban a Chenko. Qué carajos...

- Ninguno de los tres se ponga nervioso. Esta en el borde de las escaleras. Lo estoy mirando. Skass, muévete a tu izquierda, Xavare, camina a tu derecha, abran un flanco... Esta en el borde del último escalón, asomando la frente. Por poco me ha engañado, pero se balancea lentamente al ritmo de su respiración.-
- Chenko- dijo Richthofen casi sin voz, con un tono que pareció más una suplica que una pregunta -¿Qué estas diciendo?-
- Que Milhouse debe estar por ahí, convertido en un monstruo sangrante con la cabeza de Lisa Simpson en las manos, y que no estamos solos... Richthofen... alguien nos esta escuchando en las escaleras...-

El gesto que Chenko ahora colgaba sobre el rostro parecía intentar comunicar a los soldados que todo lo que había ocurrido en el piso inferior de aquel complejo en las horas pasadas -El pan infectado, Lara, Kimera, Dreed, Sinner- no había tenido en verdad la más mínima importancia comparado con esto.

En el remate superior de las escaleras se asomaba algo que no parecía sino un puñado de sombras tambaleantes. Era en realidad el borde de un aglutinamiento de cabello, un aglutinamiento que seguramente pertenecía a una cabeza que no intentaba asomar la vista para mirar a Chenko y a sus hombres, sino solo agudizar el oído y escuchar su conversación. O ni siquiera eso, sino solo percatarse de sus movimientos, espiar sus acciones e ir tras sus pasos. Tal y como si estuviera siguiéndolos sin la intención de acercarse; un comportamiento completamente ajeno a la naturaleza de un infectado.

Chenko contuvo la respiración un momento para de forma inmediata dar una profunda y callada inhalación. Exhaló y volvió a jalar aire, todo en silencio. Xavare y Skass ya se apartaban y abrían un hueco entre ellos, un hueco solo un poco más amplio de lo normal y que no llamaba la atención de de ninguna manera.
Y en un segundo Chenko inhalo hasta llenarse aire los pulmones e hizo estallar el suelo a sus pies cuando imprimió toda su fuerza en los músculos de las piernas y como un relámpago -que destrozó en un segundo la tranquilidad del lugar- salio disparado de en medio del grupo de soldados por el hueco entre Xavare y Skass, y en un breve instante un grito diabólico salio de su garganta, cuando tenia ya recorrido los primeros tres o cuatro metros de distancia entre el acceso y el remate de la escalera en donde eso, que se encontraba ahí, tardo en reaccionar.

El cuerpo de Chenko se sacudió en el movimiento envolvente de un salto similar al de un felino en caza, cuando se lanzó por el aire en contra de la región general en dónde se percibía aquel aglutinamiento de cabello que debía pertenecerle a un cuerpo, de seguro,

+

Lo siguiente que se escuchó fue como alguien rodaba violentamente por aquellas escaleras, seguido de una serie de maldiciones explosivas. Los tres soldados restantes se acercaron rápidamente y alcanzaron a mirar con la poca luz disponible como dos cuerpos se entrelazaban y fundían en un intercambio furioso y repetitivo de golpes. Pero fue evidente desde el principio que el factor sorpresa pagaba sus dividendos y Chenko se hizo en apenas unos cuantos segundos del control de las acciones. La imagen de Chenko era la de un poderoso militar debidamente entrenado envuelto en una intensa lucha cuerpo a cuerpo, mientras que su contrincante reflejaba algo extraño por todas partes, algo que no tardó en ser evidente: la piel que lo cubría estaba completamente amoratada, cubierta de lo que parecían ser protuberancias que emanaban desde el fondo mismo de aquel cuerpo, como si músculos internos, de movimientos y funciones desconocidas brotaran de su figura mientras luchaba.
Chenko lo venció solo unos momentos después, dejándolo fuera de combate con un golpe certero a la barbilla. El cuerpo de aquel hombre se quedo entonces quieto, como abrazando a Chenko y luego resbaló hasta caer de lleno en el suelo.
Chenko se hizo a un lado y comprobó que él no tuviera heridas importantes. Nada, solo moretones, y leves todos ellos.
La batalla había sido breve y desigual. Confusa como mejor definición.
El líder del escuadrón miro a sus hombres en el borde superior de las escaleras y les dedico una extraña sonrisa triunfal. Luego miro al flácido cuerpo que yacía a sus pies y se acerco a él para levantarlo, lo cual hizo sin mucha dificultad.

- No es Sinner... ni Kimera... o un infectado… si eso se están preguntando...-
Dijo Chenko mientras comenzaba a subir los escalones hacia el primer piso de aquel complejo, en donde lo esperaban sus hombres, envueltos en una sorpresa infinita.

Tuesday

21v

- No podemos salir de aquí, el acceso al exterior esta completamente borrado.-
- ¿Cómo dices, Chenko, no podemos salir, qué sucede?-
- Sucede que estamos atrapados en este lugar. El lugar por el que llegamos desapareció debajo de una montaña de nieve y escombros.-
- ¿Cómo, cómo es posible?-
- La chimenea que daba al exterior se ha derrumbado en algún momento del ataque de la tormenta.-
- ¿Qué vamos a hacer, Chenko, qué vamos a hacer?-
- Quizá cuando la tormenta ceda podamos encontrar una salida entre los laberintos de toda esa nieve, pero antes será imposible hacerlo.-

La explicación parecía haber terminado, pero todavía una palabra salio de su boca.
- Además, hay que recordar que Lara se perdió ahí afuera, quién sabe que pueda estar esperando por nosotros en el exterior...-
- Chenko, entonces hay tiempo de regresar por Sinner, mirar si esta bien, si aún podemos contar con él...-

Chenko respondió con una razón llena de severidad.
- Lo más seguro es que Sinner tenga el cráneo partido en pedazos; vimos una hondonada en la parte trasera de su cabeza. Xavare, ¿A ti se te hunde el cráneo por donde piensas? No, ¿verdad?-
- Pero quizá, Chenko, quizá Sinner no están tan mal, hay que revisarlo, por amor de...-

En ese momento el gesto facial de Chenko cambio completamente.
Se volvió gélido, aterido, y a la vez, apenas de forma perceptible, pareció comenzar a respirar con mucha más cautela, mas que la que hasta la que ese momento había guiado sus acciones. Y sudó ligeramente, y aquella respiración y aquel tenue sudor era el mismo que Chenko manifestaba en medio de la batalla.

- Chenko, ¿Por qué ibas a abandonarnos?- Pregunto Skass entonces, con una herida en sus ojos, no física, sino una espiritual.
El líder del escuadrón no contestó, parecía que su mente se había trasladado a otro lugar.
- Chenko, dime ¿Te fallamos alguna vez? ¿Por qué querías deshacerte de nosotros?-

El hombre simplemente no contestaba. Parecía estar pensando en algo, cualquier cosa que pudiera explicar lo que había sucedido en las últimas horas, algo que hilara y le diera sentido a todo eso que hasta el momento habían estadio viviendo. Pero también era evidente que no podía concretar nada en ese momento.
Entonces Xavare, que hasta entonces había aparentado tranquilidad, fue vencido por las circunstancias y tras solo encogerse de hombros se lanzó hacía su líder como un animal salvaje, con furia en los puños y odio en el cuerpo; con la subliminal y única intención de hacerle hablar; con la necesidad de explotar y liberar toda la tensión y crear una catarsis con la cual vaciar su alma.

Chenko no se percato al instante de Xavare pero cuando lo hizo, un momento después, su atacante ya le asía del cuello e intentaba golpearlo. Chenko reacciono casi por instinto y dio un golpe brutal a Xavare en la boca del estomago, haciéndolo retroceder y caer al suelo. Entonces Skass acompañó la ofensiva de Xavare y se lanzo en contra de Chenko, pero se topó con un muro de músculos que ya lo esperaba. El impacto del puñetazo de Chenko en el rostro de Skass fue abrumador y dejó fuera de combate al hombre. En solo tres segundos Chenko había vencido a dos de sus hombres y contemplaba amenazadoramente a Richthofen, quien miraba a sus propios compañeros a la defensiva esperando que a él también alguien lo atacara.
Chenko se desentendió de Richthofen y acercándose a Xavare lo levanto del suelo y en vilo comenzó a gritarle y volvió a golpearlo un par de veces en el aire.
Lo dejó caer entonces y se alejo violentamente de ellos.

+

Algo estaba mal con Chenko.
Algo, muy mal.

En el fondo de sus ojos parecía que una neblina comenzaba a formarse, algo así como un encharcamiento de agua negra que comenzara a cubrir los destellos brillantes de sus ojos. Quizá su alma estuviese siendo reclamada en aquel mismo instante por una fuerza turbia y descontrolada. Estaba al borde de lo irreconocible, irreconciliable con el hombre que antes había sido. Le había dado una paliza a Kimera, casi sin tener razón para hacerlo; posiblemente había inutilizado al soldado y entregado a merced de quien fuera que estuviera en aquel lugar, en manos de cualquier monstruo que estuviera pendiente de ellos.

Aquí se acaba! ¡Aquí se acaba toda esta mierda!- gritó entonces el que hasta entonces había sido el líder de aquellos hombres, vivos y muertos -¡Oficialmente estoy disolviendo nuestro escuadrón! ¡Las fuerzas S.T.A.R.S. a este punto adoptan la condición de desaparecidas! ¡Si alguien quiere seguir acompañado y por ende vivo, tiene que seguirme o formar su propia comitiva! ¡No somos más una elite militar, sino sobrevivientes y ahora todo vale!-

Richthofen miraba a Chenko pendiente de cada una de sus palabras. Entendía perfectamente la desesperación de aquel hombre y entendía el punto de quiebre al que estaban llegando. Pero no justificaba su comportamiento y sospechaba del mismo. Quizá el mismo fuera el único remanso de cordura en todo eso y desde su perspectiva podía observar que algo muy extraño le sucedía al hombre que en ese momento renunciaba a ser su líder. Era el producto de algo más allá del influjo de la tensión y muerte a su alrededor. Era algo dentro de Chenko.
Entonces este se le acercó y tras mirarlo profundamente a los ojos se desvío y levanto a Xavare del suelo. Incorporó al hombre doliente y lo puso de pie a la fuerza. Skass regresaba en si en ese momento, Chenko también lo levanto.

- Escúchenme bien… ambos están muertos, bien muertos; ya sea por la mierda que comieron o por estar atrapados aquí conmigo. Ustedes decidan la causa. Pero una cosa va a quedar bien clara en este momento. Yo voy a sobrevivir, y no permitiré que nadie me complique las cosas. Ya no soy su líder, soy un tipo al que conocieron circunstancialmente y que estaba dispuesto partirles todos los huesos del cuerpo en caso de que se descontrolaran. ¿Vamos quedando claros?-

Xavare, Skass y Richthofen lo miraban comprendiendo el sentido de sus palabras. Pero Skass volvió a preguntar. Solo porque él necesitaba una respuesta.

- Chenko ¿En realidad ibas a deshacerte de nosotros?-

Monday

20v

- Chenko... qué, que ha ocurrido...-

El hombre pareció enfurecerse de inmediato con la pregunta, hasta perder los estribos, tal y como lo había hecho al pagar con la vida de los pilotos de la aeronave el error de planeación cometido por su parte y que derivo en la muerte del comandante Heart.

- Guarda silencio o te matare yo mismo. Nada, aquí no ha pasado nada...-
- Pero, Sinner, Sinner no estaba infectado... ¿Verdad? Estaba aún limpio... Sinner...-

Chenko se acercó en un parpadeo hasta Richthofen y de un violento tirón lo acerco a su rostro mostrándole una mirada feroz y felina mientras le obligaba a sostenerle la vista de la peor manera; y le susurro algo, algo que se escucho como la maligna sonrisa que emitiría una enorme serpiente al borde de la cuna de un bebe dormido.

Dije que guardaras silencio y eso exactamente vas a hacer! ¡Vas a callarte y a poner atención a lo que digo! ¡Tal vez Sinner ya esta muerto! ¡Lo matamos entre los dos y fue un accidente! ¿Queda claro? ¡Ahora vas a tragarte todas tu palabras y a poner atención a tu alrededor! ¡Yo voy a cuidar de tu culo y tú vas a cuidar del mió, por que no te queda otro remedio! ¡Entiendes! ¡Te das cuenta del problema en el que estamos metidos! ¡Si Dreed se infectó, Xavare o Skass pueden estar en la misma! ¡Y recuerda que Kimera aún no aparece! ¡Guárdate cualquier comentario y concéntrate en las sombras a tu alrededor! Vamos a subir nuevamente y vamos a buscar la manera de salir de este lugar ahora mismo. Ya no podemos ver por nadie más, sino por nosotros...-
-¿Vamos... a abandonarlos...?-

-Se llama retirada Soldado, y debiste haber leído al respecto en los manuales de entrenamiento. Es una maniobra plena de orgullo y característica de toda guerra decente.-
- Pero Chenko, escúchame...-

Chenko tiro de la ropa del soldado de tal manera que fue perceptible para ambos el profundo odio y temor que los dos estaban destilando.
-No me desafíes Richthofen, que si ya he perdido a dos o tres hombres, no dudare en perder a un cuarto con tal de salir de aquí.-

La mirada de Chenko no era la mirada de un hombre que estuviera jugando con sus palabras. Estaba hablando tan en serio que Richthofen no tuvo más remedio que hacer caso a las palabras de Chenko y repegarse a él lo más posible para un minuto después realizar una formación de dupla, en la que cada quien resguardaba un ángulo de 90° de la visión periférica.
Se alejaron del cadáver de Dreed, y del muy posible cuerpo agonizante de Sinner.

+

Subían ya por las escaleras cuando escucharon aquellas voces.
Aquellas voces suplicándoles ayuda.

-¿Qué quieren? ¡No! ¡No podemos tomar ese riesgo! No podemos hacerlo ahora. -

- Pero Chenko, tampoco podemos dejarlos aquí, así...-
- ¿Quieres tu cargar con ellos? Bueno, hazlo, tienes mi permiso, pero no cuentes conmigo para salvar tu pellejo cuando se hayan transformado en monstruos.-
- Pero Chenko, ellos nos están hablando, Dreed tomó apenas un poco de tiempo para incubar la infección. Ellos están gritando por nosotros, ¡gritando que les ayudemos! ¡No pueden estar contaminados!-
- Escúchame, Richthofen, te repito, si quieres cargar con ellos, perfecto. Pero a la primer señal de infección asesinare a quien sea con mis propias manos, no me importa si eres tú mismo u otro.-

Richthofen dio la media vuelta y regreso algunos peldaños en aquella escalera, haciendo señas con las manos y llamando a Xavare y a Skass, quienes habían percibido todo el lío con la irrupción de la infección en Dreed y con la terrible situación de Sinner, y se habían dado cuenta, en medio de aquel dolor terrible que los embargaba, que Chenko y Richthofen estaban retirándose y abandonándolos.

Junto con Richthofen conformaron rápidamente un trío que miraba con recelo a Chenko, que a una distancia ya de algunos metros, avanzaba hacía el acceso que conducía a la chimenea, y que era el lugar preciso en donde había desaparecido Lara.

-Tengan cuidado.- repetía incesantemente Richthofen ante sus compañeros visiblemente disminuidos por el dolor y la fatiga. mientras que Chenko a cada paso iba marcándoles una distancia cada vez mayor.
Apenas tenían recorrido ellos la mitad de aquel enorme salón en que consistía la geografía de aquel primer piso cuando Chenko abría ya el acceso que conducía a la chimenea y una ráfaga poderosísima de aire helado y nieve se colaba al interior de aquel lugar, haciendo retroceder a todos.

Tras unos momentos de lucha y varios intentos por salir por aquel acceso, fue evidente que conseguirlo sería toda una proeza física y de voluntad. El viento exterior debía alcanzar una fuerza de centenares de kilómetros de velocidad. Aún así Chenko se perdió en el fondo oscuro de aquel acceso y desapareció unos minutos para regresar cubierto de nieve y con un gesto extraño en el rostro. Se encontró con los tres hombres que aún lo seguían y solo tras volver neciamente su atención a la puerta abierta y darles la espalda un par de minutos, como si fuera algo más que eso -algo que tuviera muchas formas de interpretarse y desentrañarse- después, aparentemente vencido, se enfrento a los hombres que estaba a la espera de alguna palabra o reacción de su parte.

El instinto del buen soldado, a diferencia del mercenario, tendía a la alineación, de forma poderosa, registrada a nivel incluso genético.

Friday

Vd

19v

Se acercaron entonces cada uno por un costado a Sinner. Aquel no era el momento de especular ni de ser condescendiente. Los soldados se repartieron posiciones en medio de un plan que fue hurgándose en segundos.
Richthofen golpearía la cabeza y Chenko la columna, ambos al mismo tiempo, asegurándose cada uno de escuchar el crujido que evidenciaría un cráneo roto y una columna destrozada.
El entrenamiento militar y de tácticas especiales les había dotado de aquellas estrategias que llamaban de Contacto Unísono, muy efectivas al desmantelar comandos enemigos con el mínimo de recursos y sin llamar innecesaria la atención de algún otro enemigo cercano.
Por un segundo dejaron de mirar en aquella figura al compañero y amigo que había sido por mucho tiempo y transformaron su visión en la percepción de una posible fuente de peligro. Cada uno quedó a unos cuantos centímetros de cada costado de Sinner y entonces Chenko levanto una mano abierta y comenzó a descontar dedos de la misma, indicando una cuenta regresiva que no se extendería más allá de tres o cuatro segundos.
Entonces Sinner levanto el rostro y miro de lleno a Chenko.

Sus ojos.
Los ojos de Sinner.

Todavía eran humanos.

+

El golpe que lanzó Chenko alcanzó a desviarse en el último segundo en medio de una increíble flexión de la pierna de este último, pero Richthofen dio de lleno en la cabeza de Sinner, quien con la vista perdida intentaba limpiar de su rostro los últimos vestigios de aquellos fluidos de sobre su piel.
El sonido de algo quebrándose ahí adentro no se hizo esperar.

Chenko gritó en el último segundo, pero para cuando el sonido de si voz surcó el aire alrededor de Sinner, este ya caía repentinamente vencido por el impacto brutal de la bota de doble casquillo de Richthofen.
El soldado rebotó en el suelo como un saco de huesos sin control alguno de sus acciones. NI siquiera pudo meter las manos entre su rostro y el duro suelo de concreto de aquel lugar. Un segundo después Alack Sinner se había transformado en un bulto oscuro que había dejado de moverse en el suelo casi inmediatamente después de haber golpeado aquella negra superficie.
Richthofen comprendió todo una micra de segundo después, cuando intercambió con Chenko el destello de una mirada fría e impávida. El golpe que había recibido Sinner había tenido toda la intención de asesinarlo y ahora, inmóvil en el suelo, la sensación de un hombre muerto entre Chenko y Richthofen se elevo invencible como una montaña que de pronto hubiera nacido de la tierra y crecido hasta el cielo.
Ninguno de los dos hombres se movió de inmediato, pero al cabo se acercaron y revisaron al soldado. Tenia pulso, respiraba tenuemente, pero algo en su cabeza, en la parte posterior de la misma, parecía hundida en una hondonada de quizá tres centímetros de diámetro y algunos milímetros de profundidad.

Chenko...!-
-Carajo.- Respondió el líder de un escuadrón conformado por un solo hombre. No había nada que hacer, lo que había sucedido sobre Sinner era el buen trabajo de un soldado con órdenes de cazar y ejecutar.

Thursday

18v

Se acercaron cautelosamente hasta donde Chenko abandonó el cuerpo sangrante de Kimera. Lo había dejado caer dentro de una de aquellas cavas en donde se amontonaba el pan que había tocado el infectado. Chenko recordaba que había sido la segunda o tercer puerta, y al acercarse y mirar dentro de su primera opción, se encontró con un lugar completamente vacío. Deseó entonces con todas sus fuerzas que el cuerpo del soldado se encontrara en la puerta siguiente, que él mismo hubiera errado en el primer intento de ubicar el lugar en donde había encerrado a su subordinado. De otra manera, cualquier cosa ahora podía ser posible y algo terrible estaría desarrollándose sobre sus cabezas sin que ellos fueran aún capaces de mirarlo.

Chenko abrió la puerta de la cava contigua y retuvo el aliento por un segundo.

Lo sabía.

Ahí adentro no había nadie.

Los tres hombres asomaron el rostro al interior de ese lugar, que olía como si alguien hubiera derramado litros y litros de sangre y viseras y ahora estuvieran en pleno proceso de descomposición.

-¿Dónde están? ¿Dónde están Chenko?- pregunto Sinner visiblemente conmocionado. El rostro de Richthofen estaba pálido y retraído sobre sí mismo. -¿Dónde carajos se han escondido?-
-No tengo la más jodida idea de don…-

La respuesta llego por si misma.
En ese momento un rugido tenso y deforme se escucho detrás de la puerta que los hombres habían abierto. Un violento golpe cayó sobre la madera y sorprendió a Chenko y a sus hombres. Entonces apareció detrás de la misma una hilera sangrante de dientes y un entrecejo violento, envuelto de piel llena de sudor y vasos sanguíneos explosionados. Casi dio alcance a Chenko y solo por la pericia y la sorpresa de este último no quedo debajo de dos increíbles garras que inmediatamente asomaron del fondo de aquella impenetrable oscuridad. Un bramido imposible surcó el aire y amenazo -perdiendo a su primera presa- de inmediato a Sinner que atinó a revolverse y retroceder aterrado cuando una boca abierta hasta su límite, desparramando sangre se abalanzo sobre su cuello, enseñando un par de encías derretidas y dientes ennegrecidos. El monstruo alcanzó al soldado y lo derribo en el impulso de una loca y torpe carrera. Quedaron en el suelo el monstruo sobre el soldado, cuyo rostro de pronto se vio salpicado de espumarajos calientes en los que se entremezclaban gruesos coágulos que contenían al virus más destructivo que jamás hubiera conocido la raza humana.
Sinner no grito, no. Ni siquiera abrió los ojos. Lanzo un puñetazo instintivo, pero según los instintos de un militar curtido en batalla que comprendía la peligrosa cercanía de su contrincante. Lo golpeo no en el rostro, en donde un golpe directo a los huesos hubiera cortado la piel de su puño y lo hubiera infectado de inmediato. Sinner golpeó a la altura del pecho, haciendo retroceder al infectado y botándolo a un lado. Sinner apretaba los ojos y los labios hasta donde podía hacerlo muscularmente. Estaba ciego y mudo, y si hubiera podido hacerlo, hubiera cerrado los orificios de su nariz para evitar que siquiera la mas mínima porción de saliva y sangre penetrara y tuviera contacto con las comisuras de su cabeza.
Cuando Sinner hizo de lado al infectado apareció Richthofen de alguna parte y de una patada hizo volcar al infectado un par de metros de distancia del elemento caído. Luego el soldado saltó sobre el cuerpo de aquel monstruo. Aprisiono su garganta contra el suelo utilizando su pierna y dando de puñetazos estrello la cabeza del engendro rápida y brutalmente en contra del suelo. Unos momentos después algo crujió al interior de la cabeza de aquel monstruo y se quedo quieto tras exhalar una nube caliente y de un asqueroso olor a muerte.

- ¡Carajo, carajo!- Comenzó a balbucear Richthofen en la sofocación que estaba padeciendo sobre el cuerpo ya inerte del infectado -¡Es Dreed! ¡Es Dreed, maldita sea! ¡Lo mate, yo mate a Dreed! ¡Chenko! ¡Chenko! ¡Ayudame! ¡Chenko, es Dreed!-

El líder del comando ya estaba al lado de su hombre y rápidamente le ayudo a incorporarse de sobre aquel engendro infectado.
Mierda, si era Dreed. Mierda.

La infección lo había alcanzado. El rostro del soldado estaba completamente transformado. No se parecía ni remotamente el hombre que durante tanto tiempo había compartido suerte con ellos. Parecía que algo horrible, un terremoto gigante le había pasado por encima, destrozándolo por completo, pero al mismo tiempo toda esa destrucción era interna y se manifestaba en todos los aspectos de la morfología del soldado caído.

+

Entonces Chenko y Richthofen se dieron cuenta de que Sinner permanecía a unos metros de ellos, dándoles la espalda sentado en el suelo, quieto, en completo silencio, y ajeno a todo lo que estaba sucediendo.
Eso era lo último que los soldados esperarían encontrarse. Creerían que Sinner estaría aterrado como ellos pero parecía estar ahí, tranquilo. No se lo explicaban, a menos, por supuesto, que estuviera sucediendo la única cosa obvia en todo el asunto, después de que, la mutación en que se había convertido Dreed, lo bañara en aquellos fluidos contaminados directamente al rostro.

Chenko se lo imaginó y transmitió con un intercambio de miradas aquella misma sensación a Richthofen.

El contacto de la infección en Dreed debería de estar en ese mismo instante repercutiendo y apoderándose del organismo del soldado.
Carajo, aquello parecía no tener fin.

Wednesday

17v

Había pasado ya una hora. Chenko y los suyos habían demarcado un territorio mínimo en el cual estaban aposentados, pendientes de cualquier movimiento en el ventanal o en el acceso que conducía a la chimenea derribada, y al mismo tiempo observaban el remate de las escaleras que conducía al piso inferior del complejo, donde, los hombres en perfecto estado y que integraban el grupo de Chenko escuchaban los gritos y maldiciones de dos de los cuatro hombres que habían hecho descender.
Los gritos eran de Skass y Xavare. De lejos se podía adivinar que estaban sufriendo. Pero era imposible determinar a ciencia cierta el porqué de esos exaltados lamentos. Aquellos gritos eran de dolor, de angustia; intermitentemente daban la impresión de ser los gritos de un infectado, aunque luego parecían los lamentos de un humano simplemente enfermo, hasta llegar a confundirse con bramidos y sonidos guturales propios de algún animal.
Los soldados restantes a ratos se miraban dubitativos, sin saber en verdad cómo reaccionar. Luego miraban a su líder, y en el fondo de los ojos de Chenko adivinaban tensión y duda, más ya no temblor o quebranto.
Luego se escuchaban más vociferaciones y como alguien regurgitaba en medio de grandes arcadas.
Pero Chenko no estaba escuchando eso, no; aquello no le importaba en lo más mínimo. Incluso era una buena señal de las cosas. Le daba gusto, sobre todo por Skass, a quien consideraba uno de sus mejores elementos.
Chenko atendía a lo menos obvio, a lo invisible.
Tenía puesta su atención en los dos hombres restantes, en Dreed y Kimera, quienes no emitían ningún ruido y parecían haber desaparecido en la oscuridad del fondo de aquel lugar.

Dejaron pasar un par de horas más antes de supones que el tiempo ya había sido el suficiente. Entonces de común acuerdo llamaron a gritos a los cuatro hombres que aullaban de dolor. Les pidieron acercarse a las escaleras y mostrarse a la tenue luz que flotaba en el lugar. Después de un rato solo Skass y Xavare aparecieron en el borde inferior de las escaleras. Ambos estaban pálidos, manchados consigo mismo y visiblemente débiles. Parecían simplemente presas de una intoxicación horrible que afortunadamente y por una razón desconocida no se había extendido a los demás hombres que habían comido aquel mismo pan. Chenko les pregunto por los dos hombres restantes. Ni Skass ni Xavare tenían alguna posible respuesta, así que Chenko les ordenó regresar al lugar que habían escogido para padecer aquel terrible dolor y cuando ambos desaparecieron, el líder del grupo, con un grito pardo y brutal, llamó directamente a Dreed y Kimera; y junto con los únicos dos soldados que no manifestaban malestar alguno, Sinner y Richthofen, quedó a la espera de una respuesta que, algo muy dentro de él, le indicaba que jamás iba a llegar.

Y tras casi otra hora, cinco desde que todos habían comido aquel pan contaminado -y desde la muerte de Bender y la desaparición de Lara- Chenko descendió por las escaleras en dirección del piso inferior de aquel complejo, acompañado de sus hombres.

+

-Chenko, mira…- La voz de Richthofen era débil, apenas un susurro. Señalaba el suelo oscurecido mientras con un movimiento de la mano indicaba a los otros dos hombres detenerse. Ahí, donde señalaba Richthofen, no había nada. El piso era llano y recto; pero la perceptiva entrenada de Chenko conseguía entrever lo que Richthofen hacia resaltar. Y no era una buena cosa.

- Maldición… no puedo creerlo…-
- Imposible…-

Un temor denso y oscuro se escurrió entre los hombres tal y como lo hubiera hecho una helada ráfaga de aire. Los hombres descendían con la intención de corroborar la situación de Dreed y Kimera, a quienes el silencio y la oscuridad parecían haber consumido. Para ese momento debían de ser obvias las primeras manifestaciones de la infección, y sus soldados, en caso de estar padeciendo aquellos síntomas, serian completamente vulnerables. La infección comenzaba por destrozarles el sistema inmunológico y tras una intensa batalla de fiebre y explosión de vasos sanguíneos, la conjuración de un no-muerto nacería en el fondo de sus entrañas.
Aquel era el momento justo cuando, aprovechando la batalla interna del cuerpo, podrían dar muerte al cerebro con un golpe brutal y un mazazo contra la columna.

A Chenko no le importaba perder a uno o dos de sus hombres si con eso creaba un certero campo de fuerza alrededor de los demás. Sobre todo a Skass y Xavare, que manifestaban cada vez con más fuerza la sintomatología de un complejo trastorno estomacal, que incluso quizá les estuviera arrancando a mordidas la capa enterica de sus estómagos o la flora intestinal, pero que en definitiva los estaba libres de la sospecha de haber caído en garras de la licuadora genética que asolaba al mundo y que los transformaría en monstruos.
Pero ahora mismo había muchas cosas que atender, aquello que habían visto en el suelo de aquel piso inferior y que nunca escucharon suceder. Reaccionar de la mejor manera ampliaba las posibilidades de todos de salir de aquel atolladero. Eso que vieron en el suelo podía embrutecer con un pánico acido la mente de un hombre normal si no se asimilaba de forma segura.

- Chenko, ¿Regresamos?-
- Si, regresemos, vigilen los flancos. Conformación Diamante al momento de subir por las escaleras.

Cuando los tres hombres estuvieron en el piso superior sabían que estaban metidos en algo gordo. La tormenta de nieve en las afueras del complejo se recrudecía minuto a minuto y ahora todo indicaba que era sencillamente imposible escapar, y vaya que aquello era necesario. Tampoco faltaba ser un genio para darse cuenta de que tenían que hacer algo inmediatamente.

- ¿Cuántos pares de huellas viste allá abajo?-
- Por lo menos seis Chenko, y un par que me parecía difuso.
- Así que no estamos solos… maldita sea…-
- Pero ¿Quién… quién carajo podría estar… ahí?

Un silencio se alternaba con los apagados lamentos de Skass y Xavare y la conjunción de ambas cosas solamente era desquebrajada por la susurro de millones de copos de nieve cayendo en el exterior del complejo, enterrándolo un centímetro por vez y cayendo de lado al instante siguiente.
Allá abajo habían descubierto un reguero de pisadas que no parecía corresponder a la actividad de los soldados.

- No Chenko, no, son nuestras propias pisadas; las que dejamos detrás nuestro cuando bajamos para comer aquel pan, las que marcamos cuando subimos corriendo detrás de Lara. Chenko, son nuestras huellas…-
- ¿No podrían ser incluso las posadas de Skass y Xavare? ¿O las primeras huellas de Dreed?- Pregunto Sinner con un dejo de angustia en la voz, dirigiéndose a su líder.
- ¿Y por qué las huellas giran en círculos alrededor del rastro de sangre de Kimera? ¿Y porqué se detienen ante eso? Explícame…-

El acumulamiento de huellas parecía haber sido recientemente marcadas por todo el lugar. Eran varios pares y se movían erráticamente por toda la zona que pudieron atender en aquel mínimo instante que permanecieron en el piso y al subier por las escaleras.
Pero carajo, esas no eran pisadas de infectados.

La cantidad necesaria de monstruos para marcar todas esas huellas fácilmente se traduciría en un maniático ataque en contra de ellos, que muy probablemente hubiera sucedido ya mucho tiempo atrás.
¿Entonces?

- Entonces- respondió Chenko –entonces, toca averiguarlo.-
- ¿Qué hacemos Chenko?-
- Bajamos por la escalera y vamos hacia donde deben estar Dreed y Kimera. Las huellas se redondean alrededor de su rastro. Ahí vamos a encontrar una respuesta, cualquier respuesta.-

Sinner y Richthofen siguieron a su líder, nerviosamente tensos y listos para lo que fuera que podría suceder a continuación. Las escaleras eran una boca de lobo abierta que parecía invitarlos a escabullirse por ella.
Un nervio maligno sacudió el cuerpo de los tres hombres cuando se acercaron a los primeros peldaños y comenzaron a descender por ellos.Entonces, del fondo de aquella negrura se escuchó un prolongado lamento. Seguramente provenía de Skass o Xavare; todavía era un lamento humano, pero profería un tono extraño. Aquello parecía ser un macabro preludio de lo que habría de venir a continuación.

Monday

16v

Chenko hizo descender a sus hombres nuevamente hasta la parte baja del complejo, asegurando posiciones y delimitando su entorno. Llegaron justo donde se encontraban el cadáver de Bender -que nadie había tenido la posibilidad de cubrir siquiera- y las cavas llenas de pan. Les habló rápidamente, y si bien antes había intentado mantener un ambiente tranquilo y cordial en todas sus acciones, evidentemente después de la caída de Bender y Lara aquello ahora resultaba imposible. Lo mejor en aquel momento era la sinceridad cortante y la reducción de las posibilidades.

- Ahora bien, mírenme a los ojos; quien no conteste con toda puntualidad se muere aquí mismo.-

Los hombres se sacudieron como presas de una onda eléctrica.

- ¿Quién se siente mal?-

Dos, tres manos en alto, un gesto extraño más atrás.

- Muy bien, los que se sientan así, se van a quedar aquí abajo, sin posibilidad de subir bajo ninguna circunstancia; de otra manera yo mismo les clavare la pata de una mesa en la frente de su cabeza enferma y lo sacudiré hasta que les exploten las cuencas de los ojos.-

Los hombres escucharon en completo silencio lo que su líder expreso como una explicación y complemento de la condena a muerte que acababa de emitir.

- Resistiremos en esta misma posición, delimitando un entorno mínimo y esperaremos ocho horas; si después de eso todo apunta a un maldito malestar estomacal o intoxicación, podrán subir y nos iremos inmediatamente de aquí. Si no es solamente un maldito problema de ese tipo, lo más seguro es que nos demos cuenta en las siguientes horas. Ninguno de los que se queden aquí abajo debe preocuparse, si algún otro comienza a mostrar los síntoma de la infección, nos encargaremos de acabar con eso en un pestañeo.-

Los hombres que habían levantado la mano, y quien había hecho solo un gesto con el rostro se miraron entre si. Parecía que una nueva conexión los unía y bien podría resultar fatal.

- Quiero un arma, cualquier cosa, algo con que defenderme- dijo uno de ellos, Kimera específicamente -no voy a esperar a que, cuando alguien se convierta en uno de aquello malditos, un tercero joda las cosas y no pueda venir a ayudarme.-
- Yo también quiero un arma.-
- Y yo.- Secundaron Dreed y Xavare, quienes al lado de Skass y Kimera manifestaban ese turbio y maligno malestar.
- ¡Pongan atención cabrones!- dijo Chenko interrumpiendo violentamente la cascada de desconcierto que comenzaba a dejarse venir -¡no tengo ningún arma que no sean mis propias manos y me bastan para partirle la cabeza a cualquiera de ustedes o a todos juntos si es necesario, así que les conviene estar tranquilos y callados! Lo primero que va a suceder es que van a dispersarse, aquí abajo es suficientemente amplio como para que ninguno de ustedes coincida con otro. Cada uno de ustedes se refugiara en alguna parte y muy pronto yo mismo descenderé a recogerlos uno tras otro. No hay motivo para que salgan de aquí, y si lo hacen, los voy a joder con todas mis fuerzas, sin importar si están infectados o no.
- ¡Pero..-

Nada!.- gritó Chenko y lanzo un puñetazo al rostro que comenzaba a formular la expresión contraria a las ordenes del líder. Kimera salio volando y se estrello en contra del suelo. Aunque la sorpresa fue mayúscula nadie pareció sobresaltarse hasta el límite de reaccionar de mala manera. Tenían los nervios a tope, como en medio de una demencial batalla en la cual fueran el último reducto de resistencia y una explosión cercana pudiera pasar desapercibida. Los ojos de Kimera se incendiaron inmediatamente con un profundo odio hacia Chenko. Se incorporo velozmente y se lanzó en su contra, mostrando la dentadura como la de un perro rabioso al ataque.

Unos tres minutos después el cuerpo de Kimera yacía derribado en el suelo, sangrando de todos los orificios naturales del rostro y de algunas nuevas aberturas. Parecía estar congestionado a tope mientras escupía sangre e intentaba aferrarse a un punto sólido en el suelo.
Chenko por su parte, todavía resoplaba y mostraba los puños emblanquecidos por causa de la tensión en que los envolvía. Había tomado la delantera desde el principio y desde el primer impacto le hizo perder el equilibrio al que se rebelaba y lo llevó al suelo, en donde estrelló la cabeza de su contrincante. Luego, cuando Kimera se encontraba desorientado y vulnerable, Chenko se le dejo ir encima a golpes con la única intención de demostrarle de lo que era capaz de hacer, y también, de reafirmar su liderazgo frente a los demás, dando un elocuente discurso sobre lo que sucedería si alguien más contrariaba sus órdenes, poniendo en peligro la unidad y la oportunidad de grupo de sobrevivir.

Chenko mismo arrastró el cuerpo tambaleante de Kimera y lo arrojó al fondo de una de las cavas del lugar; luego, los demás hombres que ya manifestaban un severo malestar físico, en completo silencio, se dispersaron por aquel enorme piso orientándose instintivamente hacia las esquinas, como si fuera algo planeado, como cubriendo terreno enemigo, obedeciendo como los buenos soldados que eran.

Friday

Vd

15v

Richthofen corrió en un segundo la distancia que mediaba entre aquella especie de sótano y el acceso al exterior. Buscó la fuente de aquellos gritos y muy pronto la descubrió. Venían de detrás de la puerta que conducía al pasillo que les llevaba a la cámara de contaminantes y que asomaba al exterior por la chimenea. Lara estaba detrás de aquella gruesa puerta, expuesta a la monstruosa tormenta de nieve que azotaba con todas su fuerzas. Y expuesta a los terribles seres que Chenko había definido como Enemigos y que solo conseguían imaginar torpemente. Y ni siquiera eso.

Muy pronto los hombres que lo seguían le dieron alcance. Entre ellos Chenko y Kimera. Lara profería varios metros detrás de aquella pesada puerta algunos gritos pardos y medianamente apagados. Quizá se encontrara hasta la cámara de recepción de contaminantes. Intentaron abrir aquel pesado acceso. Ni siquiera consiguieron moverlo de entrada. De alguna manera Lara la había trabado desde afuera. La mujer estaba aterrada, de eso no quedaba duda. Se escuchaba tal y como si estuviese hablando a gritos consigo misma, después se alternaban largos intervalos de silencio. Después se escuchó –levantando un sentimiento de ira y lastima entre los hombres- el inconfundible sonido de las arcadas con las cuales Lara intentaba expulsar de su cuerpo el veneno que, tal y como todos, había ingerido.

¿Todos? ¿Estaban todo ellos condenados? ¿Hasta dónde el malestar de los hombres que se habían quedado alrededor del cadáver de Bender era producto de aquello que imaginaban: la infección contagiada por vía oral? Y ¿hasta dónde podía ser la necesaria y natural descomposición física que un mendrugo de pan seco causaba al recorrer las entrañas ya hacía mucho tiempo clausuradas? Y todavía quedaba algo para la pensar: ¿No podía ser todo aquello causa de un alimento sencillamente descompuesto que estuviera reaccionado de mala manera dentro de sus organismos, y hasta ahí?
Había muchas preguntas en el aire, y obtuvieron una única e inmediata respuesta.

Lara comenzó a gritar nuevamente. Estaba histérica, como si se hubiera vuelto loca.

Pero una mente desquebrajada no provoca el tipo de sonido que inmediatamente siguieron. Sonidos transformados en maldiciones, en griteríos, y después, en el sonido de un ataque violento y desenfrenado. Se escucharon rugidos potentísimos del otro lado de aquella puerta, como producidos por un monstruo mitológico. Inmediatamente se escucharon golpes que se acercaban y alejaban; se había desatado una batalla cuerpo a cuerpo. Detrás de aquella puerta Lara seguía gritando desesperadamente mientras, mientras, carajo, luchaba con algo o alguien ahí. Los tumbos lo evidenciaban, y una serie de bramidos inconexos, sonidos casi animales, lo confirmaban. Los hombres de la unidad elite S.T.A.R.S intentaron nuevamente abrir el acceso. Parecía estar fundido en sus contornos. Golpearon con todas sus fuerzas pero todo fue inútil. Poco a poco escucharon que los gritos de Lara -mientras profería toda clase de maldiciones- se producían debajo de lo que suponían era una lluvia de golpes salvajes y despiadados. Los soldados forzaron el acceso y solo lo consiguieron muchos minutos después. Ni siquiera importó la posibilidad de encontrarse cara a cara con un infectado, o un enemigo, o con varios; lo único que contaba era salir y pelar al lado de Lara, sin importar lo que había hecho con Bender.

Cuando abrieron el acceso una ráfaga de luz y una ventisca terrible los golpeo despiadadamente. Eso era inexplicable. Tenia que significar que la chimenea no existía más y que el acceso al complejo estaba completamente descubierto. En cuanto lo comprendieron se expusieron al peligro que representaba la intemperie. No había nadie, no había rastros de Lara o de sus atacantes. Solo sangre, sangre por todas partes. Varios charcos oscuros que la tormenta que se introducía en el complejo aún no alcanzaba a cubrir por completo. Intentaron adivinar algún posible rastro descrito por aquella negrura, pero inmediatamente se contuvieron. El aire a temperatura bajo cero los convenció al final de retroceder. Los infectados no tomaban prisioneros, quizá tampoco los imaginarios enemigos. Y la única razón para que el cuerpo de Lara, si es que estaba muerta, no hubiera sido encontrado a los pies de aquella puerta, era por la sencilla razón de que ella, bueno, ya no era miembro de la especie de los hombres.

+

Cerraron el acceso justo cuando el resto de los hombres llegaban al mismo.

Contabilizaban dos bajas, mierda, dos bajas en menos de cuarenta minutos. Habían sobrevivido semanas completas y en un parpadeo se había desquebrajado la integridad del núcleo. Una tensión eléctrica los recorrió cuando se dieron cuenta de que el complejo les daba la impresión de estar maldito.

- Los cadáveres que encontramos nos estaban advirtiendo que algo terrible rondaba el lugar. Nos ha sucedido tal y como le sucedió a aquellos que abrieron la tumba de los antiguos egipcios. Una maldición nos ha caído encima.- Dijo uno de ellos.

Los hombres palidecieron al escuchar aquello. El mundo se había vuelto un lugar en la que la superstición volvía cobrar la vida y fuerza de las épocas de oscuridad que la humanidad había dejado detrás de sí. La única diferencia es que de esta época quizá los hombres no pudieran levantarse nuevamente.

Fue entonces que escucharon -a pesar de la tormenta de nieve- como encima de ellos algo que se arrastraba afuera del complejo, recorriendo el exterior del mismo. Era increíble la capacidad adquirida que se había apoderado de sus sentidos para percibir y discernir sonidos de entes móviles de los sonidos producidos por el simple entorno. Estaban allá afuera, rascando el metal y concreto desquebrajado de la chimenea por la cual habían ellos entrado. Eran los asesinos de Lara, estaban completamente seguros. Entonces, por el ventanal superior que permitía colar algo de luz al interior de aquel complejo, se recorto una figura que lo recorrió de arriba para abajo. Los soldados no creyeron lo que estaban viendo. A muchos metros de altura una figura que de repente les pareció humana atravesó el ventanal, escalando a la inversa el mismo, tal y como lo hubiera hecho un animal con ventosas en las patas, una lagartija o un geko. Pero les había parecido humana, una figura negrísima avanzando rápidamente y solo exponiendose a la vista por unos tres o cuatro segundos. A todos les recordó la figura de un vampiro recorriendo enceguecido la pared superior de una caverna, sobre los cuerpos de otros de aquellos horribles animales.
El lugar estaba maldito, innegablemente poseído por alguna especie de espíritu infernal, alguna clase de monstruo que no podían observar.

Tenían que abandonar ese lugar, inmediatamente. Pero la tormenta exterior incrementaba su furia, y salir seguramente significaría una muerte inmediata e estupida.Entonces Chenko tuvo una idea para hacerse del control de las cosas. Y en ese momento la prudencia parecía la mejor de las técnicas de combate que pudieran haber aplicado.

Thursday

14v

Chenko ordenó explosivamente fue que nadie se acercara al cadáver de Bender, y eso era determinante. El cuerpo de aquel hombre estaba perdiendo sangre a carretadas y no sabían si estaba o no infectado. Chenko se había visto demasiadas veces en circunstancias en las que el enemigo interno era más grande que cualquier amenaza provenirte del exterior, y aquello era mil veces peor que cualquier cosa. Así que lo primero que hizo –maldita sea, tenia que ser bien claro- fue dar un mensaje a cada uno de los hombres en su alrededor inmediato. Aunque dispersos por lo que acababan de mirar y vivir, los miró a cada uno a los ojos y hablo de forma clara, autoritaria y sin rodeos:

- Mierda, lo peor que podemos hacer es desquebrajarnos ahora. Que me reviente la puta madre si no estamos jodidos, enteramente jodidos con este cadáver a los pies y con Lara completamente trastornada quién sabe donde, pero lo peor que podemos hacer, lo peor que podemos hacer es separarnos ahor…-

Un grito terrible interrumpió a Chenko. Un horrible grito de mujer.

Los hombres apenas y se movieron, todavía estaban en estado de shock por la terrible muerte de Bender que habían presenciado en manos de Lara.
Solo Richthofen atinó a hacer algo. Salio corriendo de ahí en dirección de donde la mujer había gritado.

Chenko increpó algo, pero eso no impidió que algunos hombres salieran corriendo detrás de Richthofen. Os demás permanecieron impávidos, recargados en aquellas vetustas y ennegrecidas paredes. Únicamente Alack parecía estar conciente de lo que sucedía ahí y permaneció quieto un momento más para contemplar de manera ausente el cadáver de Bender.

+

Varios eran los motivos por lo que aquellos pocos hombres permanecieron quietos y no salieron corriendo tras de Richthofen. Y uno de ellos, muy importante, era que se sentían mal.
No había forma alguna de admitir el horror que se encerraba en aquello.
Se sentían físicamente mal.

Wednesday

13v

- ¿En qué mierda nos hemos metido? ¿Qué ha sucedido…- dijo Lara con el rostro desencajado- Sinner, Richthofen, díganme qué mierda sucedió aquí…-
Todos aquellos hombres estaban dándose cuenta de la situación. El infectado había puesto sus asquerosas manos y recargando su cuerpo putrefacto en aquel pan; y luego ellos se lo habían tragado todo.

La mirada de varios de ellos era espantosamente seria.

- El virus, el virus… ¿También se transmite así, comiéndolo?- pregunto Dreed, quien todavía tenia algunas migajas pegadas a la ropa.

El hombre había realizado la pregunta correcta.
Intercambiaron miradas entre ellos. La ventisca que azotaba el exterior pareció recrudecerse, otorgándole al ambiente una carga eléctrica que de un momento a otro se volvía cada vez más pesada y tensa.

Chenko, debía hacer algo, decir, explicar, tomar cartas en el asunto.

- ¿Y quién puede saber eso?- respondió -Ninguno de nosotros la lamido jamás a un infectado. Lo único que sabemos es que al cabo de algunas horas una persona normal se convierte en uno de ellos, sin que pueda hacerse algo para evitarlo.-

Entonces Lara volvió a hablar, visiblemente nerviosa.

- ¿Cuánto tiempo tenemos? ¿Cuánto tiempo tenemos antes que alguno de nosotros… todos… cualquiera…?-

Sinner se acerco a Lara y e intento tranquilizarla. La mujer se estremecía por causa de los pensamientos que cruzaban velozmente por su mente y por el descuido que en ese momento tensaba su herida, la cual sometía a la presión y movimiento de un cuerpo sano y agazapado, como si esperara que algo viniera a enfrentarse a ella. Cuando Sinner la tomo del brazo e intento asirla, ella reculo y se alejo de él dándole un golpe seco en el pecho, el cual hizo retroceder al soldado.

- ¡No me toques cabrón! ¡Ya cualquiera de nosotros puede estar lleno de aquella ponzoña!-

Lara los miraba como si de pronto todos ellos se hubieran convertido en sus enemigos.

- Y no dudare en matar a ninguno de ustedes…-

Agrego casi como un susurro mientras buscaba algo entre sus ropas.

Entonces se escucho que alguien, detrás de ellos, volvía el estomago.
Era Bender.
Estaba visiblemente pálido.

+

Lara no espero explicación alguna. Del fondo de su enorme abrigo saco un cuchillo. Aquello parecía una extensión diabólica de su cuerpo. Bender la miraba pasmado. Tenía el estomago revuelto por la impresión de haber comido esa mierda y en un segundo el asco lo había vencido. El enorme dolor gástrico que había sentido durante mucho tiempo y que lo estaba consumiendo en vida, ahora se conjugaba con la profunda y oscura sensación de tener las entrañas al borde de la garganta; Lara lo miró solo por un instante. Bender tenía un aspecto demacrado, lastimado, sospechoso…

+

No dudo un momento, se abalanzo sobre Bender. Lara tenía los nervios a tope y estaba lista para reaccionar frente al peligro, aunque reaccionar de esa manera, en contra de la gente que tenia alrededor, fuera una locura.
Una locura como la que no dudo en cometer.

+

Con un movimiento felino salto hacía Bender, y en un destello fugaz, el cuchillo diabólico de Lara lo atravesó por entero a la altura del pecho y exploto sangrientamente del otro lado de su espalda, retrocediendo ambos y despostillando con la velocidad de un rayo la pared que se encontraba detrás del hombre. Los ojos de Bender y de Lara se encontraron por un segundo e intercambiaron miradas. Los ojos de Bender era un cuestionamiento vivo, una sorpresa que no tenia nombre ni proporción; su respiración se entrecorto casi de inmediato. En cambió, la mirada de Lara estaba congelada, carente de emoción alguna. Eran los ojos de alguien que había visto una infinidad de cosas horribles, y que había acabado con todas ellas. En realidad Lara no estaba mirando a Bender; miraba al virus dentro de la carne de Bender, tal y como alguien mira a través del aire.

Lo dejo caer entonces al suelo, como si lo hiciera desde una altura muy pronunciada.
Una sorpresa negra invadió a todos ahí cuando, después de haber visto aquello -apenas Bender tocando el suelo en su caída- en un espectacular giro Lara extendió y amenazó a todos con aquel cuchillo envuelto en la sangre caliente de lo que antes había sido su compañero de viaje y tragedia; y gritó, gritó como solo puede hacerlo una mujer herida, aterrada y perfectamente capaz de valerse por si misma:

- ¡Nadie, nadie se me acerque! ¡Nadie me toque! ¡Estamos muertos, estamos todos muertos!-

Entonces Lara, casi de manera inconciente, echo a correr. Se dirigió con toda violencia al acceso por el cual habían llegado, abrió aquella pesada puerta que les había llevado hasta ahí y la cerro con todas sus fuerzas por el otro lado, por fuera. Ahora, entre el complejo y el acceso que conducía a la chimenea y desembocaba en la brutal tormenta de nieve, estaba una mujer presa de una oscura emoción, de la ira y de un terror muy profundo.

Tuesday

12v

Entonces lo escucharon. Tal vez fue Lara, con su sexto o séptimo sentido de mujer, quien lo adivino venir. Hubo tiempo de alertar a todos, a nadie le tomo por sorpresa. Apenas perceptible, apenas presente, en el fondo de lo que parecía aquella cava identificaron lo que parecía ser un recoveco, una enorme hendidura entre dos anaqueles empotrados a la pared de la cual nadie se había percatado y de ahí provenía un ruido deforme, desconcertante, Ahí se percibió un arrastrarse de algo. Todos los soldados reunidos estaban con la vista fija y los sentidos agudizados al límite esperando ver aparecer lo que sabían que ahí estaba. Era imposible que fuera otra cosa.
Y apareció al poco.

Primero se mostraron sus pasos envueltos en un movimiento lento y desesperante, luego el torso y al final, al final esperaban una cabeza, una mirada, un gesto, pero no vieron nada. De primer momento aquello que venia por entre las hendiduras parecía no tener cabeza. Luego un bufido animal retumbo en el aire, emanando directamente del cuello de aquel ser. Era un infectado, un maldito infectado con la cabeza desencajada. Todos miraron aquel adefesio. Tenia el cuello roto, quebrado y lo que antes había sido su cabeza caía grotescamente en dirección de su espalda, casi invisible al mirar de frente. Estaba incompleta, amoratada, hinchada y con amplias secciones de un color negro necrosado.
Se movía con una lentitud increíble, apenas parecía poder dar aquellos pasos. Los soldados entendieron casi de inmediato la situación de aquel maldito: Un cúmulo reticular de nervios destrozados se desprendía de su cuello. Aquello debió de ser el conjunto de canales que conectaban la cabeza y su mando con el sistema nervioso alojado en el cuerpo, la columna y su universo. Su lentitud se debía a que apenas y tenia conexiones que unieran el cuerpo con la cabeza, quizá únicamente los sistemas motores que estaban en funcionamiento. Quizá aquel monstruo fuera inofensivo en el peor sentido de la palabra.
Poco después aquella cosa bufo nuevamente.
Percibía a los soldados.
Se encaramo en dirección de ellos, pero era ridícula su velocidad, su forma de andar y su estrategia era a tope deficiente: se recargaba en todo lo que tenía a la mano, todo lo tocaba y en todo se apoyaba para seguir caminado. Los soldados lo miraban como al monstruo que era, y esperaban que algún otro viniera del mismo lugar de donde este había salido.
No salio ya nada más de ahí adentro, pero entonces se desato la primer parte del infierno.

+

El monstruo en su andar percibía la proximidad de aquellos hombres. Caminó hacia el lugar en donde Alack y Richthofen lo miraban atentos. Aquello era ridículo. Los soldados de apartaron de ahí en unos cuantos pasos y el monstruo siguió caminando torpemente en línea recta hasta toparse con pared y bufar furiosamente ante la huida de sus presas, mucho rato antes.

Chenko dio algunas instrucciones con señas. Aquella cosa era la más torpe y ridícula que jamás habían visto, pero por otra parte no dejaba de ser un maldito infectado que intentaba darles alcance. Arrastraba tras de si coágulos enormes de sangre en lo que antes habían sido sus piernas y pies. Estaba completamente bañada en sangre, quizá su propia sangre, y Lara estaba completamente segura que aquella cuerda vacía que pendía el techo de la cava le correspondía a la criatura. Alguien tal ves había intentado ejecutarlo antes de que incubara la infección, pero habiéndose roto el cuello de tal forma, logro escurrirse de ahí arriba y había pasado los últimos días deambulando torpemente por todo el lugar.
Por todo el lugar.
Por… todo… el... lugar…

+

El infectado se encamino hacía donde estaba Bender: se apoyaba en las paredes, y para llegar hasta donde estaba el hombre, tuvo que usar todas sus fuerzas. Dos pasos después se apoyo en un anaquel, lugar de donde habían tomado para comer, y rozó con su carne expuesta los panes que se hallaban ahí. No dejó siquiera una marca en ellos.

El movimiento fue visible para todos. Xavare, harto de mirar como aquella cosa estaba quitándoles el tiempo, busco algo, cualquier cosa, y halló algo que se parecía a la pata de una mesa, la cual tomo y con un movimiento felino golpeo de tajó la cabeza de aquel monstruo.
Se escucho un tirón carnoso y un vibrar líquido al momento en que la cabeza de aquel ser se desprendió violentamente y reculo estrellándose fuertemente en el suelo. Rodó por algún lugar mientras que su cuerpo se sacudió por un breve instante y luego se quedo totalmente quieto. Se derrumbo un segundo después, como hundiéndose en un pestilente lago negro.
El ambiente se relajo. Todo había acabado para ese pobre infeliz infectado

+

Lara fue la primera en entender la situación.
Había pisadas sobre un fondo negro y húmedo por toda la cava, por todas partes. Aquel monstruo había pasado mucho tiempo ahí, al menos el tiempo que podía indicar el avanzado estado de putrefacción en los cadáveres que colgaban del techo; quizá había ido y venido en todas partes, buscando algo que encontró hasta que ellos llegaron a las instalaciones. Parecía seguro pensar que no había otro se aquellos seres deambulando por ahí, ya hubieran tenido noticias de eso.

Pero otra cosa vibraba en la mente de Lara, y se confirmó cuando se acercó a los anaqueles evadiendo el cuerpo del putrefacto. Las pisadas de la criatura estaban por todas partes, en todas direcciones. Se diferenciaban claramente de las pisadas que ellos habían realizado porque las primeras eran definitivamente más viejas y se notaban los indicios de los coágulos que había arrastrado el monstruo. Y llegaban hasta los anaqueles. Y se miraban manchas negruzcas en los entrepaños. Como manos marcadas en todas partes. En el pan.

Y ellos habían comido.
Y Lara, Creed y Kimera se percibían ya afectados después de comer. Y quizás alguien más.

Carajo.

Monday

11v

Retrocedió espantado. Lo primero que vio cuando abrió la puerta fue un par de piernas en posición deforme. Intento llamar a los otros pero la falta repentina de aire se lo impidió. Después adivino otros dos pares de piernas. La sangre le palpitaba frenéticamente en las sienes hasta que corroboro que aquellas piernas no se movían, en absoluto.
Y después percibió aquel olor a podrido.
El estado de alerta fue inmediato. Kimera asumió una posición de defensa pero todo siguió quieto. Unos instantes después descubrió que aquellas piernas estaban unidas a tres respectivos cuerpos, los cuales colgaban de un techo extrañamente alto. Estaban colgados. Ejecutados o muertos de propia mano -no lo sabia- pero las cuerdas que sujetaban sus cuerpos se clavaban en el techo de manera recta y lineal. Había otra cuerda, pero nadie colgaba de ella.
Entró para mirar.

+

No pudo creer lo que vio a continuación. De alguna parte que no pudo identificar a plenitud llegaba también ahí un vestigio de luz. Aquel lugar parecía una cámara, o una cava en donde se guardaban vinos. Era espaciosa y tenia muebles de madera antigua dispersos por todas partes. Pero no era una cava exactamente; no había vinos en los entrepaños y anaqueles que estaba mirando.

Y no podía creer lo que veía. Tomo sus precauciones para girarse y salir.

Poco después, todos estaban en esa zona del segundo piso inferior, incluso Lara, acompañándole, mirando aquellos cadáveres colgar del techo. Y después, tras adentrarse en aquella cava, miraban con una sonrisa en el rostro todo aquello que se amontonaba en los entrepaños.

Lara y Bender, a pesar de su condición, y exactamente por ella, fueron los primeros en extender las manos.

+

De cualquier forma no podían dejar de tener un cuidado inmenso en cada paso que daban. Aquel lugar también tenía el piso salpicado y lleno de aquella sustancia humana y pegajosa que había encontrado Alack en su primera incursión en las instalaciones. El olor a podrido -sospecha eterna de muerte en el nuevo orden- provenía de aquellos tres cuerpos de los cuales uno de ellos estaba en estado avanzado de descomposición. Dos de ellos tenían apenas vestigios de putrefacción mientras que un tercer cuerpo casi se desgranaba a trozos. Quizás esos dos últimos infelices habían resistido más que el primero, o habían sido ejecutados después, o sabrá el demonio qué había pasado. Pero lo importante no era explicarse los cadáveres, sino que aquel lugar, en aquellos anaqueles, rebosaba –esa era la palabra- de piezas, calidos rectángulos y porciones de todas las formas posibles de pan.

Pan.
Estaba duro, manchado, negruzco y sucio.
Pero era pan.

+

Bender intento comerlo así como estaba. El estomago le gruñía extrañamente. Al morder la pieza que se había alcanzado, apenas le marco sobre la superficie una ligera línea zigzagueante que figuraba sus dientes; consiguió tras unos pocos intentos desprenderle una pequeña costra rígida que engulló al momento.
La sintió caer lenta y pesada en su estomago.
Aquellos panes ofrecían toda la resistencia de la que eran capaces. Pero entonces Richthofen corrió fuera de aquel lugar seguido de la vista extrañada de sus compañeros y regreso a los pocos instantes con las manos cerradas, con un hueco formado entre el acople de las mismas. Buscó con la mirada algo en aquel lugar, un recipiente o algo por el estilo. Halló lo que parecía ser una olla, pequeña, llena de polvo; eso no importaba; dejo caer en su interior lo que traía entre manos: un puño de nieve. Lo agito con los dedos y un segundo después tenia una superficie de agua en aquel recipiente. Tomo un poco de aquella piedra comestible y ante los ojos de todos, al sumergirla, esta se ablando casi al instante.

+

Todos comimos de aquel pan. Todos remojamos en el mismo recipiente nuestras porciones duras y negruzcas.

Un calor ya olvidado comenzó a moverse dentro de nosotros. Los pasajes de nuestro cuerpo abrieron sus puertas quedamente, llenas de polvo y sequedad, para dejar pasar aquello que regaba vida a su paso.

Volver a poner pan en nuestra boca era algo que pensamos que ya no nos tocaría vivir. Incluso, ahora que vivir ya no significa lo mismo que apenas hace un breve tiempo, un tenue bocado seguido de otro siembra y abre en nuestra cabeza nuevas ideas y horizontes.


+

Lara intercambia miradas con todos los que estaban ahí reunidos. Sentía a todos cercanos después a vivir aquello de llevarse un simple bocado de comida a la boca. Ese sencillo acto había sido capaz de darle sentido a la necesidad de seguir vivo. Bender de vez en cuando mira incrédulo su comida, Skass, Alack y Richthofen sacan nuevas piezas de pan de los anaqueles, Kimera toma agua de nieve y remoja las piezas; Creed reparte; Chenko y Xavare miran que todos tengamos algo que comer boca en proporciones iguales.

Ojala todo el mundo, todo aquel que siga realmente vivo, tenga algo con que alimentarse en este día.

+

Comieron y se saciaron; Luego, después de deambular por aquel lugar y pasado un corto rato regresaron a comer nuevamente. Ni siquiera contaron cuántas piezas de pan existían en los anaqueles, o para cuánto tiempo podrían rendir. El sentimiento de llevarse algo a la boca era superior a todo eso.
Hoy, aquí, ahora. Nada más contaba.

+

Supusieron que pasaba la tarde y llegaba la noche porque desaparecía la luz que se colaba en aquellas instalaciones.

+

A Creed comenzó a dolerle el estomago. Kimera se sentía inusualmente extraño, casi mareado.
Es que comieron demasiado rápido. Repetía Chenko a la vez que se sonreía. Ese era un buen dolor. Después Lara se sintió algo incomoda también. Ojala pudiéramos sentirnos así todos los días; remataba Chenko.

Todos reían junto con él.

+

Solo unos momentos después comenzó a caer una tormenta de nieve. Fortísima. Los soldados únicamente podían calcular su proporción sobre la base de afectación con la que aquella estructura crujía y alcanzaba a ser sobresaltada por la perturbación climática. Si fuera necesario, estarían incapacitados para salir de ahí en no pocas horas. Pero estaban a buen resguardo. Y no querían salir de ahí, en todo caso.

Thursday

10v

Adentro el ruido de lo que fuera estuviese en el exterior se difumino al entrar al salón y unos minutos después desapareció por completo. Luego de un rato de incertidumbre y duda, los sentidos y nervios se relajaron y el grupo tuvo la impresión de hallarse en un lugar confortable. Se dispersaron por el lugar.

- Chenko, ¿Qué crees que es eso que esta allá afuera?-
El líder del escuadrón endureció su rostro.
Como un líder, cuando no tenía una respuesta, sabía que simplemente no debía abrir la boca de buenas a primeras. El silencio era su mejor forma de mantener el control sobre las circunstancias, además que pudiera ser también el mejor de los caminos para encontrar la palabra o respuesta que estaba buscando.
Así que expreso lo único que se le venia en mente y de lo cual estaba seguro.
-Enemigos, enemigos. No puede ser otra cosa.-

Bender había encontrado muy cerca de Chenko una silla donde sentarse. Desde ahí asintió ante las palabras de su líder. Era la verdad pura en cuanto a él le concernía y no necesitaba más explicación o aclaraciones. La plática finalizo en ese momento, y luego de que todos se esparcieran, alguien busco una para la persona del grueso abrigo, la cual se movía penosamente por el salón. Aquella herida de bala había hecho mucho daño, un deterioro progresivo que excedía ya por mucho el impacto original de la munición. Le acercaron una silla entonces y agradeció con un movimiento de la cabeza. Se sentó y tuvo que quitarse el abrigo para hacerlo.

Aquello fue como mirar un flor abrirse en el inicio de la primavera, una primavera oscura y colmada de devastadores incendios forestales.

Al quitarse el abrigo revelo el cuerpo de una hermosa mujer, una bellísima mujer. El abrigo resbalo por sus hombros finos y ceñidos de músculos. La caricia derramada por la tela sobre la piel salpicó la vista de aquellos hombres que estaban a su alrededor.
Las cosas se observan por aquellos que tienen ojos para mirarlas.
La mujer llevaba debajo de aquel abrigo apenas un ajustado jersey que le llegaba hasta las rodillas y una ligera prenda que hacia de camisola, y que en otro tiempo –un tiempo ahora remoto- hubiera sido considerada como atrevida y reveladora. Los contornos de su cuerpo se marcaban perfectos y deslizantes desde el interior y contra su ropa, brillantes incluso, fuera de lugar. Pero desentonaba de todo aquello una enorme mancha negra en su costado izquierdo, un surco algo negro que se aferraba a su carne y la hacia titubear. Era aquella herida de bala, transformada ahora una extensísima lesión que corría desde debajo del nacimiento del brazo hasta la parte alta de la cintura. Si alguno de los hombres que estaban ahí reunidos hubiera mirado por primera vez aquel desastre, hubieran especulado sobre una posible gangrena que ponía en duda la condición inmaculada de aquella mujer. Pero todos habían estado presentes cuando había sido producida, en la aeronave y sabían que cualquier gangrena era fulminante y que la herida sobre la carne de esta mujer tenía ya semanas de existencia. De cualquier manera debía de ser dolorosísima.

Richthofen se acerco a la mujer.

- Lara, ¿Necesitas algo, te sientes bien?

La mujer asentó. Todo estaba bien. Únicamente necesitaba descansar un poco.

El resto de los militares se encargaron de revisar la inmediatez de aquel lugar. Al poco se dieron cuenta de que era un emplazamiento de dos plantas. Ellos habían accedido desde el nivel superior y solo se acercaron de reojo a la segunda, la cual no fue revisada de primera mano. No había luz que llegara hasta aquel lugar. Únicamente se limitaron a mantener despejada la escalera que conducía hacía abajo.

+


Poco después decidieron revisar aquel segundo piso inferior, aquel nivel en el que de entrada no habían querido penetrar. Chenko designó. Skass, Richthofen y Kimera fueron los encargados de eso. Cuando descendieron por aquellas escaleras la oscuridad fue de pronto y de nuevo total. Hubiera muy tonto de su parte encender cualquier clase de luz para orientarse –si es que hubieran conseguido hacer algo como eso- así que de acuerdo al nuevo orden que regia el mundo, tuvieron que esperar a que la vista se acostumbrase a las penumbras, y entonces, una vez habituado a ellas, avanzar y ser engullido.
Pronto se dieron cuenta de que aquel segundo nivel inferior alguna vez había tenido un uso muy diferente a cualquiera que habían imaginado para el resto de la instalación. Seguramente todo el complejo había sido destinado a la investigación o monitoreo científico. Algo así como aquellas unidades que se apostaban en el ártico para mirar pingüinos y osos polares disfrutar de su vida diaria y hábitos normales. Con la diferencia de que aquella instalación habría servido quizás como un nódulo de encuentro entre científicos, quizás como un lugar de descanso entre un punto y otro. En las paredes se hallaban colgados los afiches de varias instituciones de intercambio de información técnica y científica. Se hallaban algunos escritos en algo que parecía holandés, o un idioma nórdico, aunque el inglís y alemán abundaban también en aquellas paredes.
Y aquel segundo nivel parecía destinado a ser un comedor.

Aquello era una broma terrible. Hacia semanas que aquel comando no tenía un poco de alimento decente con la cual calmar la ansiedad que les brotaba en los estómagos, al igual en que el resto del mundo -si aún existía alguien, una comunidad o sociedad organizada que mereciera tal denominación- seguramente lo estaría padeciendo. Los últimos pensamientos que podían traer a colación sobre los grandes centros de concentración humana, era que después de los infectados –causa principal de millones de decesos- una hambruna generalizada y voraz debería de estar atacando y diezmando a los sobrevivientes.
No podía ser diferente.

Había quien imaginaba una lucha interminable en contra de la infección, disparando municiones interminables y vagando de una posición de defensa a otra. Eso era un pensamiento infantil. Después de algunos meses simplemente la reserva de armamento de tal envergadura tendería a diluirse. El mundo había invertido sus recursos en armas de destrucción generalizada, no en armas cortas o en municiones. Justo en ese momento debían de estar pudriéndose al sol instalaciones militares capaces de interceptar misiles trasatlánticos; submarinos y barcos con cabezas nucleares dormidas en su interior y perdidos en el fondo del mar, y así una larga lista de elementos militares pensados en grande, para destruir una ciudad o medio país en cuestión de minutos.
Porque así se librarían las guerras del futuro.
Sin intervención humana directa en los frentes.

Y se dejó de invertirse en la defensa personal, en la instrucción de trinchera.

Por eso también el avance triunfal de los infectados, porque fue imposible detener una columna de avance con un misil Tomahock o un Patriot. Hubiera sido preferible tener una Luger Parabellum en lugar de un par de ojivas nucleares, pero aquellas armas de mano yacían expuestas ahora en los silenciosos y abandonados museos del mundo.

+

La imagen de los comedores casi a oscuras era tan poderosa como el calibre más pesado de cualquier armamento imaginable. Los hombres de Chenko casi podían percibir el olor del alimento caliente y la charla animosa de muchos científicos impregnada en las paredes de aquel lugar. Al fondo, lo que parecían los restos oscuros y carbonizados de una cocina en desuso atrajeron la atención de los soldados y ahí rebuscaron algo para llevarse a la boca. No encontraron nada.
Ya luego siguieron buscando.

+

Kimera había tenido buena fortuna en las últimas semanas. Así lo percibía, y a la orden de Chenko de descender y registrar el lugar se sintió confiado en su buena suerte. Pensaba en encontrar algo valioso, armas quizá. Y caminaba gustoso. Él fue el que abrió aquella puerta, una pequeña y que parecía casi inocente con la poca percepción que podía recrearse con la casi nula iluminación que flotaba en el lugar.

Wednesday

9v

A la mañana siguiente con luz del sol, no podían creer lo que veían. Había estado ahí, tan cerca de ellos, pero no habían podido mirarlo en toda la noche. A no menos de setecientos metros, escondido detrás de algunas dunas de nieve que desaparecieron en el transcurso de la noche, una especie de chimenea se levantaba en el horizonte. Una chimenea industrial que cortaba la línea del horizonte en ángulo recto.

Prácticamente corrieron hacia aquel lugar.
Encontraron que la chimenea sobresalía prácticamente del suelo, como si estuviera clavada en la tierra, y no perteneciera a un complejo fabril o algo por el estilo. Uno de los militares se dio cuenta de la realidad de las cosas. La chimenea si pertenecía a un complejo, pero este se hallaba bajo tierra. No sabían si era un complejo subterráneo o simplemente una edificación que ahora se hallaba sepultada bajo la nieve.
Y sobre todo, no sabían el status de aquel lugar. Si sencillamente estaba enterrado por las intensas nevadas, entonces era posible que tuvieran una oportunidad de posesionárselo. Pero si el lugar había sido originalmente construido bajo la tierra, posiblemente estaban hablando de peligro inmediato, porque nadie, en su sano juicio, habría abandonado tan brillante posición de defensa. Y aquello no les ofrecía signo inmediato de vida.

No tenían armamento alguno, solo sus fuerzas, en caso de necesitar defenderse.
Pero tampoco tenían hacia donde dirigirse, y si aquel lugar les ofrecía una posibilidad de sobrevivir en aquel mal tiempo, la tomarían.

A unos cuatro metros de altura, la chimenea tenía un respiradero. Podían llegar hasta aquel agujero y penetrar por ahí.

+

Pero algo estaba mal, muy mal en todo eso y les impedía simplemente ir y acercarse a ese lugar. Entonces sus sentidos se alertaron de manera automática. No sus sentidos como personas o como compañeros, sino sus sentidos como soldados. Algo no estaba bien en aquel lugar, era una tentación demasiado buena como para resultar cierta. El lugar parecía un refugio perfecto y por ende debería de estar repleto hasta el techo de sobrevivientes, soldados quizá, comandados por algún general o comandante con un par de dedos de frente y que reconociera a primera vista las obvias ventajas de aquel lugar.

Pero estaba vacío.
Se veía a todas luces y desde todos los ángulos.
Igual de vacío que el maldito transporte aéreo que habían abordado y en el cual no habían aprovechado la oportunidad de rescatar con vida al comandante Heart.
Igual que todo el difícil terreno que habían recorrido en los pasados días de caminata.
Vacío.

Aquello era terriblemente turbio, negro como el fondo de una pesadilla, y Chenko estaba en busca de una respuesta, un incentivo que lo ayudara a tomar una decisión cuando este llego por si mismo.
Y se pudo observar su avance desde muy lejos.

Los soldados se percataron prácticamente al mismo tiempo de algo que se sucedía en el horizonte; cuando todavía se pintaba como un amasijo sin control de formas y ángulos que se volvían y quebraban sobre si mismos. Parecía una avalancha de nieve pero se movía horizontalmente, sobre el suelo, atacando con su incomprensible imagen al panorama calmo que amanecía sobre todo aquel territorio. Solo un segundo después comenzó a escucharse el ruido que producía aquella especie de avalancha incomprensible. Era el estruendo de mil sirenas de batalla, de cien aullidos de toro bicéfalo; era el esplendor de la marcha de mil caballos de guerra. Era, era, algo que no podían comprender.
Pero era, en pocas palabras, algo que se movía brutalmente sobre la superficie nevada, y emitía un sonido estridente mientras avanzaba a una velocidad descomunal. Y se dirigía hacia ellos.
Y Chenko gritó, y sus hombres atendieron al grito y corrieron hacia la figura de aquella chimenea recortada en el nuevo amanecer. De pronto un furor inconcebible se había apoderado de ellos y aquel territorio había dejado de ser una alfombra blanca sobre la cual únicamente podían deambular. Ahora estaban huyendo, no sabían de qué, y de alguna forma, aparentemente, tenían a su disposición aquella chimenea en la cual refugiarse.

Subir por ella a toda velocidad no fue cosa fácil, sobre todo para Bender. La persona del grueso abrigo fue la penúltima en subir, cuando los demás habían penetrado sin pensar siquiera en revisar para encontrar cualquier señal inmediata de peligro. Prácticamente se dejaron caer todos ahí adentro al mismo tiempo, mientras que aquel horrible sonido en el exterior crecía hasta volverse como una lluvia de piedras sobre charcos de sangre. El sonido era indescriptible y cuando estuvo exactamente al lado de ellos, al otro lado de la chimenea, bien pudo haber sido el eructo de un millón de sapos incendiados al mismo tiempo. Los soldados, amontonados furtiva y velozmente en el fondo de la chimenea, los unos sobre los otros, solo podían sostener la vista de un circulo artificial en el tope del cielo -el recorte de la chimenea- y el cielo blanco y azulado que contrastaba su aparente tranquilidad con los bramidos –ni animales ni humanos, ni de infectado ni de cosa que ellos hubieran escuchado antes- que parecían taladrar el exterior. De pronto incluso se escucharon golpes sobre la superficie de la chimenea, como producidos por enormes patas o cráneos reventando contra el concreto.

Los militares en medio de aquella infernal y trepidante maraña de sonidos se incorporaron como pudieron y haciéndose entender a señas buscaron un conducto de salida en aquella chimenea. Si algo salía de ahí desde alguna caldera o instalación semejante, también podía entrar.
Uno de los soldados dio con una especie de filtro de acero con rejas muy amplias en un costado de la estructura, la cual conducía a un pasaje interno de mediano tamaño, e indicándoles a todos con un par de gestos de las manos, sobre el espeluznante sonido que parecía reventar la chimenea desde afuera, indico que iba a entrar. Aquella era la única opción que tenían de escapar de ahí.
La chimenea se sacudió entonces, se sacudió solo un momento.
Carajo, si lo que fuera que estuviera allá afuera, tenia la fuerza suficiente como para conmocionar una estructura de concreto de varios metros de alto, lo mejor esa salir por piernas y no enterarse de la clase de naturaleza que poseía aquel ser, o seres, todavía invisible.

+

El hombre que fue el primero en adentrarse por el conducto de aquella chimenea completamente a oscuras y sin más defensa que sus puños dispuestos y vendados con su experiencia, fue un soldado que en épocas anteriores había llegado a ser un miembro importante en su tropa, pero que después de que esta desapareciera, se había vuelto un miliciano más; con mucha experiencia, pero sin rango alguno.

Ten cuidado Alack!- grito Chenko sin muy buenos resultados cuando aquel hombre fue tragado por la oscuridad.

+

Sinner se dejo caer por lo que parecía ser un conducto deslizante lleno de hollín acumulado y tras unos metros en caída plena, penetró en lo que parecía ser una pequeña cabina o receptáculo de contaminantes. Un hombre podía fácilmente mantenerse de pie ahí adentro y dar unos cuantos pasos a la redonda, pero eso lo adivino hasta pasados unos momentos, puesto que la oscuridad era plena y no permitía observar nada, deformando incluso las imágenes mentales del hombre, quien palpo todo a su alrededor hasta dar con lo que parecía ser la continuación del aquel conducto, y estuvo a punto de dejarse caer nuevamente por ahí, cuando sus manos toparon en la oscuridad con lo que parecía ser una asidero. Un maldito asidero. Sinner se incorporo nuevamente y rebusco otra de aquellas cosas. Y muy pronto la hallo. Siguió su rumbo aproximado y topo con lo que parecía ser una prótesis de madera inserta en aquellas paredes de concreto recubiertos de capas y capas de hollín. Si, claro, era una puerta. Si aquella cámara era de dimensiones tales que podía contener a un hombre, era porque estaba construida con esa razón. No le costo trabajo destrabar la puerta y abrirla. Sinner controlaba perfectamente su respiración hasta volverla un susurro apenas trazado en el aire. Todavía envuelto en penumbras logro orientarse y avanzar por un pequeño pasillo hasta llegar y topar con una pesada puerta de madera. Palpo la misma y ubico espacialmente su conformación, y dispuesto a golpear a mansalva giró la manija de aquel acceso, el cual ofreció la resistencia de una chapa cerrada. Bajó la guardia por un segundo y acerco el oído a la cerradura para verificar por medio del sonido producido que la misma que estuviera cerrada con llave, pero al momento de girar nuevamente la manija comprobó que solamente era polvo lo que le impedía girar al mecanismo. No la habían utilizado en meses quizás. Abrió y entró en el lugar a donde lo condujo aquel acceso.

Inmediatamente se encontró con algo inusual, algo que lastimo por un segundo sus ojos. Había luz, luz natural, que extrañamente provenía de alguna parte. Tras un momento enceguecido, Sinner busco con la mirada y se encontró un inmenso ventanal lateral que tras un extraño giro en su estructura alcanzaba a filtrar la luz del exterior. Aquel ventanal no estaba del todo cubierto de nieve y permitía una clara y suficiente iluminación interior. Y ahí mismo el sonido de aquel ejercito de sapos ardientes que bramaba en el exterior parecía intensificarse de nueva cuenta. Pero estaba lejos, y eso era bueno.

Sinner se encontró con un salón muy amplio lleno de muebles, todos estaban pegados a las paredes, como si alguien hubiera buscado hacer espacio para un gran baile o algo por el estilo. Dio algunos pasos e inmediatamente percibió un sonido extraño en el suelo. Eran pisadas, sus propias pisadas. Los zapatos se le quedaban adheridos al suelo. El piso estaba pegajoso. No tenia que inclinarse para saber sobre qué cosa estaba caminando. Un tenue aroma a sangre vieja le indicaba la naturaleza de aquello en el suelo. Ahora bien, eso no importaba. Lo que contaba en realidad era no encontrarse con la persona o la cosa que había regado todo aquello por ahí.

+

Sinner recorrió rapidamente aquel lugar, pensando en todo momento en sus compañeros, los cuales allá afuera, al interior de aquella chimenea, debían de estar soportando de manera increíble el embate de lo aquello que habían someramente visto acercarse hacía ellos. Solo le bastaron reconocer algunos indicios para caer en cuenta que el lugar estaba limpio, ausente de cualquier cosa que hubiera podido o querido encontrar. Regreso a la puerta y recorrió rapidamente de regreso el pasillo hacia la cámara de contaminantes. No le sorprendió en lo absoluto encontrar ahí al grupo de soldados, ya muy cerca del pasillo, impacientes como eran todos. Los oriento y juntos entraron en el salón.

Tuesday

8v

Algo había que hacer. No podían permanecer a la intemperie. La nevada incrementaba su fuerza hora tras hora.

No podían recurrir de forma permanente al sistema de resguardo que hasta ese momento les había permitido seguir con vida, no hasta donde ellos podían pensar con lógica. Compactarse como una manada de renos dándole la espalda a la ventisca era una buena idea, pero no era una idea o plan permanente.
Y eso quedaba de manifiesto en momentos como ese, que azotaba una intensa nevada de fuerza inusual. En el centro del compacto grupo habían quedado dos personajes: Bender, que casi podía contarse como la próxima baja del equipo y una figura algo más delgada que los demás, en quien fácilmente se podía reconocer la silueta de aquel elemento del escuadrón herido de bala durante la fracasada toma del transporte aéreo orquestado por el comandante Heart.
Aquella figura, aquella persona, era quien retenía aquella especie de abrigo de las milicias todo-terreno que aparentaba ser lo único que ofrecía protección ante la intensa temperatura. Y como consecuencia de su lenta convalecencia, había quedado al centro del grupo.

La ventisca aminoro su intensidad un par de horas después. Y transcurrido ese tiempo todo quedó calmo. El azote celeste se había detenido abruptamente hasta reducirse a casi nada. Los militares lentamente se desenvolvieron extrañados. Aquello era como si de repente alguien hubiera cortado el flujo de la nieve de un segundo a otro, como con un grifo o algo similar. Mejor para ellos.

Ahora todos se quejaban de un dolor que les atravesaba todo el cuerpo, a la par del avance de un enorme sol que despunto en el cielo al cabo de otro par de horas. Tal vez ahora podrían avanzar otro trecho de camino, aunque en la mente de algunos de ellos, en algún rincón oscuro de su cabeza, en donde los pensamientos envejecían y se amontonaban, olvidados, como ropa que a la postre ha de podrirse en una casa abandonada, se llegaba a la difícil conclusión de que no tenia ningún sentido seguir con aquella infernal caminata, y que si las próximas nevadas tuvieran cuando menos la fuerza de las inmediatas anteriores, aquello sería una bendición que daría fin a sus ya de por si demasiado extendidas existencias.

Pero aún el sentido que obligaba a sobrevivir indicaba que tenían que encontrar algo en alguna parte, buscar y encontrar refugio.


***

Siguieron deambulando por algunas horas casi hasta que el sol se ocultó en el horizonte. Entonces, un grito se escucho retumbando en aquellas llanuras desprovistas de todo. Fue Richthofen quien lo encontró. Era un boquete enorme en la tierra. Los demás se acercaron sombriamente. Habían visto cosas semejantes en lo últimos meses pero nunca nadie les habían dado una explicación realista. Parecían excavaciones que se multiplicaban a lo largo y ancho de todas partes. Algo, alguien, había realizado tales enormes agujeros en la tierra. Lo único que sabían era que habían aparecido al mismo tiempo que los infectados.

Y que no eran fuente de peligro, sino lo contrario.

Se acercaron hasta los límites del mismo, en algún punto de la caminata habían tenido suerte con aquellas cosas en el suelo y ahora esperaban que fuera igual. Tres de ellos saltaron hacia el límite último de aquel boquete. Los tres se conocían de mucho tiempo atrás, habían realizado muchas cosas juntos, pero ahora que bregaban por salvar sus vidas una vez más cada día, los lazos parecían incluso de sangre.

Se inclinaron hacia el fondo del boquete.

-Dreed, hazlo ahora- dijo Skass casi en perfecto silencio.

***

Dreed lanzo una piedra al fondo del boquete. En aquello consistía la estrategia y tecnología de punta a la que aquellos soldados podían recurrir a este momento. La roca trazo una parábola perfecta hacia el centro de aquel boquete. Cinco o seis segundos después, seguía reinando el silencio. Skass hizo una seña a Dreed y a Xavare para que estuvieran listos. Skass contaba mentalmente, “unmillónuno, unmillóndos, unmillóstres, unmillóncuatro, unmillóncinco, unmillónseis…
Entonces se levanto y salto hacia el interior de aquel boquete. Los otros dos hombres lo siguieron. Se escucho como tocaron fondo. Cayeron quizás a cinco metros de la superficie. El fondo de aquel lugar, como lo habían experimentado en ocasiones anteriores, estaba lleno de agua hasta la altura de las rodillas.
La oscuridad era casi total. Permanecieron en posición defensiva hasta pasados unos momentos. Entonces, cuando se aseguraron que estaban solos, aquellos tres hombres se inclinaron y bebieron. El agua estaba fría; clara. Tal y como la necesitaban.

Desde la superficie les pasaron algunas de las destrozadas cantimploras amarradas a unos débiles jirones de tela. Arriba, los seis militares que restaban bebieron casi desesperadamente, casi arrebatándose las cantimploras que descendían y regresaban llenas de agua.

Los tres hombres en el fondo de aquel boquete decidieron subir una vez que la sed estaba más que satisfecha. Sus estómagos gruñían pero ahora de una forma diferente. Los días pasados lo habían hecho con un hambre atroz que iba creciendo. Y aquello daba para pensar en la casi segura hambruna generalizada que azotaba al mundo con la misma fuerza que meses antes lo habían hecho los infectados y que debía ser el panorama general de todos los sobrevivientes que aun se pudieran moverse sobre la tierra.
Ahora los estómagos de aquellos soldados vibraban por causa del líquido frío que habían colocado en ellos. Era lo más cerca que habían estado de una buena comida en mucho tiempo. Salieron de aquel boquete ya caída la noche. La ventisca había regresado. Se quitaron la ropa mojada antes de que esta se congelara, haciendo lo mismo con ellos. Ahora, con las piernas y pies desnudos, eran ellos quienes ocupaban el centro del cúmulo protector en el que habían aprendido a vivir.

Monday

7v

Lo que vino a continuación fue una historia de supervivencia.
De la más cruel y violenta supervivencia.

La nave resultó ser una trampa en si misma y recordaba las antiguas herencias de viejos decrépitos que vivían sus últimas horas de vida, los cuales, incapaces de gastar un solo centavo más por su propia cuenta, se aferraban a sus exorbitantes amontonamientos de dinero amenazando al medico que podrían otorgar una muerte tranquila, pensando que estaba ahí solo para robarles y hacerse de su riqueza.
Más allá de algún reemplazo de botas de tipo militar, algunos uniformes y la fortuna de un par de gruesos abrigos para la milicia todo terreno, la nave era una completa inutilidad; no servía para nada sin combustible y su sistema eléctrico consumia velozmente cualquier carga aún posible en las baterías de alta densidad que poseía el aparato, y tras varios días de mantener una ubicación constante alrededor de aquel montón de chatarra, Chenko dio la orden desestimar aquel objeto como algo valioso y de avanzar en cualquier dirección disponible, la cual, como buenos soldados, orientaron según su posicionamiento bajo la colocación de las estrellas.

Esos días fueron el preludio de lo que vino después, preludio que se manifestó como un animal hirviente que hincaba sus colmillos de manera despiadada en las pocas debilidades que le sobrevivían al hombre moderno, al hombre post-infección, al sobreviviente de todo el mundo.
Y el ataque y preludio de aquel animal hirviente daba inicio y concluía en una sola y misma palabra: hambre.

Cerca del lugar de aterrizaje no habían encontrado nada que pudiera satisfacer esa previsible necesidad humana. Así que de tal suerte que comenzó entonces una larga caminata, una extenso andar de nueve figuras oscuras y reblandecidas por los efectos de la debilidad y del penoso clima que azotaba aquellas tierras, en donde la temperatura del ambiente descendía cada vez más hasta dar la impresión de que no en mucho tiempo comenzaría a formar cúmulos aéreos de hielo amontonado, y así hasta que comenzara a nevar.

Aquellas figuras Iban en busca de algún posible refugio, de alimento y contacto con otros seres humanos entre los cuales olvidar los acontecimientos que los habían llevado hasta ese lugar. Tal vez inventar algunas mentiras y un curso de los acontecimientos completamente diferente al que en verdad había sucedido, y poder pasar desapercibidos entre los sobrevivientes que pudieran haber encontrado. Eso los salvaría de la condena del pecado de asesinato con alevosía que habían cometido y solapado e